Rubén Darío Buitrón

Territorio de periodismo y ejercicio autocrítico del oficio

Periodismo: Manual contra el morbo y contra el miedo

Lizette Abraham Los Cómplices II
¿Cómo se arma un ideario ético para evitar el sensacionalismo?

Con reflexiones, dudas, deliberaciones, consensos, disensos y autocríticas. Pero, sobre todo, con preguntas, con muchas preguntas.

1. ¿Cuán importante es para la sociedad el hecho que acaba de suceder?

2. ¿La noticia tiene relación con el bien común o el interés general?

3. ¿Voy a manejar con equilibrio, sensatez y serenidad la información para que no se convierta en un instrumento de escándalo, escarnio o morbo?

4. ¿Cuento con la investigación y la reportería suficientes como para realizar una nota precisa, digna y bien escrita?

5. ¿Seré capaz de contar con el equilibrio profesional y emocional suficiente para que en la información consten, en los mismos espacios y con los mismos derechos de exponer sus versiones, todos los protagonistas del hecho?

6. ¿Todo lo que escriba y publique será demostrable, comprobable, verificable, es decir, se basará en hechos concretos y no en suposiciones, subjetividades, prejuicios o emotividades primarias?

7. ¿Sobre qué escala de valores y principios personales, profesionales y editoriales priorizo los hechos que considero noticiables?

8. ¿Por qué sí o por qué no decido dar más o menos espacio a un hecho informativo que, si lo enfoco de manera imprecisa o exagerada, puede causar escándalo en la sociedad?

9. ¿Cómo mantendré el balance adecuado para que la información que voy a publicar tenga el peso justo entre lo importante y lo interesante?

10. ¿Qué sentido tiene otorgar un amplio espacio a un escándalo si luego este hecho se disuelve y evapora por su propia irrelevancia y poca significación en la sociedad y en los lectores?

11. ¿Qué es lo que más me importa: ser ético o vender más ejemplares y elevar el rating?

12. ¿Tengo derecho a usar el poder que me concede manejar un espacio periodístico para venganzas personales o políticas?

13. ¿Estoy consciente del grave riesgo que implica publicar una información equivocada, tergiversada o sobredimensionada que puede destruir la reputación de las personas, de los grupos o de las instituciones?

14. ¿Mantengo la suficiente distancia con las fuentes y con el hecho como para que la información que elabore no tenga ninguna carga ni sesgo?

15.¿Tendré la honestidad y la valentía de admitir que me equivoqué si comete algún error grave con mi texto publicado?

16. ¿Seré capaz de decir lo que mi conciencia me ordena publicar a pesar de los riesgos que implique hacerlo?

Quedan muchas más preguntas para armar un manual antimorbo. Pero no quiero ser solo yo quien haga propuestas. Es un desafío para todos los periodistas y lectores de este blog.
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Ilustración de Lizette Abraham

¿Periodismo de calidad vs. Internet? ¡Qué grave error!

Lizette Abraham Los Cómplices
No hay que confundirse cuando se habla de periodismo digital: los cibernautas, lectores como cualquier otro, esperan de nosotros lo de siempre: que les contemos historias novedosas, sorprendentes, humanas.
¿Qué quiere decir eso? Que ninguna de las maravillas que ocurren con la tecnología nos librará a los periodistas de buscar la excelencia y el mejor nivel posible.
Lo nuevo es el elemento que solo dejará en pie a los medios y periodistas que cumplamos una obligación fundamental: mantenernos conectados directamente con el público y satisfacer de inmediato y con calidad sus demandas informativas. Pero, en el fondo, como dice el gran escritor y periodista estadounidense Gay Talese, nuestro deber fundamental es mantener vivo el periodismo.
A sus 80 años, el genial Talese, ícono del “Nuevo Periodismo” fundado por Tom Wolfe, Truman Capote y Norman Mailer, entre otros, afirma que no le agrada la frivolidad y ligereza con la que muchos periodistas manejan sus cuentas en Facebook o Twitter, y señala que, por esta causa, sería una tragedia que el periodismo desapareciera.
Esa opinión pudiera parecer, también, frívola y ligera si la vemos como un infundado prejuicio contra Internet y los medios en la Web. Pero no es así. Más allá de los espacios donde se publiquen nuestros trabajos, Talese se refiere a que el mundo siempre exigirá periodistas bien formados, capaces de contar con la mayor calidad posible, porque sin periodismo no se puede vivir. “Cuando afirman que el periodismo está muerto y que las noticias están en Facebook o los blogs, siento que no puede ser, porque sería fatal”, dijo hace algunos años a la agencia EFE.
Talese (cuya crónica ‘Honrarás a tu padre’, sobre la mafia inspiró la saga fílmica de ‘El Padrino’ y la serie de TV ‘Los Soprano’) pide mantener el más alto nivel de un oficio que se debe ejercer con respeto y dignidad.
Para escribir su historia se infiltró siete años en la intimidad de una familia de gánsteres y combinó rigor periodístico con estilo literario basándose en hechos concretos y comprobados.
Talese nos enseña que las historias, por insignificantes que parezcan, pueden elevarse a la categoría de arte si se basan en una minuciosa capacidad de observar y escuchar todos los detalles y en una bella manera de contar.
Por eso no hay que confundirse con el periodismo digital. El buen reportero siempre deberá preocuparse por la gente y escribir con calidad.
“Curiosidad, paciencia y perseverancia -recomienda Talese-. El periodista debe tener imaginación y ver más allá de la mera noticia y el primer ruido. Mira Bin Laden -continúa-: creíamos que estaba en las montañas de Afganistán y resulta que vivía a 30 millas de un campamento militar de la capital. Ahí hay una historia esperando que alguien la cuente”.
O, como decía Tomás Eloy Martínez, “tenemos que escribir crónicas que hagan que al lector se le queme el pan por leer la nota”.
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Ilustración de Lizzette Abraham

