03
Jul
09

Adoum, Quito y los amores colectivos

jorge enrique viejitoPor Rubén Darío Buitrón *

Su voz se quiebra pero se vuelve luz. Luz de humo, luz de montañas, luz de vientos poderosos que han vuelto a sembrar la tierra que un día los parió. Detrás del humo, en el humo, en la luz del humo está Jorge Enrique Adoum. Detrás y en Jorge Enrique Adoum están el poeta, el filósofo, el político, el militante, el exiliado, el guerrero de la metáfora, el amante del cigarro y del vodka y de las mujeres y de los libros y de la ciudad, esa ciudad que él no la cambia ni siquiera por París, esa ciudad donde quiere morir cuando los años le digan que ha llegado el momento de apartarse de las huellas porque estas ya han calado hondo en la historia personal y colectiva de Quito y más allá de la persona concreta existe y existirá siempre. Siempre. Ahora. Mañana. Aunque el peso de sus 82 años lo haya convertido en un ser frágil, tierno, de decires lentos y pausados pero resplandecientes e iluminadores. “Soy cáncer, obviamente”, dice sonriendo. Nació un 29 de junio. Está enfermo pero no pierde su chispa, su vitalidad, su memoria para recordar que el poeta español Rafael Alberti le dijo un día que cuando llegue a octogenario empiece a contar los años al revés hasta que la juventud regrese y, entonces sí, morir en plenitud. Porque nada de viejito ni bisabuelo ni anciano. Simplemente Jorge Enrique. Aquel Jorge Enrique que sigue leyendo, que lee por ejemplo las novelas La hermana y La sombra del viento, que lee Las costumbres de los ecuatorianos (de Osvaldo Hurtado), que lee El invitado (de Carlos Arcos), que lee tres o cuatro libros al mismo tiempo porque “el tiempo está para eso mismo”. No deja de ser crítico. Rompe lanzas contra los medios de comunicación que manejan un discurso “anti” y que están llenos de prejuicios. Golpea con sus conceptos a los viejos políticos que han sido “nefastos para el país”. Confía en el actual presidente, de quien no le sorprende que sea “tan atacado porque es lógico que quien promete cambios radicales sea blanco de quienes son conservadores radicales”. La transformación del país llegará por una elite, afirma siguiendo con sus ojos la trayectoria de la voluta de humo del cigarro. “Pero tiene que ser una elite honesta, lúcida, valiente…”. Con Adoum hay muchos temas que hablar. Muchos. Pero esta tarde donde la lluvia golpea los vidrios de los ventanales del departamento donde el poeta vive con Nicole, su esposa francesa, donde la ciudad de pronto se pone gris, triste, melancólica, donde la ciudad se abraza a sí misma para que el frío no la mate, tenemos que hablar de la ciudad que el poeta tanto ama, tanto aunque haya nacido en Ambato, tanto aunque haya vivido en París veinte años. La palabra “Quito” lo llena de intensidades, de guitarras, de madrugadas, de amores clandestinos arrimados contra un portal o debajo de un balcón. Lo llena de irreverencias y conspiraciones y proclamas y esperanzas. Lo llena de certezas porque esta es la ciudad donde siempre ha querido vivir y donde siempre ha querido morir. Le gusta la gente, la geografía, las atmósferas estéticas de los rincones coloniales, las esquinas por donde tantos ocasiones pasó, se quedó, cantó, se tomó un trago, compuso un verso, abrazó a una chiquilla, contempló la luna, respiró el primer sol de los amaneceres fecundos y traviesos. Le gusta que los quiteños se sientan quiteños, así de simple, en medio de la desazón de ser ecuatoriano, de no tener un sentido de nación, de negar inconscientemente a la patria por su extraño e impreciso nombre de Ecuador que, al final, significa nada y significa todo. Por eso el poeta valora profundamente que exista un orgullo de ser quiteño. Ser quiteño en la mitad de un generalizado y patético sentimiento de inferioridad que se expresa en cosas sencillas y al mismo tiempo conmovedoras: Adoum gesticula y explica cómo los ecuatorianos estrechamos la mano del ser superior, casi temblando, casi temerosos, cómo nos agachamos ante el extranjero, cómo damos rodeos para decir sí o no, cómo bajamos la mirada cuando alguien nos conmina o desafía. Y entonces cuando intentamos sacarnos la camisa de ese complejo nos volvemos agresivos, arrogantes, violentos. No, nada de eso es ser quiteño. O, al menos, no debiera ser una condición del ser nacido en esta tierra. No debieran ser quiteños el burócrata prepotente, la secretaria de la oficina poderosa, el alevoso chofer de bus… En todo eso hay una esencia: no aceptarnos como somos, no aceptar que somos mestizos, que venimos de españoles pero también de indios, de cholos, de negros, de mulatos, de asiáticos. Hay una riqueza notable y maravillosa en esa mezcla, en esos rasgos, pero no somos capaces de encontrar motivos para que el orgullo y la identidad nos den la dignidad. Por eso es bueno sentirse quiteño. Quiteño más que por nacimiento, por condición, por actitud, por una manera específica de frentear la vida. Adoum recuerda que los conquistadores españoles ya miraban a Quito con preocupación, con recelo. En aquellos años eran pocos los nacidos en la ciudad y, sin embargo, esos pocos hacían temblar al imperio de entonces. La iglesia y el poder realista dejaron muchos documentos donde consta que esta “es