Archivos para Marzo 2008

27
Mar
08

Si tu madre dice que te quiere…

 Por Rubén Darío Buitrón

“Si tu madre dice que te quiere, verifícalo”. Con esta metáfora, el maestro nos enseñaba la máxima del oficio: un periodista jamás debe creer lo que le dice una fuente, por cercana y creíble que pudiera parecer.

He recordado esa lección no solo de periodismo, sino de sentido común, luego de leer en una revista de Colombia que en el tema del ataque a un campamento de las FARC el pasado 1 de marzo, la Policía es una “fuente confiable”.

Así se intenta justificar una serie de actitudes de cierta prensa colombiana alineada con el presidente Álvaro Uribe: acusar con pruebas no verificadas ni investigadas y luego retractarse a medias, bajo el argumento de que los documentos presentados fueron entregados por la “fuente confiable”.

Es un grave error conceptual. Los periodistas tenemos la obligación de seguir los procedimientos básicos para construir la noticia: recoger la información, chequearla, contrastarla, cruzar con otras fuentes y publicarla solo cuando la noticia tenga todos los soportes.

Ya lo decía el maestro Kapuscinski: “El periodismo tradicional difunde lo que el poder político o las fuentes oficiales quieren que se divulgue en su propio beneficio”.

Afortunadamente para el periodismo ético, en la propia Colombia no todos han seguido el juego geopolítico-mediático.

María Teresa Ronderos, periodista y catedrática, reflexiona que “El error de El Tiempo no fue un incidente aislado del cual se pueda culpabilizar solo al diario o a sus editores. Es el producto del tono exaltado con que hemos venido informando los medios en estas semanas de crisis. Es la gota que rebasó la copa de la crispación nacional. Y bien nos viene de aviso para pensar un poco lo que estamos haciendo”.

Ronderos hace una autocrítica rotunda: “los medios colombianos hemos reaccionado ante la crisis con Ecuador con cabeza caliente y nacionalismo exacerbado. Demasiada euforia por la muerte de Reyes no nos dejó ver el tamaño problema causado por la forma cómo se hizo; por demasiada pasión alrededor de cómo Uribe había sorteado la crisis en la Cumbre de Río en Santo Domingo, perdimos distancia frente al pésimo manejo de la relaciones exteriores que nos llevó a esa situación”.

En otras palabras, difundir de manera apresurada y “patrióticamente encendida” un dato nos lleva a cometer graves errores que no solo atentan contra la confianza del público en la prensa, sino que, en el peor de los casos, huele a vinculaciones oscuras.

María Teresa lo reafirma: “Hacer patria no es hacer patrioterismo. No es arroparse con la bandera, ponerse la mano en el corazón para cantar el himno, reproducir mentiras y desear la muerte al  enemigo. Hacer patria es procurar por la sensatez, buscarle las salidas menos sangrientas y menos onerosas en sufrimiento humano. Y en esa labor los medios podemos (y debemos) hacer mucho más y mejor”.

24
Mar
08

Javier Darío Restrepo: El patrioterismo es antiético

Por Rubén Darío Buitrón

¿Cómo hacer un periodismo que contribuya a la paz y no eche leña al fuego del conflicto? En la reciente crisis entre Ecuador y Colombia, medios de ese país se alinearon con la tesis de ahondar ese conflicto…

Cuando hay guerra o conflictos en la frontera hay confusión. En esos momentos es cuando necesitas hacer el mejor periodismo. El periodista tiene que contribuir a desvirtuar la confusión con claridad y sobre todo honestidad en la información. Si hay una información clara y honesta contribuyes a la paz. Esa es la gran deuda de los periodistas y los medios cuando abordan los conflictos.

La verdad por encima de cualquier cosa, incluso del interés de un Gobierno o un Estado…

Los países en conflicto requieren la verdad de lo que está sucediendo, por encima de cualquier otra cosa y cualquier otro interés. Hay un segundo elemento importante: cuando se producen esas crisis la opinión pública tiende a radicalizarse y el nacionalismo se vuelve una enfermedad muy peligrosa porque distancia posiciones y no ayuda al diálogo ni a la paz. Los medios que contribuyen al nacionalismo o al patrioterismo hacen un trabajo antiético.

¿Patrioterismo periodístico que no mide consecuencias ni es leal con la verdad?

El nacionalismo enfermizo y ciego solo ha traído desastres. Pero el principal desastre es que impide que la gente piense inteligentemente y la lleva a pensar únicamente con los sentidos, juega con su sensibilidad y nubla su inteligencia. En épocas como esta se requiere que el periodista, aunque ame su país, su tierra y su gente, vaya más allá de sus sentimientos y sienta la necesidad de contar a la población lo que esta necesita saber para entender mejor el problema y no para agravarlo o crear enemigos falsos.