El oficio periodístico, una fragilidad incesante

isabelmj
El periodista David Jiménez ha cubierto cinco terremotos, dos tsunamis y una decena de guerras.
Pese a tanta experiencia cercana al dolor, la muerte, la incertidumbre y el infierno, el español David Jiménez tiene miedo. Diario El Mundo de Madrid lo envió a cubrir los efectos del terremoto y del tsunami en Japón, ocurridos el viernes 11, hace tres años.
Pero Jiménez se encontró, de frente, con una realidad inédita: la crisis nuclear. “Las balas, al menos, se oyen o ven -cuenta en una de sus crónicas desde Tokio-, sin embargo, la diferencia es que en las guerras uno decide si mantenerse a distancia o acercarse de manera imprudente”.
Pero la radiación ni se ve ni se huele, comenta el periodista: “Porque puede estar o puede no estar aquí, porque es probable que ya seas una de las víctimas y ni siquiera darte cuenta”.
¿Qué manual de periodismo se debe aplicar cuando se siente miedo? ¿Qué manual se debe aplicar cuando uno se siente golpeado por la vida? ¿Dónde quedan la pasión por el oficio, el fuego interno, el riesgo, el cumplimiento del deber, el jugárselo todo por hacer la mejor reportería de tu vida?
En su libro ‘Mujer en guerra’, la periodista Maruja Torres testimonia la intensidad del horror fratricida bajo un cruento e interminable enfrentamiento en Líbano.
Pero han pasado más de 25 años, y aunque el texto de Maruja Torres es un libro de culto, ella confiesa ahora que no estaría dispuesta a volver a vivir esa experiencia: “Un día decidí abandonar la parte salvaje del periodismo, que consiste en ir buscando el peligro cada vez en una dosis más alta”.
Decidió que era una locura ver, por ejemplo, a un desconcertado cronista recoger un casquillo de bala, ponérselo en un bolsillo y llevárselo de recuerdo.
David Randall, el famoso reportero británico que escribió el inolvidable libro ‘El periodista universal’, reflexiona sobre las supuestas temeridad y audacia de quienes ejercemos este oficio.
Randall ironiza: “Como todo el mundo sabe, los buenos reporteros son duros, cínicos, fríos, calculadores e, incluso, un poco crueles. Son esa clase de personas capaces de mirar de hito en hito un cadáver y sonreír…”.
Pero eso no es cierto. Así como decenas de periodistas de todo el mundo han abandonado Japón luego de sufrir ataques de pánico, Randall precisa que los presuntos “nervios de acero” no nos funcionan a la hora de convertirnos en testigos directos de un hecho que produce espanto.
No creo que deba existir un manual para enfrentar semejante situación. Y ojalá jamás se escriba ese manual, para que sigamos sintiéndonos y siendo gente común.
Aunque suene ridículo decirlo, los periodistas somos humanos, como cualquier individuo que ejerce cualquier oficio.
Somos personas que sufrimos, que lloramos, que reímos, que llevamos traumas en nuestro inconsciente, que luchamos contra las injusticias, que amamos y desamamos, que nos sentimos orgullosos de nuestro oficio y nos indignamos frente a la humillación.
Que si las cosas nos salen mal sentimos el sabor amargo del fracaso, que si cometemos errores –grandes o pequeños- o somos víctimas de emboscadas periodísticas, tenemos la dignidad de asumir el error como nuestro, sin culpar a la perversidad ajena, y levantarnos.
Todo eso afina sensibilidades y sentidos para no dejar de luchar ni un solo día, conscientes –a plenitud- de nuestras humanas fragilidades.
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Imagen de isabelmj.wordpress.com

Latigazos contra el alma en el otro Guayaquil

Guay
Mirar la muerte directamente a los ojos es el oficio de Clemente en Guayaquil.

Cada noche camina sudoroso por las empolvadas y desiguales calles de la cooperativa Derecho de los Pobres, en el sur de la ciudad.

Como miembro de la brigada barrial, hace siete años empezó a ahuyentar sombras, a saltar abismos, a coexistir con el miedo.

Tenía que hacerlo porque dio su palabra a la comunidad –para él cada promesa es como dejar la vida– de que ayudaría a limpiar el barrio de pandillas, de alcohol y drogas, de maltratos domésticos. La comunidad necesita sembrar y cultivar la paz interna, hasta ahora efímera e huidiza, y Clemente piensa que él está para eso.

Es poco lo que recuerda de su incompleto paso por la escuela rural, cuando su familia bajó a la ciudad.

Después, en Guayaquil, demasiados vacíos, falta de concentración, cansancio luego de largas jornadas como oficial de albañilería, lustrabotas o ayudante de estibador de muelle.

Pero, de todas maneras, ha luchado por no estancarse. Su falta de educación y cultura ha intentado sustituir con la más esencial de las sabidurías: el sentido común.

Así ha llegado a desarrollar una sencilla y directa capacidad de argumentación para convencer a los vecinos de que el barrio tiene muchas prioridades, pero sin dos, que son básicas (el trabajo y la seguridad de las personas), será imposible progresar.

Él lo considera tan importante como dar una mano a la gente y hacer mingas para levantar una pared, rellenar un patio, construir una cerca, armar un gallinero, sembrar un huerto.

