Rubén Darío Buitrón

Territorio de periodismo y ejercicio autocrítico del oficio

Juan Pablo II, ¿un santo o un cómplice?

JUAN PABLO II Y LFC

¿Cuál es el verdadero milagro que hizo el Papa Juan Pablo II para ser elevado, en un proceso vaticanista inusualmente acelerado, a la categoría de “santo” de la iglesia católica, justamente cuando la ONU pide a la jerarquía que deje de encubrir a los pederastas?

¿Por qué la entronización se la hará en dúo, junto al papa Juan XXIII, este sí un ícono de la nueva iglesia, un líder que impulsó el concepto de la vocación por los pobres mediante el apoyo a la Teología de la Liberación, luego perseguida y confinada al olvido por Juan Pablo II?

Muchos periodistas que lean este post no recordarán a Juan XXIII, pero sí a Juan Pablo II.

Y es lógico: el primero, además de su modestia y su manera prudente y humilde de conducir a los católicos, nunca buscó protagonismo político ni mediático. Y estuvo al frente del Vaticano hace ya cincuenta años.

Al segundo, sí, por las dos cosas: por el influyente actor político que ayudó en su plan de echar abajo el muro de Berlín y contribuir a la desaparición del socialismo del este europeo,y por el personaje global-mediático, que los medios fortalecieron y le dieron un carácter de “incuestionable” líder espiritual e ideológico del mundo.

¿Esta dualidad será producto de la suspicacia del papa Francisco de bajar el perfil de las posibles críticas a la santificación del polaco Karol Wojtila, casi inmediatamente después de poquísimos años de su muerte, con el emparejamiento ceremonial junto al papa de los pobres, Juan XXIII?

Yo creo que sí. El pontífice Francisco es un político que sabe moverse en los pantanosos territorios de las cuestiones terrenales.

Pero, ya lo hemos dicho, Wojtila es una eminencia imposible de olvidar no solamente por su rol geopolítico clave, ligado a las estrategias del presidente norteamericano Ronald Reagan para desaparecer del mapa a “los comunistas”, a la Unión Soviética y a sus países aliados, sino porque nosotros los periodistas, en especial los que pasamos por los grandes medios, contribuimos sin reflexión ni contexto ni discernimiento a la mitificación y mistificación de Juan Pablo II.

“La Curia tiene un defecto: es vaticano-céntrica. Ve y se ocupa de los intereses del Vaticano y olvida al mundo. No comparto esta visión y haré de todo para cambiarla”. Lo ha dicho el papa Francisco.

¿En cuánto contribuimos los medios y los periodistas, durante el extenso papado de Juan Pablo II, a esa mirada egoísta e interesada del Vaticano (todo lo contrario de lo que pregona el catolicismo), a esa mirada sobre todo política, económica e ideológica del mundo, a esa mirada corrupta que desató la pederastia en miles de curas?

Me parece que en mucho. Basta revisar lo que hicimos en 1985 en el Ecuador cuando vino Wojtila, justamente en el gobierno de uno de los más nefastos, violentos e intolerantes mandatarios que ha tenido el Ecuador: el presidente León Febres Cordero, a quien el papa le dio la comunión.

¿No se supone, en la mitología dogmática católica, que quien recibe la comunión es aquel que no ha pecado o ha sido perdonado por un sacerdote luego de la confesión de sus culpas?

¿Tendríamos que asumir que Febres Cordero no se consideraba culpable o que fue absuelto por Wojtila, pese a que condujo un gobierno donde hubo muertos, perseguidos, torturados y acosados?

¿Recuerdan, quienes vivieron aquel tiempo, los amplísimos despliegues periodísticos, con los detalles más ínfimos, de la presencia de aquel pontífice en el Ecuador?

¿Recuerdan cómo actuamos en la prensa escrita, la radio y la televisión?

¿Recuerdan el silencio sobre las denuncias de abusos sexuales de sacerdotes a niños?

¿Con qué veneración o con qué ninguna crítica cubrimos todo lo que hacía el papa, incluida aquella entrega de la hostia al presidente de entonces?

Fuimos, además, cómplices del juego de convertir en líder mundial a Wojtila, nombrado papa justamente cuando se necesitaba un “líder espíritual” que empuje la venida abajo de la estática y obsoleta Europa marxista.

¿En cuánto contribuimos los medios y los periodistas a esa mirada del mundo?

¿Tendríamos que asumir también que Pinochet o Videla no se consideraban pecadores?

Alberto Royo Mejía, en su blog Iglesia en el Mundo, dice que “Mijail Gorbachov, el líder soviético encargado de completar el trabajo, no tuvo reparos en reconocer públicamente que la intervención de Juan Pablo II fue decisiva en los acontecimientos que culminaron, en noviembre de 1989, con el derribo del muro de Berlín y con todo el sistema comunista en Europa”.

La periodista Vicky Peláez, de La Prensa, es mucho más contundente y nos ahorra argumentos:

“El mundo católico no para de llorar por la muerte de Juan Pablo II. El lamento por su desaparición ha resonado en todo el orbe al punto que ya se alzan voces proponiendo se santifique a Karol Wojtyla por su obra mundial.

“Pero una cosa es estar triste y otra cosa es cerrar los ojos a hechos no tan santos como cuando dio su respaldo a los dictadores de turno de América Latina y le volteó la espalda a hombres como Monseñor Oscar Arnulfo Romero, que denunciaban la matanza de los desposeídos de su pueblo.

“¿Quién no se acuerda de sus fotos hablando amenamente con Augusto Pinochet, bendiciéndolo en abril de 1987 y posteriormente saliendo con el dictador al balcón del Palacio de la Moneda donde murió trágicamente Salvador Allende? También los archivos guardan la felicitación personal del papa a Pinochet con motivo de sus bodas de oro”.

En 1999 abogó por la liberación de Pinochet cuando fue detenido en Londres. Mientras que sus relaciones con el jefe de la junta militar de Argentina, general Jorge Videla eran cordiales, jamás quiso recibir a las Madres de la Plaza de Mayo que anhelaban pedirle ayuda para saber sobre sus hijos y nietos, según se quejaron siempre ellas.

Alfredo Stroessner, de Paraguay, y Alberto Fujimori, de Perú (otros dos sangrientos y corruptos dictadores), también fueron recibidos y bendecidos por el pontífice.

El expresidente de Argentina Carlos Menem reveló el apoyo que dio “su santidad” a su decisión de indultar a los ex dictadores Videla, Massera y a muchos de sus seguidores.

La publicación del libro de Bruno Passarelli y Fernando Elenberg,”Il Cardinale e I Desaparecidos sobre el Nuncio Pío Laghi” implicó inclusive el rol de la iglesia católica en una de las mayores tragedias de Argentina donde más de 30 mil personas fueron asesinadas y desaparecidas.

Las Madres de la Plaza de Mayo, los familiares de los desaparecidos en Chile y en El Salvador, etcétera, no estarán de acuerdo en que Juan Pablo II sea santificado.

El 24 de marzo se cumplió el 26 aniversario del asesinato de Monseñor Romero y entre los recuerdos del calvario se habla de aquella vez cuando el sacerdote salvadoreño llegó hasta Roma para pedirle ayuda por la represión sangrienta a la población, incluyendo el asesinato de sacerdotes por parte de la junta militar en el poder, que era apoyada por EEUU.

Después que le habían negado una y otra vez una audiencia, Romero lo había interceptado en San Pedro, y Juan Pablo le atendió unos minutos. Según relato del propio Monseñor Romero a su asistente, el Papa se había enojado por la cantidad de fotos de asesinados y documentos.

“Ya hemos dicho que no vengan cargados con tantos papeles”, le había dicho el Papa. ‘

“Mataron al padre Octavio, Santo Padre, diciendo que era guerrillero, pero yo mismo lo ordené y era un sacerdote piadoso que solo ayudaba a los pobres’, le dijo mostrándole una terrible foto del cadáver aplastado por una tanqueta.

Juan Pablo II le había contestado fríamente: “¿Y acaso no lo era? Si Ud. superase sus diferencias con el gobierno, trabajara cristianamente por la paz. Su deber es tener como amigo al gobierno de su país”, y había terminado con la reunión. Meses después Romero fue asesinado mientras daba la misa.

No es un secreto el carácter visceral anticomunista de Juan Pablo II. Desde esta perspectiva muchos lo comparan con Pío XII, el Papa que dio el visto bueno a las atrocidades de Hitler y de los fascistas, porque ‘representaba la barrera de choque de la Cristiandad contra la Unión Soviética de Stalin’. El paralelo es la relación de Juan Pablo II con Ronald Reagan.

En junio de 1982 ellos conformaron ‘la alianza secreta más grande de todos los tiempos’, según el ex asesor de Seguridad Nacional de Reagan, Richard Allen, refiriéndose a la creación de la campaña clandestina para ‘hacer caer el comunismo’ que ambos planificaron. Desde aquel momento el dinero empezó a llegar a raudales al movimiento Solidaridad de Polonia y posteriormente a los disidentes de Checoslovaquia, Hungría, Alemania Oriental etc., etc.