¿El periodista debe alinearse con una tesis de Estado?

 Jamás. El periodista no debe alinearse ni con gobiernos ni con naciones. Debe alinearse con la población y con el objetivo de prestar el mejor servicio a toda esa población. Es un objetivo y una ética que siempre debemos manejar, pero mucho más cuando se produce una crisis.

En la aclaración que hizo diario El Tiempo de Bogotá, al día siguiente del error con la fotografía donde supuestamente aparecía el ministro ecuatoriano Gustavo Larrea y el guerrillero Raúl Reyes, pidió disculpas por el error pero en uno de los párrafos dice: “esto perjudica a la causa del Estado colombiano”. ¿El medio de comunicación tiene que alinearse con causas?

No le corresponde a un medio alinearse con causas por más nacionales o del Estado que fuesen, puesto que se está informando para que la gente tenga una mayor claridad, y sobre todo para defender la paz entre las naciones. El periodista tiene que dar una información que sea a la vez rigurosamente exacta pero que sea también creíble.

Un error de este tamaño más bien contribuye a la pérdida de credibilidad de la sociedad en la prensa…

Cuando el periodista de cualquier país distorsiona la verdad, ya sea por prisa, negligencia o falta de una metodología de investigación, está en primer lugar contribuyendo a que lo que se dice en su país no se crea. El Tiempo estaba publicando una foto proporcionada por la Policía Nacional. Pero hubiera hecho un gran beneficio a la sociedad y a los dos países si previamente verificaba. Si se tomaba el espacio para la comprobación hubiera concluido que era una fotografía que no había sido analizada suficientemente, por tanto no debía publicarla. El alinearse de una manera irracional con un gobierno o una nación lleva a cometer graves errores técnicos y periodísticos que al final terminan perjudicando a la compresión de los hechos y a la reconstrucción de la paz.

El caso de la fotografía no es el único, entonces…

En Colombia los medios se apresuraron a publicar todo lo que decían de los computadores que supuestamente encontraron en el campamento de Reyes cuando todavía el material de esos computadores no había sido analizado técnicamente. Eso ya puso en tela de juicio la exactitud del material periodístico. El error, desde luego, lo había cometido la Policía. Cómo es posible que el director de la Policía apareciera dando datos de esos computadores sin entregar el examen previo a una misión técnica, como se hizo después.

Ahí el problema es que, por alinearse con la causa, le crees a la fuente oficial sin contrastar ni analizar…

Claro. Tomaron la información del director de la Policía como si fuera una información con técnica forense y hubiera sido confirmada, pero no se había hecho. Con todo eso se ha ocasionado un gran daño en la opinión y se ha perjudicado gravemente la credibilidad de los medios.

Ahora, Javier Darío, hablemos del problema que el director de El Tiempo, Enrique Santos, admitió en una entrevista con Radio Caracol al día siguiente del error: la relación entre poder y prensa. Como sabemos, en el caso de El Tiempo es mucho más grave, ya que el director es el señor Santos, el vicepresidente de la República es otro Santos y el Ministro de Defensa es Santos también. ¿Cómo perjudica a la credibilidad del periodismo en general, no solo de El Tiempo, esa relación demasiado estrecha entre poder político y medios?

Hay una norma que los códigos de ética están repitiendo constantemente y es la necesidad de que el periodismo tome claras distancias con el poder. No está obrando correctamente un periodista que estuviera apoyando a cualquier poder, sea gubernamental, político, económico, religioso, lo que sea, porque el papel del periodista es ser crítico del poder, pero para que pueda ser crítico debe poner distancia tanto entre la versión oficial como entre la oposición cerrada. No cabe en un buen periodismo que se oponga a ciegas ni que acepte cualquier versión porque se trata de una tesis oficial. Solo siendo independiente puedes estar en capacidad de ejercer una crítica del poder.

La independencia es un concepto muy importante. En Ecuador se nos ha criticado a algunos medios porque hemos investigado ciertas anomalías dentro del Ejército, por ejemplo bandas de sargentos y cabos que presuntamente vendían armas a grupos irregulares o la mala situación de las tropas ecuatorianas en la frontera norte. Alguien ha dicho que no es “patriota” publicar esas cosas justo cuando hay un conflicto.

Esa misma situación se presenta aquí en Colombia. Es la tendencia de los gobiernos a envolverse en la bandera patria, y resulta que la bandera patria está encima de gobernar democráticamente. El periodista comete un error al creer que tal gobernante es la Patria o que tal institución es la Patria. Hay un gran error en esos conceptos. El gran beneficio para la Patria es que existan ojos vigilantes que señalen los errores, las faltas que cometen contra los intereses de la Patria, y en ese sentido el periodista cumple una función que es irremplazable, porque generalmente todas las personas tienen intereses que de alguna manera los limitan a la hora de hacer crítica. Insisto que el periodista debe ejercer esa crítica de una manera independiente, incluso de sus afectos personales.

