Archivos para Abril 2008

24
Abr
08

cómo cambian los tiempos…

En un reciente encuentro de asambleístas de País y el Primer Mandatario, en Manta, este se enfrentó duramente con el presidente de la Asamblea por un tema de ética política: los derechos colectivos de las nacionalidades y pueblos.

¿Quiénes informaron del desacuerdo en la cúpula? ¿Medios y voceros oficiales? No. Reporteros independientes que no han caído en la trampa de la mansedumbre y la resignación frente a la violencia verbal y a la descalificación del Primer Mandatario a todo adversario político o mediático que se le cruce en el camino o que él mismo convierta en su rival bajo una clara táctica clientelar: arrasar con los opositores como vía rápida hacia la victoria electoral en el referendo que aprobará una constitución hecha a imagen y semejanza de Rafael Correa Delgado.

Eso es lo que está en juego y es, justamente, lo que la cúpula oficialista no quiere mostrar al país: una deliberación abierta y transparente de sus representantes ante la Asamblea, sin secretismos, subterfugios o eufemismos. Por algo será que cuando se les pregunta la razón con la que justifican su hermetismo es que “la familia no acepta vecinos”.

Otro argumento es que ellos, los nuevos políticos -dotados de una ética intachable-, no pueden permitir la “farandulización de la política”.

Suponiendo que así fuera, ¿para qué sirven, entonces, los medios del Estado? Si se supone que estos garantizan un distinto manejo de la información, ¿por qué no transmitir por radio y televisión estatales los debates y registrarlos al día siguiente en el periódico gubernamental?

Hay niveles de incoherencia y exabruptos que van convirtiéndose  en un lastre para la sociedad y el propio régimen.

Pocos días antes de que se evidenciara que los temas públicos se deciden a oscuras, en cadena radial el Presidente dijo que era otra mentira de los medios afirmar que él decide el voto de sus asambleístas. Si los periodistas estuvieran allí…, comentó con ironía.

Pero si los periodistas estuvieran allí (sin ironías) pudieran contar que PAÍS debate a espaldas de doce millones de ecuatorianos o que las deliberaciones internas sí representan los distintos puntos de vista de los mandantes. ¿Por qué no abrir las puertas a la información?

El periodismo sirve para contar los hechos. Para que la gente conozca, evalúe y juzgue la gestión de sus autoridades. Quizás por esta razón el gobierno no cesa en su estrategia de mantener viva la campaña de desprestigio contra los medios mientras los utiliza cuando necesita estar en los titulares.

¿Prensa vinculada a poderes corruptos, malintencionada, poco democrática, personalista? Sí, la hay. Pero no todos los medios son así.  ¿Por qué el secretismo?

Porque es la esencia de la generalización antimediática: un imaginario social que perciba como mentira cualquier noticia que implique crítica a Correa.

Hace dos décadas, en Ecuador, esa estrategia hubiera levantado a la izquierda contra el poder político intimidatorio. Cómo cambian los tiempos.

17
Abr
08

ojalá me equivoque

Pido perdón a los ciudadanos honestos y esperanzados y crédulos si me equivoco. Pido perdón al país si me equivoco.

Percibo que somos anónimos peones de un ajedrez maquiavélico manejado desde arriba, desde distancias y lugares inaccesibles e incomprensibles para quienes no tenemos poder, que no estamos al mando de nada, que no trazamos estrategias para controlar espacios físicos o personas o territorios o recursos.

No creo en la partidocracia corrupta y en los poderes económicos que se llevaron en peso el país en los últimos 30 años. Pero también me resulta difícil creer en la palabra de quienes se jactan de que el correísmo es el amanecer tras la larga noche neoliberal.

Cuando asumió el poder el actual gobierno muchos ciudadanos creímos que empezaría a construirse y a ponerse en vigencia una nueva ética política, una nueva manera de distribuir los recursos económicos, una nueva manera de concebir, gestar y parir el país que queremos la mayoría de ecuatorianos, una nueva manera de entender el debate, la deliberación, la crítica, la reflexión, el pensamiento diferente, la libre circulación de las ideas.

Sin embargo, percibo que el gobierno del presidente Rafael Correa muestra fisuras precisamente en la forma cómo intenta cambiar las estructuras del estado y en la manera en que asimila los conceptos y los puntos de vista discrepantes.

