Archivos para Febrero 2008

28
Feb
08

el espectador

 Por Rubén Darío Buitrón 

¿Cuál es el criterio de los noticiarios de televisión cuando en la sección de Farándula aparece una nota de pocos segundos en la que el cantautor cubano Silvio Rodríguez opina sobre la transición del poder en la isla?¿Cómo se arma la pauta para que la reflexión política de un importante artista y poeta del continente se convierta en una información tan fugaz como el paseo de las candidatas a Miss Ecuador por las provincias mientras cuidan la línea?Es difícil comprender cuáles son los criterios para que un noticiero se vuelva un espectáculo superficial y vacío de contextualización sobre los hechos que el mismo noticiero pone en la agenda, como la extracción de un quiste a la súper modelo Noami Campbell, mientras se omiten importantes noticias culturales -entre ellas el premio Alfaguara de Novela al escritor Antonio Orlando Rodríguez o el por qué de la vigencia de un personaje mítico como Harry Potter en una sociedad pragmática y acelerada.Al final, al público le queda una mezcla de percepciones, incertidumbres, sensaciones, intuiciones, indignaciones y confusiones. Mezcla que no logra digerir porque inmediatamente viene la telenovela de moda o porque la barrera invisible que le ponemos para comprender los hechos lo hace un ser pasivo, reactivo e incapaz de entender su rol humano y ciudadano.Esa condición de espectador (alguien que mira un objeto o asiste a un espectáculo, según la Real Academia Española) no deliberante lo vuelve víctima de un fulgurante juego de imágenes, escenarios y retazos de testimonios que lo impactan pero no lo involucran para que decida actuar.Y no son solo los noticiarios. Si el televidente hace zapping verá otra realidad segmentada: el fútbol. Cae el poderoso equipo guayaquileño Barcelona a manos del modesto Espoli. Termina el partido. Los narradores se despiden. Dan paso al siguiente programa. No hay tiempo para dar luces a los desconcertados hinchas que necesitan saber qué pasa con el club, por qué pese a la inversión de 10 millones de dólares el equipo no camina. Es un periodismo de mucho vértigo y poca reflexión. Sabemos que todo hecho relevante tiene antecedentes y consecuentes, pero olvidamos este principio básico y contamos los acontecimientos de manera inconexa y aislada, no como parte de un proceso.Ejemplos: la secuela de las inundaciones por los años de imprevisión y negligencia, la crisis en la selección nacional por el polémico manejo de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, la información cultural que se queda en lo fashion de los premios Oscar y no nos habla de los méritos estéticos de los ganadores.Teóricamente, la función de la prensa es construir ciudadanía entregando a la sociedad elementos de juicio para entender la realidad.                                                                                                                                                             Pero eso dice la teoría, la práctica no: con razón el investigador Danny Schechter afirma que en el siglo XXI “tenemos más información pero menos herramientas para la comprensión”.  

21
Feb
08

la década robada

Rubén Darío Buitrón
Cuando reflexionamos sobre el impacto de la tragedia queda claro que no solo tenemos gobiernos nacionales y seccionales con el mayor índice de corrupción en el mundo sino, también, con un patético analfabetismo funcional que no les deja aprender las lecciones de la historia.
Hace una década lo vivimos. Extensas zonas de arroz, cacao, banano, plátano, azúcar y camarón bajo el agua. Carreteras destrozadas. Decenas de pueblos serranos incomunicados. Ciudades costeras semidestruidas. Decenas de barrios inundados. Una Defensa Civil incapaz de prestar atención digna a los damnificados. Miles de ecuatorianos enfermos. Mucho dinero de emergencia para obras urgentes que nunca se hicieron. Promesas de reconstrucción del sistema vial que nunca se cumplieron.
Una década más tarde termina la larga noche neoliberal que, según quienes hoy manejan el poder político, fue la culpable de esos males.
Pero el amanecer del socialismo del siglo XXI ya ha cumplido un año. Y si suponemos  que están al mando de la nación políticos jóvenes con visión integral de lo que debe ser el futuro, la realidad choca con la retórica.
Casi un mes después de iniciada la tragedia, el Presidente firma decretos de emergencia nacional y cede a las Fuerzas Armadas la iniciativa operacional y logística para el auxilio a los damnificados.
Los ministros se movilizan de Quito a Guayaquil en aviones para ofrecer ruedas de prensa en oficinas con aire acondicionado y botellitas de agua para refrescarse.
Suben a un helicóptero para mirar la tragedia desde la altura y tener algo que decir a los reporteros que los esperan abajo, pero no se enlodan los zapatos en las zonas anegadas, no sienten frío ni hambre, no sufren las carencias y enfermedades que atraviesan cientos de miles de angustiados compatriotas.
Alguien dirá que este análisis es injusto y ligero, que no se puede comparar un régimen de apenas 12 meses con la negligencia y corrupción de 30 años, pero, entonces, ¿cuánto habrá que esperar para comprobar la capacidad de previsión del Gobierno?
Las escenas de hace diez años y las de ahora muestran la misma imprevisión, insensibilidad e incapacidad de atender a quienes no suman en encuestas electorales o no tienen mecanismos de presión para exigir sus derechos.
Mi abuelo, que no creía en los políticos, solía repetir que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Yo pensaba que eso era un pretexto de quienes no hicieron nada para cambiar el país y se escudaban en el escepticismo.
Pero tenía razón. Las tragedias ecuatorianas muestran que ni el neoliberal(ismo) ni el social(ismo) han asumido y asumen con sensibilidad de futuro los problemas nacionales que realmente son estos, no los concursos de improperios y jugadas de ajedrez entre “pelucones” y “revolucionarios”.                                                                                                  Son las jugadas que a los periodistas y medios nos encanta poner en escena mientras relegamos a segundo plano nuestro deber ético: ser el escenario de rendición de cuentas de una década robada al desarrollo y a la equidad social.
16
Feb
08

