Entrevista de Miguel Angel Bastenier
a Rubén Darío Buitrón
- ¿Tiene el periodismo latinoamericano la enfermedad de la ‘declaracionitis’, periódicos llenos de declaraciones, y muy pocos hechos al margen de las mismas?
Definitivamente sí. En la prensa ecuatoriana aparecen muchísimas opiniones sobre los hechos pero poquísimas narraciones o informaciones directas sobre los hechos. Los medios impresos hacen un periodismo tercerizador donde escaso número de reporteros sale a la calle a ensuciarse los zapatos y acercarse a la realidad cotidiana: la mayor parte de ellos abusa del teléfono y del correo electrónico para consultar los criterios de su limitada y repetitiva agenda de fuentes (generalmente poco diversificadas, oficiales o muy cercanas a los distintos poderes políticos y económicos). A esta actitud burocrática y facilista ellos los llaman “reacciones”.
Los medios, por esa razón, construyen super-individuos cuyos opiniones se sobreexponen y alcanzan enorme poder mediático. Los convierten en oráculos que creen saberlo todo y alcanzan altos niveles de incidencia en la toma de decisiones por parte de los gobiernos, los congresos y la sociedad.
Mientras tanto queda a un lado el contar la vida simple, en las páginas de los diarios están ausentes los personajes cotidianos y anónimos, los hechos importantes e interesantes que no impliquen periodismo del poder, los latidos de los ciudadanos comunes, las urgencias y necesidades de un país oculto, escondido, invisibilizado por un periodismo obsesionado con influir sobre los poderes y a punto de convertirse, por esa razón, en actor político y contradictor militante.
¿Y la del oficialismo, aquella por la que las fuentes casi siempre son oficiales o de organismos públicos?
Obsesionados con influir sobre los poderes y a punto de convertirse en actores políticos y contradictores militantes, los medios ecuatorianos olvidan que una de sus funciones esenciales en contar al país lo que es el país. En su afán de hacer un periodismo de coliseo romano o de ring de boxeo, abren grandes espacios al discurso de esos poderes y jerarquizan las opiniones y los puntos de vista de los funcionarios para buscar las opiniones y puntos de vista de sus opositores o detractores. No es que regalan espacios y se vuelven obsecuentes con el poder político sino que se limitan al registro de declaraciones y discursos a favor y en contra y olvidan que dichas opiniones, en último caso, pueden ser parte de la contextualización pero no ser el elemento central de “noticias”mal elaboradas. Es común observar que, por ejemplo, si se produce una escasez de gas doméstico las fuentes son el funcionario encargado de la distribución y algún “experto” (opinólogo, todólogo) inventado y promovido por el medio de comunicación para que critique al funcionario. Mientras tanto se deja a un lado la obligación de contar lo que ocurre en una familia humilde que depende del gas para el almuerzo de hoy, las penurias de un ama de casa que sale a caminar decenas de kilómetros en busca de una bombona, las largas horas que un padre ha tenido que esperar para que le digan que se acabó el gas. Lo máximo que hacen los medios es, de nuevo, recabar las opiniones de estas personas, pero no contar sus historias.
3. La superpolitización de casi toda la prensa latinoamericana ¿no es acaso un efecto de su reducidísimo mercado, formado por las capas superiores de la sociedad más su clientela? ¿Es ese el camino?
La superpolitización de los grandes medios en el Ecuador es una paradoja: mientras más se politizan los medios menor es el conocimiento y la capacidad de decisión política de grandes sectores de la sociedad. Los medios, así como muchos otros sectores y líderes, contribuyen a un creciente analfabetismo político de los ecuatorianos porque se quedan en el discurso, en las palabras, y no profundizan, no contextualizan, no hacen memoria, no investigan, no abren espacios pluralistas y amplios para que los ciudadanos comunes puedan ejercer su derecho a la reflexión y a la crítica. La gente común cada vez más percibe que algunos medios construyen sus agendas a espaldas de los ciudadanos, que algunos medios confían demasiado en su intuición y en su experiencia profesional para la puesta en escena de temas pero ignoran que la realidad tiene muchos matices y expresiones. Muchos medios hacen un periodismo para ellos mismos, para sus jefes, para sus dueños, para sus amigos, para quienes ejercen el poder (“periodismo para quienes toman decisiones”, suelen llamarlo). Hacen un periodismo donde un laberinto de espejos les impide salir a ver que la realidad que bulle afuera es muchísimo más rica, diversa, plural, intensa, y que millones de personas no están atrapadas por la red de la hiperpolitización sino que viven el día a día con otras sensibilidades, otras urgencias, otros ritmos, otras maneras de asumir la existencia cotidiana, maneras y sensibilidades que no se cuentan en los medios.
