Archivos para Diciembre 2007
el boicot mediático
bailando contra el mundo
bailando contra el mundo
Por Rubén Darío Buitrón
Cuando la bailarina argentina Laura Fidalgo denunció que los jurados del concurso Bailando por el Mundo calificaban por simpatía y no por técnica, dijo más de lo que quiso decir.
Juan Sebastián López (Juancho), el ecuatoriano, tampoco se quedó callado: a él le pareció extraño el sistema de evaluación y lo dijo abiertamente.
periodismo desconectado
Por Rubén Darío Buitrón
¿Qué tuvo que suceder para que los medios de comunicación se sensibilizaran con la situación de miles de pasajeros de las compañías aéreas en el Ecuador?
¿Qué ha tenido que ocurrir para que los medios se enteraran de que miles de personas han vivido angustia, desamparo, indiferencia y quemimportismo durante más de un mes y medio en el aeropuerto de Quito?
¿Por qué cada vez es mayor la sensación de que los periodistas y los medios vamos uno o dos pasos atrás de la vida de la gente común, que no la entendemos, que no nos conectamos con ella?
Me hago estas preguntas desde la más honesta autocrítica a nuestro ejercicio profesional. Me las hago desde el cuestionamiento más profundo a nuestra incapacidad de percibir lo que ocurre en la realidad, en el entorno, en la vida cotidiana, en las calles, en las estaciones de buses, en los taxis, en los hospitales, en los aeropuertos, en las escuelas, en los barrios, en los lugares donde fluye, estalla y se estremece la vida simple y sencilla.
Me las hago desde la urgente necesidad de repensar la manera en que estamos haciendo el periodismo.
Por ejemplo, criticamos al poder político pero hacemos el periodismo político que a ese poder le interesa: sobredimensionamos sus decisiones, los volvemos protagonistas de los espacios mediáticos más importantes, buscamos sus opiniones como si fueran oráculos.
Y ahí nos quedamos.No propongo dejar de hacer periodismo político.
Al contrario: estoy convencido de que al poder político hay que exigirle, desde la sociedad y el periodismo, rendición de cuentas.Una rendición de cuentas, sin embargo, inteligente y puntual desde el cuestionamiento, desde el análisis documentado, desde la contextualización, desde los cómos y los porqués, no desde el registro simple, desde la declaracionitis o desde percepciones basadas en lo que a mí o a usted “no nos gusta”.
Pero el periodismo contemporáneo y el periodismo del futuro tienen otros ejes, otros desafíos.
Sobre todo, los de contar historias, poner en escena las necesidades, las alegrías, las vivencias humanas que ocurren más allá (y más acá) de la política, la macroeconomía, las noticias sin condumio.
Ahora, como en el caso del aeropuerto de Quito y sus miles de dramas que los medios ignoramos, ¿tenemos los periodistas que vivir por nosotros mismos las experiencias para poder contarlas? ¿Y si alguien nos las cuenta?
Existen muchas maneras de hacer periodismo de la gente común. No pienso que existan recetas pero, si se intenta una, es agudizar la sensibilidad.
Los periodistas tenemos la obligación de caminar, sentir, escuchar, percibir, sintonizarnos, captar en qué anda la gente.
¿Otra fórmula? Salir a las calles, mirar, conversar, preguntar. Sobre todo, preguntar. Acercarnos sin prejuicios, tender puentes, conectarnos. Preguntar. Preguntar mucho. Quitarse la corbata, dejar el escritorio, salir al mundo con ojos limpios y curiosos, mirar la realidad más allá de lo aparente. Hágamoslo. No es tan difícil.
Rubén Darío Buitrón
Algunos directores, jefes de redacción, columnistas y editorialistas que no comulgan con las ideas del presidente Rafael Correa han optado por atacarlo abiertamente.Según ellos, todo lo que hace el Gobierno nos está llevando al apocalipsis nacional.
Juan Fernando Salazar (El Comercio) dice que “al menos el 70 por ciento de columnistas son críticos del régimen”.
Carlos Jijón (Hoy) suele argumentar que el hecho de que una amplia mayoría haya votado por el Gobierno no significa que el periodismo deba ser eco positivo de ese pronunciamiento popular.