lo que realmente importa

 Por Rubén Darío Buitrón
Mucha gente me llamó para contarme que en un programa de televisión del domingo pasado el Presidente ha dicho que me considera “un buen periodista”.
Yo también lo vi. Por ética y responsabilidad profesional me obligo a escuchar a quienes nos gobiernan. Lo hago también por deber ciudadano, porque creo que una de nuestras obligaciones como miembros de una sociedad en conflicto es aprender a leer lo que el poder nos dice y, sobre todo, lo que calla, lo que no nos dice.
En aquel programa el Presidente desenfundó su lanzallamas y arrojó todo el poder de fuego contra Carlos Vera, Emilio Palacio, Alfonso Espinosa y Jorge Ortiz, entre otros. Yo me salvé…
Fue curiosa la reacción de quienes me conocen y se tomaron la molestia de llamarme. Unos me felicitaron porque el Mandatario “respeta al menos a un periodista”. Otros, compasivos, me dijeron que no sabían si eso “era bueno o malo” para mí. Y otros estaban sorprendidos, pues mi último encuentro con el Presidente en una entrevista fue bastante conflictivo.
¿Me suma o resta la opinión presidencial? No. Yo rechazo que el poder califique o descalifique a sus opositores y a sus críticos por una opinión con la cual él no está de acuerdo, por su aspecto físico o por sus relaciones familiares.
Por extensión también rechazo que a los periodistas se les desacredite por su condición humana y que este sea el mecanismo por el cual el poder, en este caso la máxima autoridad de la nación, evita el debate sereno de los contenidos del ejercicio mediático basado en los hechos.
Más allá de eso, lo que me preocupa, con respeto a quienes lo hicieron, es la reacción de la mayoría de esas personas que se comunicaron conmigo. 
De ellas me quedó la creciente sensación de que no nos damos cuenta de la superficialidad del discurso del mandatario. De que un año después de asumir el mando siga diciendo que “tenemos la Presidencia y la Asamblea pero no el poder”, de que no hable de logros específicos aparte de bonos y subsidios, de que no se refiera a la economía concreta, a la producción, al empleo, al combate contra los grandes corruptos (no al burdo show del “hombre del maletín”), a la responsabilidad histórica de Acuerdo País para diseñar una constitución a la altura de las demandas ciudadanas y del entorno mundial.
Estamos ahogándonos en un agitado mar de diatribas, insultos, cegueras ideológicas y regionalismos enfermizos.
¿Por qué no deliberamos sobre la falta de prevención para evitar el impacto del invierno, la negligencia anual para no anticipar lo previsible de los fenómenos naturales, el pésimo estado de las carreteras “en emergencia militar”, las otras visiones del país que no son las dos que quieren imponernos, la demanda social de transparentar la gestión pública?
Nada cambiará mientras seamos piezas de un ajedrez donde la vieja partidocracia y los nuevos políticos tienden cortinas de humo para evitar rendir cuentas sobre lo que realmente importa.

Ha llegado la hora de entender que somos parte de un juego perverso. Ha llegado la hora de asumir una ciudadanía responsable, decidida a tomar acciones por fuera de la retórica hueca, el montaje y la escenografía. 

10
Feb
08

nueva constitución y… ¿gas doméstico?



Rubén Darío Buitrón

No es adivinanza ni broma: el presidente de la República planteó el jueves 7 incluir en el referendo sobre la nueva Constitución una pregunta sobre la eliminación del subsidio al gas doméstico.

Pero, ¿qué relación existe entre el gas y la Carta Política que, según anuncia la mayoría de Acuerdo PAIS, transformará la estructura del Estado?

La respuesta es obvia: ninguna. Y, precisamente, por eso, la propuesta del Primer Mandatario despierta suspicacias.

