Archivos para Noviembre 2007

27
Nov
07

el ciudadano plural

 Por Rubén Darío Buitrón

 

La Asamblea Nacional Constituyente tuvo un origen y tiene un destino: el ciudadano plural.

A él se debe. Con él asumió un compromiso. Por él le toca manejarse con responsabilidad y coherencia. A él le rendirá cuentas.

El ciudadano plural es raíz y fruto de la sociedad. Una sociedad nueva que se construye a sí misma, que no quiere tutores ni caciques, que busca canales para expresar su voz, que intenta expresarse en la diversidad, el respeto al otro, el servicio al bien común, la lucha contra los privilegios, la inequidad, la injusticia, la impunidad, los centralismos, las exclusiones.

El ciudadano plural se siente dueño de su vida, parte esencial de la cotidianidad, vecino responsable y propositivo, protagonista exigente de los medios de comunicación, actor fundamental de las deliberaciones más importantes para el país, votante consciente y decidido a exigir que los mandatarios que él eligió (presidente, gobierno, asambleístas, representantes locales, dirigentes sociales) cumplan su deber.

El ciudadano plural edifica una democracia participativa donde los debates, la confrontación ideológica y las resoluciones que tomen los mandantes tienen, inobjetablemente, que tomar en cuenta su opiniòn, su punto de vista, su interés, su necesidad, su urgencia, sus demandas, sus cansancios, su determinación para que los cambios estructurales tengan directa relación con lo que él anhela.

Y en esa responsabilidad corresponde que todo lo que se decida haya sido previamente deliberado.

La deliberación es la expresión más alta de la democracia. Una manera de contar con el concurso de todos los ecuatorianos en los momentos donde se toman las decisiones más relevantes y trascendentes para el futuro de la nación.

Es el ciudadano plural, la sociedad diversa, quien debe construir las leyes y la nueva constitución. El ciudadano plural no cree que la vida es blanco y negro, tiene conciencia de que un país no es libre si lo ata el pasado, camina dos pasos más adelante de los políticos y los medios, es auténtico, sincero, transparente, con altas dosis de patriotismo y ligeras porciones de ingenuidad y utopías.

El ciudadano plural quiere paz, trabajo, perspectivas, sueños. No desea concentraciones de poder, abismos entre pocos ricos y muchos pobres, sistemas intrincados de corrupción, cambios de dueños del país, persecuciones a quienes desde adentro de la tendencia discrepan con la masa.

El ciudadano plural quiere que sus derechos no se queden en el papel. Que sus responsabilidades contribuyan de manera sustancial al florecimiento del país. Que nadie se sienta rechazado, expulsado, desvinculado, marginado. Que no lo manipulen. Que lo dejen crecer, madurar, ser cada día más crítico y reflexivo. Que la felicidad sea el gran proyecto de todos, que la alegría deje atrás a los pesimistas, a los escépticos, a los mercaderes políticos de la pobreza y la angustia.

El ciudadano plural no permitirá que la Asamblea olvide quiénes y para qué la concibieron, fecundaron y parieron.

16
Nov
07

poder político y ética informativa

¿ Quiénes deben tomar las decisiones sobre los contenidos informativos que necesitan los ciudadanos para acercarse a la realidad, interpretarla y tomar decisiones sobre ella? Los ciudadanos. Una sociedad ejerce la democracia mediática cuando quienes tienen la palabra son los afectados, la gente a la cual perjudica o beneficia cada decisión del poder político.

¿Quiénes son los afectados, perjudicados o beneficiarios de las decisiones del poder político? Los ciudadanos. Son ellos quienes tienen el deber y el derecho de construir el modelo de comunicación que se adapte a sus necesidades, a su historia colectiva, a su historia cotidiana, a la búsqueda de caminos para llegar al pais que ellos quieren: diverso, inclusivo, amplio, respetuoso.

Es cierto que a los ciudadanos les corresponde exigir que las políticas mediáticas de las empresas periodísticas privadas tengan el objetivo de educarnos, de darnos luces, de crear espacios pluralistas y abiertos donde ejerzamos la libertad de opinar, aportar, expresarnos, deliberar, debatir, aportar con ideas constructivas. Les corresponde exigir que esas políticas les entretengan, diviertan y eduquen estéticamente con respeto y buen gusto. Pero también es cierto que esos derechos no terminan allí. Más bien se fortalecen y refuerzan frente a las políticas estatales de información.

