Archivos para Octubre 2007

28
Oct
07

el medio nocivo

 Por Rubén Darío Buitrón

 El medio nocivo se fortalece a sí mismo en la medida en que debilita la capacidad de discernimiento de sus audiencias.

Tanto es así que cuando se quiere debatir el efecto negativo que producen sus contenidos sobredimensionados, poco basados en la realidad y que apelan a las emociones humanas básicas para lograr elevadas audiencias, con frecuencia se escucha que “dan al público lo que quiere”.

Pero no es así. Los medios tienen, como deber ético, aportar a que los ciudadanos sean capaces, por sí mismos y no por inducción o manipulación, de tomar decisiones que van desde lo cotidiano hasta lo estructural.

Parte de la misión de la prensa consiste en desmitificar las falsas creencias populares y en ponerlas en tela de juicio. Pero es imposible hacerlo cuando se está pensando en cómo va a reaccionar el público para tratar de agradarle.

He aquí el problema esencial alrededor de la ética en el manejo de la información pública: los ciudadanos llegamos a conocer la realidad –una mínima porción de la realidad- no por lo que vemos o sentimos sino por lo que nos dicen los medios.

La distancia se profundiza cuando el ciudadano consciente de sus derechos exige a los periodistas honestidad, rigor, equilibrio, pluralismo, contextualización y profundidad. Y entonces se produce una ruptura de mundos, una fisura entre perspectivas reales (lo que sucede afuera) y perspectivas creadas (lo que en las salas de redacción creen que sucede).

El comunicador norteamericano Maxwell McCombs afirma que “nuestro sentido cultural de lo que es nuevo e importante –nuestra agenda cultural- procede en gran parte de lo que vemos en la televisión”.

Entonces, si los medios considerados responsables y serios dependen de lo que diga la televisión (en especial, la mala televisión), estamos hablando de una multiplicación de formatos, contenidos y maneras manipuladoras, superficiales y segmentadas de informar al público.

En el mundo se afianza la tendencia -a mi entender equivocada porque asistimos a la frivolización de los contenidos-, de lo breve, lo corto, lo sintético, lo puntual, lo rápido.

En otras palabras, la prensa escrita y la radio dan batalla a la televisión en el terreno que esta les propone. Y como este enemigo (conocido en Europa como “telebasura”) domina el escenario y es el medio de mayor impacto, se vuelve referente de sus competidores de audio y de papel, reina en los contenidos noticiosos contemporáneos la falta de contexto, seguimiento e investigación y dejan huérfano al ciudadano interesado en entender su propia historia.

¿Qué actitud tomar en las salas de redacción? Cambiar desde adentro. Sostener y sistematizar una autocrítica profunda y honesta. Construir agendas más aterrizadas en la realidad cotidiana y en los intereses de la comunidad, de la gente común. Y hay que hacerlo antes de que la sociedad nos rebase y nos deje atrás.