Ahora, gracias a la tenacidad de Clemente para integrar a los vecinos en el proyecto, la zona está bajo control en el 97%. Se han instalado alarmas en las esquinas y se ha logrado que por 50 centavos semanales cada familia pueda sentir que hoy el barrio es distinto, más sereno y menos desapacible.

Ha sido un paso esencial para elevar su autoestima. Esa autoestima evasiva e intangible que Clemente no pudo sentir desde pequeño, cuando su pobreza y su rostro de rasgos aborígenes provocaban que lo tacharan y marginaran.

Era muy niño y ya sentía látigos violentos que amenazaban su alma cuando la gente lo llamaba, despectivamente, cholo, indio o montuvio. Y él no entendía por qué el color de su piel o sus maneras de comer o hablar provocaban tanto encono.

Ahora, treinta años después, resulta difícil explicarle que debiera sentir orgullo por sus profundas herencias de ríos, esteros, montes, lagartos, caballos, cacao, caucho, tagua y plátano. Nunca habla de aquellos dolores de marginado y humillado. Mantiene oculta y silenciosa esa repetida sensación de sentirse ajeno en todas partes.

Ríe con cierto dejo de rubor cuando se le dice que la palabra montuvio implica raíz, etnia, apego, origen, ancestros, protagonismo histórico. Algo de eso ha escuchado en las radios y ha visto en los periódicos. Algo ha oído de gente blanca o mestiza –no sabe cómo precisar la diferencia– que se dedica a estudiar a los montuvios. Él no tiene tiempo de sentarse a pensar en su pasado y no le seduce aquello de bucear en su árbol genealógico. Solo espera que sus hijos crezcan sin complejos, sollozos, intolerancias y racismos.

Quizás este caminar nocturno sea, por ahora, el mejor exorcismo contra la pobreza. Y quizás algo mejor ocurra luego de que se cumplan los sueños de un señor que –según le han contado– se llamaba José de la Cuadra y soñaba con una vida digna para los montuvios.

La perra recién parida con mirada de mendigo. Una historia (in) humana…

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Era domingo por la tarde y decidimos acortar el camino a casa. Tomamos la avenida González Suárez, uno de los sectores de Quito donde viven la clase alta y la élite (empresarios, viejos políticos, ministros, periodistas jubilados a la fuerza, diplomáticos, banqueros, herederos ricachones).
En mitad del trayecto recordamos que no teníamos pan y queso para el desayuno de mañana y decidimos comprar algo en la panadería Ambato.
Bajamos del auto y nos dirigimos al local. El viento empezaba a enfriar el ambiente y pronto caería la tradicional neblina que por las noches envuelve el entorno y recuerda imágenes londinenses.
Una perra callejera, recién parida, de pelaje color caramelo, esperaba algo en las afueras del garaje de un lujo edificio de apartamentos.
Parecía tener miedo o frío, y daba la impresión de que esas sensaciones no le permitían tomar la decisión de huir o quedarse, pero su mirada era tan expresiva y triste que resultaba imposible no conmoverse al verla.
Pero no la veía nadie. O casi nadie. Ni siquiera el guardia, que no aparecía por el lugar.
En la avenida González Suárez la gente llega o se va de sus apartamentos en lujosos vehículos, la mayoría cuatro por cuatro o modelos híbridos o coches Mercedes Benz, BMW, Audi…
Cuando caminan lo hacen para ejercitarse, sudar con sus calentadores y zapatillas Nike o Adidas o Umbro o Puma, mantener el físico, por lo general dejándose llevar por un perro de raza: un labrador retriever, un bulldog, un caniche, un pastor alemán, un Boston terrier…
Curiosa analogía. Autos de lujo, grandes, potentes, arrogantes. Perros de lujo, grandes, poderosos, atemorizadores.
Pero era domingo por la tarde y la avenida estaba semidesierta. Semidesierta como el ánimo de la perra recién parida, con sus tetas flacas que se bamboleaban, frágiles y pequeñas, mientras ella seguía en su dilema de huir o quedarse.
En la panadería no había nadie más que la cajera. En una de las canastas pusimos un molde de pan integral, un queso bajo en grasa, la cuenta por favor. Gracias.
Salimos y nos percatamos que la perra cambió de actitud. Ya no proyectaba miedo hacia nosotros. Nos observaba con esa dolorosa mirada humana de quien no ha comido hacía tiempo. Sus ojos seguían nuestros pasos.
No entramos al auto. Sin decirnos nada, presintiendo que algo debíamos hacer frente a la soledad y a la indiferencia que en ese momento sufría el animal, frente al absurdo de que una perra callejera fea y recién parida haya llegado a esa avenida -como si supiera que al menos de la basura también sofisticada que los guardias uniformados de los edificios circundantes saquen en la noche en sus containers podría caer algún desecho o un pedazo de comida-, Gaby le dio un buen pedazo del molde que habíamos comprado.
Sí. Tenía hambre. Mucha hambre. Comía, masticaba, se metía al hocico el pan como si alguien fuera a quitárselo.
Entramos de nuevo al local, compramos un pan redondo y grande y dudamos si sería conveniente acompañarlo con leche o con agua.
¿Tendría sed después de comer los dos pedazos de pan? ¿Necesitaría tomar un poco de leche para que sus cachorros alcanzaran a lactar algo y alimentarse?
Decidimos comprar un recipiente de plástico y una botella de agua. En el recipiente pusimos el líquido junto al pan redondo. La perra no volvió a mirarnos. Sobre la acera quedaron las migas repartidas en un círculo grande y al lado el recipiente al que ni siquiera se acercó.
Cuando terminó de comer giró en dirección contraria a nosotros y caminó tres cuadras hasta encontrar una escalinata a su izquierda.
Abajo, en la parte de atrás de los elegantes edificios desde donde se divisa, entre la neblina, el valle de Tumbaco, se ve un grupo de casuchas de un piso, cuadradas, con bloques de cemento.
En la parte superior de las viviendas, los hierros que quedan en el aire por el supuesto de que algún día se construirá un segundo nivel sirven para secar la ropa y las cobijas.
La perra desapareció de nuestros ojos entre el caserío desordenado, construido en una pendiente sin permisos municipales y, sobre todo, sin dignidad humana.
Por allí, entre las viviendas, serpenteaban, malolientes, las tuberías de alcantarillado de los altos edificios.
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Imagen de http://www.culturandalucía.com