Muchos dirán que es una utopía este planteamiento…

Sé que suena a utopía, pero justamente esa es la utopía que hay que tener en mente para apuntar a algo grande e importante a la hora del quehacer, de ejercer en la práctica las virtudes ideales del periodismo. Esta virtud de la independencia lleva al periodista por encima de cualquier discusión, de cualquier persona, de cualquier poder y, en el caso de que haga un trabajo ético, ahora sí al servicio de la Patria.

¿Existe el concepto de “periodismo patriótico”? ¿ Qué es ser un periodista que ama la Patria?

Yo creo que el conflicto con el periodismo aparece cuando la Patria está vinculada a intereses personales o de grandes poderes económicos. La noción de patria, etimológicamente, es “la tierra de los padres”, por tanto está hecha de elementos que a veces son afectivos pero que son, sobre todo, la cultura y la historia de una sociedad. Pero esa cultura e historia de la sociedad no se detienen únicamente en lo que son unas instituciones o personas con poder.

Si durante un conflicto diplomático como el de Colombia y Ecuador el periodista revela cosas internas del país, ¿atenta contra la seguridad o la soberanía nacional, o está cumpliendo su deber?

Depende de la naturaleza de lo que revele. Si son casos que comprometen la seguridad nacional obviamente está atentando contra el interés público, pero si son datos que contribuyen a un nuevo conocimiento de la situación y por consiguiente a fortalecer la capacidad de la sociedad para tomar una decisión inteligente y firme, son datos que están contribuyendo al interés público.

¿Y si el periodista sabe cosas reservadas, debe informarlas?

Es otra pregunta esencial. ¿Hasta dónde va el secreto que el periodista debe observar sobre asuntos que se entera cuando está haciendo su trabajo? Hay cosas que un periodista sabe que no se deben informar si comprometen a la seguridad pública o la seguridad de las personas.

En tus talleres muchas veces hemos hablado de que el único compromiso del periodista es con el bien común. En el caso de un conflicto entre dos países, entendemos que el bien común es la paz, no la guerra…

El bien común es una frase bastante compleja, sin embargo, es lo que guía al periodista y hay que tener en cuenta que la gran clave para decidir qué es lo que más sirve al público y a quién está favoreciendo o perjudicando con lo que informa. El periodista hace mal su trabajo si tiene confusión sobre cuál es el amo al que sirve: a veces piensa que el amo es el periódico, o el director del medio, o el anunciante, o el gobierno. Si cree eso estará haciendo un periodismo mediocre y peligroso…. La mayor calidad periodística se produce cuando se la orienta en la búsqueda del interés público. Y claro que el interés público es la paz, jamás la guerra.

¿Hay un lenguaje específico que debemos usar los periodistas para generar un ambiente de paz y no consolidar la beligerancia?

Más que lenguaje te diría que debemos reportear, investigar, acercarnos al “otro lado”, por llamarlo así. Todo cuanto contribuya a un mejor conocimiento de los otros, de los que supuestamente son nuestros adversarios, será importante para romper prejuicios y acercarnos.

Pero si lo hacen desde la subjetividad y las emociones, no ganaríamos mucho…

No hay que olvidar que tanto la paz como la guerra comienzan en la mente de las personas y el periodista es el único que tiene el privilegio de entrar a la mente de las personas todos los días. De modo que él es el responsable de los sentimientos y las opiniones que construyen las personas a través de la información.

¿Qué debemos aprender los periodistas y los medios del error cometido por el diario El Tiempo cuando dice que confió en una fuente oficial que supuestamente era seria y que la publicó justamente el día que la OEA se reunía en busca de un acuerdo?

Aquí hay algo que no está dicho allí pero vale la pena subrayar: el periodista a medida que avanza en experiencia aprende que toda fuente miente, así sea la fuente más alta. Aquí el periodista del diario El Tiempo pareció creerle a la Policía pero resulta que de la Policía hay que desconfiar cuando informa, sobre todo cuando informa en situaciones críticas. Además hay que tener muy claro que toda información debe ser investigada siempre…

Antes de publicarla…

Particularmente cuando hay crisis hay que desconfiar de todo, en especial de la prisa. Fíjate que eso apareció en la aclaración del periódico: “nos traicionó la prisa con que usualmente se da asunto a una información”.

¿Considera usted que hay una campaña mediática de la prensa colombiana?