una ciudad peligrosa por intelectual, beligerante, irreverente, por rebelde, por altiva, por imposible de someter”. Al poeta le parece que somos un pueblo mágico, misterioso, insondable: “cualesquiera diría que los quiteños somos tolerantes, tímidos, agachados, pero de pronto estallamos, de pronto somos la luz del devenir”. En ese devenir recuerda el 2 de agosto, el 10 de agosto, el 24 de mayo, la revolución de las alcabalas, la revolución juliana, la revolución liberal, el derrocamiento de Arroyo del Río, las caídas de Velasco Ibarra… “En la universidad teníamos ideales, teníamos coraje, teníamos caminos trazados para ir por la transformación”. ¿Y ahora? No lo sabe, no está seguro. Percibe e intuye que la juventud actual tiene otra manera de asumir su rol en la vida. Estudiar, graduarse, salir de la universidad, encontrar un empleo, no pensar en los demás, no aportar a los cambios urgentes que demanda un país… Pero percibe e intuye que puede estar equivocado cuando repasa la última década, las caídas de Abdalá Bucaram, de Jamil Mahuad, de Lucio Gutiérrez. El surgimiento del movimiento de los forajidos, el triunfo de Rafael Correa. Es como si la revolución que él tanto soñó, que él cantó, que él configuró en sus largos insomnios y en sus escondidos miedos, todavía fuera posible, todavía fuera un argumento para seguir viviendo hasta mirar que algo distinto empieza a navegar entre la gente. Orgullosos de eso. De un Quito valiente, digno, un Quito de mujeres inteligentes y sutilmente sensuales, de un Quito de pasillos y serenatas, de cuerdas y rondadores, de versos y sinfonías, de bohemias y clarinadas. ¿Romántico y cursi? No creo, refuta Adoum. “Los quiteños tenemos muchas razones para mirar al mundo con la cabeza en alto. Tenemos grandes poetas, maravillosos novelistas, poderosos muralistas, conmovedores artistas plásticos, exquisitos artesanos, notables pensadores, heroicos líderes populares”. El poeta lleva el cigarro a la boca. Despacio, con la mano temblorosa. Deja un espacio para exorcizar sus males. Nos mira y permanece en silencio. “No recuerdo de qué estábamos hablando”, susurra como avergonzado, como abochornado, pero susurra y también sonríe como si eso no importara, como si Quito no fuera un tema para una entrevista formal donde la pregunta y la respuesta, el viejo formato, lo resuelven todo. No, no importa. A Jorge Enrique hay que dejarlo poemizar la vida, pintar la ciudad con sus palabras estremecedoras y contundentes, describir los detalles de los conventos y las iglesias, caminar los parques y las plazas, tocar con sus manos los monumentos, subir al Panecillo o al Itchimbía o a La Tola o a San Juan, recordar con exactitud las dimensiones físicas y legendarias del tranvía o del Teatro Sucre, escuchar su aguda crítica a quienes no transitan por la propia historia de La Mariscal o El Placer o La Carolina, reunirse en la Lonchería Italiana o en el Capri o en el Murcielagario de La Ronda, sino que miran afuera de las fronteras en busca de una identidad que no son capaces de sentir. Tampoco importa que en la mitad de la conversación llegue el médico, un poeta maravilloso también llamado Eduardo Villacís Meythaler, y Nicole nos pida con suavidad y delicadeza hacer una pausa para que Eduardo pueda chequear a Jorge Enrique, para que este hombre aparentemente invencible, aparentemente invulnerable, se pruebe a sí mismo que sigue vivo y que desde esta vida que nos contagia cuando regresa del chequeo y se sienta despacio y vuelve a encender el cigarro y disfruta el placer de producir con su boca un humo denso que sube y que se expande y que se difumina y disuelve en el ambiente donde el poeta hila frases, oraciones, conceptos, ideas, planteamientos y propuestas alrededor de este amor confeso por una ciudad que emana luz y oscuridad y leyendas y paisajes y momentos humanos irrepetibles en otra geografía, en cualquier otra geografía que Jorge Enrique ha recorrido con sus pasos y sus versos y, sin embargo, quiere que a él lo entierren como a sus antepasados, en una vasija de barro donde el paraíso solo sea una ciudad llamada Quito donde el amor pueda sembrarse, donde el futuro sea el fulgor de un pasado capaz de juntar, para siempre, las cenizas de Osvaldo Guayasamín, de Jorge Carrera Andrade, de César Dávila Andrade, de Eduardo Kingman, de Alfredo Pareja Diezcanseco, de Luis Alberto Valencia, de Benjamín Carrión, de Ernesto Albán Mosquera. Su voz se quiebra pero se vuelve luz. Luz de humo, luz de montañas, luz de vientos poderosos que han vuelto a sembrar la tierra que un día los parió. Detrás del humo, en el humo, en la luz del humo se queda Jorge Enrique Adoum. Detrás y en Jorge Enrique Adoum se quedan el poeta, el filósofo, el político, el militante, el exiliado, el guerrero de la metáfora, el amante del cigarro y del vodka y de las mujeres y de los libros y de la ciudad, esa ciudad llamada Quito y que él no la cambia ni siquiera por París, esa ciudad llamada Quito donde el poeta quiere morir cuando los años le digan que ha llegado el momento de apartarse de las huellas, de las huellas que ya han calado hondo en la historia personal y colectiva de Quito que es la historia de Jorge Enrique Adoum, su historia personal y colectiva.