Llamar mentirosos a tres medios porque recogen lo que ocurrió en la Plaza de la Independencia entre el mandatario y los taxistas no tiene relación con una presunta actitud tolerante y abierta de quienes manejan el poder político.

Quienes vieron por televisión lo que ocurrió esa mañana saben que lo que contaron aquellos tres medios fue lo que ocurrió: los choferes abucheando al mandatario cuando dijo que los “taxi amigo” también tienen derecho a trabajar y el jefe de estado, con su estilo, sonriendo irónicamente mientras decía por el micrófono “están equivocados de presidente, a mí no me amenacen”.

¿Cuál fue la mentira de los medios impresos que contaron estos detalles? ¿Qué tipo de periodismo quiere el economista Correa? ¿Entiende que la prensa no puede ni debe ser funcional y caja de resonancia del gobierno de turno?  Luego de la experiencia por la crisis con Colombia, ¿no fue él quien criticó a los medios de ese país alineados con el gobierno del presidente Uribe?

En la Asamblea suceden cosas parecidas.

Percibo que la mayoría de asambleístas, de la tendencia del Primer Mandatario, hace y deshace los mandatos y los proyectos de artículos constitucionales sobre la base de encuestas pre-electorales.

Percibo que tanto el gobierno como los asambleístas del oficialismo están dispuestos a renunciar a su ideología y a sus principios (e incluso a su propio proyecto) si lo que lanzan como globo de ensayo no gusta a la mayoría y, por tanto, no conviene para los planes de ganar el referendo y consolidar por mucho tiempo su poder.

Son percepciones personales. Mis percepciones. Ojalá me equivoque. 

11
Abr
08

la utopía impuesta

Se llama Yoani Sánchez, es cubana y aunque estudió filología y no periodismo, este se ha convertido en su razón de ser.
Hace pocos días, desde España, le informaron que había ganado el prestigioso premio Ortega y Gasset de comunicación.
Yoani saltó de alegría. Fue una sorpresa, porque hace algo aparentemente simple: escribir su blog llamado Generación Y (desdecuba.com/generaciony).
En Cuba existen limitaciones de tipo tecnológico y  político para acceder a la red. Pero Yoani ha crecido en la generación de los ochenta, una generación que aprendió a vencer grandes obstáculos: “nacidos en la Cuba de los años 70s y los 80s, marcados por las escuelas del campo, los muñequitos rusos, las salidas ilegales y la frustración”.  
Como millones de cubanos, abandonó su tierra. Vivió en Suiza dos años, pero volvió a La Habana en una decisión que muchos la criticaron.
Regresó por asuntos familiares, dice, pero también porque huir de la realidad no la llevaba a ninguna parte.
En medio de carencias, escasez y la lucha cotidiana de quienes habitan una realidad donde cada día es una prueba de supervivencia, Yoani abrió su blog mientras buscaba la manera de redondear sus ingresos dictando clases de español a extranjeros y trabajando en la revista digital Consenso.
En apenas cuatro meses sus lectores eran miles de miles. Y su pensamiento, su crítica, su forma de desnudar una  cotidianidad difícil, su manera de decir frontalmente lo que tiene que decir de la sociedad y el estado cubanos, sin dejar de amar a su país, la convirtieron en un ícono y un referente de su generación.
Ahora dice que valió la pena superar tanto inconveniente para acceder a internet, tanto memory flash llevado de aquí para allá: “Lo que parecía una terapia personal para sacudir mis achaques se convirtió en un espacio de muchos que, curiosa coincidencia, también tenían sus propios demonios”.
Fue su persistencia y capacidad de expresión, sincera y apasionada, lo que multiplicó sus lectores ciberrebeldes en el mundo: “Lectores, yo sólo soy el rostro en la barra lateral de este sitio. Ustedes, polemistas, incendiarios, censores y boicoteadores, son, en fin de cuentas, los que hacen el blog”.
Yoani es un símbolo para quienes no se ajustan a lo “políticamente correcto” o a las conveniencias del poder de turno: “Habito una utopía que no es mía. Ante ella, mis abuelos se persignaron y mis padres entregaron sus mejores años. Yo, la llevo sobre los hombres sin poder sacudírmela. Algunos que no la viven intentan convencerme que debo conservarla. Sin embargo, resulta enajenante vivir una ilusión ajena, cargar con el peso de lo que otros soñaron. A los que me impusieron –sin consultarme- este espejismo, quiero advertirles, desde ahora, que no pienso heredárselo a mis hijos”.
Así es el periodismo que tiene sentido. Un periodismo desligado de ideologías de moda o tendencias coyunturales. Un periodismo sin más compromiso que contar la realidad.
06
Abr
08

ese rostro oficial al que se le corre el rimmel…

 

Esa porción de filóloga que aún me queda –que conoce de literatos, filósofos y nombres académicos- está dando saltos de contenta por el Premio Ortega y Gasset de periodismo que me han otorgado. La blogger, por su parte, siente que tantos obstáculos para acceder a Internet, tanto memory flash llevado de aquí para allá, ha valido la pena.