Así que, en este caso, a los ciudadanos les toca, con mayor razón, incidir directamente en las líneas maestras de comunicación, conminar a quienes les representan -o dicen representarlos- a que desde sus distintas posiciones de poder garanticen el derecho de todos a la información oportuna, directa, sin restricciones, sin filtros.

Hace dos meses, en un debate pre-electoral sobre medios de comunicación escuché, con cierto asombro y mucha desazón, que uno de los asistentes, identificado como apasionado seguidor de Alianza País (AP), dejó en escombros el trabajo de la prensa y los periodistas ecuatorianos y planteó la necesidad de que cuando AP llegue a la asamblea y sea mayoría absoluta haga lo mismo que han hecho, según él, los poderes mediáticos: control de contenidos, restricción de espacios a la oposición, apoyo irresctricto al gobierno.

Mi respuesta en aquel foro fue que si en realidad AP dice ser la alternativa a la partidocracia debería tener cuidado sobre su concepción del poder y debería ejercerlo de la manera en que espera la mayoría ciudadanía que confía en ellos.

Muchos ecuatorianos tienen fe en que AP es un proyecto distinto, nuevo, capaz de escuchar, con sentido de que el poder político democrático implica no tomar resoluciones arbitrarias. Por eso, cuando escucho versiones, aparentemente no oficiales, de que podría haber restricciones “técnicas” a la cobertura periodística de los medios en la Asamblea me niego a creer que sea un problema de infraestructura. Más bien sospecharía que detrás de esas declaraciones, ahora desmentidas, podría esconderse una actitud reduccionista y maniquea que se sintetice en que a las medias verdades del pasado hay que responder con las medias verdades del futuro.

Cuidado. Una ética a espaldas de los derechos de los ciudadanos no es lo que espera el alto porcentaje de ecuatorianos que confía en AP.

07
Nov
07

el desafío de Montecristi

 Por Rubén Darío Buitrón

 

La próxima Asamblea Nacional Constituyente será decisiva para el futuro de la sociedad ecuatoriana. Pero también será decisiva para el futuro del periodismo ecuatoriano.

Se trata de un desafío gigantesco: una ciudadanía activa, cuestionadora y crítica, como la que cada día se multiplica en el país, exigirá que la prensa no se limite a la información de registro de lo que ocurra en Montecristi sino que convierta sus medios en amplios espacios de debate donde todos los sectores, sin exclusiones, favoritismos o desequilibrios, puedan expresar sus puntos de vista.

He ahí un primer reto para el periodismo: diversificar las voces, construir una opinión pública multicolor, buscar nuevas sensibilidades, indagar en las raíces de aquello que los políticos y los sociólogos suelen llamar “el Ecuador profundo” y tener el talento y la capacidad profesional de expresar las necesidades, las urgencias, las demandas y, sobre todo, la realidad de ese “Ecuador profundo” que muchos no conocemos.

Que los periodistas asignados a la cobertura de la Asamblea deberán contar lo que suceda allá adentro es una verdad de Perogrullo. Pero, cuidado: esta aparente obviedad pueda transformarse en justificación para no ahondar, no contextualizar, no profundizar. Quedarse en la piel de los hechos, limitarse a difundir opiniones y no investigar los entrelíneas y los silencios del proceso.

A un país que cruza los dedos para que la Asamblea produzca una Constitución más equitativa, democrática y socialmente incluyente no se le puede informar de manera epidérmica ni sesgada. Tanto los medios privados como los públicos (recordemos que para la apertura de los debates en Montecristi ya estará en funcionamiento el canal estatal en las frecuencias 48 y 49 UHF) tienen la obligación de convertir en opinión pública los grandes temas que interesan a los ecuatorianos.

Ese país quiere participar directamente en la Asamblea y solo la prensa puede posibilitar que los distintos sectores ideológicos, económicos , étnicos, de género, etc., sin censuras ni prejuicios de ninguna índole, ejerzan su derecho a debatir, discutir y reflexionar sobre cada uno de los puntos que los asambleístas pongan sobre la mesa.