Según los periodistas Carl Bernstein y Marco Politi,”John Paul II and the Hidden History of our Time”, el director de la CIA William J. Casey y el embajador especial de Reagan, ex general Vernon Walters, estaban en permanente contacto y coordinación con el pontífice para hacer caer al socialismo.

Lo irónico de todo esto fue que después de la disolución de la Unión Soviética, el Papa proclamó en 1991 en su encíclica Centessimus Annus que “el comunismo tenía semillas de verdad”.

También es cierto que en sus últimos años denunció a la globalización económica, abogó por la reducción económica de la deuda externa de los países en la vía de desarrollo y condenó el empobrecimiento de la mayoría de la población de nuestro globo terrestre.

Sin embargo, jamás se atrevió a presionar a la única superpotencia del mundo para aliviar la situación de los millones de desposeídos. Más bien obedeció sus dictados silenciosamente. En 1998 anunció que en 1999 cumpliría la meta más grande de su vida haciendo el peregrinaje al lugar de nacimiento de Abraham, el pueblo Ur (Irak), tal como lo hicieron casi todos sus antecesores. No lo hizo porque el departamento de Estado norteamericano no le dio la autorización.

Desde el comienzo de su liderazgo, Juan Pablo II mostró total rechazo a cualquier movimiento progresista, y fue pieza vital para frenar los cambios sociales que hubieran creado condiciones para una justa redistribución de la riqueza, erradicando la explotación y la injusticia.

En 1983 se opuso tajantemente a la Teología de la Liberación que, de acuerdo a uno de sus creadores, padre Gustavo Gutiérrez, proponía utilizar el evangelio para ‘liberar al hombre de todo lo que lo deshumaniza y le impide vivir según la voluntad del Padre’. Pero Juan Pablo II denunció sus postulados como ‘una desviación peligrosa’.

Así ordenó el silenciamiento del Segundo Concilio del Vaticano y las Proclamas de Puebla y Medellín que acordaron ‘La iglesia para los Pobres para la creación de una sociedad nueva’.

Acalló a los padres Leonardo Boff y Hélder Cámara de Brasil; Leonidas Proaño, de Ecuador; Gustavo Gutiérrez del Perú, Samuel Ruiz García de México, Ernesto Cardenal de Nicaragua, Tissa Balasuriya de Sri Lanka y todos los sacerdotes que proponían liberar al hombre, creando una sociedad nueva más justa y armoniosa’. En Argentina y otros países se prohibieron los libros de la Teología de la Liberación. Boff, Proaño y Gutiérrez fueron encausados por el Santo Oficio del Vaticano”.

Nadie discute hoy que sin los viajes del Papa a Polonia no se podría haber puesto en marcha el llamado «efecto dominó», que, partiendo del ejemplo polaco, contagió a las demás naciones marxistas del entorno, incluida la Unión Soviética, y terminó con el derrumbe socialista.

En el primer viaje de Juan Pablo II a Polonia, poco después de ser elegido Papa, el 2 de junio de 1979, animó a sus compatriotas a plantarle cara al tirano.

En septiembre de 1981, no por casualidad y gracias al apoyo moral y económico del Vaticano, se podía celebrar en los astilleros de Gdansk el primer congreso de un nuevo sindicato, original y extrañamente libre dentro del férreo mundo marxista. Había nacido «Solidarnosc», «Solidaridad».

Era una experiencia tan espectacular para la Polonia marxista como para el Occidente, que contemplaba asombrado cómo los obreros iban a misa y confesaban en público mientras hacían huelga para defender sus derechos.

Más aún, desde aquí se veía con ojos escépticos que la Iglesia no era allí, en el «socialismo real», el «opio del pueblo», sino un motor de cambio, de revolución, de lucha por la justicia sin olvidar en ningún momento la paz ni el mensaje de la no violencia activa. Aquel fue el principio del fin del marxismo europeo.

El día en que los obreros marcharon contra los teóricos defensores del proletariado se acabó la falacia. Lo extraordinario, lo que rompía todos los esquemas hasta el momento incontestables, fue que lo hicieron entonando himnos a la Patria, a Dios, a la Virgen.

Juan Pablo II intervino no sólo en la gestación de «Solidaridad», sino en la búsqueda de apoyos internacionales políticos y económicos para conseguir que la experiencia naciente no fuera aplastada por el poder del Estado socialista.

Sus siguientes viajes a Polonia sirvieron para animar a la gente en la lucha que estaba comenzando. En junio de 1983 fortaleció el nuevo movimiento y esa lucha se vio apoyada por otro acontecimiento histórico, la llegada al poder en la Unión Soviética de Mijail Gorbachov en marzo de 1985.

Éste decidió, el 7 de abril de ese mismo año, empezar el deshielo con la supresión de los misiles de alcance medio en Europa.

Estaba agobiado por las crecientes dificultades económicas y, también, por los problemas nacionalistas que empezaban a surgir por doquier en la Unión. Después vendrían las reuniones con Reagan para negociar el desarme y, como una puntilla, el desastre nuclear de Chernobil en abril de 1986.

Amparándose en los nuevos aires que venían del amo, Juan Pablo II apretó el acelerador y en su tercer viaje a Polonia, en junio de 1987, reclamó ya abiertamente la democracia. El efecto que se produjo en la nación fue inmenso.

Poco antes, en enero de ese mismo año, Gorbachov había puesto en marcha la «perestroika» y la «glasnost». Desde ese momento los acontecimientos se precipitaron. En 1988 los soviéticos se retiraron de Afganistán y el 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín, símbolo de un telón de acero que encarcelaba a Europa.

Ese 9 de noviembre significaba también el fin de la guerra fría.

Gorbachov, con la extensión de su perestroika (reestructuración) fuera de las fronteras rusas, fue el encargado de relajar la presión sobre los países satélites de la antigua Unión Soviética y de facilitar la apertura a Polonia y Hungría. Una política que, junto a la glasnost (transparencia), acabó por destruirle políticamente, al no contentar ni a los ortodoxos ni a los reformistas.

El golpe de Estado de 1991 fue el punto final. Admirado fuera de sus fronteras, Gorbachov recibió el Premio Nóbel de la Paz en 1990, un año después de la caída del muro. Retirado de la política, imparte conferencias millonarias en las que ofrece su visión del mundo.

Reagan, que impulsó una fuerte corriente conservadora en los Estados Unidos durante su mandato de ocho años, que acabó precisamente en enero del mismo año en que cayó el muro, contribuyó al mismo tiempo a liquidar la Guerra Fría.

Llegó a celebrar hasta cinco cumbres con Gorbachov, en las que se firmaron importantes acuerdos de desarme. Premonitorias fueron sus palabras dirigidas al primer mandatario ruso ante la puerta de Brandenburgo un 12 de junio del 87: “Señor Gorbachov, haga caer este muro”. También en un segundo plano de la política y afectado por el Alzheimer en la última década, falleció un 5 de junio a los 93 años de edad en su residencia de Los Ángeles.

Desde Polonia, dos destacadas personalidades, una política y la otra religiosa, estaban destinadas a ser protagonistas de la historia, entre otras cosas, por su influencia en la caída del muro de Berlín.

El Papa Juan Pablo II contribuyó decisivamente a la caída del muro, al respaldar en todo momento a Lech Walesa en sus aspiraciones de hacer desaparecer el comunismo de la tierra natal de ambos y las de derribar la muralla que dividía Berlín. Walesa, también premio Nóbel de la Paz en 1983, llegó a convertirse en el primer presidente postcomunista de Polonia desde 1990 hasta 1995”.

¿Lo entendimos así los periodistas cuando convertimos a Juan Pablo II en la estrella mediática del siglo, mientras él seguía, sin tregua, su cruzada ideológica en beneficio de la derecha mundial y mantenía silencio sobre la pederastia?

Cometimos un grave pecado social: el de la ingenuidad. Y el de la “obediencia no debida” a líneas editoriales interesadas en consolidar la recuperación del poder mundial en favor del capitalismo.

Cometimos un grave pecado social: ponerlo en lo más alto del imaginario del planeta y no criticarlo, no contextualizarlo mientras él era complaciente con decenas de tiranos y mandatarios autoritarios, muchos de los cuales se mancharon las manos y la conciencia con tanta sangre ajena que ni la comunión del estratega político Karol Wojtila los habrán salvado –ojalá- de ser condenados a lo más ardiente del infierno.

Por aquellos pecados periodísticos, que Dios nos perdone y no nos condene a pasar la eternidad junto a quienes tantas bendiciones vaticanas recibieron.

