Archivos para Agosto 2007

30
Ago
07

Un juego inútil

Por Rubén Darío Buitrón

Miro y escucho la publicidad que hacen los candidatos de las cientos de listas a la asamblea constituyente y tengo la sensación de que, pese a que los ciudadanos han ido madurando en sus maneras de entender la realidad, la mayoría de políticos no ha cambiado: sigue convencida de que los electores son ingenuos, son inocentes, son pasivos, son unos simples recipientes vacíos en los que se puede verter cualquier líquido. Miro y escucho la publicidad que hacen los candidatos de las cientos de listas a la asamblea constituyente y tengo la sensación de que, pese a que en los últimos diez años el país ha madurado en su forma de exigir rendición de cuentas a sus gobernantes y a sus representantes, la mayoría de políticos no ha cambiado: insiste en las viejas prácticas demagógicas de ofrecer pan, techo, empleo, alimentos baratos, préstamos a tasas irrisorias, cobro de la deuda a los morosos, freno a la corrupción, imposición del dólar como moneda nacional, estabilidad laboral, incremento a la producción, atención al campo… Miro y escucho la publicidad que hacen los candidatos de las cientos de listas a la asamblea constituyente y desde mi condición de ciudadano tengo miedo. Tengo miedo de que la mentira, la exageración, la falta de ideas, la desesperación por conseguir votos, la ansiedad por captar el poder de la próxima asamblea vayan a diluirlo todo. Diluir, por ejemplo, la enorme esperanza que se fue forjando entre los millones de ecuatorianos que creyeron en Rafael Correa como presidente y en su propuesta de cambios profundos para modernizar el país. Diluir, por ejemplo, la posibilidad de que las viejas prácticas de la partidocracia permanezcan vigentes no solo entre los antiguos sino tambíén entre los nuevos actores políticos. Diluir, por ejemplo, los sueños de millones de compatriotas al punto de que esos ideales se vuelvan un brusco despertar a una realidad conocida donde la decepción, el desencanto, la desesperanza, el escepticismo y el pesimismo nos abran los ojos violentamente. Miro y escucho la publicidad que hacen los candidatos a la asamblea constituyente y entiendo el enorme reto que tenemos los medios de comunicación y los periodistas: es la hora de una información transparente, rigurosa, exigente, puntual, firme. La próxima asamblea constituyente es demasiado importante y demasiado esencial como para que los políticos, la mayoría de ellos, jueguen con los sentimientos, con las demandas, con las necesidades, con las urgencias de los ciudadanos. Por eso hay que hacer un periodismo responsable. Un periodismo comprometido, un periodismo que no dé paso a demagogias, mentiras, lirismos o promesas absurdas. El periodismo debe representar a la sociedad para recabar de los políticos verdades y planes concretos. El periodismo debe mediar entre la sociedad y la política para que los ciudadanos opten por las mejores propuestas de quienes, más allá de los discursos, realmente tienen la decisión y el coraje de luchar por el cambio y la ampliación democrática del país. De lo contrario, los procesos políticos y mediáticos con miras a la asamblea serán un juego inútil.

23
Ago
07

Un momento clave

Por Rubén Darío Buitrón

 “El deber de los hombres de cultura es hoy, más que nunca, sembrar dudas. Ya no recoger certezas”.

La cita pertenece al enorme pensador italiano Norberto Bobbio, defensor apasionado de las libertades individuales frente a los intentos del poder para aborregarnos y masificarnos.

Por eso, una de las obligaciones de los periodistas es dudar, dudar y dudar. El maestro español Miguel Ángel Bastenier suele decir, con exageración pedagógica, que cuando se recaba información el reportero no debe confiar ni en su propia madre, peor en las fuentes del poder.

Creo que el momento político que vive el Ecuador nos obliga a reflexionar sobre el postulado de Bobbio. Creo que las fuerzas que este momento luchan por el control del Estado nos están llevando a un juego de extremos: el discurso radical empieza a echar raíces y estas raíces pueden conducirnos a cosechar frutos demasiado amargos para el futuro (¿) de la nación.