Pablo Iglesias, líder de Podemos de España, entrevistado por Rubén Darío Buitrón

youtu.be/fMAGnwFqPN4

El caso del fotógrafo Raúl Lluno: ¿vale la pena dejar la vida por los medios o por el oficio?

EL ESTADOUNIDENSE JOHN STANMAYER GANA EL WORLD PRESS PHOTO
Este martes 23 de septiembre, diario La Hora tituló así un episodio del caso del emblemático fotógrafo Raúl Lluno: “La Hora explica a 7 ‘manifestantes’ salida de un colaborador”.
Las comillas, de forma consciente o inconsciente, ironizaban a los colegas de Raúl, hoy aquejado del mal de Alzheimer y quien entregó al periódico 27 años de su vida.
Esos siete colegas, la mayoría fotógrafos independientes, acudieron a las instalaciones de La Hora para pedir explicaciones sobre una denuncia que hicieran los familiares de Raúl Lluno en la voz de su sobrina Natalia.
Según Natalia, primero le dijeron que a Raúl le harían una despedida “porque aparte de ser un buen compañero es un maestro en el arte de la fotografía”.
Pero, luego, Natalia aseguró que con el pretexto de que su tío se tomara 15 días más de vacaciones por su enfermedad, le dejaron fuera del periódico bajo la figura de “despido intempestivo”.
El ministro de Trabajo, Carlos Marx Carrasco, demandó que se le devolviera a Lluno el puesto de trabajo, ordenó investigar el caso y rechazó la supuesta renuncia firmada por Raúl, pues se la habría hecho en ausencia.
Entre los manifestantes (sin comillas), estuvieron algunos prestigiosos fotógrafos como Dolores Ochoa, Cecilia Puebla y Álvaro Ávila y dos dirigentes de la Sociedad de Cronistas Gráficos.
Días antes, La Hora había emitido un comunicado sobre la situación de Lluno, en el que señalaba que salió de vacaciones a mediados de agosto.
El periódico argumentó que el 28 de ese mes, la empresa recibió un documento del Ministerio de Relaciones Laborales, con el trámite # 178835-2014-GASM, notificando una renuncia presentada por Lluno ante la cartera de Estado.
Señaló, además, que el medio “jamás ha negado ningún beneficio al que como trabajador, el señor Lluno, tiene derecho” y explicó que la liquidación correspondiente se la haría en la fecha que indique el Ministerio de Relaciones Laborales.
Los 27 años que entregó Raúl Lluno al medio invitan a reflexionar acerca de cómo muchos periodistas se aferran y entregan su existencia a un medio.
Una suerte de síndrome de Estocolmo: se sienten secuestrados, pero viven en una presunta zona de confort con salario mensual y estabilidad laboral, sometiéndose -en algunos casos- a maltratos y a situaciones humanas y logísticas precarias a cambio de estar seguros con su sueldo y sus paupérrimos beneficios de ley.
He visto colegas que cuando salen del medio donde trabajan pierden el sentido de la realidad. He conocido, incluso, algunos que meses después se han dejado morir (morir de verdad) porque creen que su vida ya no tiene razón de ser sin su segundo apellido: Juan Pigüave Diario X.
Claro que estos pensamientos nada tienen que ver con la respuesta que diera el director de La Hora a los manifestantes. Según reportes periodísticos, el presidente del diario “arremetió contra los fotógrafos que realizaron una protesta pacífica en las afueras del edificio en Quito. En menos de cinco minutos se ve al directivo Francisco Vivanco tratarlos de “ignorantes”, “analfabetos” y “jetones” en un video difundido en redes sociales.
Más allá de la prepotencia que muestran esos epítetos, la reflexión nos conduce a buscar cuáles son los límites de la estabilidad laboral, de la lealtad a una compañía, de agachar la cabeza y obedecer, algunas veces en contra de la propia conciencia, a cambio de mantener el puesto o no perder el empleo.
Pero la vida y el tiempo se encargan de mostrar que no tiene sentido permanecer 20 o 30 o 40 años en empresas (cualquiera de las miles que hay en el país) cuyos fines de lucro convierten a los empleados y trabajadores en simples piezas de recambio.
En el caso del periodista, cuando empieza a envejecer o ha perdido algo de la chispa, del talento o del empuje que lo caracterizaba, un puntapié y una pobre liquidación económica terminan con una carrera que parecía eterna. Como dice la colega Marcia Barzola (@Mbarcas), “lo más criticable son las decisiones hepáticas, siempre injustas”.
Por el contrario, hay ejemplos como Natchwey (el “Kapucinski de la fotografía”), Winter, Murphi, Testino, Capa, Korda, Stanmayer, entre otros, que pueden parecer lejanos pero no son imposibles. Ellos dejan o dejaron la vida por el oficio, por el periodismo, pero no por ninguna empresa que lucra con la información.
Talvez es mejor arriesgarlo todo por intentar hacer imágenes periodísticas de excelencia recorriendo el mundo, con todo el sacrificio personal y económico que aquello implica pero con verdadera independencia, trabajando en lo que uno ama y sin depender de ningún otro interés ni poder.
Sin duda que eso siempre será mejor a esperar que una enfermedad cruel como el Alzheimer de Raulito Lluno (que no será culpa de la empresa, por supuesto) acabe para siempre con su destreza, su alegría y su vocación, sin que al medio le importe demasiado cuál será su final y hasta ironice, entre comillas, el espontáneo gesto de cariño y solidaridad de sus colegas.
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CHARLA POSTERIOR CON UN EDITOR DE LA HORA
Después de publicado este post, anoche (miércoles 24) recibí un mensaje de un editor del Diario. Según él, estoy plenamente equivocado en mis apreciaciones.
Él prefiere que no lo identifique ya que dice que las cosas están tensas fuera de La Hora y por hoy no es conveniente hacerlo.
Yo, como corresponde éticamente, doy paso a nuestra conversación.
