rubendariobuitron

Territorio de crítica y autocrítica sobre el periodismo ecuatoriano

El periodismo que la gente espera de nosotros

1. Sorprendente.

2. Novedoso.

3. Fresco.

4. Divertido.

5. Agradable.

6. Inteligente.

7. Equilibrado.

8. Justo.

9. Contrastado.

10. Plural.

11. Cercano a la gente.

12. Útil.

13. Contextual.

14. Tolerante.

15. Abierto.

16. Democrático.

Leyendo a Ramonet

Que Internet ha puesto en jaque a los medios tradicionales no es una novedad, aunque lo diga uno de los gurús del populismo del siglo XXI, Ignacio Ramonet, frecuentemente citado por los voceros del oficialismo local.

En un reciente libro de 122 páginas (editorial Capital Intelectual, Buenos Aires, 2011), plantea que las nuevas tecnologías son “la explosión del periodismo”.

Ramonet habla de una “conmoción” que viven los medios y asegura que “el impacto del meteorito Internet es comparable al que hizo desaparecer a los dinosaurios, lo que provoca un cambio radical en el ecosistema mediático”.

Furibundo crítico de los medios privados y ferviente partidario de la tesis de que la prensa es un “poder fáctico” enemigo de los gobiernos denominados socialistas, este periodista español, radicado en Francia, asegura que la propia práctica periodística debe ser reconstruida y reinventada, pues “si cambia el ADN de la información debe cambiar el ADN de los periodistas”.

¿Cómo cambiar ese ADN? Con un esfuerzo consciente (individual y colectivo) para lograr otras miradas a la realidad, con mayor equilibrio, con mayor profundidad, con un periodismo vivo, intenso, de la calle.

Ramonet dice que la información ya no circula en espacios cerrados y controlados, propios de agencias, diarios y noticieros de radio y TV, sino que “circula a la velocidad de la luz”.

La importancia de Internet es cada vez más evidente para los medios y periodistas, aunque a veces lo olvidemos: hoy, los “web-actores” completan y reinterpretan las noticias en un trabajo de inteligencia colectiva.

Y eso quiere decir que todos los medios -privados, públicos y gubernamentales- tienen la obligación de escuchar a las personas, de colocarse en los zapatos de la gente, de abandonar las tradicionales prácticas (usadas con entusiasmo por la prensa oficial) de emitir contenidos direccionados verticalmente, sobre todo con intenciones propagandísticas.

Al contrario de lo que plantean uno de los ejes gubernamentales para atacar a los medios privados, el propio gurú afirma que la paradoja de este cambio paradigmático es que los diarios impresos se leen menos en papel, pero su audiencia digital crece exponencialmente y nunca ha sido tan importante como lo es ahora.

El quid del presente y futuro de la prensa es entender que la información ya no circula en un solo sentido y que los ciudadanos exigen que se les tome en cuenta y escuche.

La gente lee, reflexiona, duda, critica, comenta, opina y toma posiciones en voz alta.

Bien harían los apologistas de Ramonet en asumir que los medios -en especial los los del poder político- cada vez tendrán más dificultad para convencer con su información a una audiencia ciudadana que hace rato dejó de ser contemplativa y aplaudidora.

¿Qué preguntar a un político?

La pregunta llegó a mi correo buitronrd@gmail.com y me dejó con muchas reflexiones. Y ahora que en el Ecuador se viene una campaña electoral en el segundo semestre de este año, la cuestión es pertinente y oportuna.

Los siguientes tips, fruto de mi experiencia, pueden servirle al periodista y al estudiante de comunicación.  

¿QUÉ PREGUNTAS SE DEBE HACER A UN POLÍTICO?

1. Las que él no espera que se le hagan.

2. Las que no le hayan hecho antes en ningún medio (para eso hay que estudiar e investigar qué tipo de entrevistas y temas no le han abordado).