Porque la tendencia de quienes manejan los hilos de la política parece apuntar a que la sociedad ecuatoriana se parta en dos: los “contrarrevolucionarios” y los “revolucionarios”. Estos empiezan a mirarnos como sospechosos a quienes desde el periodismo y la ética política criticamos hechos puntuales de la gestión presidencial. Como ilustraba Bonil de manera genial en El Universo, quien no se suma a la manada “es de derecha”, “títere de la partidocracia” o “hace el juego a las fuerzas reaccionarias”. ¿Hace cuántas décadas no escuchábamos estas intolerancias de la izquierda conservadora?

Desde ese punto de vista la alternativa para los periodistas honestos (que los hay, y muchos) sería el silencio. No investiguen porque afectan la estabilidad del régimen. No hagan preguntas incómodas porque atentan contra la majestad presidencial. No minimicen las obras gubernamentales porque nunca antes se había hecho tanto en tan poco tiempo. No busquen pruebas de las incoherencias correístas porque debilitan el proyecto. No comparen los errores del gobierno actual con los de los antecesores porque el actual mandatario es joven y tiene buenas intenciones. ¿A eso nos quieren conducir?

A los periodistas nos corresponde ser celosos guardianes de la democracia, recoger las exigencias ciudadanas de rendición de cuentas a los elegidos e investigar cualquier indicio de corrupción pública para evitar un mayor deterioro económico y moral del país.

Frente el dolor y contra la arrogancia, Bobbio advertía que si “esos gritos caen en el vacío no se deben soportar”. La crisis actual, afirmaba, “reside en la dispersión de una realidad dolorosa en miles de realidades indiferentes (…); reside en miles de arbitrariedades en cuyo lugar amenaza de nuevo el mito”.

El silencio no cabe en democracia. Tampoco la uniformidad, el pensamiento único o el caudillismo mesiánico. El silencio no cabe en una sociedad de individuos que, a pesar de intolerancias y estigmas, construye su manera de ver la vida sobre los cimientos legítimos de la dignidad y la duda.

 

22
Ago
07

Los vacíos de la prensa latinoamericana

Entrevista de Miguel Angel Bastenier

a Rubén Darío Buitrón

  1. ¿Tiene el periodismo latinoamericano la enfermedad de la ‘declaracionitis’, periódicos llenos de declaraciones, y muy pocos hechos al margen de las mismas?

Definitivamente sí. En la prensa ecuatoriana aparecen muchísimas opiniones sobre los hechos pero poquísimas narraciones o informaciones directas sobre los hechos. Los medios impresos hacen un periodismo tercerizador donde escaso número de reporteros sale a la calle a ensuciarse los zapatos y acercarse a la realidad cotidiana: la mayor parte de ellos abusa del teléfono y del correo electrónico para consultar los criterios de su limitada y repetitiva agenda de fuentes (generalmente poco diversificadas, oficiales o muy cercanas a los distintos poderes políticos y económicos). A esta actitud burocrática y facilista ellos los llaman “reacciones”.

Los medios, por esa razón, construyen super-individuos cuyos opiniones se sobreexponen y alcanzan enorme poder mediático. Los convierten en oráculos que creen saberlo todo y alcanzan altos niveles de incidencia en la toma de decisiones por parte de los gobiernos, los congresos y la sociedad.

Mientras tanto queda a un lado el contar la vida simple, en las páginas de los diarios están ausentes los personajes cotidianos y anónimos, los hechos importantes e interesantes que no impliquen periodismo del poder, los latidos de los ciudadanos comunes, las urgencias y necesidades de un país oculto, escondido, invisibilizado por un periodismo obsesionado con influir sobre los poderes y a punto de convertirse, por esa razón, en actor político y contradictor militante.