Entrevista realizada en 18 de marzo de 2008.

PASADOLOGÍA (Un poema de Adoum)

A contrapelo a contramano

contra la corriente

a contralluvia

a contracorazón y contraolvido

a contragolpe de lo sido

sobreviviendo a contracónyuge

a contradestino y contra los gobiernos

que son todo lo absurdo del destino

a contralucidez y contralógica

a contrageografía (porque era

contrapasaportes dictadores continentes

y contra la constumbre

que es más peor que nuestros dictadores).

Contra tú y tus tengo miedo

contra yo y mi certeza al revés

contra nosotros mismos

o sea contratodo

y todo para qué…

Tomado de www.scribd.com

01
Jul
09

signos…

                        Stefan Gesell

SIGNOS

Hoy te deseo                                                                                                                    sin más poesía                                                                                                                                que los signos dibujados por tu cuerpo.

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30
Jun
09

“En Colombia, Uribe maneja a la prensa”

URIBE-GUILLEN GIOVANNI AURIEMA

Las restricciones a la prensa  independiente no parecen ser exclusividad de los gobiernos que se dicen de izquierda, sino también de regímenes de otro signo. Así lo dice Gonzalo Guillén, periodista colombiano  del Miami Herald.

¿Existe   regulación a los  medios en Colombia?

Si en Venezuela Chávez quita canales, en Colombia, la manipulación de la prensa funciona al revés, entregándolos. En Colombia solo hay dos canales nacionales privados que son de los ricos del país y ahora se va a conseguir un tercer canal para dárselo a un grupo cercano a él.

¿Es decir, que los medios son aliados del Gobierno?
 
Los grandes medios viven y dependen de las contrataciones que tienen con el Estado, de prestación de servicios, adjudicación de frecuencias… y sacrifican la libertad informativa a cambio de proteger sus intereses. El Gobierno maneja a la prensa de una manera repugnante. Él dice qué se publica y qué no… y a los periodistas que no hacemos parte del control nos ataca.

¿Algún medio mantiene  una  posición crítica?

Hay uno que trata de mantenerlo, la revista Semana. Por lo demás, los medios de comunicación están postrados de rodillas ante el Gobierno y promueven la imagen de (Álvaro) Uribe.

¿Cuándo pasó eso?

Han habido muchos atropellos, pero la manipulación de la prensa a favor del Gobierno es con Uribe

Han habido muchos atropellos en otros gobiernos, pero la manipulación de la prensa a favor del Gobierno es con Uribe. Él es un tipo muy parecido a Chávez, solo que como Uribe es dizque de derecha y Chávez dizque de izquierda… pero se viven los mismos abusos, el mismo autoritarismo, la misma corrupción a favor de los amigos del Gobierno.