3. Las que le saquen de su “zona de confort”.

4. Las que contrasten su discurso con sus acciones (para eso se requiere una investigación documental previa sobre sus promesas, sus proclamas, sus tesis, sus presentaciones en la tarima y sus obras, sus proyectos, sus planes, sus logros, sus fracasos).

5. Las que él pretenda eludir el momento de la entrevista.

6. Las que evidencien que su discurso y tesis no son originales.

7. Las que lo incomoden.

8. Las que sus asesores y estrategas no previeron.

9. Las que a él le han molestado en entrevistas anteriores (de otros periodistas o de usted mismo).

10. Las que le dejen sin respuesta.

Los géneros periodísticos

Los principales géneros periodísticos son:

La noticia

Es el género periodístico por excelencia. Suele ser el instrumento básico de información pública, pero también de ella se desprenden el resto de géneros una vez que se profundizan o analizan los hechos contados por la noticia.

La crónica o historia

Es uno de los géneros fundamentales para acercarse a la realidad y comunicarla desde adentro. Tiene la particularidad de que puede enriquecerse con la visión personal del periodista, pero siempre basada en hecho reales, personajes concretos y situaciones comprobables. 

El reportaje

El reportaje se alimenta de una serie de géneros y subgéneros como la investigación, la consulta a fuentes humanas y documentales,  la observación en el campo, las entrevistas, los testimonios y los datos de contexto. Es uno de los géneros más complejos de elaborar y poner en escena.

La entrevista

Tiene distintos usos y fines. La clásica entrevista y estructurada con un modelo de pregunta-respuesta, es un género por sí mismo y tiene sus propios espacios en los medios. Muchas veces su efectividad es impactante cuando el periodista logra que un personaje decisivo en la pública confiese o revele hechos desconocidos.

Pero también existe la entrevista como soporte de la noticia, la crónica, el reportaje o cualquier otro género.  Este tipo de entrevista se hace con personajes vinculados directa o indirectamente vinculados al tema que se está investigando o indagando. Incluso es posible, según el proceso que sufra el tema periodístico, que no sea necesario registrar los nombres de los entrevistados gracias a que estos estuvieron de acuerdo al momento de relatar o narrar los acontecimientos.

El perfil

Es una mirada desde afuera de un personaje, una mirada lateral (por eso se llama perfil) en la que este podría, incluso, no tener que intervenir. Para eso se requiere una extensa y profunda reportería, cruce de fuentes y datos, investigación a fondo sobre el personaje, lectura de textos que se hayan escrito sobre él, etcétera. Este género permite al público conocer profundamente las luces y las sombras del personaje perfilado, es decir, las virtudes y los defectos, sus acciones positivas y sus gestos negativos. Casi es un “blanco y negro”.

El testimonio

Es un género que suele usarse, en especial, para temas relacionados con la política, la crónica roja o los asuntos relacionados con hechos que han conmovido a la sociedad. Si bien es el periodista-reportero quien entrevista, guía y recoge la conversación, el testimonio debe aparecer contado en primera persona, directamente con las palabras del personaje elegido para que el medio lo ponga en escena.

El informe

Se asemeja al reportaje por ciertas técnicas que se usan para construir los dos géneros, pero, en realidad, se trata de un documento periodístico basado en cifras, estadísticas y datos duros donde, casi nunca, entran citas textuales o testimonios de personas.

Los espacios de opinión

El análisis y la columna de opinión tienen características subjetivas muy fuertes y por eso los medios exigen a quienes los escriben que firmen y se responsabilicen por los contenidos.

Pero tanto el análisis como la columna de opinión no deben basarse en presunciones ni hipótesis, sino en hechos reales. En rigor, tanto el análisis como la columna son hechos reales vistos con una mirada personal.

El editorial institucional, en cambio, representa el pensamiento de la empresa periodística, es decir, es la opinión corporativa.

Periodistas enmudecidos

¿Cómo será hacer periodismo en silencio?