En la misma línea, algunos colegas afirman que tienen derecho a ser actores políticos porque son ciudadanos que sienten, perciben y conocen. Por eso afirman que la decisión popular “no quiere decir que el pueblo tenga la razón”.
Los respeto, pero creo que se equivocan: el periodista no puede reemplazar a los políticos y partidos que hoy son minoría por sus propios errores, mucho peor cuando estos nos gobernaron treinta años rodeados de corrupción, negligencia, incapacidad y estrechas vinculaciones con los poderes más nefastos.
¿Quiero decir que el periodista no debe ejercer la crítica? Todo lo contrario: es su deber. Es uno de los grandes valores y esencias de su trabajo.
Pero crítica no significa subjetividad ni maniqueísmo. La crítica, bien concebida, es análisis, reflexión, confrontación de argumentos, madurez, respeto, honestidad para reconocer lo que “el opositor” hace bien y contundencia documentada para señalar los errores gubernamentales.
Para hacer un comentario orientador basta con ser equilibrado y sereno. Estar bien informado. Analizar la realidad desde los hechos concretos y no desde la enceguecedora pasión ideológica. Es difícil ser justo. Pero es lo que corresponde al periodismo ético.
Rubén Darío Buitrón
Que el periodismo es vida pura no me queda duda. Que es acercarse a la realidad lo más honestamente posible pero no desde las suposiciones sino desde lo que se ve, se escucha, se comprueba.
Estuve en Caracas durante el proceso que terminó con la estrecha derrota de la propuesta constitucional chavista.
Vuelvo al Ecuador y, por curiosidad profesional, reviso la prensa internacional de esos días.
Reflexiono: el periodismo está en crisis. Hemos dejado de pisar tierra, sudar la camiseta y gastar zapatos. Escribimos desde la mesa de trabajo basados en percepciones y no en hechos. A veces me da miedo formar parte de esta extraña especie que somos quienes tenemos el deber de explicar al mundo lo que es el mundo.
En nuestras manos está la responsabilidad de informar, orientar, dar elementos de juicio al público. Pero no lo estamos haciendo bien, con ética y desde el oficio, sino desde la ideología. Decimos lo que creemos y no lo que en realidad es.
Con razón, Néstor Busso, argentino, suele decir que cuando llega a una nación extranjera y recorre sus ciudades, “el país que veo en la televisión no es el país que siento en las calles”.
Pongo ejemplos.
Primer maniqueísmo: Venezuela está partida en dos. Mentira. Existe una enorme diversidad de pensamiento. Incluso dentro del chavismo hay sectores reflexivos, serenos, centrados, que frenan a los radicales fanáticos e intolerantes.
Segundo maniqueísmo: Chávez está perdido. Quien asegure aquello no se ha enterado de que aún le quedan cinco años en el poder, que sus militantes son mayoría absoluta en la Asamblea y que el Presidente puede gobernar por decretos especiales (sin ir a la Asamblea entran en vigencia).
Tercer maniqueísmo: La gente se muere de hambre y nadie puede hablar contra el Gobierno. En el restaurante Sazon Grill, de La Candelaria, un grupo de opositores bebe whisky Something Special (60 dólares en bolívares). De pronto inundan el salón cantando consignas contra Chávez. Nadie se acerca a pedirles que no lo hagan o, peor, censurarlos.
Cuarto maniqueísmo: El populismo hace daño a los pobres. Falso. Los pobres no son politólogos. Su realidad es que reciben salud y educación gratuitas, alimentación subsidiada y vivienda propia a largo plazo.
No digo que esté bien o mal. Digo lo que vi.
Vi la corrupción e ineficencia de la burocracia. Vi que Chávez calculó mal el momento para proponer sus reformas, justo cuando la gente reclama contra los burócratas, exige que se pare la inseguridad urbana y que se ponga fin a la escasez de leche que el gobierno no ha podido frenar.
Vi que por eso fue que tres millones de chavistas que no fueron a votar.
Les cuento a los medios internacionales, por si acaso quieran enterarse que, como decía Kapuscinski, hay que salir de los hoteles cinco estrellas y sudar la calle para contar la realidad.