4. ¿Por qué en toda América Latina de habla española, salvo la excepción relativa de Clarín en Buenos Aires, no hay ni un gran periódico internacional, como Le Monde o EL PAÍS, que tenga una implantación mundial? ¿Por qué las menguadas (y malísimas) secciones de Internacional de los diarios tratan mucho más (antes de Chávez y Morales) de Europa y Oriente Medio, por ejemplo, que de América Latina?
Los medios latinoamericanos se miran demasiado en referentes culturales ajenos y no en los propios. En el caso de la prensa escrita, los medios ecuatorianos admiran a El País o The Washington Post o The New York Times y hasta El Tiempo de Bogotá. Quieren parecerse a ellos dejando atrás la posibilidad de ser originales, de armar procesos periodísticos con base en sus propias identidades, de construir latencias y formas de expresión propias, de proponer al mundo miradas distintas y plurales de la realidad. Los medios latinoamericanos, en especial los ecuatorianos, carecen de grandes visiones y aspiraciones. Se conforman o resignan con intentar ser buenos periódicos nacionales y ni siquiera este concepto lo tienen claro, primero porque cada vez es más difuso y abstracto ese concepto de periódico nacional (en especial en un país dividido, segmentado y con un regionalismo enfermizo); segundo porque los medios locales cada vez adquieren mayor fuerza pues están más cercanos a la comunidad; y, tercero, porque hace falta soñar, planear y ejecutar grandes iniciativas periodísticas que marquen liderazgo y nuevos caminos en el propio país y en la región.
Los espacios que esos medios conceden a la información internacional son, por lo general, mal concebidos. En unos casos hay una manera elitista y demasiado elevada de seleccionar temas que se sienten lejanos o intrascendentes porque falta contextualización y análisis. En otros casos se ponen las noticias según la jerarquización enviada desde CNN, agencias internacionales de noticias y de los sitios de internet pero no según lo que el propio medio considera importante para su público. Adicionalmente, es patético encontrar en las salas de redacción áreas de Internacionales donde sus periodistas no tienen la capacidad de “aterrizar” los temas del mundo y explicarlos y contextualizarlos en función de cuánto debe importarle al lector ecuatoriano lo que ocurre con la invasión a Irak o la matanza a estudiantes en una universidad de Virginia. Existe, entonces, cierta incapacidad de acercar los temas al interés del lector local sin percatarse, muchas veces, de que, por ejemplo, porque el petróleo es nuestra principal fuente de ingresos, todo lo que ocurra o no ocurra en Irak incide en el precio del crudo y, por tanto, en el dinero con el que cuenta el estado ecuatoriano para sus planes.
5.¿Es un peligro Internet para la sobrevivencia de la prensa de papel en América Latina?
Definitivamente no. El gran peligro para la prensa de papel es su propia mediocridad, su incapacidad de actualizarse, sus movimientos de pesados elefantes, su distancia del ciudadano común, su lentitud para entender la necesidad de buscar y reflejar y contar lo que ocurre con muchísimos sectores sociales que no aparecen nunca o casi nunca en las páginas de los diarios. Mientras la prensa de papel insiste en viejas y obsoletas pràcticas periodísticas, mientras la prensa de papel se queda en lo que ocurrió ayer y duerme hasta el día siguiente, los blogs y los periódicos digitales están vivos, respiran y laten cada minuto. El reto para la sobrevivencia de la prensa de papel es cambiar profundamente sus maneras de enfrentar, agendar y contar la realidad. Como dice el periodista norteamericano Roy Merrit, los diarios que no cambian merecen extinguirse.