¿Cómo será hacer periodismo sin tener la posibilidad de entrevistar, sin contar historias, sin publicar crónicas, informes, reportajes e investigaciones sobre los aspirantes y acerca del proceso electoral?

¿Cómo vivirá el país una campaña en la que será determinante la maquinaria propagandística y publicitaria y estarán ausentes el debate, la deliberación, la reflexión, el derecho de los ciudadanos a conocer lo que dicen y hacen los aspirantes a llegar a la Asamblea o los postulantes a la Presidencia de la República?

¿Qué clase de periodismo podremos hacer si las restricciones aprobadas por quienes dicen que están construyendo una sociedad más inteligente, justa y equitativa impedirán que los medios cumplan su deber esencial: poner en escena el juego electoral para que quien decida sea el ciudadano por su propia conciencia, no por el aturdimiento que generará la poderosa maquinaria publicitaria y propagandística?

¿Cómo se sentirán quienes en su discurso desde la curul y desde los micrófonos de los medios dicen no estar de acuerdo con las limitaciones a la libertad de información y votan en la Asamblea con una vergonzosa ambigüedad para dejar que se apruebe la mordaza?

¿Cómo entender a los millones de ecuatorianos que serán víctimas de ese silencio impuesto y del bombardeo publicitario desigual e inequitativo que favorecerá a quienes tienen el control del poder político y de las instituciones electorales?

¿Por qué la sociedad acepta, casi agachando la cabeza, casi encogiendo los hombros, casi con irresponsabilidad cívica, casi desde un analfabetismo informativo, casi desde la resignación a ceder su derecho constitucional a mantenerse informado y a conocer la realidad por intermedio del trabajo de los periodistas y de los medios?

¿Por qué un poder político que cuenta con una amplia mayoría de ciudadanos que lo apoyan no respeta a esa mayoría y pone a discutir al país leyes tan delicadas como estas antes de que los asambleístas lo aprueben?

¿Por qué los asambleístas del oficialismo suelen hablar de socializar los proyectos y lo que en realidad hacen es dar su voto reverencial y temeroso en nombre de un abstracto “proyecto revolucionario” y en nombre de que una cosa es la discrepancia interna y otra “hacer el juego a la oposición”?

¿Por qué los periodistas nos indignamos con la promulgación de normas legislativas contra nuestro trabajo, pero nos quedamos en la queja y el lamento?

¿Por qué nos dejamos enmudecer sin hacer nada o casi nada -más allá de una columna de opinión como esta-para enfrentar la mordaza con creatividad, con inteligencia, con calidad y con mentalidad estratégica?

¿Vamos a permitir que el poder nos imponga hacer periodismo sin hacer periodismo?

Los mejores periódicos del mundo (un ejercicio)

1. Su estructura y formato son maravillosos, pero solo en la medida en que permiten reaccionar ante lo inesperado.

2. Piensan desde el lector, no “para” el lector.

3. Reflejan la comunidad a la que sirven.

4. Huelen a la ciudad.

5. Desarrollan una personalidad visual.

6. Ponen el mismo cuidado y atención a las palabras que al diseño.

7. Presentan la información de manera viva, directa, sorprendente.

8. Evitan las modas pasajeras que interfieren con la capacidad de comunicarse eficazmente con el lector.

9. Tratan la tipografía con respeto.

10. Cuidan cada detalle de la presentación gráfica y textual.

11. Sorprenden al lector y le contagian el entusiasmo periodístico.

12. Poseen una perfecta claridad de contenidos y secciones.

13. Aprovechan todos sus recursos para contar muy bien sus historias.

14. Saben llegar a la audiencia a la que se dirigen.

15. Intentan ser diferentes.

16. Están cargados de energía y pleno de contenido.

17. Saben perfectamente quiénes son y a quién sirven.

18. Hacen sentir que están vivos y que cambian cada día.

19. Son intensos y llenos de novedades textuales, titulares y gráficas.

20. Gritan “¡cómprame”. Y el lector simplemente los compra.

EJERCICIO

1. Revise las ediciones de todos los periódicos ecuatorianos que salen día a día.

2. Anote las características de cada uno comparándolas con los 20 tips que hemos puesto arriba.

3. Busque cosas positivas en los periódicos locales en relación con esos 20 tips.

4. Sugiera qué deben mejorar los periódicos locales para llegar a la excelencia de los mejores periódicos del mundo.

5. Evite calificaciones ideológicas o políticas y adjetivos calificativos.

Recuerde que este ejercicio pretende que aprendamos a producir y reconocer un períódico de calidad, tanto en contenidos como en diseño y puesta en escena.