¿Afecta a Uribe   la guerrilla?
 
La guerrilla es lo mejor que le puede pasar. Cuando le conviene la guerrilla está acabada, cuando no, es la peor amenaza.

Si  Uribe tiene la aspiración de llegar de nuevo al poder, ¿cómo trabaja  en ello?

Desde que el Presidente  se posesionó está en campaña permanente. Todos los sábados hace un ‘show’ ridículo como el de Chávez, regala cheques, confiesa a la gente, le da consejos… dura todo el día, cada vez va a un pueblo distinto.  Puede hablar desde las 09:00 hasta las 00:00.

Desde que el Presidente  se posesionó está en campaña permanente
Gonzalo Guillén
Periodista colombiano

¿Cómo se ve a Rafael Correa a través de los medios?
 
En general, la imagen de Correa en Colombia es mala, porque hay una campaña contra él. Desde lo de Raúl Reyes lo asocian con las FARC para todo. Y como Colombia respalda a Uribe solo por temor a las FARC, no hay interés por informarse sobre aspectos culturales del país vecino.

¿Qué hacen los periodistas frente a este tema?

No hay resistencia, la postración del periodismo es a través de los dueños de los medios. El periodismo en Colombia ha llegado a un grado absoluto y muy grave  de pasividad ante el poder.

¿A la gente le importa lo que pasa con los medios?

No, la gente no está reclamando información o claridad masivamente. Incluso, todas las corruptelas siguen ahí. 

¿Hay acceso a la información oficial?

Para investigar es difícil y cada vez es más. El Gobierno tiene interceptados teléfonos, mails de los periodistas sospechosos. El derecho de acceso está incorporado a la Constitución. Todo pedido que se haga deben responder en 10 días; sin embargo, eso se respeta cada vez menos. La información más sensible es más difícil de obtener.

¿Cómo actúa la regulación?

Durante  los años 50, en Colombia  la censura la ejercía la dictadura, ahora es más repugnante porque prima la autocensura. Venezuela, Bolivia y Ecuador aplican otro modelo, pero están exactamente igual.

HOJA DE VIDA
Gonzalo Guillén

Es periodista y ha   trabajado  en el diario El Tiempo  de Colombia y en la Agencia de Noticias Colprensa. Actualmente es  corresponsal en Colombia del diario El Nuevo Herald  de los Estados Unidos.
Fue invitado a    participar en una serie de foros sobre libertad de prensa en Quito, auspiciados por Fundamedios.
Fotoilustración de Giovanni Auriemma
28
Jun
09

grandes movilizaciones se tejen en la red

GRANDES MOVILIZACIONES.ALEX CHERRY

Mouhamed El Amine Daib pudo hacer poco, casi nada, por dos familiares a los que amaba muchísimo y a quienes el cáncer los destruyó. Tras esas dolorosas pérdidas, Mouhamed entendió que su misión sería apoyar a quienes sufren esas tragedias.   

Buscó personas que tuvieran idénticas inquietudes. Fue a hospitales, asilos, consultorios. Visitó centros de atención oncológica especializada. Leyó mucho.

Agotado del trajinar con la esperanza de encontrar gente que se sumara a su idea, una noche se sentó frente a su computadora y escribió un correo electrónico a un amigo: “Espero que se encuentre una cura rápido para el cáncer porque no quiero que nadie sienta este dolor. Nada más estremecedor que ver a alguien que amas yéndosete de las manos mientras tú estás sentado sin poder hacer nada”.

Fue suficiente. Por medio de la red su amigo lo fue vinculando a  otras personas a quienes les urgía la necesidad de sostener esa lucha colectiva contra el cáncer.

Había mucho por hacer. Organizarse. Cubrirse bajo un paraguas institucional. Idear una campaña novedosa y creativa  capaz de atraer a mucha gente, tan solidaria y dispuesta como Mouhamed para   pelear a favor de la vida. El Arkansas Children’s Hospital de Estados Unidos acogió la iniciativa y pronto el grupo creció bajo un una consigna que suena a una esperanza: ‘Carrera para terminar con el cáncer’.

En apenas dos años  el grupo alcanza la cifra récord de 5 465 067 miembros y hasta este mes  ha logrado juntar casi USD 55 000 dólares para destinarlos a investigaciones científicas. 
¿Más de cinco millones de personas comprometidas con   ‘Carrera para terminar con el cáncer’? Sí. Y a eso se debe que, al menos por ahora, la iniciativa contra la enfermedad es la causa más popular del mundo en Facebook, según cifras al 23 de este mes.