Trece años de lucha contra ‘Mi recinto’

Pat Rocha Mi Recinto
Lo llaman “popular” y el canal que lo difunde lo promociona como “el programa de humor más visto y más querido en la televisión ecuatoriana”.
Está en el aire desde 2001: son 13 años de una historia que va paralela al complejo problema de la propiedad de TC Televisión, que en aquellos años (en plena crisis originada por los banqueros corruptos) pertenecía a los hermanos Roberto y William Isaías y que ahora, desde 2008, está controlado por el Gobierno bajo la figura de incautado.
“Mi recinto”, sin embargo, ha cambiado poco o nada en esa transición de propietarios o de quienes lo controlan. ¿Por qué los actuales encargados no retiran del aire el programa?
La serie es un espacio supuestamente cómico “costumbrista” que presume emular la vida cotidiana en el campo costeño, sus hábitos, costumbres, dichos, actitudes, todo salpicado con alusiones explícitas o implícitas a las relaciones sexuales no convencionales (el compadre con la comadre, el vecino con la vecina).
El protagonista es el compadre Garañón, nombre por demás obvio para contextualizar cuál es el eje del programa. Veamos qué significa “garañón” según la Real Academia de la Lengua, http://tinyurl.com/n3dz8q7
(Del germ. *wranjo, -ons, semental; cf. b. al. ant. wrênjo, neerl. medio wrêne).
1. m. Asno, caballo o camello semental.
2. m. Hombre sexualmente muy potente.
3. m. Macho cabrío destinado a padre.
Según Wikipedia, “la serie trata de la caricaturización de los montubios (campesinos de la costa ecuatoriana), con el compadre Garañón como protagonista, el cual es un mal hablado, agresivo y acosador de las comadres, junto a varios campesinos a quienes son llamados compadres y comadres antes de su nombre. Ellos viven en Mi Recinto, un recinto ficticio ubicado en la zona costera, sus casas son de madera y los hombres usan sombrero de paja toquilla además de cargar machete en mano o escopetas”.
Luego de una lucha dispersa y poco sostenida de organizaciones que defienden a los montubios, trece años después, el movimiento Plataforma Nacional de los Derechos Humanos, basado en la Constitución y en la Ley de Comunicación, presenta ante la Superintendencia de Comunicación una queja auspiciada por la abogada María José Fernández, de la Defensoría del Pueblo de Guayaquil.
El documento, llamado “Queja Legal ante la Supercom”, contiene el borrador de la queja, que podrá ser retroalimentado por la sociedad civil hasta este domingo 20 de Abril del 2014, a las 12h00.
Y pide apoyo a los ciudadanos de todo el país:
“Las organizaciones de provincias pueden sumarse a la queja legal enviando los siguientes datos: nombres completos, números de cédula, cargo, institución a la que representa (o, si lo desea, la firma digital). Para retroalimentar el documento se debe ser específico con el párrafo que se desea incluir, quitar o aumentar, con la finalidad de evitar contribuciones generales que restan tiempo. La finalidad es ser específicos en la inclusión o eliminación de algo en honor a la operatividad. Las organizaciones y sus representantes que deseen firmar el documento, podrán realizarlo el lunes 21 de abril del 2014 de 08:30 a 14:00. Luego de esta hora, la queja legal se presentará al organismo competente. Agradecemos a todas las organizaciones que se hicieron presentes en la convocatoria tanto de forma presencial como vía Skype y al resto que se sumen. Consolidando nuestros esfuerzos colectivamente las poblaciones de Afros, Indígenas, Montubios, Mujeres, LGBTI, etc. podremos visionar un futuro mejor para las siguientes generaciones”.
El debate nacional debe ser cada vez más amplio y frontal y, por tanto, me sumo a esta iniciativa que, por fin, podría tener éxito si se logra consolidar una gran movilización gracias a las redes sociales y a la presencia en las calles de todos los que exigimos en el Ecuador contenidos dignos en los medios nacionales.

La larga lucha contra Mi Recinto

Decíamos que no es nueva esta resistencia, pero ha sido dispersa y sus líderes, por razones inexplicables, iban perdiendo la motivación. Hace diez años, en diciembre de 2004, el programa fue el objetivo de una campaña que buscaba suprimirlo calificándolo de racista, discriminatorio, vulgar, sexista y de denigrar al montubio por parte de la cultura montubia. La iniciativa fue del Instituto de Cultura Montubia, la Corporación Montubia del Litoral, estudiantes de colegio y presidentes de la Casa de la Cultura del Guayas, que reclamaban, además, porque “Mi recinto” no mostraba conocimiento de la cultura montubia. Una nota publicada en el diario El Universo en esos años trataba de encontrar respuestas en su principal mentor y protagonista.

Villarroel: El personaje no le hace daño a nadie
Marigloria Cornejo es una de las representantes del movimiento de la Casa de la Cultura que trabaja en una campaña para que suprima el programa “Mi Recinto” o se lo adapte a la realidad montubia.
“Los empresarios no miden las consecuencias de la vulgaridad que se presenta para distorsionar la mente y el corazón de los jóvenes y niños que no saben cómo es realmente el montubio”, explica.
Mientras, Fernando Villarroel, director y protagonista de ‘Mi Recinto’, afirma que se realizó una investigación del modo de vida de las comunidades de Samborondón, Río Seco y sectores aledaños para la producción del programa.
Además, destacó que Garañón no le hace daño a nadie porque más bien hace reír a jóvenes y adultos”.
La serie continuó hasta que, en enero de 2006, el mismo diario se encargó de recordar que no había pasado nada bueno a partir de la protesta que se dio dos años atrás.

“Debate y propósito de enmienda”

“Los medios de comunicación dieron cuenta del profundo debate que se dio en diciembre del 2004 sobre la cultura montubia y lo negativo que resultaba el programa ‘Mi recinto’ para su conocimiento real.
El Diario EL UNIVERSO de diciembre 24 reseñó así lo sucedido en el café-galería Barricaña: “Es racista, discriminatorio, evidencia un desconocimiento profundo de la identidad nacional”, refirió Douglas Quintero, del Proceso Afroamérica XXI.
“Estamos frente al irrespeto a la diversidad cultural. Ejerce una violencia cultural contra el más importante sector de la Costa. Agrede la tradición, la expresión, los símbolos”, dijo el investigador Willington Paredes y añadió que no es una lucha contra TC Televisión ni contra los artistas, sino contra una visión sesgada del mundo montubio.
“En nuestros pueblos no se dan las escenas que se presentan en este programa. No sabemos cómo ese personaje Compadre Garañón ha sacado información tan errada. El hombre montubio es respetuoso y lo digo porque mis padres, mis hermanos y todos los hombres que he conocido en mi recinto La Hojita son distintos a este hombre”, comentó Cecilia Castro.
Los integrantes del elenco de ‘Mi recinto’ dijeron que no fueron invitados, pero que acudieron a Barricaña para dar su punto de vista. Rafael Cuesta insistió en que el Compadre Garañón, el personaje central del programa, es ficción y que es un campesino malo, pero que eso no quiere decir que así es todo campesino, como una película sobre la mafia italiana no quiere decir que todos los italianos son mafiosos. Refirió que pedir que el programa salga del aire es atentar contra la libertad de expresión.
Fernando Villarroel dijo que ‘Mi recinto’ ha hecho campañas como la de informar sobre el peligro del sida, y en un intento por desmentir aquello de que este espacio agrede al campesino, empezó a exhibir un resumen del programa, pero la gente que integraba el panel le indicó que no era necesario, porque si esa noche se discutía el contenido de esta producción era porque todos los allí presentes lo conocían y sabían de qué se trataba. El actor, al final, ofreció disculpas. Afirmó que estaba dispuesto a enmendar el programa y que no fue su intención ofender.
“Perdón si en algún momento les falté el respeto”, dijo.
Sin embargo, ha pasado poco más de un año y ese propósito de enmienda nunca se concretó en un cambio real.

Entidades culturales y alumnos analizan el contenido de ‘Mi recinto’

El Archivo Histórico del Guayas (AHG) y los estudiantes de los planteles finalistas del Tercer Concurso Intercolegial de Investigación y Panel Valoración, Análisis Crítico y Trascendencia de la Revolución del 9 de Octubre de 1820 analizan el contenido del programa ‘Mi recinto’.
Mediante un comunicado, los organizadores del encuentro expresan que ‘Mi recinto’ es un espacio que “agrede, ridiculiza y distorsiona los referentes socioculturales de la cultura montubia de la costa rural”. Precisan, además, que por el contenido del programa la estación televisiva que lo transmite “no contribuye con la educación de las sociedades ni fomenta el respeto de la diversidad cultural.
El director del Archivo Histórico, José Antonio Gómez Iturralde; los presidentes de la Casa de la Cultura del Guayas, Luis Félix López, y del Instituto de Cultura Montubia, Sergio Cedeño Amador; y la directora de la Fundación Justino Cornejo, Marigloria Cornejo estarán presentes en la conferencia de prensa.
En el encuentro intervendrán, entre otros, los estudiantes de los centros educativos Nuestra Madre de La Merced, Abdón Calderón, International School y Javier. Además, el Santa Mariana de Jesús, Academia Naval Guayaquil, Unidad Educativa Versalles y Rita Lecumberri, entre otros establecimientos.
Se sumará a esta convocatoria una delegación de la Corporación Montubia del Litoral, presidida por Cecilia Castro Márquez”
. Diario El Universo.