¿Y la del oficialismo, aquella por la que las fuentes casi siempre son oficiales o de organismos públicos?

Obsesionados con influir sobre los poderes y a punto de convertirse en actores políticos y contradictores militantes, los medios ecuatorianos olvidan que una de sus funciones esenciales en contar al país lo que es el país. En su afán de hacer un periodismo de coliseo romano o de ring de boxeo, abren grandes espacios al discurso de esos poderes y jerarquizan las opiniones y los puntos de vista de los funcionarios para buscar las opiniones y puntos de vista de sus opositores o detractores. No es que regalan espacios y se vuelven obsecuentes con el poder político sino que se limitan al registro de declaraciones y discursos a favor y en contra y olvidan que dichas opiniones, en último caso, pueden ser parte de la contextualización pero no ser el elemento central de “noticias”mal elaboradas. Es común observar que, por ejemplo, si se produce una escasez de gas doméstico las fuentes son el funcionario encargado de la distribución y algún “experto” (opinólogo, todólogo) inventado y promovido por el medio de comunicación para que critique al funcionario. Mientras tanto se deja a un lado la obligación de contar lo que ocurre en una familia humilde que depende del gas para el almuerzo de hoy, las penurias de un ama de casa que sale a caminar decenas de kilómetros en busca de una bombona, las largas horas que un padre ha tenido que esperar para que le digan que se acabó el gas. Lo máximo que hacen los medios es, de nuevo, recabar las opiniones de estas personas, pero no contar sus historias.

3. La superpolitización de casi toda la prensa latinoamericana ¿no es acaso un efecto de su reducidísimo mercado, formado por las capas superiores de la sociedad más su clientela? ¿Es ese el camino?

La superpolitización de los grandes medios en el Ecuador es una paradoja: mientras más se politizan los medios menor es el conocimiento y la capacidad de decisión política de grandes sectores de la sociedad. Los medios, así como muchos otros sectores y líderes, contribuyen a un creciente analfabetismo político de los ecuatorianos porque se quedan en el discurso, en las palabras, y no profundizan, no contextualizan, no hacen memoria, no investigan, no abren espacios pluralistas y amplios para que los ciudadanos comunes puedan ejercer su derecho a la reflexión y a la crítica. La gente común cada vez más percibe que algunos medios construyen sus agendas a espaldas de los ciudadanos, que algunos medios confían demasiado en su intuición y en su experiencia profesional para la puesta en escena de temas pero ignoran que la realidad tiene muchos matices y expresiones. Muchos medios hacen un periodismo para ellos mismos, para sus jefes, para sus dueños, para sus amigos, para quienes ejercen el poder (“periodismo para quienes toman decisiones”, suelen llamarlo). Hacen un periodismo donde un laberinto de espejos les impide salir a ver que la realidad que bulle afuera es muchísimo más rica, diversa, plural, intensa, y que millones de personas no están atrapadas por la red de la hiperpolitización sino que viven el día a día con otras sensibilidades, otras urgencias, otros ritmos, otras maneras de asumir la existencia cotidiana, maneras y sensibilidades que no se cuentan en los medios.

4. ¿Por qué en toda América Latina de habla española, salvo la excepción relativa de Clarín en Buenos Aires, no hay ni un gran periódico internacional, como Le Monde o EL PAÍS, que tenga una implantación mundial? ¿Por qué las menguadas (y malísimas) secciones de Internacional de los diarios tratan mucho más (antes de Chávez y Morales) de Europa y Oriente Medio, por ejemplo, que de América Latina?