Sólo atino a recordar que era abril –ya Eliot había reparado en la crueldad de la primavera- y decidí exorcizar mis demonios en un Blog. Comencé por expulsar al más paralizante, ese que nos hace apelar a la máscara, el disfraz y el silencio. El segundo en la fila de los desalojados, fue la apatía del que sabe que no puede hacerse mucho. A mediados de agosto, la legión formada por la frustración, el desencanto y las dudas ya drenaban con cada post.

Lo que parecía una terapia personal, para sacudirme todos esos achaques, se convirtió en un espacio para muchos que, curiosa coincidencia, también tenían sus propios demonios.

Lectores, yo sólo soy el rostro en la barra lateral de este sitio. Ustedes, polemistas, incendiarios, censores y boicoteadores, son, en fin de cuentas, los que hacen el Blog.

02
Abr
08

¿investigar a quién?

Por Rubén Darío Buitrón 

Se equivocan el presidente de la República y sus ministros cuando amenazan, bajo el riesgo de ser apresurados, injustos y abusivos, con investigar a los periodistas que publiquen o hubieran publicado detalles “no oficiales” del tema FARC en nuestro país.Irónicamente, las amenazas ocurren pocos días después de que, tras 14 meses de campaña del Primer Mandatario contra los medios, sin distinguir ni matizar, dejó su discurso descalificador y pidió ayuda cuando se dio cuenta de que necesitaba a la prensa más que a su repetitiva herramienta de comunicación basada en cuñas publicitarias y espacios gratuitos mal utilizados. En el conflicto con el Perú los medios realizaron un excepcional trabajo porque hubo periodistas que enfrentaron la crisis de manera serena y precisa. El gobierno de entonces tuvo un acierto: convocar a un equipo de comunicadores independientes que impulsen estrategias informativas pluralistas y pedagógicas. Así de simple.Hoy, en medio de la confusión del régimen frente a su incapacidad mediática para afrontar la crisis con Colombia, los funcionarios vuelven a la carga: el recién estrenado Alfredo Vera, miembro de la partidocracia que tanto dice combatir el Presidente, y el ministro de Defensa dejan entrever que pudiera ser “un delito contra la Patria” publicar hechos que la prensa considera relevantes. El país mediático no se divide en patriotas y antipatriotas. Se divide -en tiempos de altisonancias y cacería de brujas- en periodistas independientes, periodistas que se sirven del escándalo para atacar al Presidente y periodistas funcionales y patrioteros.Los independientes van más allá de la información oficial, dudan de las confusas contradicciones oficiales, intentan llegar a la verdad e investigan los entretelones de un caso que atañe a los ecuatorianos y a la credibilidad nacional en las instituciones estratégicas.Los periodistas anti-Correa buscan cualquier indicio para golpear al Gobierno y mostrar su supuesta relación con lo que llaman el “eje Correa-Chávez”.Los patrioteros caminan con antorchas encendidas y bandera tricolor alrededor de su cuerpo y hacen declaraciones que al día siguiente les toca precisar o desmentir. ¿En qué quedamos? Hace un mes, el ministro Gustavo Larrea invocaba “el profesionalismo de la prensa ecuatoriana” con el fin de “luchar juntos contra la campaña mediática internacional para desprestigiar al Gobierno”. No era necesario: la mayoría de medios, cumpliendo su deber con sus audiencias, ya estaba informando, documentando y abriendo espacios de reflexión sobre el ataque, sus consecuencias y entretelones.Así que si algo tendría que investigar el Gobierno, por su propia reputación y por la confianza que una mayoría de ecuatorianos aún tiene en él, son los enredos y desconciertos de funcionarios incapaces de valorar el pluralismo mediático que cumple su rol social y profesional de manera mucho más responsable que un régimen que aún no entiende qué es comunicar.