Es muy difícil emitir un juicio acerca de campañas mediáticas intencionadas. Habrá que esperar que pase la crisis y hacer una investigación seria. Puede ser que exista eso. Hay apariencias de eso pero tendríamos que confirmarlo.

¿Cómo podemos contribuir los periodistas ecuatorianos y colombianos, desde nuestro ejercicio diario, a reconstruir las fraternas relaciones entre los dos pueblos?

Hace una década hubo de ustedes mismos una experiencia muy importante que yo creo que debiéramos recoger nuevamente. Fue un encuentro que se hizo entre periodistas ecuatorianos y peruanos en aquel conflicto limítrofe de 1995. Esos periodistas se reunieron y surgieron una reflexiones ejemplares en el sentido de llegar a la conclusión de lo que nosotros como periodistas podemos hacer para contribuir a la armonía de nuestras relaciones.

Pero siempre sobre la base de los hechos y de la búsqueda de la verdad, porque de lo contrario se vuelve un gesto frágil que fácilmente se disuelve en el transcurso del tiempo…

Lo único que al final debe primar para volver a entendernos es el diálogo, pero un diálogo basada en la sinceridad, en la credibilidad y el conocimiento de la verdad. La verdad completa e independiente, y sobre todo una verdad que sea entregada como respuesta a la responsabilidad que tenemos con nuestras sociedades. Generalmente los conflictos bélicos, fronterizos y diplomáticos están basados en mentiras y eso ahonda las crisis.

Es decir, la verdad lleva a la paz. No hay otra fórmula…

No la hay. Todo lo que está basado sobre una mentira o sobre una estrategia oculta nunca contribuirá al entendimiento. En cambio la paz siempre estará fundada en la justicia y en la verdad.

Y eso es lo esencial para nuestro trabajo…

Si el periodista da ese aporte de verdad y de justicia está dando lo mejor para buscar la paz. Nuestro único compromiso es con la verdad y con la paz.

_________________________________________

Hoja de vida

Nombre: Javier Darío Restrepo.
¿Quién es?: Periodista colombiano, experto en ética periodística, catedrático y conferencista, con 49 años en prensa escrita y 25 en televisión.
Trayectoria: Fue miembro fundador de la Comisión de Ética del Círculo de Periodistas de Bogotá y del Instituto de Estudios sobre Comunicación y Cultura. Laboró como columnista de los periódicos El Colombiano y El Espectador. En el primero y en El Tiempo fue Defensor del Lector.

24
Mar
08

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18
Mar
08

A propósito del conflicto diplomático Ecuador-Colombia

Técnicas de Desinformación. Manual para una Lectura Crítica de la Prensa. 
 ,octubre de 2003
AUTORES: Grupo de Aprendizaje Colectivo “Comunicación Popular” de la Escuela Popular de Prosperidad.
EDITORIAL: “Sentimientos kontra el poder” y Escuela Popular de Prosperidad.
LUGAR: Madrid. 64 pp.

Se trata de un material en formato cuaderno, en el que de la elaboración colectiva de este grupo de aprendizaje de la Prospe, sale un auténtico manual de cómo desinformar.

En tan sólo 27 páginas, ya que el resto es un anexo con noticias de prensa fotocopiadas, que sirven para ejemplificar las explicaciones, se destripa una a una cualquier posibilidad que tiene un/na profesional del gremio o un medio de comunicación, para inventar, falsear o distorsionar la realidad que nos llega a l@s lector@s en forma de noticia.

El trabajo se divide en tres partes: la primera aborda la estructuración de la información en el periódico; cómo la localización de la noticia, la composición de su entorno, como se articula la información dentro de un texto etc. influyen en destacar algunas cosas para hacer pasar desapercibidas otras. La segunda parte se centra en analizar el lenguaje, escrito o visual, convertido en poderosa herramienta manipuladora.

Por último la tercera parte estudia directamente los contenidos informativos.

En un estilo directo, sencillo, explicado todo con ejemplos reales, pero no por ello con un afán menos exhaustivo, este cuaderno -auténtico bestseller del mundillo alternativo- se ha convertido en una referencia imprescindible para la gente interesada en cuestiones de contrainformación.

16
Mar
08

Diario El País: Si debiéramos rectificar lo haríamos, pero no es el caso

Por Rubén Darío Buitrón

Las normas básicas del buen periodismo dicen que hay que ir directamente a las fuentes, preguntar, confrontar, cruzar información, verificar, ser plural, poner en escena a todos los actores de los hechos que se cuentan.