Las redes sociales  son un nuevo poder colectivo y caminan a convertirse en poder mundial. 

Un poder  con una fuerza y  energía capaces de sumar millones de voluntades alrededor de un objetivo humanitario. Un poder que trasciende los ejes clásicos de la agenda de la prensa convencional: en las causas de la red muchas veces quedan a un lado  la política, la macroeconomía, el deporte profesional, la reverencial y unipolar actitud de las audiencias frente a los medios tradicionales.

En esa dinámica vertiginosa,  en ese mundo donde  cada minuto convergen  millones de personas interesadas en contactar, conocer, enterarse, hacer amigos, cruzar ideas, validar sus opiniones y su pensamiento al contrastarlos con los que, multiplicados, se convierten en el futuro, en lucha, en defensa de los derechos, en reivindicaciones que la prensa tradicional, por sus propias urgencias y limitaciones, no alcanza a entender, no valora, no alcanza, no se sensibiliza, no se apropia.

Con menos colaboradores pero con una mayor capacidad de hallar donantes generosos, la segunda causa más popular en la red es ‘Apoye la  campaña para la prevención del cáncer’, que cuenta con más de cuatro millones y medio de personas y que está a punto de rebasar su primera gran meta: recoger  USD 100 000 para la detección temprana de ese mal.

Mary Ann Safarik, una de las integrantes más  entusiastas, cuenta por qué asumió su tarea: “El 14 de junio mi mamá murió de un derrame cerebral causado por coágulos sanguíneos del cáncer. Luchó contra muchas cosas, incluyendo infecciones al estómago, miniderrames y ataques cardíacos. Vi cómo una mujer maravillosa y  audaz de 82 años se convirtió en alguien a quien ni siquiera le gustaba el chocolate.  Ahora y siempre la extrañarán demasiadas  personas ”.

Es el nuevo poder colectivo de las redes sociales, allí donde Internet expresa toda su fuerza y se despliega como el espacio democrático por esencia: plural, libre, tolerante, de ida y vuelta, deliberador, con una capacidad singular de escuchar a los demás,  intensamente vivo, intensamente solidario.

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GRANDES movilizaciones  EN FACEBOOK  

‘Carrera para terminar con el cáncer’
Arkansas Children’s Hospital,  5 465 067 miembros, USD 54 126 donados. ‘Apoye la Campaña  para la prevención del cáncer’
4  784  591 miembros USD 92 148 donados

 

‘Derechos de animales’
4 784 591 miembros USD 92 148 donados

‘Alto al calentamiento global’.
Organizaciones Alliance for climate protection y Repower America. 3 067 340 miembros USD 33 749 donados

‘Sociedad contra el maltrato a los niños’ 
2 940 766 miembros USD 41  039 donados.

La información sobre todas estas causas pueden encontrarse en la dirección de Internet  http://apps.facebook.com/causes/                                                                                                                                                                       Además conozca datos sobre otras causas similares a las que el usuario  puede suscribirse.

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Ilustración de Alex Cherry

27
Jun
09

si nos dieran empleo en El Telégrafo

SI NOS DIERAN EMPLEO EN EL TELEGRAFO
Si nos dieran empleo en El Telégrafo, se terminarían todos los problemas, angustias e incertidumbres que ahora tenemos  los periodistas sesgados, buitres, pitufos, mediocres y corruptos.

Dejaríamos de preocuparnos de que todos los días nos lleguen correos electrónicos, faxes y llamadas telefónicas donde nos amenazan en un lenguaje sospechosamente similar al que se usa en las agresiones sabatinas por cadena nacional: seudoactores políticos, testaferros de los empresarios de papel (?), voceros de la oligarquía, burgueses, contrarrevolucionarios.

Si nos dieran empleo en El Telégrafo, tendríamos la certeza de que el salario mensual nos llegaría con plena seguridad y sin esforzarnos demasiado: como el Estado lo paga todo, nuestros ingresos ya no dependerían de nuestra calidad periodística, de nuestra credibilidad, de nuestra lucha por la autocrítica interna o del esfuerzo para contar a los lectores lo que necesitan saber.

