En un reciente encuentro de asambleístas de País y el Primer Mandatario, en Manta, este se enfrentó duramente con el presidente de la Asamblea por un tema de ética política: los derechos colectivos de las nacionalidades y pueblos.
¿Quiénes informaron del desacuerdo en la cúpula? ¿Medios y voceros oficiales? No. Reporteros independientes que no han caído en la trampa de la mansedumbre y la resignación frente a la violencia verbal y a la descalificación del Primer Mandatario a todo adversario político o mediático que se le cruce en el camino o que él mismo convierta en su rival bajo una clara táctica clientelar: arrasar con los opositores como vía rápida hacia la victoria electoral en el referendo que aprobará una constitución hecha a imagen y semejanza de Rafael Correa Delgado.
Eso es lo que está en juego y es, justamente, lo que la cúpula oficialista no quiere mostrar al país: una deliberación abierta y transparente de sus representantes ante la Asamblea, sin secretismos, subterfugios o eufemismos. Por algo será que cuando se les pregunta la razón con la que justifican su hermetismo es que “la familia no acepta vecinos”.
Otro argumento es que ellos, los nuevos políticos -dotados de una ética intachable-, no pueden permitir la “farandulización de la política”.
Suponiendo que así fuera, ¿para qué sirven, entonces, los medios del Estado? Si se supone que estos garantizan un distinto manejo de la información, ¿por qué no transmitir por radio y televisión estatales los debates y registrarlos al día siguiente en el periódico gubernamental?
Hay niveles de incoherencia y exabruptos que van convirtiéndose en un lastre para la sociedad y el propio régimen.
Pocos días antes de que se evidenciara que los temas públicos se deciden a oscuras, en cadena radial el Presidente dijo que era otra mentira de los medios afirmar que él decide el voto de sus asambleístas. Si los periodistas estuvieran allí…, comentó con ironía.
Pero si los periodistas estuvieran allí (sin ironías) pudieran contar que PAÍS debate a espaldas de doce millones de ecuatorianos o que las deliberaciones internas sí representan los distintos puntos de vista de los mandantes. ¿Por qué no abrir las puertas a la información?
El periodismo sirve para contar los hechos. Para que la gente conozca, evalúe y juzgue la gestión de sus autoridades. Quizás por esta razón el gobierno no cesa en su estrategia de mantener viva la campaña de desprestigio contra los medios mientras los utiliza cuando necesita estar en los titulares.
¿Prensa vinculada a poderes corruptos, malintencionada, poco democrática, personalista? Sí, la hay. Pero no todos los medios son así. ¿Por qué el secretismo?
Porque es la esencia de la generalización antimediática: un imaginario social que perciba como mentira cualquier noticia que implique crítica a Correa.
Hace dos décadas, en Ecuador, esa estrategia hubiera levantado a la izquierda contra el poder político intimidatorio. Cómo cambian los tiempos.