¿Cumplió el diario español “El País” esos requisitos básicos, que incluyen un manejo ético y equilibrado de la información, al publicar el pasado miércoles, en tres páginas y con titular en portada, el reportaje “Las FARC hallan refugio en Ecuador

?El gobierno del presidente Rafael Correa reaccionó con indignación frente al reportaje. Rechazó lo que la periodista afirma en el texto, envió cartas aclaratorias que se publican hoy en el periódico y amenazó con enjuiciar a ese medio de comunicación.Vía telefónica nos comunicamos en Madrid con Vicente Jiménez, director adjunto de “El País”.

En esta entrevista vía telefónica, Jiménez defiende a rajatabla lo publicado y dice apostar por la credibilidad y la confianza en su reportera Maite Rico, quien escribió el reportaje desde Bogotá.

¿En qué criterios se basó El País para publicar el reportaje sobre las FARC y Ecuador? Se trata, a nuestro juicio, de una nota sin confrontar con la parte acusada y apoyada en fuentes ocultas…

Tu pregunta está cargada de intención. El criterio que tiene El País a la hora de publicar no esta, sino todas las informaciones, es el mismo: el interés de la información, su relevancia, el contraste de fuentes, el chequeo de la información… Como tú bien has dicho, cuando se trata de informaciones sensibles en las que se involucran servicios de inteligencia, obviamente el manejo de fuentes no es el mismo que el de una rueda de prensa. Es información que requiere una elaboración distinta , pero el criterio es el mismo que sigue habitualmente el periódico.

 

Pero no se contrastó con la otra parte. Por ejemplo, cuando dice que “el antiguo guerrillero no tiene pelos en la lengua y lanza gravísimas acusaciones contra las autoridades”, la periodista no llamó a estas autoridades…

 

Hay informaciones, como tú bien sabes, en las que el contraste a veces es difícil porque la fuente a la que hay que recurrir para contrastar no quiere hacerlo, no quiere comentar por ser el tipo de información que es.

 

¿Es decir, no se confrontó?

 

No voy a ponerme a discutir por qué determinada frase de un determinado guerrillero no se confrontó con la fuente apropiada o el organismo gubernamental. Lo único que puedo decir es que esa información el periódico la publicó porque consideró que tenía interés, que éramos conscientes de que era una información delicada, sensible, pero sí se confrontó, hay diversas fuentes, de inteligencia, incluso de la OEA…

 

El secretario de la OEA reaccionó con dureza y rechazó la versión…

 

Ya sé que la OEA asegura que ninguno de sus funcionarios ha hablado con El País, pero eso es absolutamente falso. Claro que dudo mucho que ese funcionario por iniciativa propia quiera confesar que habló con El País. Pero, bueno, esto es lo habitual en informaciones sensibles en las que están en juego la credibilidad de los gobiernos, las relaciones de los gobiernos de Colombia, Venezuela y Ecuador, las relaciones con un grupo guerrillero considerado por Colombia como terrorista.

 

¿Midieron el impacto que tendría el reportaje?

 

Entendimos que era una información que despertaría mucha polémica y que obviamente no sería del agrado de todos, pero el periódico debe mantener su política que es informar todo aquello que considera relevante. Obviamente, para El País todo lo que sucede en Ecuador, Colombia, Venezuela, en toda América Latina, es de principal interés.

 

Si el gobierno ecuatoriano plantea una demanda contra El País, ¿cuál será su respuesta?

 

Lo habitual, porque no será la primera ni la última vez. Si se produjera la demanda hablaríamos con nuestros servicios jurídicos y ellos, por supuesto, darían la respuesta adecuada.

 

¿El otro escenario sería la rectificación del reportaje si el gobierno ecuatoriano demostrara que no es cierto lo que se afirma?

 

El País publicará mañana (hoy) una carta del embajador de Ecuador en España y también una carta del secretario de la OEA. No tenemos el más mínimo problema en publicar la versión que quieran dar las personas que se consideran afectadas por una información.

 

La pregunta es si El País rectificaría en caso de que se demuestre que lo publicado no se ajusta a la realidad…

 

Nuestro deber es valorar la información y lo haríamos si ocurriera lo que tú dices. Pero una cosa sí debe quedar muy clara: El País responde plenamente por lo que afirma la periodista que hizo esa información.

 

¿Descarta usted un sesgo en el contenido?

 

El periódico no tiene ningún tipo de animadversión contra los gobiernos legítimos de Correa, Uribe o Chávez. Eso sí, tenemos todo el derecho a publicar aquellas informaciones que en función de los procedimientos éticos que manejan nuestros periodistas consideremos susceptibles de ser publicadas.

 

¿Aunque no tenga todos los elementos de una nota consistente?

 

Tiene todos los elementos y El País puede sustentar lo que afirma el reportaje. Si a partir de ahí el gobierno de Correa considera oportuno acudir a los tribunales y emprender acciones legales, tiene todo el derecho a hacerlo.

 

¿Por qué la nota se hizo desde Bogotá y no desde Quito?