20
Oct
07

del poder mediático al poder ciudadano

Primero “se programa un ordenador para producir diariamente noticias adaptadas a los resultados de las encuestas. Luego se pregunta a la gente qué noticias prefiere, cada cuánto tiempo quiere que ocurran y qué detalles le gustaría más leer. ¿Hay que informar sobre una catástrofe aérea una vez al mes o con mayor frecuencia? ¿Conviene que se descubran juguetes infantiles entre los restos de un avión? Cuando se produce un asesinato, ¿es mejor que la víctima sea una niña pequeña, una anciana o una embarazada soltera? ¿Es preferible que el cadáver aparezca desnudo o en ropa interior?”.
Esta irónica ficción del escritor británico Michael Frayn, citada por David Randall en su libro “El periodista universal”, muestra cómo los medios tienen en sus manos la posibilidad de someter a sus audiencias: la prensa puede llegar a controlar segmentos importantes de la vida de la gente (sus decisiones, opiniones, elecciones) gracias al manejo de agendas temáticas que le generen réditos sobre la base de un alto rating atado al hechizo de lo banal, frívolo, superficial, fácil.
Frayn pone el dedo en la llaga de una de las peores desviaciones del periodismo: la mercantilización de las noticias como atracción de supermercado.Stella Martini refuerza el tema: “Dos problemas graves acechan a la noticia: su oferta y circulación como cualquier mercancía y, en relación directa, su espectacularización, que desplazan el eje de relevancia y trivializan el interés público. La consigna es posicionarse con ventaja en el mercado, y entonces la oferta noticiosa resulta un cóctel de información y entretenimiento, de temas pesados e intrascendentes, banales, escandalosos o macabros, de argumentación y narración, de tragedias contadas como películas de acción. A esos públicos se dirigen los medios más desde la conmoción que desde la argumentación”.
Si el periodismo es, en esencia, un servicio destinado a la atención de un derecho ciudadano fundamental como es el de la información pública en beneficio de conocer y conocerse, el hecho de que las agendas temáticas se resuelvan en las salas de redacción –a espaldas de la sociedad y del público- evidencia que en esas salas de redacción no tienen la actitud de servir realmente a sus públicos, peor la sensibilidad y apertura mental para ponerse en los zapatos del prójimo, de los otros, y desde allí intentar, al menos, un proceso de repensamiento de la manera en que expresan la realidad para entregar al público los contenidos que este necesita y no los que, supuestamente, quiere.
Los periodistas tienen, como principal deber ético, aportar a que los ciudadanos sean capaces, por sí mismos y no por inducción o manipulación, de tomar decisiones que van desde lo cotidiano hasta lo estructural. Los nuevos tiempos demandan que el poder lo tengan los ciudadanos gracias a un periodismo que hable desde los propios ciudadanos.
(Fragmento de la ponencia sobre Poder, ética e información, expuesta en el Tercer Congreso Latinoamericano de Comunicación. Loja, 17 de octubre del 2007).

17
Oct
07

10
Oct
07

niños, ratings y derechos

Por Rubén Darío Buitrón 

Un niño asesinado por una bengala, otro por un bus de transporte público que se va encima de la buseta escolar, otros dos exorcizados por diablos y llevados al infierno.

Cuando un menor de edad es víctima de una sociedad violenta, agresiva y analfabeta de sus derechos no es el momento para que esa sociedad se ponga de pie. Es el momento mediático para conmover el alma de la audiencia, sacudir el corazón del público, promover el miedo y el espanto social porque todos tenemos niños en nuestro entorno: somos hermanos, padres, tíos, abuelos,

padrinos, amigos del papá, parientes de la mamá. Lectores asegurados. Rating fijo. Sintonía cautiva.

En el afán de captar todos los targets sin que importen el nivel y la calidad, la ética periodística y el respeto a la dignidad infantil parecen quedarse ocultos al fondo de un cajón del escritorio.

Las puestas en escena son temerarias: un prestigioso noticiero de televisión realiza una entrevista “exclusiva” al niño que estuvo junto a Carlitos Cedeño en la suite del estadio de Barcelona. La reportera hace preguntas insistentes, induce, provoca, lleva al entrevistado adonde ella supone que el público se conmocionará: primer plano del rostro del niño mientras responde nerviosamente

las preguntas. Primerísimo primer plano de los ojos para evidenciar cómo brotan las lágrimas.

Luego aparecen el ministro de Gobierno y el presidente de la Ecuatoriana de Fútbol. Se viven tiempos electorales y, sin ningún rubor, el ministro dice que ya está identificado el autor. Mientras tanto, el dirigente futbolero, experto en driblar responsabilidades, “entrega al país” un reglamento contra la violencia en los estadios.

El mal periodismo sigue la brújula que le imponen las fuentes oficiales: como el tiempo apremia para el ministro, la Policía detiene a un hincha barcelonista. Noticieros y periódicos publican la fotografía y muestran su rostro en primer plano. Aún no se iniciaban las investigaciones de la Fiscalía y ningún juez había abierto el proceso, sin embargo ese ciudadano ya fue estigmatizado y condenado por los medios.