El febrero de 2005, diario Hoy retomaba el tema:

TELEVISION: Montubios rechazan Mi recinto

“Después de cinco años de verse parodiados en el programa de TC Televisión Mi recinto, los montubios dijeron basta y aseguran que se sienten ridiculizados por el actor Fernando Villarroel, quien encarna al personaje Compadre Garañón.
Sobre la demora en reclamar sobre la dignidad montubia, Wilmer Zambrano, de la compañía de danzas costeñas Retrovador, indicó que uno de los problemas fue que las organizaciones que defienden los intereses de los montubios no han realizado acciones concretas.
Ahora, los montubios estamos respaldados por El Archivo Histórico del Guayas y, próximamente, se presentará el libro Qué son los montubios, del historiador Wellington Paredes, quien describe lo que es el verdadero montubio, dijo.
Fernando Rodríguez, director del grupo de Proyección Folclórica Alma Ecuatoriana, manifestó que lo que se emite por TC Televisión en el programa Mi recinto, no es la visión del verdadero montubio ecuatoriano. “Desde hace muchos años, se viene parodiando al montubio de una manera incorrecta y no muestran su verdadera esencia. Cualquiera que desee interpretar a un montubio debe realizar una investigación de campo”.
Rodríguez fue enfático en señalar que quienes hacen los personajes de Mi recinto no son verdaderos actores, sino personas con poca experiencia.
Víctor Coello, director del grupo folclórico Nuevos Horizontes, indicó que son las casas abiertas y los foros la manera en que el verdadero montubio puede demostrar cómo es la gente del campo. “El programa Mi recinto lastima al montubio, ya que la gente del campo es amable, cariñosa y respetuosa”.
Fernando Rebutty, director del grupo Ilusión de la Tercera Edad, considera que no se puede aceptar la falsificación de valores de los hombres y mujeres del monte.
Para Sandra Idrovo, coordinadora de la cátedra de Periodismo Digital de la Universidad Casa Grande, el programa Mi recinto pretende ser un programa cómico, que intenta burlarse de las costumbres de la gente del campo. “El problema es que encuentra el humor en situaciones explícitamente sexuales y trata a la mujer como un objeto, además de reducir las relaciones entre personas solamente a la violencia física”.

Que no se cambie de discurso ahora ni se diga que se trata de un problema de libertad de expresión.
La misma prensa continuamente expresó y denunció, desde hace años y como se lee en este post, toda la distorsión cultural, identitaria y humana que implica “Mi recinto”.
Sacarlo del aire será un acto de dignidad.
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ILustración de Pat Rocha

¿En serio es cómica “La pareja feliz”?

La pareja feliz. Benjamin Kanarek.

¿Es educativo, entretenido o informativo el programa “La pareja feliz”, protagonizado por David Reinoso y Flor María Palomeque y calificado como “cómico” por Teleamazonas, el canal donde se pasa esta serie local?
A nuestro parecer, la respuesta es no, y para ello nos basamos en un factor muy sencillo: el incumplimiento de los tres requisitos tradicionales para hacer comunicación social.
De ninguna manera puede ser ni educativo ni entretenido mostrar los momentos más agresivos, ridículos y monótonos de un matrimonio devenido en un espacio que degrada el amor y el compañerismo, que distorsiona la relación de pareja y no la muestra como el espacio donde priman el respeto y la consideración a quien aporta, como nadie, al crecimiento del otro como ser humano.
“Nuestra sociedad debe ubicar a la televisión como un lugar estratégico para la memoria y el encuentro, para la paz y la movilización, para la identidad y el futuro (… para) reconocer el valor del otro y dejar de lado el autoritarismo de mi propia y única verdad como criterio”, dice el colombiano Omar Rincón (1).
Si se habla de autoritarismo cuando el Defensor del Pueblo en el Ecuador dice que todos los programas de televisión de carácter degradante deberían desaparecer, incluso dos productos discriminatorios y burdos de los canales incautados por el Gobierno, como “El Nalgómetro” o “Mi recinto”, igual de “autoritario” es creer que la libertad de expresión y de prensa es poner al aire cualquier producto con contenidos de relativo éxito.
Flor María Palomeque, la protagonista de “La pareja feliz”, ha salido al paso del Defensor del Pueblo y ha propuesto una “consulta popular” para medir el rating, el interés de la gente, la cantidad de espectadores e incluso la legitimidad del espacio.
¿Una consulta popular? El país tiene asuntos muchísimo más trascendentes que debatir y resolver como para llevar a la urnas a la gente para que decida si le gusta o no le gusta ver degradados sus sentimientos, sus afectos, sus compromisos de pareja, su crecimiento como familia, su formación cotidiana como esposo y esposa, como padre y madre.
El cineasta colombiano Felipe Aljure, citado en el mismo libro, afirma que “necesitamos televisión con criterio si queremos hacer de este medio un espejo que nos diga por qué debemos dejar de matarnos y por qué debemos soñar con un mejor país”. (2)
Otros sectores, quizás los mismos que hace cuatro años venían sosteniendo que la mejor ley de comunicación “es la que no existe” porque los medios sí son capaces de autorregularse (¿Teleamazonas se autorregula al difundir ese programa?), optan por sugerir la opción más simple: cada televidente ve lo que quiere ver.
Pero no se trata de eso. Los medios, al ser un bien público y la calidad de los contenidos un derecho ciudadano, tienen la obligación de elevar su nivel y presentar programas, incluso cómicos, capaces de hacer reír sin hacer de la relación de pareja una deplorable caricatura.
“La relevancia de la información como derecho fundamental (…) la une con el desarrollo de otros derechos y la abre a la participación cada vez más protagónica de la ciudadanía (…), un derecho que respeta las libertades de los medios pero también los derechos de las audiencias al confrontarlo y articularlo con derecho como la intimidad, la honra, el desarrollo de la personalidad. (Así…,) el manejo de la información cobra otros matices y responsabilidades que no aparecían en el funcionamiento anterior de los medios (…), en donde esos medios tenían una especie de libertad absoluta que permitió, entre otras razones, la consolidación de su poder. De su poder y de su extralimitación”. (3)
David Reinoso -que incluso ha hecho publicidad para el Gobierno- y Flor María Palomeque, cuya calidad humorística en otros espacios ha sido indiscutible, tienen la oportunidad de mostrar su más alto nivel artístico y su talento, pero no apelando a la fácil salida de que “si no te gusta, cambia de canal”.
Yo los creo capaces de cambiar el eje argumental y filosófico de un programa que hoy solo alcanza a mostrar contenidos grotescos. ¿Por qué, más bien, no empiezan por ahí?
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Las citas 1, 2 y 3 pertenecen al libro “Televisión pública: del consumidor al ciudadano”, compilado por Omar Rincón (ediciones La Crujía).
Ilustración de Benjamin Kanarek

¿Quién tendrá la última palabra sobre los contenidos de los medios?

CONTROL DE CALIDAD DE LOS MEDIOS

A partir de las sanciones de la Supercom a medios y periodistas se viene instalando en el Ecuador un debate que, bien conducido, traería notables y tangibles beneficios para la sociedad. Pero no estoy seguro de que exista la conciencia y/o la voluntad de conducirlo hasta donde debe llegar: a la construcción del ciudadano crítico.

La existencia de la Ley Orgánica de Comunicación (LOC), del Consejo de Regulación y de la Supercom son, por sí mismas, el primer aspecto esencial en una reflexión que empieza a ocupar importantes espacios en los medios de comunicación.

¿La Ley, el Consejo y la Supercom son represivas, controladoras y censuradoras? ¿Su existencia está generando miedo en la prensa y en los periodistas? ¿Está produciendo autocensura? ¿Está golpeando las libertades de expresión y de prensa?

Aparentemente sí, según un sector mediático y periodístico que ha venido planteando, desde hace cuatro años, cuando se empezó a hablar de la necesidad de la Ley, que con la autorregulación es suficiente. Llegaron, incluso, a acuñar un frase: “La mejor ley es la que no existe”.

Otro sector, sin embargo, defiende la necesidad de regulación y de vigilancia de cierto tipo de contenidos y saluda la vigencia de la LOC y de los organismos de control. Según esta posición, la libertad de prensa se convirtió en libertinaje y los medios acumularon demasiado poder como para que los ciudadanos puedan ejercer su derecho a exigir calidad.

Pero, ¿está exigiendo ese derecho el el ciudadano? ¿Hay formas de saber que en el Ecuador se está formando un lector crítico, un radioescucha exigente, un televidente riguroso?

Me parece que este es el quid del debate.

Empecemos por señalar el peligro concreto de que sin una ciudadanía activa y participativa, que asuma como suyo el derecho a demandarnos a los periodistas y a los medios más calidad, nos quedaremos en un tutelaje político-institucional que no necesariamente represente a la sociedad.