 

No sé muy bien adónde quieres llegar con la pregunta…

 

Al equilibrio, a la contrastación, ustedes siempre han sido un referente de buena información…

 

Eso no tiene nada que ver con Quito, Bogotá o Caracas. El País actúa igual en todo lugar. Acertamos, nos equivocamos y en ocasiones merecemos premios. Nuestro criterio sobre la violencia política es el mismo en Bogotá, Quito o Pekín.

 

¿El País se ratifica, entonces, en todo lo publicado?

 

No voy a entrar a discutir el procedimiento y la forma en que ha trabajado nuestra periodista. No voy a entrar en cuáles son nuestras formas de trabajar. El compromiso que tenemos es con nuestros lectores y con unos procedimientos que defiendo.

¿No existe la posibilidad de rectificar, en caso de que se demostrara lo contrario?

 

Esa respuesta está en la valoración que hizo el periódico de la nota de la periodista. Está en el hecho de haber publicado la información y que le haya dado tres columnas en primera página y tres páginas en su sección internacional. Eso es todo lo que puedo decir sobre esto.

 

¿Aceptan públicamente un error, si lo llegan a cometer?
El periódico no tiene ni ha tenido jamás ningún empacho en reconocer los errores, cuando así lo amerita. El País no tiene ningún problema en publicar rectificaciones. En el caso que nos ocupa publicaremos las cartas, pero no rectificaremos porque creemos en la capacidad de Maite Rico, cuyo trabajo El País defiende y avala.

__________________________________________

 

Nombre:
Vicente Jiménez Navas.
Quién es:
Director adjunto del diario El País, de España.
Trayectoria:
Es catalán. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.
Hasta 1990 estuvo en el Periódico de Catalunya. Ese año pasó a la redacción de El País, en Madrid, donde ha ocupado distintos cargos, desde la dirección de Tentaciones hasta subdirector de redacción.

14
Mar
08

Prensa ecuatoriana cuestiona falta de un plan de comunicación oficial

El reportaje publicado por el diario El País de España respecto a que supuestamente el territorio nacional se ha convertido en un “santuario” del grupo guerrillero colombiano, ha causado revuelo en las autoridades, líderes de opinión, y periodistas, en el Ecuador.

Este jueves nuevamente el Ministro de Defensa, Wellington Sandoval, rechazó las afirmaciones hechas por el medio de comunicación y reiteró que Ecuador, “no ha sido, no es, ni será, un santuario de las FARC”. También apareció el encargado de la comunicación oficial, Vinicio Alvarado, quien denunció que existe un plan mediático liderado por Colombia para desacreditar al gobierno ecuatoriano.

La prensa ecuatoriana también ha comenzado a reaccionar ante la ofensiva mediática colombiana y ha cuestionado la inexistencia de un plan de comunicación sólido del gobierno ecuatoriano.

El periodista, Rubén Darío Buitrón, editor especial del diario Expreso de Guayaquil, dijo a Andrés Carrión de Canal Uno, que es lamentable que el gobierno no defina una línea de comunicación clara y precisa para enfrentar este tipo de informaciones que desacreditan al país.

Insistió que los comentarios publicados por el diario El País no tienen sustento técnico, profesional y están muy mal elaborados. “Es el antiperiodismo por la serie de hechos absurdos e inconsistentes” el artículo publicado por el mencionado diario español, precisó Buitrón.

13
Mar
08

El error de El Tiempo de Bogotá

 