He ahí un segundo reto para periodistas y medios: trascendentalizar los temas, dimensionar la relevancia de lo que allí se decida o no se decida, convertirse en espacios de observación, veeduría, vigilancia y rendición inmediata de cuentas. Los elegidos tienene la obligación de representar a sus electores y la prensa jugará, en este escenario, un papel clave.

Los asambleìstas -y no es figurativo lo que intento decir- deben sentir que doce millones de ecuatorianos están en Montecristi vigilando cada uno de sus pasos.

Mucho de lo que suceda o no suceda en la Asamblea tendrá que ver con la capacidad del ciudadano para involucrarse, exigir que se le escuche e incidir en las deliberaciones.

Parafraseando la publicidad oficial, la nueva Constitución será de todos, pero solo a condición de que cada uno -desde el periodismo, desde la ciudadanía, desde la polìtica, desde los distintos actores- cumpla su rol histórico.

Que nadie diga después que no se le advirtió.

01
Nov
07

medios, mitos y caminos

Por Rubén Darío Buitrón

Que los medios de comunicación privados tienen que ganar dinero es una verdad incontrastable. Pero también lo es que ese dinero, prestigio y poder solo tienen sentido social si se convierten en vehículos de servicio al bien común.

Lo dijo en Loja, durante el reciente Congreso Latinoamericano de Comunicación, la filósofa, pedagoga y comunicadora española Adela Cortina.

Para ella, el desafío de los medios es generar opinión pública madura: solo esa opinión pública produce ciudadanos y pueblo. Ciudadanos y no vasallos. Pueblo y no masa. Ciudadanos que piensen, reflexionen, sientan, elaboren tesis y visiones propias de la realidad y, por tanto, opciones concretas para cambiar la realidad desde un proyecto ciudadano de largo plazo y no desde el poder polìtico coyuntural.

La pedagoga fue explícita: “Si en una sociedad solo existen vasallos y masa puede gobernarlos cualquier caudillo y manipulador. La masa es vulnerable y peligrosa porque en ella no hay ciudadanos que piensen, deliberan y critiquen sino vasallos que obedecen”.

¿Cómo aportar desde los medios a construir ese ciudadano? Adela Cortina propone derrumbar los mitos que han hecho daño a los medios y, en consecuencia, a la sociedad que recibe sus mensajes. Algunos de esos mitos:

Los medios son independientes. No. Todo medio tiene una posición sobre la realidad. Lo importante, para el ciudadano, es que el medio se acerque a la realidad y la refleje de la manera màs honesta posible.

Los medios son imparciales. Imposible. ¿Imparciales frente a qué? Todo medio tiene un sesgo, una manera de asumir lo que ve y cuenta. La imparcialidad no existe, pero sí la exigencia ética de contrastar fuentes y poner en escena a todos los actores del hecho.

Los medios son formadores de opinión. De acuerdo, pero si son responsables deben abrir sus espacios a quienes sean capaces de presentar opiniones de calidad, tesis y propuestas sustentadas.

Los medios defienden la libertad de expresión. De acuerdo, pero su obligación es abrir el abanico de voces. Deben ser espacio de reflexión y deliberación social, por tanto les corresponde potenciar no solo la expresión de sus columnistas y periodistas, sino de todos los ciudadanos. De hecho, en algunos diarios las opiniones más inteligentes no encontramos en las columnas sino en las cartas de los lectores.

Los medios reflejan la realidad. Sí, pero una porción de la realidad y según lo que el medio cree que es la realidad. Hay que salir a la calle, asumir una actitud de sensibilidad y aprehender mejor la realidad.

Los medios interpretan a la gente. Vivimos el siglo de los afectados, marginados, excluidos, silenciados. Son ellos quienes deben contar sus historias. Los comentaristas y analistas pueden aportar entendimiento teórico, pero la realidad solo pueden expresarla los propios afectados.

¿Cuánto nos falta a los periodistas ecuatorianos para llegar a ese nivel mediático y ciudadano? No lo sé con precisión. Pero hay que empezar a caminar hacia allá en sintonía con la gente común, con sus necesidades, urgencias, demandas, sueños y aspiraciones. Lo contrario será traicionar el oficio.