He visto que las entidades de control se han acercado a los medios y a los gremios, en especial en las provincias pequeñas, pero me parece que ese no es el camino.

He escuchado al Superintendente decir que no quiere que desaparezcan los medios, sino que mejoren, en especial en cuanto se refiere al respeto a la dignidad de las potenciales audiencias, lectores, público.

Lo mismo, o algo parecido, he podido captar de las declaraciones públicas de los miembros del Consejo.

Del lado de los medios, en especial los privados, la percepción es totalmente adversa a todos esos criterios. Para ellos, según los organismos que los representan, en el Ecuador se están cerrando los espacios de libertad y cada vez es más difícil hacer periodismo.

Y vuelvo a la pregunta de los primeros párrafos, más directa: ¿qué estamos haciendo todos, quiero decir cada uno de los actores del proceso informativo y periodístico, para formar al ciudadano?

No es posible un debate si del un lado y del otro estamos cerrados a las bandas. No es posible un debate si no se admite que, quizás, el otro tenga la razón o cierta parte de razón.

Pero, sobre todo, no es posible el debate mientras lo que estamos presenciando es una lucha (ideológica, política, de poder) entre los organismos de control y los medios.

Ninguna de las dos partes debe olvidar su razón de ser, su deber ser. Y aunque lo que plantee parezca un sacrilegio, tanto unos como otros tienen la obligación de abrir espacios pedagógicos, intensivos, para contar con cientos, miles, millones de ciudadanos proactivos capaces de lecturas críticas de los contenidos.

Se necesitan millones de voces diagnosticando la realidad de los medios y millones de voces evaluando el trabajo de los organismos de control.

¿Cómo formarlas? Ese es el punto. Ahí está la clave del debate más allá de la coyuntura.

Porque esas voces, solo ellas, tendrán derecho a decir la última palabra.

Porque esas voces, solo ellas, tendrán derecho a exigir de los órganos de control y de los medios que en el país se produzcan los contenidos que quiere y necesita la sociedad para crecer.

 

 

 

Alfredo Pinoargote, la discriminación al diferente y el comienzo de un debate nacional

Fabio Listrani

El 7 de enero de 2014 se recordará en el Ecuador como el día en que algunos ciudadanos fueron conscientes de que el hecho de ser diferentes no implica discriminarlos.

Ese día, Alfredo Pinoargote, presentador y entrevistador de Ecuavisa y uno de los columnistas que cada quince días escribe en la revista Vistazo acerca del “deber ser”, dijo en su programa Contacto Directo, que en el Ecuador de ahora “hay un ambiente o un sistema de restricción a esa libertad (de expresión), por ejemplo ya no se le puede decir a los gays maricas, a los afros no se les puede decir negros, a los ladrones no se les puede decir ladrones…”.

http://video.twicsy.com/i/7YG2k

Durante los pocos segundos que duraron esas palabras, Pinoargote ejerció la libertad de expresión como hasta entonces lo habían entendido siempre quienes han tenido el control y el poder de los medios de comunicación: dijo “maricas”, dijo “negros”, lamentando ya no poder decirlo.

Ese día, el conductor del programa matutino de noticias en Ecuavisa no solo condenó a los gays o a los afroecuatorianos, sino que reveló cierta molestia contenida porque ahora, en los espacios informativos, no puede decir cualquier adjetivo quien tiene un micrófono o un espacio en la prensa.

Según Kapuscinski, el periodista toma como principio a los otros, es decir, la gente que esta involucrada en el acontecimiento que estamos describiendo y analizando. La gente con la que tenemos contacto resulta fundamental en la expresión final de nuestra tarea, ya que son ellos los que van a formar la sustancia del relato. Y lo harán dejándonos conocer sus historias y sus distintos puntos de vista.

Pero, ¿cómo hacer que estas personas nos ayuden si en algunos casos solo contamos con pocos minutos para hablar con ellos? Mediante la empatía, que es ponerse en el lugar del otro para intentar comprender lo que está viviendo. Ciertamente, es una cualidad que no todos poseen. Y es parte solo de aquellos con buenas intenciones, “si se es buena persona se puede intentar comprender a los demás, (…). Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino”.

Como decenas de personajes en la misma situación, ese privilegio ya no se lo puede usar a discreción para decir lo que se quiera decir, para atacar o para denostar, para hacer daño a quienes no son del gusto político, económico o social del comunicador o para alabar a quienes sí lo son.

Es una línea fácil de interpretar si se analiza el pasado político de Pinoargote, exembajador en Europa durante una década como representante de los últimos presidentes de la partidocracia, que empezó a morir en el 2006 con la Asamblea Constituyente de Montecristi.

Aquella asamblea, en la que participaron representantes de grupos sociales invisibilizados, ofendidos, segregados o productos de burla o ironía por los medios de comunicación, estableció garantías y derechos no consagrados antes en las constituciones ni leyes que se habían promulgado en el país.

Y entre esas garantías, quizás como eje filosófico que atraviesa la nueva Constitución vigente, están los derechos del otro, en especial de quienes histórica y popularmente han sido discriminados, violentados y marginados: las mujeres, los niños, los pueblos indígenas, montubios y afros, las empleadas domésticas, los policías civiles y municipales, los vendedores ambulantes, los homosexuales, las prostitutas…

Todos esos sectores han empezado a reivindicarse, a pesar de la oposición del “cuarto poder”.

“El cuarto poder es una expresión con la que intenta plasmarse la gran importancia que tiene la prensa hoy en la sociedad de todo el mundo. Y es que se considera que a través de los distintos medios que la integran se puede conseguir influir en la ciudadanía así como ofrecer una fuerte presión sobre los distintos dirigentes políticos”.

Y aunque todavía parece que hay quienes estiman que la impunidad es sinónimo de hacer periodismo, eso ya no puede suceder desde que se expidiera, estemos de acuerdo o no, la Ley de Comunicación en mayo de 2013.

A base de a esa normativa, la Superintendencia de la Información y Comunicación (Supercom) determinó la responsabilidad de Ecuavisa y del presentador del programa Contacto Directo, y lo sancionó.

La decisión legal establece que “el director del medio de comunicación difunda una disculpa pública al pueblo afroecuatoriano y a la colectividad de diversa orientación sexual, por los comentarios discriminatorios por razones de etnia y orientación sexual, emitidos el 7 de enero de 2014 en el canal televisivo”.

Según el artículo 56 de la Ley Orgánica de Comunicación (LOC), se determina la responsabilidad de la Corporación Ecuatoriana de Televisión S.A., canal Ecuavisa, y del presentador del programa Contacto Directo, Alfredo Pinoargote Cevallos, por haber incurrido en la prohibición establecida en el artículo 62 de la misma ley.

Este artículo dice que “está prohibida la difusión a través de todo medio de comunicación social de contenidos discriminatorios que tenga por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos reconocidos en la Constitución y en los instrumentos internacionales. Se prohíbe también la difusión de mensajes a través de los medios de comunicación que constituyan apología de la discriminación e incitación a la realización de prácticas o actos violentos basados en algún tipo de mensaje discriminatorio”.

Inmediatamente se produjo la reacción del presentador: “La resolución que obliga a pedir disculpas es infundada porque no se ha producido ninguna discriminación contra algún ser humano, como se dispone en la Ley de Comunicación”, increpó Pinoargote, en un comunicado divulgado en la red social Twitter.

Pero al pronunciar aquellas expresiones, Pinoargote no solamente ofendió al pueblo afroecuatoriano y a los gays, sino que desconoció (consciente o inconscientemente) la difícil y legendaria lucha de los grupos marginados que durante más de un siglo han luchado por ser tratados con respeto, igualdad y dignidad.

Finalmente, tres días después, Pinoargote ofreció disculpas al pueblo afroecuatoriano por los comentarios discriminatorios que hizo aquel 7 de enero:

“Según resolución de la Superintendencia de Información y Comunicación de acuerdo con lo solicitado por la asambleísta de Alianza País, Alexandra Ocles, pido disculpas al pueblo afroecuatoriano y a la colectividad de diversa orientación sexual por haber dicho en este espacio, del 7 de enero de 2014, (…) lo que la asambleísta Ocles de AP en su denuncia dice que no se puede decir, de esta manera cumplo con la resolución que me obliga a pedir disculpas. Adicionalmente quiero ofrecer un homenaje del excelso escritor y humanista esmeraldeño Nelson Estupiñán Bass, a la negritud, al orgullo de ser negro con el poema del niño negro y del incendio de su libro Canto Negro por la Luz (…) Ese es el orgullo que exalta Nelson Estupiñán Bass en los esmeraldeños de raza negra, tierra esmeraldeña donde nací y crecí sin ningún prejuicio racial”, agregó.

En respuesta a la disculpa de Ponoargote, José Chalá, secretario de la Corporación de Desarrollo Afroecuatoriano (CODAE), mencionó que las disculpas del periodista sobre su comentario discriminatorio al pueblo afroecuatoriano, que realizó meses atrás, es una señal de la construcción del respeto a la Ley de Comunicación. Expresó que se ha naturalizado la violencia verbal en un sector de la sociedad y en los medios de comunicación: “La mentalidad colonial hay que comenzar a desaprender”, sostuvo. Para él, usar términos ofensivos contra alguien muestra una cultura colonialista de personas que aún se creen superiores en el país.