Escriba a la sección Comentarios de este blog o a www.tallerdelnuevoperiodismo.com

Feliz día del periodista

El pasado jueves 5 recibimos tantas felicitaciones por el Día del Periodista que algunos nos sentimos sorprendidos.
 ¿Por qué desearnos un “feliz día”? ¿Qué méritos especiales tenemos frente a los otros ciudadanos para que ellos nos celebren como si fuera un cumpleaños?
Incluso -y esto es  bastante contradictorio-  por  correos electrónicos llegaron saludos  de los ministerios e instituciones estatales dependientes de un Gobierno que reniega del periodismo no oficialista.
   Más allá de las felicitaciones y los saludos, sinceros o impostados, caben algunas preguntas y reflexiones que puedan llevarnos a entender  lo que está ocurriendo con el periodismo en el Ecuador.
¿Por qué hasta hace pocos años la celebración  se limitaba a  pequeños grupos de   periodistas, medios  y gremios?
¿A qué se debe que cada vez más personas recuerden  la celebración del aparecimiento de Primicias de la Cultura de Quito, bajo la dirección del visionario científico, médico y periodista  Eugenio Espejo?
La respuesta podría encontrarse en una explicación sencilla: en los últimos años, la sociedad ecuatoriana ha tomado   conciencia de la importancia del oficio como herramienta para pensar el país.
Pero, en consecuencia,  esa misma sociedad demanda de nosotros enfrentar  el desafío histórico de superar  nuestras carencias profesionales,   buscar  la excelencia y acercarnos más a lo que quiere y necesita la gente.
 Eso implica elevar mucho más nuestra calidad informativa, volver cada vez más plurales los espacios de opinión,  abrir la agenda temática a las demandas noticiosas de los ciudadanos,  ser mucho más rigurosos,  equilibrados y comprometidos con la ética y enfrentar el desafío digital.
Bajo las sombras y entre los temores que implicará tener por encima un consejo de regulación de contenidos  dominado por el oficialismo y una ley de comunicación  confusa y sesgada, nos tocará dejar a un lado nuestra tendencia a  la victimización  y deberemos continuar esforzándonos por superar los obstáculos que el poder político, por  esencia,  pretenderá   ponernos en el camino.
La historia y la sociedad no nos perdonarán si callamos, si ponemos el miedo como pretexto, si nos autocensuramos, si no somos capaces de asumir los riesgos que implica ejercer el oficio en tiempos difíciles para la profesión.
Tampoco nos perdonarán si hacemos un periodismo superficial, al apuro, sin contar historias, sin crear espacios de deliberación ciudadana, sin autocrítica ni pedagogía, sin  reaprendizaje.
Gracias a quienes nos saludaron sinceramente el 5 de enero. Pero su tarea  va más lejos: deben exigirnos defender   nuestros  principios cada día,  a pesar de     los crecientes peligros que se ciernen en un país altamente ideologizado, polarizado  y   violento.

