Por Rubén Darío Buitrón
Desde la euforia y la pasión de sus tarimas, los líderes políticos decidieron que el país se divide en dos mitades.
En esa lógica, a todos los ecuatorianos nos toca ubicarnos detrás de una u otra visión.
¿Se trata solamente de una hábil estrategia de asesores, investigadores de mercado y expertos en “media training”? No.Es evidente cierta voluntad de control ideológico, cierto plan de unanimismo que apunta a convertirnos en impersonales papeletas de votación, en seres sin rostro que portan carteles, banderas y pancartas, en cifras para proyecciones matemáticas, en porcentajes para encuestas, en peones de un ajedrez que niega el derecho ciudadano a decidir el destino de la nación por fuera de intereses personales, partidistas o de grupo.
En ese supuesto se esconde la tesis de que los ciudadanos comunes somos una masa de plastilina lista para asumir la forma que requiera el caudillo o el cacique.
En ese esquema no cuenta el sujeto social. No se considera el rol protagónico del ciudadano que intenta ser coherente, que no se somete a directrices partidistas, que no medra en la burocracia nacional o local, que no se beneficia directa o indirectamente del ejercicio del poder, que no aplaude desde el fanatismo o el desconocimiento, que no cree en medias verdades.
El mercadeo pre-electoral asume que el ciudadano no delibera, no debate, no tiene ideas, no reflexiona, no decide, no discierne, no construye su imaginario de país, no es capaz -desde la familia, la calle, la plaza, el barrio- de proponer su modelo de la sociedad.
Todo parece reducirse, entonces, a declaraciones y manifiestos emotivos sin sustento en la realidad.
Los abanderados de las dos visiones no nos dicen qué proyecto concreto de país tienen, qué asumen como democracia, qué proponen para un diálogo tolerante y conciliador, cómo piensan afrontar el disenso, qué cuentas rinden sobre el manejo de sus administraciones, por qué olvidan la importancia de comunicar y lo reducen todo a invertir cientos de miles de dólares en desafiantes avisos publicitarios.
En el Ecuador existen innumerables visiones de país, pero son visiones que no se toman en cuenta en los exclusivos círculos de poder y que la prensa, en su mayoría, tampoco recoge: los periodistas no las percibimos o las ignoramos porque estamos atrapados en la magnitud del discurso de quienes hemos convertido en héroes o antihéroes mediáticos.
El desafío es tomar distancia del poder. En este caso, y con mayor razón, de la supuesta dicotomía.Mientras eso no suceda los periodistas no entenderemos la necesidad de desmontar y reinterpretar conceptos y entrelíneas del poder.La alternativa es armar una agenda propia desde los intereses, demandas y necesidades de la gente común.Lo otro es oficiar de voceros (conscientes o inconscientes) de la exclusión y el maniqueísmo.