¿Periodismo patriótico?
Por Rubén Darío Buitrón
¿Cuál es la relación entre la verdad oficial y el silencio mediático? ¿Cuál debe ser la actitud de un periodista en un conflicto fronterizo? ¿Cuál es el límite entre la información que le conviene a los poderes y la información que la prensa tiene la obligación de investigar y publicar? ¿Cambian las normas éticas del ejercicio periodístico cuando está en juego la soberanía nacional?
Al periodismo le corresponde registrar los hechos tal como se producen. Buscar la verdad con honestidad y equilibrio. Acercarse a la realidad, sentirla, comprobarla, confrontarla y contarla.
Le corresponde contextualizar, profundizar, relacionar el presente con el pasado, proyectar escenarios futuros sobre datos verificados y verificables, fuentes fidedignas y confiables, confrontación de versiones, análisis de documentos y puntos de vista de uno y otro lado.
Le corresponde no quedarse en el qué sino indagar, con responsabilidad y sin autocensuras cívicas, los porqués y cómos de esos hechos.
Ciertos maestros del periodismo suelen decir que “en un conflicto la primera víctima es la verdad”. ¿Cuánta resignación esconde esta supuesta teoría incontrastable? ¿Cuánto conformismo? ¿Cuánta complicidad y cuántas omisiones? ¿Cuánto mal entendido patriotismo? ¿Cuánto renunciamiento a la esencia del oficio?
El conflicto diplomático entre Ecuador y Colombia desnuda la serie de confusiones, errores de perspectiva e intencionalidades que existen en torno a la batalla mediática.
Desde el lado ecuatoriano, un vocero del Gobierno pide a los medios nacionales que se unan para contrarrestar el bombardeo informativo internacional que privilegia las versiones oficiales de Colombia.
Esa no es la solución. A los periodistas de los medios les corresponde informar y confrontar versiones, no convertirse en voceros oficiales.
El funcionario olvida que los problemas deben empezar a resolverse por casa: ¿qué espera el régimen para diseñar y poner en marcha una política estatal de comunicación? ¿Hasta cuándo los funcionarios cercanos al presidente Correa siguen pensando que la información y la comunicación se resuelven con millonarios gastos en cuñas de radio y televisión donde es más la retórica que la sustancia?
Otra cosa es lo que hacen el periodismo colombiano y medios como diario El País de España.
La colombiana se muestra como una prensa militante que olvida su rol y asume como propias versiones basadas en documentos “de inteligencia militar” no necesariamente reales o probados.
El gigantesco error (¿error?) de diario El Tiempo de Bogotá al publicar una supuesta foto de Gustavo Larrea con Raúl Reyes, justamente el día que se reúne la OEA, muestra el daño que se hace al periodismo cuando se asume el ser “patriota” por sobre la obligación de publicar hechos y no razones de Estado con máscara de “noticia bomba”.
En el caso del reportaje de El País de España se trata de una ligereza, llena de arrogancia y sin equilibrio, basada en el testimonio de un personaje que no sabemos si existe, a lo que se añaden informes sesgados, fuentes ocultas y datos no confrontados.

La prensa independiente no puede jugar a la guerra sino a la paz, porque la paz es el bien común.
Pero para eso hay que exigir transparencia al poder: los periodistas no dejan de amar a la patria cuando revelan hechos que el poder no puede ni debe negar. Y tampoco aman a la patria cuando mienten en función de un interés geopolítico. 

Así que el “periodismo patriótico” (si existe esta especialidad) es hacer el trabajo desde la ética y los hechos concretos, no desde el chauvinismo o las emociones.

09
Mar
08

De las lecciones aprendidas al liderazgo maduro


El conflicto diplomático entre Colombia y Ecuador, afortunadamente superado este viernes 7 en la Cumbre de Río gracias a la inteligente y solidaria gestión de los presidentes de la región, se veía venir.

No fue, como muchos creyeron, consecuencia de la incursión militar colombiana a la selva ecuatoriana para matar al guerrillero Raúl Reyes, una de las cabezas de las FARC.

El conflicto fue resultado de un manejo equívoco y negligente de los sucesivos gobiernos ecuatorianos frente a un problema que los mandatarios y sus gabinetes no fueron capaces de afrontar y pensar con visión estratégica.

Existe responsabilidad y una serie de graves omisiones de los regímenes que han gobernado nuestro país desde el 2000, cuando se inició la aplicación del Plan Colombia (antiterrorista y antidrogas) con apoyo de Estados Unidos. Y por esas responsabilidades deberá rendir cuentas Jamil Mahuad (el de la paz con el Perú y la entrega de la base de Manta para que empecemos a pensar en la otra frontera). Y deben rendir cuentas Gustavo Noboa, Lucio Gutiérrez, Alfredo Palacio y Rafael Correa.

Las violaciones aéreas a nuestro territorio han venido sucediendo reiteradamente al menos durante cinco años sin que, de parte de los representantes del Estado ecuatoriano existiera el manejo adecuado.

Por esas actitudes erráticas se han producido otros problemas durante los cuales tampoco se tomaron las acciones diplomáticas y militares que correspondían.

¿Cuál ha sido el impacto? Heridos, muertos, detenidos injustamente, lanzamiento de granadas y proyectiles a territorio ecuatoriano, fumigaciones unilaterales, miles de desplazados a nuestro territorio, constantes y costosos movimientos de militares y policías ecuatorianos, miles de millones de dólares en gastos operativos, falta de preparación técnica y desconcierto en las Fuerzas Armadas…

Fue una falta de interés y decisión de parte de los jefes de Estado: “Cuando las Fuerzas Armadas presentábamos evidencias claras de que el conflicto podía contagiar al Ecuador si no tomábamos acciones pacíficas pero firmes, la respuesta era que estábamos exagerando”, dice un alto oficial que estuvo cerca del proceso entre el 2000 y el 2007.