-Estimado Rubén Darío, he leído tu post sobre nuestro querido Raulito. Por la confianza que te tengo, por el respeto que te tengo, debo decir que en cuanto al caso puntual, estás plenamente equivocado. Conoces al (periodista) Roque Rivas? Seguro lo conoces. Cuando sufrió el derrame, el doctor Vivanco pidió que se lo dejara el tiempo que fuera necesario en casa, con sueldo pagado y que cuando quisiera volver, volviera a hacer lo que pudiera. Y cuando volvió se le encargó la página Judicial, a pesar de condición, con el mismo sueldo y las mismas condiciones.
¿Sabes cuándo decidimos que Raulito ya no debía hacer fotografía? cuando le robaron en pleno centro histórico haciendo una cobertura.
-Gracias. Yo también creo y confío en tí. ¿Y entonces, por qué la sobrina de Raulito dice eso?
-¿Sabes hace cuanto tiempo tiene problemas de salud? hace cuatro años… Y sabes por qué el diario nunca intentó mandarlo??? por cariño. Está mintiendo.
Personalmente, tuve una cercana amistad con Raulito y toda su familia estaba acostumbrada a que él los mantuviera. Y cuando digo toda la familia, me refiero a esposa, hermano, cuñada, sobrinos, hija y nietos. Ni siquiera lo están haciendo atender… Veo en televisión al señor Carrasco diciendo que se le devuelva el puesto. El diario, feliz. Todos lo queremos mucho, más el doctor.
-Pero, ¿por qué el Dr. Vivanco trató así a los fotógrafos colegas? ¿Era necesario decirles todo eso en lugar de explicarles serenamente?
¿No ves en el video amarillista que arma El Telégrafo? Ya está fuera de él.
Yo estuve ahí. Estábamos reunidos la licenciada Juana López, el doctor y tres editores. Los estábamos esperando y quedamos en recibirlos de la mejor manera, invitarlos a sentarse a tomarse un café, enseñarles los documentos y explicarles todo.
-¿Y era necesario ironizar a los colegas fotógrafos con ese titular?
-Cuando vimos que llegaron, obviamente nos llamaron la atención el fotógrafo de El Telégrafo y el camarógrafo de ECTV… Pero el doctor nos dijo: vamos a recibirlos aquí y les brindamos un café. Voy a bajar y los voy a hacer subir.
Lo quisimos acompañar y nos dijo: no, nadie viene conmigo, yo bajo solo. Bajo en el mejor de los planes, los saludó y los invito. La mayoría de ellos, tranquilos. Pero Paúl Navarrete llegó desde el inicio a buscar bronca. Apuntaba con el flash a los ojos del doctor.
-Si fue así, podía el doctor mantenerse tranquilo y darles una lección. Pero más bien les hizo el juego.
-Le dijo: “No queremos entrar, tú periódico no sirve ni para madurar aguacates. Solo dinos, le vas a pagar o no?”… Y él comenzó a insultar. Hasta ahí el doctor tranquilo, pero este pana, porque era pana mío, le instigó tanto que el doctor respondió. Claro, el inicio lo borraron. En todo caso, cuando el doctor subió, le dijimos que no debía caer en el juego. Él nos dijo que es humano, y pues sí, somos humanos. Sobre Raulito, la empresa estaba organizando, como empresa, tres cosas: le iban a pagar su jubilación, su jubilación patronal… ¿Pero qué quedó para los lectores y para quiénes vimos las fotos y los videos? Además, estaban armando un fondo (la empresa) para darle a Raulito para su tratamiento. No sé de cuánto, pero se lo iban a dar. Y tercero, abrieron la posibilidad de que los compañeros que queramos aportemos a un fondo adicional con lo que podamos. Y nos iban a descontar en roles durante unos tres meses.
Todo el drama es porque la chica esta dice que aparte de la jubilación y la patronal debían seguirle pagando el sueldo sin trabajar porque él es el sustento del hogar. Luego de eso, no sabemos cómo, viene ese golpe bajísimo de El Telégrafo, que nos ha afectado a todos. A todos.
Sobre el titular. Como debes saber esa es la sección que yo edito, así que debes saber que es mi titular. No del doctor, no de la licenciada López. Mi titular.
-¿Y por qué las comillas? tú sabes bien que en ese caso, son irónicas, burlonas..
-Puse las comillas porque a pesar de que el doctor explicó desde el principio las cosas y ya había un comunicado, la mitad de ellos vino a atacar, a provocar, a agredir, con un criterio preconcebido, y no a dialogar.
-Pero son irónicas en contra de los colegas.
-No son irónicas. Es solo que no todos quienes estuvieron ahí estuvieron en solidaridad con Raulito sino para atacar al doctor buscando el video que a la final consiguieron. Y eso, mi querido Rubén Darío, según yo, es parte de la verdad que había que contarle al lector.
- Pero si es así, como me cuentas, tanto la actitud del doctor como el titular les perjudicaron a ustedes.
-Sabes por qué he rechazado entrevistas en otros medios?
-¿Por qué?
-Por el trato que tengo ahí. Por el trato que tenemos todos ahí. Y el de Raulito fue siempre el mejor ejemplo. Como tú, yo soy un amante de la verdad. Y en honor a la verdad, todo lo que se ha dicho desde la prensa oficial es una vil mentira.
Hace cuatro años, el Seguro debía darle la jubilación por incapacidad al Raulito. Pero el doctor ordenó que se lo dejará ahí, se pudiera jubilar y obtenga también la jubilación patronal. Yo no tengo problema en que pongas esta versión. Te agradezco por escuchar. Me gustaría que fuera mi nombre, pero creo que por el momento difícil que pasa el Diario no es conveniente.
Si me he atrevido a escribirte es porque me duele que se diga tanta cosa que no es. Yo, como tú, amo este oficio. Y como tú hablo desde el oficio, pero al César lo que es del César y al doctor lo han difamado en grados superlativos con este caso. Qué ha habido de bueno en todo esto? Pues en el diario todos estamos más unidos, creo que esto nos ha juntado como periodistas y como empresa.
- Te agradezco por escribirme y expresar libremente tus puntos de vista. Te mando un abrazo a ti y a los otros dos colegas a quienes respeto y considero.
-Si puedes, cuando escribas esta versión, pon que el Diario va a pagar absolutamente todo. Que siempre fue así.
-Ok, así lo haré.
-Gracias, Rubén Darío. Un abrazo también. Suerte en lo que estás haciendo.
-Gracias. Buenas noches.
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Fotografía titulada “Señal”, realizada por el estadounidense John Stanmayer, que ha ganado el World Press Photo 2014