El pasado jueves 5 recibimos tantas felicitaciones por el Día del Periodista que algunos nos sentimos sorprendidos.
¿Por qué desearnos un “feliz día”?                                                                                        ¿Qué méritos especiales tenemos frente a los otros ciudadanos para que ellos nos celebren como si fuera un cumpleaños?
Incluso -y esto es  bastante contradictorio-  por  correos electrónicos llegaron saludos  de los ministerios e instituciones estatales dependientes de un Gobierno que reniega del periodismo no oficialista.
Más allá de las felicitaciones y los saludos, espontáneos o impostados, caben algunas preguntas y reflexiones que puedan llevarnos a entender  lo que está ocurriendo con el periodismo en el Ecuador.
¿Por qué hasta hace pocos años la celebración  se limitaba a  pequeños grupos de   periodistas, medios  y gremios?
¿A qué se debe que cada vez más personas recuerden  la celebración del aparecimiento de Primicias de la Cultura de Quito, bajo la dirección del visionario científico, médico y periodista  Eugenio Espejo?
La respuesta podría encontrarse en una explicación sencilla: en los últimos años, la sociedad ecuatoriana ha tomado conciencia de la importancia del oficio como herramienta para pensar el país.
Pero, como consecuencia, esa misma sociedad demanda de nosotros enfrentar  el desafío histórico de superar  nuestras carencias profesionales,   buscar  la excelencia y acercarnos más a lo que quiere y necesita la gente.
 Eso implica elevar mucho más nuestra calidad informativa, volver cada vez más plurales los espacios de opinión,  abrir la agenda temática a las demandas noticiosas de los ciudadanos,  ser mucho más rigurosos, equilibrados y comprometidos con la ética y enfrentar el desafío digital.
Bajo las sombras y entre los temores que implicará tener por encima un consejo de regulación de contenidos  dominado por el oficialismo y una ley de comunicación  confusa y sesgada, nos tocará dejar a un lado nuestra tendencia a  la victimización  y deberemos continuar esforzándonos por superar los obstáculos que, por su propia esencia, el poder político, pretenderá  ponernos en el camino.
La historia y la sociedad no nos perdonarán si callamos, si ponemos el miedo como pretexto, si nos autocensuramos, si no somos capaces de asumir los riesgos que implica ejercer el oficio en tiempos difíciles para la profesión.
Tampoco nos perdonarán si hacemos un periodismo superficial, al apuro, sin contar historias, sin crear espacios de deliberación ciudadana, sin autocrítica ni pedagogía, sin  reaprendizaje.
Gracias a quienes nos saludaron sinceramente el 5 de enero. Pero su tarea va más lejos: deben exigirnos defender   nuestros  principios cada día,  a pesar de  los crecientes peligros que se ciernen en un país altamente ideologizado, polarizado  y violento.

Precandidatos de radio y de TV

Al iniciar este año electoral en el Ecuador y luego de hacer zapping matutino en la televisión nacional, pienso en la posibilidad (ya sucedida antes) de que algún reportero de  televisión, dedicado a ese extraño periodismo clientelar y populista  de barrio y de comunidad, planee presentarse como candidato a concejal  en las próximas elecciones municipales.
 No me sorprendería: en la actual Asamblea Nacional hay decenas de ejemplos  de periodistas de radio y  televisión (prefiero llamarlos ex periodistas) que cambiaron el micrófono por la curul.
Y lo hicieron  sin que mediara ninguna otra explicación que el lugar común de que “al país se lo  sirve desde distintas posiciones”.
El periodista que ama su oficio ha sido, es y será periodista toda su vida. Siempre. 
Y  ejerce su oficio, sea en el medio que fuere (pequeño o grande, privado o público), con ética, equilibrio y rigor.
Yo sospecho de quien hoy es un apasionado periodista defensor de las causas populares y mañana un candidato a concejal, consejero, asambleísta o cualquier otro cargo de elección popular.
Creo, sin duda, que esa persona se puso la máscara de periodista para hacer política. Y la peor política: la de la denuncitis, de la minucia,  de la dramatización del sufrimiento de los marginados,  de la victimiología, del redentor que agarrado de un micrófono termina sus notas diciendo algo así como: “Ya es hora de que las autoridades tomen cartas en este  asunto”.
De barrio en barrio, casi calculando cuál es más pobre, dónde hay más necesidades y en qué lugar es posible mostrar escenas patéticas de la vida cotidiana para lograr mayor sintonía, los reporteros-precandidatos van armando su posible postulación  mientras coquetean con un partido u otro.
En ese momento (no después) ya no están pensando como periodistas, sino como aspirantes a los privilegios del poder.
 Y subrayo “no después” porque la justificación será la de siempre: que sus miles de seguidores mediáticos le pidieron saltar a la cancha política para “transformar en hechos positivos todas las denuncias que realizó en su espacio comunitario y del pueblo”.
Los ecuatorianos, a ratos tan sentimentales, frívolos, ingenuos y  viscerales, nos conmovemos fácilmente con la palabra encendida de civismo, ciudadanía y revolución o con la oferta que, supuestamente, cambiará para siempre la realidad.
Habría que aprender a mirar y escuchar con suspicacia y duda cada uno de los programas que, presuntamente, “dan voz a los que no tienen voz”.
Televidentes, radioescuchas y lectores, de cualquier forma que se denomine a la sociedad conectada a los medios, no pueden ser cómplices de quienes usan a sus audiencias como un escalón para arribar a otra instancia de poder.
 Usar el medio en el que se trabaja (o se posee) y usarse a sí mismo como plataforma electoral es una de las peores desviaciones del periodismo contemporáneo.