Si nos dieran empleo en El Telégrafo, estaríamos seguros de que por fin ejerceremos nuestro derecho a una verdadera libertad de expresión, pues podríamos escribir en las páginas de opinión lo que quisiéramos bajo cuatro únicas condiciones: tener cargos burocráticos  en entidades del Estado, revestirnos con  ropaje de intelectuales de izquierda, darles duro a todos los que se atreven a criticar ‘el proyecto’ y combatir a los que intentan mantener una posición equilibrada y serena frente al avance del fanatismo, la ceguera y las tesis ancladas en el siglo XIX.

Si nos dieran empleo en El Telégrafo, no trabajaríamos bajo la intensa presión de cumplir nuestro deber de investigar e informar lo que los ecuatorianos necesitan conocer, pues bastaría simplemente reproducir la agenda temática que conviene al Jefe  y acatar las líneas maestras trazadas por  las estrategias propagandísticas del poder total, es decir, optar por el silencio o el bajo perfil noticioso cuando cierta prensa corrupta estremece al país con  graves revelaciones sobre  la conducta del hermano del Jefe.

Si nos dieran empleo en El Telégrafo, no tendríamos mucho que escribir, porque como es un diario ‘público’ y ‘la libertad de expresión ya es de todos’,   tendríamos la seguridad de trabajar en  un medio  socialista y plural, colmado de  opiniones, testimonios, perfiles, crónicas, reportajes y cartas de ciudadanos que debatan, que deliberen, que expresen  la más amplia diversidad de ideas y sensibilidades de 13 millones de ecuatorianos.

Si nos dieran empleo en El Telégrafo, el Jefe no se vengaría de nosotros ni nos quitaría la publicidad, primero porque jamás nos atreveríamos a investigar los grandes contratos antiéticos del poder y, segundo, porque los dueños de la verdad seríamos nosotros y ningún contrarrevolucionario escribiría en nuestras inmaculadas páginas.

Ilustración de Mr. Toledano

23
Jun
09

cómo escribir una crónica

Johan Fournier 

HAGA UN PLAN

- No tenga miedo a la palabra “plan”. Tampoco a “esquema” o “estructura”. Las mejores crónicas han sido elaboradas sobre la base de un plan.

- Todo redactor debe escribir un plan para cada historia que se propone contar.

- Un plan es, simplemente, un mapa de las partes que integran la historia.

 PÓNGALE CABEZA AL LEAD

 - El lead es muy importante, pero no funciona si el párrafo final no tiene la misma prioridad.

- El lead es la cabeza de todo lo que se quiere contar, pero el flujo de información debe ser continuo, de principio a fin. De lo contrario, la historia no será contundente.

- El reportero no debe sentarse a la  computadora y preguntarse: “Bueno, ¿cuál es mi lead?”. Lo que debe preguntarse es: “Bueno, ¿cuál es la noticia que quiero escribir?”.

- No piense que en el lead debe ir toda la noticia, sino su esencia. De lo contrario, lo que hará es un lead atiborrado de ideas y palabras, confuso y oscuro, que bloqueará la comprensión del lector y lo dejará sin ninguna posibilidad de enganche.

- Otras preguntas: ¿De qué se trata la historia? ¿Cuál es el personaje principal? ¿Qué gesto es característico de él? ¿Qué frase textual resume lo que quiero contar?

- Limitar la extensión de los leads. Una historia larga fluye si la primera frase es cuidadosamente elaborada.

- Nunca olvide que está contando una noticia.

ARME BIEN EL ESQUELETO

 - Muchas historias comienzan y terminan bien pero se empantanan en la mitad.

- El cuerpo debe tener una secuencia clara de ideas, hechos, acciones.

- Toda dificultad para escribir una historia pasa por la falta de organización del material.

- Haga una lista de las cosas más importantes.

- Escriba una serie de subtítulos para cada episodio o hecho.

- Organice los materiales en escenas o capítulos.

- Tenga claro el eje, el enfoque y el condumio de lo que quiere contar.

DEJE EL TOQUE MÁGICO PARA EL FINAL

- La buena crónica requiere de un comienzo, un cuerpo y un final de calidad.

- El final da al lector la sensación de que sus preguntas han sido respondidas.

- El final refuerza el significado de la historia.

- El final es lo que el lector debe recordar más. Investigaciones sobre la memoria aseguran que cualquier cosa puesta al final perdura más.

- El final debe ser la cumbre de la continuidad sonora de la historia.

- El final debe estimular al lector a pensar.

- Cuando el lector percibe una estructura clara y redonda (lead, cuerpo y final) confiere autoridad a las palabras que ha leído.

- Nunca sacrifique el final para permitirse otro párrafo de información.