Récord de despidos: ¿otro premio Guinness para el canal del cerro?

Ana Teresa Fernández

Qué curioso. Abro la página web del canal que hace poco ganó un premio Guinness y la primera noticia tiene un encabezado que dice: Despidos.

La leo con avidez, creyendo que la empresa tendría el coraje de aceptar que ha sacado de los roles a decenas de empleados, algunos de ellos con muchísimos años, “puestos la camiseta”, como suelen decir los dueños de los medios para convencernos de dejarnos explotar porque “somos una familia”.

Pero la noticia se refiere a que “Coca Cola planea eliminar un 32,67 por ciento de sus empleos en España”. En otras palabras, aquí no pasa nada. Es allá…

Sigo buceando en el portal y encuentro una nota en la que pide aclaración a uno de los periódicos que publicó la noticia.

“En la edición de Diario El Telégrafo correspondiente al 17 de septiembre de 2014 ha sido publicado un reportaje titulado: ‘Ecuavisa separa a 40 colaboradores de dos ciudades’ y en el desarrollo de la noticia, basándose en mensajes de twitter de Fausto Calispa, menciona que los despidos llegarán a 90”.

A Fausto (@facalispa) lo conozco, sé de su profesionalismo y su amor por el trabajo. ¿Por qué tendría que mentir? Luego el documento insinúa que Calispa salió del canal hace meses “por otras razones”. Que diga el canal con transparencia esas razones y no deje en el aire esa insinuación.

Luego continúa:

“Como aquello no es cierto, y en el fondo puede deteriorar el clima laboral, amparado en el artículo 23 de la Ley Orgánica de Comunicación, nos vemos en la necesidades de pedir la rectificación de dicha nota periodística, pues la información tiene deficiencias de verificación, contrastación y precisión…”.

Si así de “transparentes” son los despidos, ¿por qué no respondieron cuando diario El Telégrafo los llamó?

Esta pregunta la evaden con un alarde de supuesta sinceridad, como si fuera un alivio o un consuelo: el canal “aclara” que “no se ha despedido a 40 personas, sino a 27”, aunque en otro documento habla de 35 y Fausto Calispa dice que serán 90.

¿Con el hecho de que no sean 40 pretenden consolar a quienes se han indignado con la medida laboral? ¿Por qué la tenían escondida mientras celebraban con fanfarria el premio Guinness al conductor de mayor permanencia en el aire?

Cuando intentan descalificar a la fuente, en este caso Fausto Calispa, queda la duda.

¿Que no es cierto que despedirán a 90 personas? Veremos qué ocurre en las siguientes semanas.

¿No será que los frenó la valentía de Calispa para revelar lo que está pasando allá adentro?

Luego se refieren al personal que, según la estación televisora, se acogió a la jubilación patronal por sus largos años de servicio. De nuevo, la duda. Porque en estos días me he encontrado por casualidad con dos de ellos y afirman, de manera tajante, que los botaron.

La lección final es paradójica. “No creo en la Ley de Comunicación, pero cuando sirve a mis intereses, sí”.

Ellos, que en sus notas editoriales y en sus comentarios públicos rechazan sistemáticamente la Ley, ahora demandan que se cumpla el derecho a la rectificación contemplado en esta normativa. ¿Ahora ya creen en ella?

Releyendo entre líneas, lo que le preocupa a la empresa es lo que dice al empezar su comunicado: que pueda “deteriorarse el clima laboral” interno.