Diez preguntas para los periodistas políticos

1. ¿Debemos los periodistas tomar partido por A o B opción política?

2. ¿Debemos asumir que los pobres merecen toda nuestra dedicación y los ricos, ninguna, o viceversa?

3. ¿Dividimos el mundo en que nos movemos periodísticamente en malos y buenos, blancos y negros, izquierdas y derechas, ricos y pobres?

4. ¿Llegamos a las coberturas con prejuicios, hipótesis o subjetividades que nos impiden valorar y contar los hechos con equilibrio, distancia y sin apasionamientos?

5. ¿Cabe definir la independencia periodística como un mito, una mentira, un imposible?

6. ¿La ética del medio donde trabajo es más importante que mi ética personal?

7. ¿Qué debe hacer el periodista si en un momento chocan esas dos éticas?

8.  ¿Cómo es nuestra relación con las fuentes?

9. ¿Cómo cuidamos no traspasar la delgada línea entre informador y amigo?

10. ¿Cómo hago para escribir con un periodismo apasionado sin caer en la subjetividad?

El debate sobre la entrevista al Presidente

Una sala de Redacción apasionada y un equipo de editores inteligentes y agudos son esenciales para mantener e impulsar un periodismo autocrítico en busca de la excelencia.

Para cerrar la saga de la súper comentada entrevista que le hice al presidente Rafael Correa, y como pedagogía para los periodistas y los estudiantes de comunicación, reseño las líneas más importantes de la crítica interna que se hizo a la entrevista (ver post en este mismo blog).

El debate surgió espontáneo y, como suele suceder en la sala de Redacción de El Comercio, con argumentos y con amor por el oficio.

Esto se dijo, en resumen:

- Muy interesante el eje de buscar el ángulo humano del Presidente. Es algo inédito en el periodismo ecuatoriano de los últimos años.

- El tema del poder estuvo bien abordado, aunque pudo ahondarse más. Es un buen trabajo.

- Se pudo hablar más sobre la atención gubernamental a lo social.

- Faltó abordar el tema de la relación gasto-ahorro.

- Algunas preguntas pudieron ser más cerradas y puntuales para obtener respuestas más precisas.

- Se le debíó preguntar sobre el manejo del Twitter.

Finalmente, una muy buena noticia: la entrevista se reprodujo en periódicos de México, Colombia y Chile y generó decenas de noticias en las agencias internacionales.

Gracias también a los cibernautas que han comentado en ese blog. Y quienes quieran hacerlo, todavía espero sus criterios y opiniones. Una sociedad que debate abiertamente es una sociedad mental e ideológicamente sana.

Desde mañana, cambiamos de tema…

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