  Y NO OLVIDE ESTOS SECRETOS…

- Compare el final con el lead.

- Cubra el último párrafo y lea el penúltimo como si fuera el final.

- No gaste toda su energía creativa en el lead.

- Cuide que la historia no se le desinfle en el medio.

- No recorte arbitrariamente el final.

- No cierre una historia agotado. Hágalo tan inspirado como la inició.

- Lea en voz alta el texto final. Es la mejor manera  de detectar redundancias, errores de tipeo y problemas de ritmo en la narración.

Por Rubén Darío Buitrón

Ilustración de Johann Fournier

22
Jun
09

el sol oscuro…

                 Fotoilustración de Peter CoulsonPeter Coulson

El sol oscuro.

La velocidad como una flor absurda.

Nadie alimenta la posibilidad de las piedras armónicas.

En el centro, solo el centro. Nada más.

21
Jun
09

la ficción como ejercicio contrapoder

RUBEN FONSECA 1 

Hay demasiado gobierno en nuestra vida. ¿Cómo lograr que el país progrese si ellos no nos dejan?

Lo dice Mandrake,  singular detective  nacido de la imaginación del brasileño  Rubem Fonseca, un  brillante narrador y guionista contemporáneo.

Fonseca  escribe para insistir sobre los mismos problemas de la vida contemporánea, pero el gran valor de su obra radica en su capacidad de  alcanzar cada vez mayor profundidad filosófica y mayor espesor crítico frente a la existencia individual y colectiva.  

Será por eso que, a sus  84 años, este  maestro de la  literatura policial latinoamericana sigue creando. Creando y sacudiendo conciencias y sensibilidades. Creando y dejando una honda huella en sus lectores, una lección de vida, una manera de asumir la existencia:  “La oscuridad es una forma de encontrar la lucidez”.

Sigue creando y revelando los innumerables, múltiples y sorprendentes ángulos de una misma realidad cruel, pragmática, insensible: ”Todo lo que resulta fácil termina en algo  equivocado”.  
 
En cada uno de sus 25 libros, Rubem Fonseca   descarga una fuertísima dosis de intensidad y asombro sobre sus temas obsesivos:  el poder y las mujeres. Para él, tanto en la política como en el amor hay levedad, todo es perecible, fugaz: “El goce del poder es solo un accidente temporal. Nunca lo valorices”. 

Y entre la política y las mujeres descifra las claves de la corrupción, la soledad, el placer, la violencia, la riqueza, la droga, el asesinato, el sexo, la certeza de que más allá de la muerte solo hay muerte, la utopía de la existencia de Dios, el repudio   frente a  los que detentan el poder:  “Toneladas pudriéndose en las bodegas del Gobierno, corrupción en el Gobierno, nepotismo en el Gobierno, medidas del Gobierno para poner  obstáculos a los que quieren trabajar”.

Fonseca es  existencialismo hondo, irreverencia implacable,  escepticismo frontal, crudeza contundente, contrapoder puro: “No permitas que tu corazón controle tu mente. Si eso te ocurre, dejarás de ser cínico”.

Él atribuye su riqueza narrativa  a hechos simples. Por ejemplo,  cuenta que decidió publicar su obra cuando  “fuertes señales del destino”,  como la violencia y la corrupción en su entorno laboral,  le indicaron que había llegado la hora  de volcar sobre el papel sus vivencias   como comisario de la terrible policía de Río de Janeiro.

Y así lo hizo, porque justamente en esos años de funcionario policial  fue testigo de  estremecedores  episodios  que luego convertiría en excepcionales novelas como ‘El gran arte’ y ‘Agosto’,  o cuentos inolvidables como ‘El cobrador’.

Rubem Fonseca dice que los escritores  deben cumplir  un deber esencial:  tener el coraje de mostrar lo que la mayoría de la gente siente miedo de decir.
    
“Las sospechas son como murciélagos, vuelan siempre en el crepúsculo y  deben ser reprimidas o al menos bien vigiladas: impulsan a los reyes a la tiranía”.

Se trata de una reflexión de siempre, pero muy pertinente en tiempos de oscuridad y fanatismo  como los de ahora, en especial para que despierten quienes prefieren callar o miran para  otro lado.

Pintura de Gerald Brom

21
Jun
09

porquerías

 

PORQUERÌAS

Es cierto lo que dice Piero en sus canciones: “Todos los días los diarios publican porquerías”.