¿Por qué tendría que ocurrir eso si las decisiones tomadas por parte del canal han sido legales y ajustadas a la normativa laboral? ¿O no lo fueron?

Lo del clima laboral suena, más bien, a mala conciencia.

Así como suena a mala conciencia que se diga, como si nada sucediera, que “no son 40, sino 27”. Como si el canal se sorprendiera: “¿Tanta bulla solo por 27 personas?”. Sí, tanta bulla, porque son 27 trabajadores, 27 familias, 27 seres humanos.

Igual que lo ocurrido hace un mes con el ex Diario HOY. Más de 150 periodistas, empleados y trabajadores sin dos meses de salario y sin el décimo cuarto sueldo. O los cierres de las regionales de Diario La Hora. O la autoclausura de la revista Vanguardia.

Pero eso no parece importarles a los dueños de los medios. Ni a los autodenominados “talentos de pantalla”, quienes guardan silencio cuando el tuitero @carlosgarcia086 les pregunta a los señores Espinosa de los Monteros y Pinoargote, y a las señoras Espín, Arboleda, Baer y Tinoco si estarían dispuestos/dispuestas a donar el 10 por ciento de su sueldo para sostener a 90 familias, unas despedidas y otras, presuntamente, por despedir.

Por eso, si hubiera el premio Guinness al canal que más personas despide, con este ya tendría dos galardones: el uno festivo y rimbombante, el otro rodeado de secretismo e incertidumbre para los empleados y trabajadores.
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Ilustración de Ana Teresa Fernández

¿Cuerpo bien formado? ¿Rostro bonito? Sea reina de Portoviejo y gane un sueldo mensual y un cargo en el cabildo

Carmen Iglesias
Este sábado 20 de septiembre pasó a la historia Agustín Casanova, alcalde de Portoviejo, capital de la provincia de Manabí.
Hace poco cumplió tres meses en su cargo y en estos días hizo noticia internacional, pero en las secciones de curiosidades, de farándula o de hechos asombrosos.
En la presentación de las 16 candidatas al concurso de “Miss Portoviejo”, Casanova sorprendió al auditorio y a las candidatas cuando hizo un anuncio insólito: la nueva reina recibirá un sueldo de 1.600 dólares y será nombrada jefa del departamento municipal de Bienestar Social.
Según Casanova, la decisión tiene como propósito que la reina “pueda mantenerse en todos los eventos y cumpla con lo que le exige la dignidad”.
La reina saliente, reporta diario El Universo, es María Janeth Pazmiño. Ella dice que sí es necesario que la futura majestad reciba un sueldo porque “las gestiones, los trámites y las representaciones generan un egreso que lo asumen los familiares de la soberana. Agregó que las actividades que realizan implican gastos que incluyen vestimenta”.
Absurda por donde se lo mire, la propuesta del Alcalde es demagógica, populista y fuera de toda realidad.
Una reflexión más sobria e inteligente, aunque vaya en contra de la “tradición”, habría sido suprimir la elección anual de “Miss” (de hecho, escoger a la más bella –generalmente con un bajo coeficiente intelectual- es un acto discriminatorio con las demás jóvenes habitantes de la ciudad) y no disponer de los fondos del Cabildo, es decir, del dinero de los impuestos que pagan los ciudadanos, para conseguir popularidad.
La sorpresa que ha generado el anuncio debe llevarnos a debatir, a nivel nacional, acerca de cuál es el objetivo de que una ciudad tenga una “reina”.
¿Nostalgia del pasado español, que durante el coloniaje vino a invadir, conquistar e imponer valores extraños a nuestros ancestros, como el hecho de elegir “reina” para que no olvidemos que estamos bajo un modelo políticamente vertical y para que nunca dejemos de tomar en cuenta que la superioridad sobre los demás tiene que ver con la belleza física y con llevar sobre la cabeza una corona?
¿Ignorancia de la autoridad al no entender que un cuerpo bonito no necesariamente viene acompañado de una capacidad administrativa para trabajar, con salario mensual, en beneficio de la gente?
¿Qué sentido tiene que una ciudad cuente con una reina? ¿Para qué? ¿Qué rol importante puede jugar en la estructura administrativa de un municipio alguien que quizás lo poco que sabe es caminar con garbo y sonreír a las cámaras?
Según el libro «Beauty and body image in the media» (2009), “las críticas hacia los concursos de belleza radican principalmente en que refuerzan la idea de que las mujeres deben ser valoradas principalmente por su apariencia física, lo cual hace una gran presión sobre las mujeres para que “sean hermosas”, gastando dinero en ropa, cosméticos, productos para el cabello y cirugías estéticas.
“Esta obsesión por la belleza física incluso lleva a las mujeres a realizar dietas estrictas, con resultados como la anorexia o la bulimia.
“Aunque algunas competencias tienen componentes que no están basados puramente en la belleza física, las participantes poco atractivas tienen pocas posibilidades de ganar, sin importar su talento, su inteligencia, su educación, su aplomo, su ingenio o su conciencia social.
“En lugar de proveerles oportunidades a las mujeres, se discute que los concursos de belleza lastiman a las mujeres que no cumplen las ideas tradicionales de belleza, porque las que sí cumplen el ideal son vistas como “mejores” que el resto de las mujeres”.
En Europa, es una costumbre antigua elegir reyes y reinas simbólicos para las festividades, en las cuales las ganadoras “representan las virtudes de la nación y otras ideas abstractas”.
No hay un argumento válido para continuar con esta ridiculez de elegir reinas, mucho peor si un alcalde distorsiona de forma total el anticuado concepto.
La incapacidad para valorar a la mujer por otros méritos y no solo por la belleza de su rostro ni por un “cuerpo estructural” es uno de los actos machistas más burdos, discriminatorios y sesgados de la sociedad contemporánea.
Pero aquí está Carmen Iglesias López, de 20 años. Es la nueva reina de Portoviejo. Una reina con sueldo mensual por aparecerse de vez en cuando, en alguna esquina, hablando de “obra social”. Pero, sobre todo, por mirarse con mucha atención en el espejo.