La asambleísta Ocles apunta también a la televisión, incluso la de los canales incautados. Manifestó que hay programas de televisión que venden estereotipos ofensivos. Mencionó que en la educación tenemos preconceptos que alimentan la perversidad y se maneja un lenguaje discriminatorio hacia un determinado grupo social. “Queremos dejar de ser una sociedad que excluya y categoriza a las mujeres casi al nivel de prostitutas. porque así nos muestras los programas de tv (…). Hace falta revolucionar la mentalidad de la gente”. Aseguró que presentará una denuncia por programas como El Nalgómetro y Mi Recinto, que se emiten en TC. Mencionó que pese al alto rating de dichos segmentos, tienen que ser sancionados por su contenido.

Aunque aún no es un gran debate nacional el de los contenidos que producen y publican los medios de comunicación, la reflexión debe empezar a instalarse entre la gente. Y será positiva para todos, sin banderías partidistas ni ideológicas, si la hacemos con honestidad y sin defender intereses de ningún tipo.

Ese debate, que deberá ir multiplicándose en beneficio de los ciudadanos, los medios y el país, empieza a generar ciudadanos críticos de lo que dice la prensa. Empezará a generar lectores suspicaces, televidentes reflexivos, radioescuchas inconformes, cibernautas exigentes.

Por eso, la única alternativa es repensar el periodismo.

Democratizarlo. Pluralizarlo. Horizontarizarlo.

Ampliar al máximo el abanico de temas, voces y fuentes. Informar más y opinar menos.

He ahí la alternativa para los medios: abrir las ventanas y dejar que, por fin, entre aire fresco.

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Ilustración de Fabio Listrani

La paranoia del populismo digital

Populismo digital

Hay personas que escriben blogs o que tienen cuentas en Twitter y en Facebook y que sufren mucho cuando miran las cifras y se dan cuenta de que a veces no tienen un alto número de respuestas o visitas.

Así llegan a la conclusión de que “no son populares”. Y se deprimen. Pero, ¿quién dijo que los espacios digitales deben convertirnos en famosos?

Conozco muchos colegas que por esa razón abandonaron sus blogs. ¿Se imaginan cuántos blogs sin dueño estarán deambulando extraviados en la atmósfera cibernética?

También he visto gente que dejó su cuenta de Twitter porque no alcanzó miles de seguidores o se despecharon porque no les dieron cientos de “likes” en su Facebook.

Nunca, sin embargo, se preguntaron si sus “posts” tenían relevancia para los demás y no solo para ellos mismos.

O si sus twitts eran intrascendentes, sin seducción ni audacia, sin genialidad ni pasión.

O si en su Facebook se contaban a sí mismos las trivialidades y las situaciones frívolas que les sucedían pero que a nadie más importaba, ni siquiera a los estolqueadores o voyeristas?

Obsesionarse con tristeza por asuntos como esos me parece que cabría en un  concepto que podemos formular ahora: la inmadurez digital.

Encapricharse porque los demás escuchemos lo que no nos interesa.

Se entiende que un medio de comunicación grande como un canal de televisión o un diario impreso, con su avidez por el dinero, se preocupe por las cifras de rating o de ventas en la calle o de visitas en la red a la página web. Porque todo esto “vende”.

Esos grandes medios viven de aquellas cifras, pues son las que les permiten ofrecer a los anunciantes un espacio donde su producto se exhibirá.

En la prioridad de esos medios está, primero, ofrecer audiencia a los anunciantes. La calidad de los contenidos, al final, no les importa demasiado. Lo que les importa es ganar muchísimo dinero con lo que consideran su mercancía más preciada: la noticia.

Pero un bloguero, un twittero o un “feisbuquero” se equivoca cuando se desmoraliza si desde el otro lado de “la nube digital” no tiene decenas, cientos o miles de respuestas.

En lo digital, cuando el producto que hacemos no tiene afanes comerciales, lo que importa primero es la calidad del contenido y, en consecuencia, la calidad de la audiencia, no la cantidad.

Si ha escrito un “post” que el autor considera tan certero que a su blog debieran entrar miles de personas a leerlo, pero eso no sucede, hay factores que pueden explicarlo. Lo mismo sucede con el Twitter o con el Facebook.

Algunos ya lo hemos dicho, otros podemos reflexionarlos ahora. En primer lugar, uno puede estar equivocado.

¿En verdad es tan interesante, tan conmovedor, tan trascendente el “post”? Habría que analizarlo. Habría que volverlo a leer. Habría que ser drástico con la autocrítica. Lo que no sirve, no sirve. Y punto.

Y si resultara que sí es bueno, algo pasó: no se lo difundió en la coyuntura apropiada, el día que se lo publicó no era oportuno, el titular del texto no es atractivo, las imágenes no empatan con el texto, el tema quizás hiera la sensibilidad de ciertos sectores, el tono en el que está escrito no es respetuoso o su estilo es poco enganchador, no seduce ni atrapa.

Ya lo sabemos: escribir -para cualquier medio, tradicional o digital- es un arte. Y una obra de arte requiere y demanda mucho esfuerzo, rigor, precisión, originalidad, elaboración minuciosa, presentación impecable, capacidad de autocrítica y corrección implacables.

¿No nos estará haciendo falta algo o mucho de eso?

Lo esencial es ser absolutamente claro, preciso, valiente, sincero, profundo e inteligente con lo que escribes y con lo que dices.

Ser coherente con lo que sientes y con lo que piensas. No escribir para los anunciantes ni para los accionistas, como se hace en la llamada “prensa libre e independiente”.

Lo esencial, además de la calidad y la  búsqueda de la excelencia, es la paz de tu conciencia. Es tu manera de ver los hechos y vivir la vida. Y, muchas veces, de tener el valor de compartir los momentos memorables.

Porque el lector percibe, asume, siente cuando lo que publicas está hecho con absoluta honestidad. ¿Hay algo que sea más importante que eso? No. El resto es populismo digital.

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Ilustración de Malus Starlin

Ahora sí, la prensa ecuatoriana debe rendir cuentas a la sociedad

Alexander Jansson

Siglos debieron pasar para que los medios de comunicación en el Ecuador rindieran cuentas a su público y a la sociedad sobre lo que han publicado, sobre lo que no han publicado y sobre lo que deberían publicar.
Tanto tiempo de impunidad, de manejos sesgados, de silencios caprichosos o convenientes, de manipulaciones en favor de los sectores vinculados a la prensa, de presiones, de distorsiones de la realidad, por ejemplo en la crónica roja, para vender más ejemplares.
Tanto tiempo de nunca haber explicado sus actitudes y decisiones a sus audiencias, de omitir versiones de quienes no estaban de acuerdo con ellos, de informar de manera parcializada, de censurar a sus críticos, de bloquear políticamente a quienes no seguían sus “líneas editoriales”, de despedir a los periodistas que no seguían sus órdenes, de silenciarlos, de estigmatizarlos, de impedirlos participar en concursos porque el tema “no le conviene al diario”, de ponerse de acuerdo para no volver a contratar en ningún otro medio a los periodistas despedidos.
Ya no podrán ponerse bajo el paraguas de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) para que los defienda ni tampoco podrán esconderse en el espíritu de cuerpo de los gremios de dueños de medios, agrupados en eso que pomposamente se llama la Asociación Ecuatoriana de Editores (¿editores o dueños?) de Periódicos, AEDEP.
Ahora, en este mes de abril, deberán cumplir el mandato constitucional y su informe tendrá que enviarse al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCSS), pero lo mejor para el crecimiento de la sociedad y la transparencia del ex cuarto poder es que cada uno de los informes los revisará un grupo de ciudadanos en presencia de los propietarios y de los jerarcas de cada medio.
La rendición de cuentas de la prensa se basa en el numeral 15 de la Ley de Comunicación y en el artículo 10 de la Ley del CPCSS e incluye a más de 1.100 medios de comunicación, privados y públicos.
Periódicos, radiodifusoras, canales de televisión y revistas deberán cumplir con ese deber, que incluye las obligaciones tributarias (¿declaran y cancelan todos sus impuestos?), la equidad laboral (¿pagan sueldos justos a los periodistas y trabajadores?, ¿por qué los abismos salariales entre un editor general y un reportero o un fotógrafo o un diseñador o un camarógrafo?, ¿por qué los despidos masivos al personal?), ¿cómo canalizan el derecho ciudadano a la rectificación y a la réplica?, ¿cumplen el requisito de producir y publicar temas interculturales?, ¿han dado acceso laboral a las personas con discapacidad?
La rendición de cuentas de los medios es fundamental para la transparencia del trabajo de la prensa frente a sus públicos.
Si el proceso se cumple como manda la ley, es decir, que los medios presenten sus rendiciones de cuentas frente a su público y admitan la urgente necesidad de entender mejor a la sociedad, empezará a consolidarse la construcción de ciudadanos mediáticos y la formación de audiencias críticas. Y el cuarto poder empezará a extinguirse mientras el poder real, el de la gente, surgirá con más fuerza.
La tarea del CPCCS es histórica porque a partir de ahora cambian profundamente las relaciones entre prensa y sociedad: durante siglos la prensa dijo lo que quiso y calló lo que quiso. Fue cómplice de sus amigos y se sesgó contra sus adversarios. Inculpó a personas inocentes. Escandalizó cuanto quiso. Usó el morbo para vender más periódicos o elevar el rating. Actuó como un poder político y económico capaz de derrocar gobiernos, poner ministros y embajadores, censurar contenidos, invisibilizar a ciudadanos, organizaciones y movimientos.
El resto del trabajo de rendición de cuentas corresponderá a la gente y a los propios trabajadores de esos medios.
La gente y los mismos periodistas deben fiscalizar y exigir autocrítica, pluralismo, equilibrio, inclusión social, espacios para todos los sectores sociales y jerarquización de temas de acuerdo con el bien común, no según el capricho y la subjetividad de los súper dueños o de los híper-jefes.
Si durante tantos años no ha querido o no ha entendido lo que significa ser democrática, ahora la prensa tendrá que empezar a serlo o perderá audiencias.
Los ciudadanos, más enterados de lo que hacen los medios, discernirán mejor entre quienes se esfuerzan por hacer periodismo de la gente común y quienes hacen periodismo al servicio de quienes se han llevado en peso el país y pretenden volver al poder para hacer lo mismo.