¿En qué devino todo eso? En que el errático manejo diplomático y militar de los regímenes permitió la impunidad del Ejército colombiano para actuar en nuestro territorio. En que terminado el conflicto con el Perú los mandatarios ecuatorianos descuidaron renovar sus estrategias, sus mandos, sus cuadros, su logística, sus maneras de asumir los nuevos escenarios geopolíticos regionales, muy distintos a los de los años de la litis con el vecino del sur.

Los gobiernos, desde Mahuad hasta Correa, han sido incapaces de proponer ideas creativas e intentar construir consensos que unan al país y que construyan, desde una perspectiva pluralista y amplia, una alternativa al Plan Colombia y Plan Patriota, financiados por Estados Unidos, una política de grandes objetivos de desarrollo, soberana pero concreta y no retótica ni idílica como parece pretender un sector oficialista.

Urge crecer como país. La Asamblea Constituyente todavía tiene la oportunidad de cambiar la estructura del Estado y los dirigentes políticos deben liderar el diseño de una sólida y moderna estructura jurídica, social, militar y diplomática para enfrentar los retos que puedan venir.

Ya lo dijo el canciller brasileño Oswaldo Aranha en 1941 cuando la representación de Ecuador protestó al firmar el Protocolo de Río de Janeiro y perdió la mitad de su territorio: “Vayan y digan a su país que primero se una y fortalezca. Una vez que sean fuertes, reclamen al mundo sus derechos”.

Hay que mostrar que Ecuador merece respeto, que es capaz de tomar decisiones independientes, soberanas y dignas basadas en la fortaleza de sus nuevas instituciones pero, sobre todo, en el talento y la visión de sus líderes para armar equipos de gobierno con las personas más adecuadas, honestas y capaces, y para que en el futuro los mandatarios sepan actuar, dentro y fuera, con altivez y dignidad, pero con serenidad y madurez.

06
Mar
08

comunicar y madurar

 
El presidente Rafael Correa apostó por la diplomacia “en caliente”. El pasado lunes emprendió una gira que puede resultar clave para consolidar la tesis soberana del Ecuador en la crisis diplomática con Colombia.

Aunque Correa mantiene un lenguaje innecesariamente agresivo, su mensaje es positivo: como ecuatorianos que mantenemos lazos familiares, fraternos, afectivos e históricos con nuestro hermano pueblo, queremos la armonía en la región, tendemos  la mano a Colombia para aportar a la paz, pero exigimos respeto a nuestra soberanía territorial.

Ecuador como Estado y como pueblo ha sufrido los efectos de la guerra interna de Colombia con fumigaciones, miles de desplazados, ataques a civiles y reiteradas violaciones del espacio aéreo.

Ingentes recursos económicos se han destinado a la movilización permanente de diez mil soldados para que resguarden la compleja frontera binacional. Los efectos del conflicto los ha costeado el Ecuador de su propio bolsillo mientras el vecino país recibe millonarias sumas y logística gracias al Plan Colombia y al Plan Patriota, financiados por el gobierno de Estados Unidos.

Pero no es el momento de asumirnos como víctimas sino de mirarnos en el espejo.

Con menos tensión tras el triunfo diplomático en la OEA, leamos una de nuestras debilidades: por sus miradas cortoplacistas y clientelares, los sucesivos gobiernos, incluido el de Correa, han descuidado un elemento que en el siglo de las comunicaciones es esencial: el diseño de una estrategia mediática que informe al país no solo los logros y los discursos del régimen de turno sino que consolide, gracias a una amplia deliberación nacional previa, concienciación y compromiso en torno a los grandes objetivos del país como son la unidad en la diversidad, la producción, el empleo, la educación, la cultura, la salud pública, el civismo, el respeto, la tolerancia y la difusión de las identidades.

Reconozcámoslo frente al espejo: la sensación de que para el mundo no existimos y que tenemos poco peso internacional tiene que ver con nuestros complejos de inferioridad y baja autoestima porque los grandes responsables (educativos y mediáticos) quedan a medias en cumplir su rol.

Ahora que en la prensa internacional ha quedado evidente el desbalance entre la información oficial de Colombia y Ecuador, urge una política estatal de comunicación que no convierta a sus medios (radio, canal y periódico) en relacionistas públicos del Presidente sino en parte de una estrategia en función del Ecuador que la mayoría queremos construir.

Es muy pobre reducir las acciones de comunicación de un régimen a inundar los medios privados con cuñas publicitarias sesgadas y sobredimensionadas desde el interés de ganar votos o recuperar la popularidad.

Armar un sistema mediático en el cual, democrática y pluralmente, todos podamos expresarnos no es difícil ni complejo, pero requiere voluntad política, serenidad y generosidad patriótica. He ahí un reto para un gobierno y una sociedad que a fuerza de los hechos les toca madurar.