(Fotografía de El Diario Manabita)

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En otros lugares, ya ni siquiera habrá el concurso Miss Universo

Por primera vez el popular certamen de belleza más importante del mundo entero, Miss Universo, no se realizará este año, según trascendió hace solo unos días en las redes sociales. El alcalde de la famosa ciudad de Doral, Florida, Luigi Boria, anunció recientemente a través de su cuenta de twitter que se celebrará en 2015.

Eso provocó de forma inmediata que se hiciera correr como la pólvora en la red que 2014 será saltada y tendrá fecha el 18 de enero del próximo año, es decir, que la actual vencedora aumentaría su reinado.

Se trata de una decisión que hemos conocido a lo largo de este fin de semana y que ha originado cierta polémica en torno a los responsables de la misma.

Se han producido también diversas reacciones entre las que destacan las de muchos cargos de responsabilidad política.

Tal y como sabemos, este desfile debe realizarse en enero bajo una pujante influencia comercial en todos los sentidos.

Enrique Flor, un periodista del Nuevo Herald, ha revelado que se van a gastar 2 millones y medio de dólares en el espectáculo tras una votación de 3 votos a favor y uno en contra.

El alcalde de Doral, Luigi Boria, asegura que el hecho “significará un importante motor económico para la comunidad”.

La vice-alcaldesa, Christi Fraga, la que desaprobó realizar allí el proyecto.

En este punto, si bien se mostró a favor de realizarlo, agregó que “creo que no debería hacerse a costa del dinero de los contribuyentes” de la ciudad.

Eso sí, pese a la oposición de su vice-alcaldesa, Christi Fraga, el jefe de esta entregó 500 mil dólares para organizar el certamen.

Para ello argumenta que los habitantes de Doral afrontan necesidades más apremiantes que impulsar Miss Universo.

Y agrega también que ya anunció que en diciembre sumará otro millón al plan. Y no queda ahí la cosa.

El frívolo espectáculo es manejado por el multimillonario estadounidense Donald Trump.

Sin ir más lejos, hubo una pública trifulca entre Boria y su administrador, Joe Carollo, así como la renuncia de su jefe de Despacho, Gonzalo Bello.

No fue lo único, ya que también le descubrieron irregularidades en pagos de un local que utilizó durante su campaña electoral del 2013.

Este certamen de especial repercusión mediática no goza de la aceptación popular en muchos sitios por la imagen de la mujer que se ofrece.

Cuando el automóvil es una máquina de sentimientos

Nicola Verlato
Imposible saber lo que hará en los próximos segundos el conductor que va adelante: quizás suba de tono la conversación que mantiene con la persona que viaja junto a él y eso provoque que súbitamente pise el acelerador, impulse el vehículo con velocidad inusitada e, inmediatamente, ponga el pie en el freno.

O quizás, mientras escucha las noticias sobre la eterna guerra de los gringos en el Medio Oriente o se deja llevar por el ritmo de algún vallenato de moda, mueva el volante hacia la derecha sin haber encendido las luces direccionales.

O quizás, inconscientemente, decida bajar la velocidad y permanecer en el carril de la izquierda, sin hacer ninguna señal que ponga en guardia al conductor del auto que viene detrás.

O quizás gire intempestivamente el volante, porque resuelve eludir al perro callejero que indiferente y suicida cruza la autopista Simón Bolívar, y eso provoque frenazos simultáneos de los autos que van detrás.

O quizás amaneció de mal humor y va despacio a propósito por el carril izquierdo, por el que sirve para rebasar, para poner del mismo mal humor a quienes van detrás, con lo cual sentirá que no está solo en el mundo de las amarguras interiores.

O quizás ninguna autoridad le haya advertido que debe ir por el lado derecho cuando circule despacio por una vía de dos o más carriles, y que solo debe tomar la izquierda para adelantar a quienes conducen con menor velocidad y luego volver a su derecha.

O quizás esté muy molesto con los que van detrás, que pitan, hacen cambios rápidos de luces y hasta sacan la cabeza por la ventana y le piden que acelere o se haga a un lado, y tanto le molesten esos actos que resuelva frenar en seco, apagar el motor, bajarse del auto y desafiar a golpes o, si es más rudo, amenazar con una pistola a quienes le exigen respetar las normas de tránsito y de convivencia pacífica.

Hay muchos quizás en el imposible conductor que va despacio, lento, desesperadamente despacio por el carril izquierdo de la Simón Bolívar.

Hay tantos quizás que lo mejor será que la próxima vez que mi carro, que va detrás de aquel automovilista, haya llegado el momento de decidir si revestirme de una inusual dosis de paciencia, para lo cual deberé entender que el tiempo que me demore en circular por la vía no será mío sino del individuo que no me deja pasar, o quizás –yo también tengo ahora mis quizás– decida convertirme en otro clon del incierto conductor (sus réplicas circulan por calles, avenidas y vías de la ciudad) y me sume –mientras me aferro a mi carril izquierdo– a este quemimportismo y a este odio automovilístico colectivo.
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Ilustración de Nicola Verlato

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