Los medios latinoamericanos se miran demasiado en referentes culturales ajenos y no en los propios. En el caso de la prensa escrita, los medios ecuatorianos admiran a El País o The Washington Post o The New York Times y hasta El Tiempo de Bogotá. Quieren parecerse a ellos dejando atrás la posibilidad de ser originales, de armar procesos periodísticos con base en sus propias identidades, de construir latencias y formas de expresión propias, de proponer al mundo miradas distintas y plurales de la realidad. Los medios latinoamericanos, en especial los ecuatorianos, carecen de grandes visiones y aspiraciones. Se conforman o resignan con intentar ser buenos periódicos nacionales y ni siquiera este concepto lo tienen claro, primero porque cada vez es más difuso y abstracto ese concepto de periódico nacional (en especial en un país dividido, segmentado y con un regionalismo enfermizo); segundo porque los medios locales cada vez adquieren mayor fuerza pues están más cercanos a la comunidad; y, tercero, porque hace falta soñar, planear y ejecutar grandes iniciativas periodísticas que marquen liderazgo y nuevos caminos en el propio país y en la región.

Los espacios que esos medios conceden a la información internacional son, por lo general, mal concebidos. En unos casos hay una manera elitista y demasiado elevada de seleccionar temas que se sienten lejanos o intrascendentes porque falta contextualización y análisis. En otros casos se ponen las noticias según la jerarquización enviada desde CNN, agencias internacionales de noticias y de los sitios de internet pero no según lo que el propio medio considera importante para su público. Adicionalmente, es patético encontrar en las salas de redacción áreas de Internacionales donde sus periodistas no tienen la capacidad de “aterrizar” los temas del mundo y explicarlos y contextualizarlos en función de cuánto debe importarle al lector ecuatoriano lo que ocurre con la invasión a Irak o la matanza a estudiantes en una universidad de Virginia. Existe, entonces, cierta incapacidad de acercar los temas al interés del lector local sin percatarse, muchas veces, de que, por ejemplo, porque el petróleo es nuestra principal fuente de ingresos, todo lo que ocurra o no ocurra en Irak incide en el precio del crudo y, por tanto, en el dinero con el que cuenta el estado ecuatoriano para sus planes.

5.¿Es un peligro Internet para la sobrevivencia de la prensa de papel en América Latina?

Definitivamente no. El gran peligro para la prensa de papel es su propia mediocridad, su incapacidad de actualizarse, sus movimientos de pesados elefantes, su distancia del ciudadano común, su lentitud para entender la necesidad de buscar y reflejar y contar lo que ocurre con muchísimos sectores sociales que no aparecen nunca o casi nunca en las páginas de los diarios. Mientras la prensa de papel insiste en viejas y obsoletas pràcticas periodísticas, mientras la prensa de papel se queda en lo que ocurrió ayer y duerme hasta el día siguiente, los blogs y los periódicos digitales están vivos, respiran y laten cada minuto. El reto para la sobrevivencia de la prensa de papel es cambiar profundamente sus maneras de enfrentar, agendar y contar la realidad. Como dice el periodista norteamericano Roy Merrit, los diarios que no cambian merecen extinguirse.

22
Ago
07


20
Ago
07

Martín Caparrós, defensa apasionada de la crónica

Martín Caparrós y su defensa
apasionada de la crónica

Ha escrito más de 20 novelas de no ficción. Es un maestro de uno de los géneros periodísticos más apasionantes del periodismo escrito y estuvo en Ecuador

La noche cae en Guayaquil y la vuelve más lasciva. Las caderas de sus mujeres se ausentan, pero su aroma, la humedad de sus alientos, sigue en el ambiente en forma de brisa marina.

El lugar no es precisamente a la que un turista extranjero –peor aún, argentino- iría en la noche de un miércoles. Se llama La Playita y está ubicada en el Guasmo Sur, a donde Martín Caparrós, escritor y periodista argentino, viajó desde el mismísimo corazón de la “zona regenerada” de la ciudad-puerto.

Caparrós, que ha escrito una veintena de libros, entre novelas, ensayos y crónicas de largo aliento –que siempre terminan en libros- prefiere conocer eso que muchos sociólogos y esnobistas llaman “la ciudad profunda”.