Porquerías como el tráfico de influencias para obtener contratos de obras públicas, la integración del Gabinete ministerial con sórdidos personajes de la vieja partidocracia, la nueva monopolización de los medios  incautados a quienes   antes monopolizaban los medios, la falta de coherencia ética de los ‘comandantes’ del Movimiento País, la ausencia de un Congreso que cumpla su misión básica de investigar, fiscalizar y exigir rendición de cuentas a los otros poderes del Estado…

Es cierto lo que dice Piero en sus canciones: “Pasa la guardia del Presidente, los sables al aire, todos dementes./ Pasa el verdugo con su picana/ y al tiempo que pasa me mira con ganas./ Pasa un Mercedes con chapa oficial, llevando a la amante de un general”.

Son las cosas que pasan, las que no dejan de pasar, las que se vienen repitiendo desde hace muchísimos años, las mismas que vimos y sentimos con las dictaduras democráticas y las democracias dictatoriales a las que nos acostumbraron Velasco Ibarra y todos sus herederos, desde León Febres Cordero hasta Rafael Correa.

Es cierto lo que dice Piero en sus canciones: “Para el pueblo lo que es del pueblo/ porque el pueblo se lo ganó./ Para el pueblo lo que es del pueblo, para el pueblo: liberación”.

Las victorias electorales y los avances sociales son del pueblo, de la gente de a pie, no de quienes creen que solamente gracias a su iluminada dirección política vendrán el progreso, el desarrollo, la conciencia crítica, la igualdad, la justicia social, el reparto  equitativo de la riqueza.

Es cierto lo que dice Piero en sus canciones: “De vez en cuando viene bien dormir”. Dormir de vez en cuando pese a la crispación generalizada, a la creciente agresividad del Gobierno  contra sus críticos, a la gratuita fabricación de enemigos, a la falta de un debate ciudadano, a la ausencia de una oposición democrática,  a la impotencia nacional de construir un proyecto propio para un país realmente soberano.

Es cierto lo que dice Piero en sus canciones: “Como oraba Luther King/que nuestras acciones cada día/sean plegaria y coherencia./ De la mentira/ necesito ir a la verdad./ Que no nos dividan con banderas”. Como muchos de nosotros, Piero clama porque no nos dividan los fanáticos, obsecuentes y revanchistas, los que hablan medias verdades, los que callan, los que en sus actos cotidianos son inconsecuentes con su presunto lenguaje revolucionario.

Es cierto lo que dice Piero en sus canciones. Canciones contra la mentira y la ceguera del poder, canciones contra quienes pretenden, arropados en el discurso liberador, atropellar la libertad.

Lo que no parece cierto, o no debiera serlo, es que un Presidente que auspicia y promueve ese nuevo estatus quo cante con tanto entusiasmo las canciones de Piero.

Ilustración de Miguel Monlló

19
Jun
09

el poder y la ética

EL PODER Y LA ETICA

Viernes, 19 de junio 2009

La prensa no oficialista, aquella que tanto desprecia el Presidente de la República, ha puesto sobre la mesa del debate un tema clave: la moral de las personas ligadas al poder político.

Al revelar la serie de negocios que Fabricio Correa mantiene con el Estado (en otras palabras, con el Gobierno que administra su hermano Rafael), diario Expreso -al que se han sumado todos los medios de comunicación, excepto los alineados con el régimen- destapó una realidad lamentable para los ecuatorianos: pese a los dos años y medio de ‘revolución ciudadana’, aún no aparece uno de los ejes fundamentales de un real proceso de cambio social: la ética en el manejo del poder.

Históricamente, toda propuesta sincera de transformación revolucionaria implica el compromiso de sus mentalizadores con rigurosos principios y valores estrechamente vinculados a la honestidad, la transparencia, el renunciamiento a beneficios personales y grupales, la rendición de cuentas y el estricto cumplimiento de obligaciones en función del ejemplo que deben dar a la sociedad para mantenerse como referentes de ella.

Un sólido liderazgo solo es posible construir con base en hechos que demuestren la voluntad de cambiar las realidades oprobiosas. Y una de esas realidades sigue siendo, como se ve, el involucramiento de familiares directos de los mandatarios en asuntos del Estado.

Justamente, aquel fue uno de los factores que colmaron la paciencia del país cuando este, con su voto, decidió dejar atrás a la vieja política por sus vicios y distorsiones en el manejo de la cosa pública. Solo basta recordar que el nepotismo fue una de las causas por las cuales el gobierno de Lucio Gutiérrez rápidamente perdió el respeto y la credibilidad de los ciudadanos.

Fotoilustración de Guennadi Ulibin