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Ilustración de  Alexander Janssen

El reportero 24/7 y la multiexplotación laboral

Kyle Thompon

Son las tres de la tarde. Se los ve cansados, irritables, apurados, atrapados en la rutina de ir a un lado y otro durante todo el día, muchas veces sin comer bien, sin descansar un momento, teniendo que asumir aquello que los inventores de la sobreexplotación llaman “reportero multimedia (que usa todas las herramientas digitales)  y 24/7 (trabajar o estar alerta y dejarlo todo las 24 horas días y los siete días de la semana)”.

El reportero multimedia hace el trabajo de tres personas, pero solo le pagan como si fuera una. Reportea, escribe, graba en video, pone el audio, twittea, tiene que conocer, algo al menos, de cada uno de los temas (a veces cinco, a veces seis diarios).

Sus jefes, que no son ni multimedia ni 24/7, tratan de convencerlos todos los días de que hacer todas aquellas tareas los convierte en multireporteros.

Pero no. Solo lo convierte en multiexplotados.

Veamos una escena cotidiana.

Listo para el metafórico fusilamiento, con cámaras que lo apuntan directamente y con potentes luces que le dificultan mirar a sus interlocutores, el personaje se sienta, saluda, explica la razón de la convocatoria y queda a la disposición de los reporteros.

La reportera que está junto a la puerta, que trabaja en un supuestamente poderoso periódico local, le pregunta justo lo que el personaje había dicho al empezar la rueda de prensa.

Conclusión: llegó atrasada. Tuvo que cubrir dos notas más antes de venir a esta. Una en el norte y otra en el centro. Llovía. Había congestión vehicular. No tiene fotógrafo pero tiene cámara. Y tiene grabadora digital y smartphone. Le toca ser multimedia. ¿Cuál es el problema?

Del otro lado, una reportera que tiene que enviar seis notas diarias a su radio interrumpe la segunda respuesta del personaje y le obliga a que la mire, pero al mirarla él queda en posición perpendicular a las cámaras de televisión.

El jefe de relaciones públicas le pide que, por favor, se ponga de frente porque está estorbando el trabajo de sus compañeros, pero ella dice que no puede, porque solo graba sus preguntas y sus respuestas. Tiene que ganar tiempo para alcanzar a hacerlo todo en el horario normal, porque no le pagan horas extras. Es semimultimedia: debe enviar por teléfono la nota para salir en vivo y luego ir a la radio, redactar, editar, poner los audios, entregar la nota.

Frente al personaje, otra reportera de otro periódico hace una pregunta precisa, clara y difícil. Sabe de lo que está hablando. No estaba previsto que ella conociera ese tema y el personaje tampoco estaba listo para responder algo así. Conclusión: es una buena periodista que, como se debe ser, se informa antes de asistir a una conferencia de prensa, a pesar de que también debe entregar mínimo cuatro notas a su diario. ¿Cómo lo hace? Trabajando diez u once horas diarias. Sin horas extras. Porque, recuérdenlo: es 24/7.

La reportera, como debe ser, se dispone a repreguntar, pero le interrumpe una colega de un canal de TV, que pasa a inquirir sobre un asunto irrelevante, que deja al personaje que respire y que le diga “cuando usted quiera, señorita, entre a su computadora y verá que nuestros servicios son absolutamente eficientes”. Ella dice “gracias” y mira el reloj. Debe salir, urgente, a otra cobertura. Y luego tiene que ir a otra. Un tema es económico, otro es municipal, otro es de farándula. Ella es multimedia, así que debe conocerlo todo.

Conclusión: ¿a los grandes medios de verdad les importa la situación de sus reporteros? No, les importa que consigan la noticia escandalosa, sensacionalista o “vendedora”.

¿En qué casos les importaría? Si afectara a la empresa, a sus accionistas o a los empresarios o a los políticos “de oposición”. No si afectara a los salarios de los reporteros, al incumplimiento de la cancelación de salarios, al pago de horas extras o a los frecuentes despidos masivos.

Pero, como no es el caso, se van, llaman al jefe y le dicen “ninguna novedad”.

No se dan cuenta que son ellos son, hace rato, sobreexplotados. O, si lo saben, no tienen salida: la falta de alternativas de empleo les obliga a resignarse a un trato inhumano y a unas condiciones precarias de trabajo.

Muchos reporteros no reciben utilidades anuales con el pretexto empresarial de que hay crisis de lectores o que “ha comprado equipos precisamente para que hagan mejor su trabajo” o que se viene un despido masivo (tan en boga en los últimos meses en los grandes periódicos ecuatorianos).

No obstante, los dueños y los super jefes les consuelan con el hecho de que son reporteros que conocen de todo. Y, lo más importante, que son multimedia. Y que, heroicos y vocacionales, son 24/7. Orgullosamente explotados.

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Ilustración de Kyle Thompson

El destino de los perros guardianes de la prensa

Enzzo Barrena

La siguiente historia me la contó un colega, catedrático universitario. Por respeto a las personas y a la institución no pondré nombres.

Hace un año, cuando empezó el curso básico, el colega se sorprendió de que un conocido personaje de los medios, super jefe, hiper editor y directivo, estuviera sentado en uno de los pupitres del aula de los estudiantes del primer semestre.

Mezclado con chicos de 17 y 18 años, de los cuales muchos se habían matriculado con escepticismo y pocos con vocación, la presencia de quien vamos a llamar señor Y era inusual: él rebasa los 62 años de edad.

¿Qué hacía allí alguien como el señor Y, que en su momento fue un influyente hiper director de noticias, jefe de la mesa de editores, que manejaba la información según el gusto y las órdenes de los dueños del medio donde trabajaba?

Mi colega, a ratos, tenían ganas de pedir al señor Y que las clases las diera él, con tanta experiencia acumulada, aunque con graves distorsiones en sus tesis.

Le asombraba verlo llegar puntual y mantener durante la clase una actitud humilde.

Pasó los dos primeros semestres. Obtuvo las mejores notas, cumplió las exigencias académicas, entregó trabajos bien presentados e investigados…

La curiosidad se satisfizo el último día del segundo semestre. El señor Y terminó el examen, lo firmó, se puso de pie y entregó el cuestionario lleno.

Mi colega se quedó absorto cuando el señor Y, con un tono de voz bajo, le agradeció y le explicó por qué había decidido estudiar periodismo ahora y no antes.

El señor Y pasó décadas “poniéndose la camiseta” y “sintiéndose de la familia” del medio. Incluso daba discursos a los periodistas y subalternos sobre la necesidad de sentirse “un grupo compacto” para ser los mejores del país.

Pero, de repente, cambió de manos la propiedad del medio donde laboró una década y media. Y él fue uno de los primeros en salir.

Después le sucedió algo parecido: años de trabajo, dedicación y defensa irrestricta, incluso debiendo tragarse sus conflictos éticos, hasta que también el segundo medio cambió de dueño y lo botaron.

Ahora el señor Y estudia periodismo en el umbral de los años, bajo el peso de una soledad insólita y la nostalgia de un “cuarto poder” que, a la final, resultó efímero.

En el centro de una soledad mediática y en medio de su actual incapacidad para influir en lo más mínimo en la sociedad como lo hacía cuando era el mandamás del medio, dice que está consciente de que pudo haber hecho las cosas al revés.