Para él es mucho mejor mirar fotografías en una casa al pie del cerro Mapasingue, que fotografiarse junto a la Rotonda, rodeado de guardias encargados de hacer cumplir las ordenanzas de no usar chancletas ni torso desnudo en la “zona regenerada”. Esa conducta la aprendió cuando, al contrario de lo que ocurrió en sus inicios cuando debía escribir para poder viajar, descubrió que debía viajar para poder escribir.

Prefiere un plato de encebollado de pescado con camarón, que cenar en el Hampton Inn. Y allí, en la marisquería de Maracaibo y Los Ríos, al suroeste de Guayaquil, sentados en sillas plásticas y castigando las gargantas con cervezas heladas, se instala un diálogo sobre la pasión por el periodismo.

Y bueeeno yo no se cuál es la fórmula para meter más historias en la mente de los editores…de esas que necesitan más espacio, dice.

Vestido con un jean negro, camisa manga corta del mismo color y unas zapatillas chinas, Martín resalta en el entorno por su blanquísima piel y su brillante calva. Su voz tiene un timbre clamoroso, como de declamador. Y sus frases son muy pensadas.

Para mí la crónica es una forma de contar una noticia; el periodismo en la actualidad mira solo al poder: para estar en el papel hay que ser rico, famoso, o rico y famoso, o tetona, dice con su sonora voz.

La misma lección la había repetido horas antes a un grupo de 13 periodistas que asistían a un taller organizado por la Fundación El Universo.

Pero además dijo, para aquellos que escriben o hablan en primera persona, que hacerlo implica el riesgo de terminar redactando sobre la primera persona.

La primera persona no es una posición del sujeto en la oración, sino del sujeto frente al mundo. Hay textos contados en tercera persona, que innegablemente resultan contados en primera persona.

Prefiere no encontrar diferencia entre periodismo y literatura.

Literatura es contar el mundo con palabras; el periodismo, también. Pero hay un pacto con los lectores de no ficción, con los del Diario: contar solamente lo que es cierto.

Caparrós es contrario a las citas textuales: se toma solamente el sentido de lo que quisieron decir (Yo nunca exclamo, digo. Cuando enfermo no voy a un nosocomio, sino a un hospital) no hay que poner al otro dentro de nuestro territorio léxico.

La gente cuando habla tiene errores gramaticales… ¿por qué no aparecen esos errores? ¿por qué le damos interpretando? La forma cómo lo dice es tan importante como lo que dice.

Insiste en la necesidad de leer. “Es imposible inventar formas nuevas de escribir si no se lee. De no hacerlo, es como si un ciego quiera describir matices de colores. Es como un arquitecto que hace su casa y nunca más quiera ver las otras”.
Pero su defensa más apasionada es a favor de los textos largos. De los periódicos serios sin excesos de gráficos o fotografías o mininoticias “porque la gente ya no tiene tiempo de leer”.

Los asesores externos vienen de países en donde sus periódicos tienen mucho texto; se inventaron la fauna de los lectores que no leen. No hay que pelear con la televisión con las armas de la televisión. Es un suicidio pelear con imágenes en un medio que está para escribir; hay que crear lectores. La TV enseña a leer imágenes y por eso ha cambiado. Un diario debe hacer igual, pero con los textos.

Y así trascurrieron las horas. Caparrós decidió irse a descansar. Y sus lecciones quedaron flotando en el silencio de la madrugada. Había que dormir, para al día siguiente asumir la conducta del cazador primitivo –otra propuesta del argentino- para estar lo suficientemente atento a la próxima historia. De esas que se pasean todos los días por las calles de lo simple y cotidiano.

16
Ago
07

Tiempo de clientes

Por Rubén Darío Buitrón

Martes, 20h00. Camino por el centro de Riobamba. Las noches de esta ciudad andina suelen recogerse y cobijarse a sí mismas para protegerse del viento que baja de los nevados, se convierte en un intenso frío, corre irrefrenable por calles, plazas, parques y patios.