¿Se analizó en las salas de redacción la responsabilidad que implicaba exhibir el rostro de una persona para lavar las culpas de muchas? ¿Se pensó en que el testimonio del amigo de Carlitos fue un acto de revictimización y un atentado contra sus derechos? ¿Se reflexionó antes de difundir en grandes titulares de prensa y amplios espacios televisivos la muerte de dos niños en Quito, asegurando que fue “obra del demonio”? ¿Se consideró la posibilidad de que el padre del niño fallecido en un accidente de tránsito no hubiese querido aparecer ante las cámaras mientras recogía el cadáver de su hijo y sentía el despojo más violento de su vida?

El desconocimiento de las leyes y los principios jurídicos no eximen de culpa al infractor. Publicar una noticia antes de investigarla, solo por vender escándalo y dolor, es una violación a los derechos humanos.

Dicen que el periodismo debe aportar a la construcción de una sociedad sensible, crítica, solidaria, respetuosa, digna. Suena bien, pero cada vez más parece una utopía. 

07
Oct
07

02
Oct
07

Nuevo ciudadano, ¿nuevo periodismo?

Por Rubén Darío buitrón

 

Un país en construcción demanda un periodismo en construcción. Un país que se apresta a cambiar la estructura de la sociedad demanda cambios en el periodismo.

¿De dónde deben venir los cambios en el periodismo? Desde el periodismo.

Empecemos por admitir que en la mayoría de medios, no todos, algo está fallando.

Con frecuencia nos colocamos a distancia de los hechos y nos arrimamos demasiado a las opiniones.

Armamos las agendas cotidianas sin considerar la diversidad de las demandas informativas del público.

Creemos que nuestra lectura particular de la realidad es la lectura general de la realidad.

Imaginamos escenarios a partir de percepciones pero olvidamos que una percepción es una mirada subjetiva y fragmentada de lo que ocurre afuera, lejos de las salas de redacción.

Priorizamos en las agendas informativas temas de la política, la economía, la comunidad, el deporte, la cultura y la farándula desde el punto de vista de los actores convencionales, en especial desde las perspectivas de los distintos poderes tradicionales.

Debemos repensar el periodismo. Repensar los métodos para hacer periodismo. Las reflexiones y la autocrítica en las salas de redacción apuntarán en la dirección correcta solo si ellas son fruto de análisis democráticos, maduros, suspicaces, agudos, profundos y contextuales de lo que ocurre en la sociedad. La autocrítica solo tendrá sentido si aprendemos de ella y no nos empantanamos en el autoflagelamiento y la culpa.

Aprendamos a leer la realidad, la coyuntura y los procesos desde sus propias dinámicas y no desde nuestra burbuja.

La corrupción, los intereses mezquinos, la negligencia y la incapacidad de los líderes políticos impidieron al Ecuador conseguir los más elementales acuerdos para avanzar en la dirección de la justicia, la democracia y el progreso colectivos. Ese esquema de país, esa estructura estatal ha quedado en ruinas.

Un nuevo modelo de ciudadano parece emerger entre los escombros de aquella torre de Babel que el pasado 30 de septiembre, estrepitosamente, ha terminado de caer.

Los medios y los periodistas necesitamos renovar nuestra manera de leer lo que exige ese ciudadano. Necesitamos tender puentes con los sueños, proyectos y demandas de ese ciudadano.

Si se vienen tiempos nuevos para los ecuatorianos, se vienen tiempos nuevos para el periodismo. No debiéramos convertirnos en actores políticos a menos que lo confesáramos abiertamente y pasáramos a ejercer el rol de activistas ideológicos o relacionistas públicos de grupos de poder. No debiéramos cavar trincheras junto a quienes en 1999, desde la economía y la política, quebraron el país y desde sus posiciones de presión se niegan a rendir cuentas a la sociedad.

Está naciendo un ciudadano democrático, crítico, sereno, equilibrado y plural que aprende las lecciones del pasado. Es el momento de un periodismo democrático, crítico, sereno, equilibrado y plural que aprenda las lecciones del pasado.