Primero, entender que el periodista es periodista por sobre cualquier coyuntura empresarial, política o económica. Que no debe obedecer, sino reflexionar y decidir. Que debe pensar. Que su deber no es defender al dueño del medio, sino a la mayoría de la sociedad.

Segundo, comprender que la pasión por el periodismo tiene relación con la manera en que se ejerce el oficio, no la forma cómo se resguardan y protegen las empresas del dueño, de los accionistas y de los principales anunciantes, a quienes en un medio privado siempre te instruyen que “no debes toparles ni con el pétalo de una rosa”.

Un periodista –había expuesto el otro día en una clase- es alguien que por diversas circunstancias puede estar en uno u otro medio, de una tendencia u otra, pero, siempre, está obligado a ejercer su propia ética a la luz de sus valores, moral y compromiso social, haciendo cada día el mejor trabajo posible.

Y aunque nunca más vuelva a ocupar cargos en un medio, el señor Y quiere graduarse y quedar en paz con su conciencia.

Sobre todo porque ahora, finalmente, logró entender que el periodista no debe ser perro guardián de intereses particulares.

Porque los intereses particulares, siempre, terminan dando una patada en el traste a su perro guardián una vez que a este se le desgastan los colmillos.

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Ilustración de Enzo Barrena

El verdadero horror en Venezuela

vene

El verdadero horror en Venezuela es no tener certeza de lo que realmente está ocurriendo en sus calles, en sus barrios, en sus ciudades, en sus estados, en su país. ¿Una “brutal represión gubernamental”? ¿Un “levantamiento popular” auténtico? ¿Una “sublevación” ciudadana cansada de los errores de sus gobernantes? ¿”Un plan desestabilizador”?

El verdadero horror en Venezuela es que nos encontramos ante el poder de una prensa con alcance mundial que nos dice cualquier cosa, que nos informa o nos “informa” cualquier cosa, que nos pone fotos trucadas o de otros incidentes en otros países, que habla de muertos, heridos y detenidos pero no quiere, no desea, no le importa, no le conviene explicar por qué, cómo, cuándo, cuántos, quiénes, de dónde salen los disparos, a qué sector le conviene la crisis. Una prensa reflexiva, analítica y equilibrada nos daría la pauta. ¿Es tan temerario pedir algo tan sencillo o es que en Venezuela se juega el futuro de la izquierda y de la derecha en América Latina?

El verdadero horror en Venezuela es la guerra mediática que se basa en la manipulación, en el lavado de conciencias, en el sensacionalismo, en la polarización, en la imposibilidad de saber qué porcentaje de lo que nos dicen es verdad y qué porcentaje es mentira.

“En la práctica, más allá de su color (blanca, gris o negra), el 95% del contenido del contenido de la propaganda eficaz en verídica. El propagandista espera que el resto, ese 5% vital, oculto por una espesa capa de verdades evidentes, se lo trague el destinatario”, explica el periodista mexicano Carlos Fazio (2013).

La guerra psicológica –añade- utiliza una caracterización simplista y maniquea (bueno/malo, negro/blanco) para describir al enemigo. El propagandista debe utilizar las palabras claves capaces de estigmatizar al contrario y activar reacciones populares (…). Uno de los objetivos de la propaganda de guerra es sustituir el razonamiento por las pasiones y convencer a la población de la necesidad de participar en una misión purificadora, reinvindicadora o justiciera”.

En su libro “Cómo funciona el mundo”, Noam Chomsky también advierte sobre el perverso juego de los grandes medios de comunicación del planeta cuando quieren masificar un mensaje o crear situaciones de horror colectivo: “Siempre hace falta algo para asustar a las personas, para evitar que presten atención a los que les está pasando en lo concreto. Hay que encontrar la manera de sembrar el miedo y el odio para canalizar toda la furia…”.

¿Son los poderosas cadenas de televisión estadounidense y las grandes agencias internacionales de noticias las que nos están marcando pautas de lo que debemos pensar acerca de la situación venezolana?

Todo hace pensar que sí, con el agravante de que en nuestros países es, justamente, esa información y no otra (la de las cadenas de TV alternativas, por ejemplo) la que nos llega con más impacto y frecuencia y costumbre, con el propósito de amoldar nuestra conciencia, nuestros pensamientos, nuestras creencias y nuestros puntos de vista a lo que interesa geopolíticamente a Washington.

¿Cuánto debemos, entonces, creer a CNN o a Televisa o a Univisión o a la ultraderechista Fox News? Quizás poco, quizás nada.

O, mejor, creerles al revés, es decir, concluir precisamente todo lo contrario de lo que esas cadenas pretenden que concluyamos.

La Casa Blanca, opina Chomsky, es experta es crear enemigos: “El propósito social de los medios es defender los intereses económicos y políticos de los grupos privilegiados que dominan la sociedad y el estado en Estados Unidos”.

¿Les importa, por tanto, a esos medios, bucear en las raíces del conflicto, ser equilibrados y justos, decir toda la realidad y no retazos de ella, contar los hechos o alterarlos a su conveniencia?

No, responde Chomsky. “Lo que en realidad les importa son los deseos de las personas que poseen y controlan los medios de comunicación”.

¿Qué guerra o qué conflicto estamos viendo? ¿De qué rebelión popular, de qué represión oficial, de qué disparos, de qué muertos y de qué torturas estamos hablando si, como dice Chomsky, “para las élites, la democracia siempre representa una gran amenaza de la que hay que defenderse”.

¿Cómo defienden las élites sus espacios y cómo hacen para no permitir una auténtica democratización de la sociedad?

Según Facio, el periodista estadounidense Michael Massing atribuye “la sumisión de la prensa (norteamericana”)  a la habilidad de Washington para controlar el flujo de información”.

“El gran problema de la prensa estadounidense es su mentalidad de manada: una tendencia orgánica a no discrepar demasiado del consenso prevaleciente” (Facio, 2013).

¿Qué pasa en Venezuela, entonces? ¿Cuál es el verdadero horror? Que algunas fuerzas oscuras intentan que creamos sus artificios, sus ficciones, sus deseos de que la realidad sea como ellas quisieran que fuera y no como realmente es.

El grave problema es que los latinoamericanos queremos saber qué es lo que realmente está ocurriendo en Venezuela y no tenemos toda la información, no tenemos ni la mitad de la información. No tenemos información suficiente.

Y sin embargo nos atrevemos a juzgar. Tomamos partido. Creemos que son ciertas muchas de las fotografías y escenas que aparecen como tomadas en las calles venezolanas, aunque al menos una veintena de ellas ya se ha comprobado que fueron captadas en otros conflictos, incluso de países lejanos.

La ignorancia hace que asumamos solidaridades y posiciones políticas superficiales y equívocas en la medida en que no están basadas en el conocimiento profundo e imaginamos que es cierto o que no es cierto.

El verdadero horror en Venezuela es nuestra impotencia para conocer la dimensión de ese horror y para tener la certeza de que es verdadero.

El verdadero horror en Venezuela es el gran telón mediático que cubre lo que está ocurriendo, un telón donde la gran prensa oculta, tergiversa, cambia, altera, entrega verdades a medias y hace la narrativa de unos hechos que quizás estén ocurriendo o no detrás de ese telón.

Que quizás sean terribles y dolorosas para la mayoría de la población. O que quizás no alcanzan esa dimensión sino que son manifestaciones esporádicas donde predominan los enfrentamientos entre estudiantes y policías.

Yo no lo sé. No tengo certezas de cómo empezó todo, quiénes son los muertos. Cuánta verdad hay en las denuncias de tortura y masacre.

Y eso me horroriza.

Aparte de los fanáticos antichavistas que pululan en América Latina y los cándidos senadores de EE.UU. (sí, los amigos de los Isaías) que desde Washington piden ayuda económica para los manifestantes y sanciones económicas para el gobierno de Maduro, ¿alguien que no esté allá viviendo esos sucesos se atrevería a decir, con seguridad y con pruebas, cuál es la dimensión del conflicto, cuáles son los verdaderos mentalizadores y quién está detrás?

Les ayudo un poco.

El general en jefe del comando sur norteamericano (con base en Panamá) acaba de “predecir” la catástrofe que se viene en Venezuela. ¿Ya tiene listo a su ejército para “entrar y pacificar”, como usualmente hacen luego de provocar ellos mismos las guerras civiles?

El diputado republicano ofrece 15 millones de dólares a la “prensa independiente”, que pese a recibir ese dinero seguirá llamándose “independiente” (¿de qué o de quién?), como El Mercurio de Chile cuando ayudó a crear las condiciones para el golpe contra Allende luego de que recibió de la CIA un millón y medio de dólares en 1970?

¿Ya tienen listo el plan para imprimir portadas con la foto del triunfante ejército gringo y lanzar a la calle las “ediciones libertarias”? ¿Ya está lista la  SIP -fundada  en los años 40 junto con la naciente CIA- para apoyar “incondicionalmente” a sus miembros?

Saquen ustedes sus conclusiones.

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Ilustración de Zorik Istomin

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