A los riobambeños hoy les resulta extraño que la avenida Primera Constitución está invadida de ruido. Pasan enormes autos cuatro por cuatro. En las puertas laterales se ve logotipos de los Ministerios de Educación, Vivienda, Obras Públicas, del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, Gobernación de Chimborazo, Presidencia de la República. Por coincidencia, en calles paralelas circulan caravanas de automóviles y camionetas con las banderas verdes de Alianza País.

Los hoteles se alborotan con la repentina llegada de funcionarios, técnicos, asesores, choferes, edecanes, guardaespaldas y periodistas oficiales y no oficiales que vienen detrás del Presidente.

Paso junto a la vieja estación de tren, el medio de transporte que ha marcado la existencia de la provincia de Chimborazo. La muerte del ferrocarril significó, de muchas maneras, la agonía de la comercialización agrícola, de la transportación intercantonal e interprovincial segura, de la comunicación entre cientos de pequeñas comunidades indígenas adonde nunca han llegado los gobiernos para construir carreteras, caminos, vías para sacar la producción de quinua, avena, cebada, cuyes, borregos, ganado vacuno.

En las afueras de la estación, seis apresurados albañiles pintan, pulen, limpian. A esta hora de la noche se trata de una escena surrealista. Adentro también hay movimiento. Palas mecánicas, tierra removida, burócratas nerviosos y apurados.

La mayoría de transeúntes mira con indiferencia lo que ocurre allí. Un ciudadano se detiene y me dice que el Presidente está aquí para inauguraciones. Quizás los trabajos de rehabilitación de la línea férrea o algo así. Lo que dice no entender es por qué recién ahora si hace dos meses se ofrecieron las obras y Riobamba no ha visto que la promesa empezara a concretarse.

Me cuenta que ayer, lunes, la ciudad estuvo copada por las huestes de Sociedad Patriótica. El coronel Lucio Gutiérrez, sus flamantes camionetas pintadas de verde y rojo, las ofertas de cobrar la deuda a los morosos, de volver a la estabilidad económica, de bajar los precios de los víveres, de respetar la libertad de prensa. Mañana ya vendrán los PSC, PRIAN, PRE, RED, Pachakutik, MPD, UDC y los movimientos nuevos con antiguas intenciones y escasa imaginación.

Es devastadora la fragilidad del ciudadano cuando el poder despliega su logística, cuando una parafernalia contaminante y todopoderosa nos rodea, abruma, subestima, nos convierte en una cifra de porcentajes para el cálculo electoral. Es devastador el cambio de las ciudades pequeñas que se llenan de promesas cuando los políticos quieren seducirlas en busca de clientes. Pero no hay que sorprenderse: la campaña ha empezado y es el momento de la demagogia y la desmemoria.

11
Ago
07

Construir periodismo, construir sociedad

Hoy es 10 de Agosto. Se trata de una fecha clave para la historia de los ecuatorianos: aquel día de 1809, un grupo de patriotas decidió exigir públicamente su derecho a ejercer la libertad. Esta acción valiente terminó con la cárcel, la tortura, la persecusión y la muerte de la mayoría de esos patriotas. Pero su semilla fecundó años después y se esparció por toda América mestiza. Así llegó la libertad al continente. El 10 de Agosto, entonces, simboliza la lucha por la independencia, la democracia, la equidad, la ética, la tolerancia y el derecho de todos a vivir en un sistema justo y solidario. La prensa y, por tanto, los periodistas, tienen el deber de contribuir al desarrollo de un proyecto de poder ciudadano donde la libertad de expresión y la libertad de prensa contribuyan profundamente a la reflexión, a la crítica, al debate. Por eso escogimos este día para abrir este espacio. “Medios en el medio” es un blog que intenta ser un territorio en el que se ejerza con inteligencia, firmeza, rigor y transparencia nuestro derecho, el derecho de todos a construir un periodismo responsable que aporte de manera decisiva a construir una sociedad responsable.  

Un abrazo y bienvenidos todos. 

 Rubén Darío Buitrón