La contundente mayoría de ciudadanos que votó por el cambio lo hizo no solo para que terminaran la inoperancia, la negligencia, los privilegios y el control de las instituciones públicas por parte de la partidocracia y los grupos de poder más nefastos.

Esa mayoría votó también con la esperanza de que la nueva generación de gobernantes, mandatarios y representantes fuera capaz de diseñar un país distinto, justo y equitativo sobre la base de una nueva manera de hacer política.

Cansados de tres décadas de promesas incumplidas, manipulaciones, engaños, inestabilidad, demagogias, incertidumbres, frustraciones y escándalos de corrupción, los ciudadanos decidieron poner el futuro de la nación en manos de aquella nueva generación de líderes.

Su deber ético era hacer una nueva política. Una política que implicaba terminar con los vicios de la partidocracia y construir una ética distinta, renovada, transparente, sincera, autocrítica, reflexiva, deliberante.

Pero un año después aquella esperanza parece empezar a esfumarse.

Enredados en sus estrategias confusas, usando tácticas de la política obsoleta como aquel insostenible cuento del hombre del maletín, con un grupo poco consistente de asambleístas, envueltos en el lío de sus propios mandatos, lanzando globos de ensayo para tener distraído al país, los líderes de Acuerdo PAIS tropiezan una y otra vez en la incoherencia entre su discurso ideológico, sus tesis jurídicas y sus acciones.

Entonces, si bien la iniciativa presidencial se justifica en que “una consulta sería el instrumento de consenso para no aplicar una acción unilateral en la focalización del subsidio”, la propuesta suena inconexa o truculenta.

Porque ahora que vemos a los nuevos políticos apelando a viejas argucias es inevitable preguntarnos si el subsidio al gas tiene relación directa con la nueva Constitución o, si en el fondo, como ya hicieron anteriores gobernantes de la difunta partidocracia ecuatoriana, existe un plan para provocar una relación inconsciente entre un “sí” y otro “sí”…

09
Feb
08

vientos de ruptura


Rubén Darío Buitrón
Aplaudir la inminente confrontación entre quienes se resisten al cambio y quienes intentan transformar la estructura del estado no me parece de valientes sino de temerarios.
Lo mismo ocurre con quienes se declaran dispuestos a ofrendar su vida si “los otros” no aceptan su idea de lo que debe ser una sociedad contemporánea. Las declaraciones de guerra solo sirven para dinamitar los escasos puentes que quedan para pensar en la posibilidad de construir un país democrático, plural, diverso.
Temerario también es afirmar que, como parte de esa confrontación, se viene un bloqueo mediático.
¿Quiere decir eso que quienes tienen la mayoría en la Asamblea y controlan el poder político no están dispuestos a escuchar, a deliberar, a tolerar disentimientos, a encontrar salidas y caminos para debatir las distintas propuestas que tenemos los ecuatorianos para sacar al país del atraso, el subdesarrollo, la pobreza y la corrupción?
¿Significa aquello dinamitar las posibilidades de un disenso democrático, de un desacuerdo fructífero, de un intercambio de visiones particulares, de una autopista de ida y vuelta por donde pasen todas las tesis y estas se analicen, estudien y discutan sin prejuicios, sin prepotencias, sin cegueras ideológicas, sin fanatismos dogmáticos, sin intolerancias ni apasionamientos revanchistas?
Prever una creciente confrontación y jactarse de ello es, por decir lo menos, irresponsable con el futuro del país.  
Prever una solución radical y extrema que vaya a derivar en la escisión del país tampoco suena sensato ni cívico.
Hay que desarmar las conciencias, los ánimos, las actitudes, las visiones. Y no veo otra herramienta para el desarme que la inmediata decisión de los medios y los periodistas para firmar, simbólicamente, un compromiso no con los políticos sino con la sociedad y con el futuro de la nación.
Cuando el poder político, de un lado y otro, tropieza en sus propias estrategias y siente que la sociedad demanda rendición de cuentas, opta por la salida fácil: culpar a la prensa.
En beneficio del desarme de conciencias convengamos que es así. Que tenemos parte de culpa histórica por la situación a la que hemos llegado como país.
A partir de la autocrítica es una obligación ética abrir más espacios para el debate nacional, recoger todas las sensibilidades sociales, poner en escena las demandas y necesidades de negros, indios, montubios, serranos, costeños, amazónicos, insulares, campesinos, mujeres, niños, ancianos, militares, civiles, ricos, pobres, clase media.
No se trata de influir sino de entregar a los ciudadanos elementos de juicio y herramientas de reflexión para tomar las decisiones que en verdad favorezcan a la mayoría.
¿Tienen los medios la capacidad de asumir ese reto histórico? ¿Pueden ser el espacio adecuado donde el país entero se encuentre?
Asumir esa responsabilidad es urgente. Porque mañana ya será tarde para un país donde las temeridades y los extremismos van poniéndolo a punto de quiebre.