Archivos para Junio 2008

30
Jun
08

manabí, entre la demagogia y la pasividad (I)

Los políticos manipulan el potencial electoral de la provincia y abusan de una población que no se organiza. La apatía cívica es un mal derivado del conformismo

Rubén Darío Buitrón
Desde Portoviejo

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Veintidós cantones, cada uno con su personalidad y su idiosincrasia, integran esta mágica provincia poblada, en su gran mayoría, de mestizos, cholos y montubios, todos -como dice el costumbrista José Elías Sánchez- “extraordinariamente ecuatorianos”.

Es curioso lo que sucede acá, refiere el popular actor Raymundo Zambrano: el poder central nos tiene abandonados hace más de un siglo, somos víctimas del bicentralismo de Quito y Guayaquil, nos hace falta infraestructura básica y apoyo para generar producción y empleo, sin embargo no han logrado robarnos la dignidad y la alegría. Somos una provincia maravillosa, de hermosos paisajes marítimos y campesinos, de enorme potencial agrícola y pesquero”.

Pero Zambrano también es crítico de sus paisanos. A él le parece que los manabitas se han dejado manipular y utilizar por los gobiernos y los partidos políticos de turno. Les han prometido obras que nunca se han hecho, pero tampoco hay una organización ciudadana fuerte para exigir el cumplimiento de esas ofertas demagógicas.

Con esa crítica coincide el investigador Ronald Intriago: “El manabita es pasivo. Según estudios, el 70 por ciento de la población no se siente comprometido con lo que ocurre en la provincia. Creen que es inútil alzar la voz porque no se los escucha y son paternalistas, reactivos, yo diría hasta masoquistas, si analizamos la conducta política”.

Zambrano e Intriago aseguran que la pasividad de los manabitas perjudica profundamente al postergado progreso de la provincia, porque “esperan que alguien bajado del cielo les resuelva sus problemas, sin darse cuenta de que eso no ocurrirá mientras no luchen organizadamente por sus objetivos”.

Entre el intenso calor y el vertiginoso movimiento de Portoviejo, Pedro Medranda, un pequeño comerciante, reflexiona con lucidez sobre la situación de su provincia: “Durante años nos han hecho creer que la culpa de todos nuestros males se debe al centralismo y a la burocracia quiteña, pero acá hemos tenido diputados, prefectos y alcaldes que se han mantenido mucho tiempo en el poder y no han sido capaces de realizar un trabajo efectivo por el bien de las ciudades y la provincia. Lo irónico es que nos hemos dado cuenta de su inacción y hemos seguido votando por ellos”.

El asambleísta socialcristiano Leonardo Viteri, ex alcalde de Bahía de Caráquez, afirma que el gran problema de los manabitas es que han caído en una apatía cívica que les impide salir del atolladero y que les convierte en objeto de manipulación de los partidos políticos.

Viteri admite que el Partido Social Cristiano, así como otros de la llamada partidocracia, no fueron capaces de dar soluciones de mediano y largo plazo a la gente. Eso hizo que llegara el Movimiento PAIS y que arrasara en las últimas votaciones.

Según el asambleísta, “los políticos ecuatorianos, en especial los que hemos tenido el poder en esta provincia, debiéramos ofrecer disculpas públicas al pueblo manabita. La verdad es que manejamos los poderes locales y nacionales de manera poco participativa, poco democrática, excluyente. En realidad, les fallamos a nuestros electores”.

Tatiana Hidrovo, asambleísta de PAIS por Manabí, se califica como “una autonomista por naturaleza” y refiere que la histórica exclusión de los montubios y los cholos es la muestra más palpable de cómo el poder político ha marginado a quienes forman parte de la esencia de la nacionalidad ecuatoriana.

Víctima, según la coyuntura, de partidos y líderes populistas, demagogos y negligentes, Manabí camina por el filo de la paradoja: para los cálculos electorales es, siempre, “una provincia clave”, pero cuando ya ha entregado sus votos por quien más promete, simplemente vuelve a quedar en el abandono.

>> Voces

Patricia Briones Alcaldesa de Portoviejo
“En Manabí hemos creído por mucho tiempo en los liderazgos caudillistas, pero, francamente, esto acá no funciona. Con la especial idiosincrasia de nuestros habitantes, hemos comprobado que las cosas dan resultado cuando se trabaja en equipo sin egoísmos partidistas. Por eso en Portoviejo estamos avanzando.

Leonardo Viteri Asambleísta de Manabí por PSC
“La gran tragedia de Manabí es la apatía cívica de sus ciudadanos. Se quejan de las condiciones en que viven y de lo poco que hemos hecho los políticos por ellos, pero no toman iniciativas ciudadanas que generen movimientos masivos para exigir mejores condiciones de vida. Nos hemos hecho conformistas”.

>> LAS CIFRAS

600.000 votos fue el número promedio de sufragios en Manabí en los últimos comicios. Hay un millón de empadronados.

70% de habitantes en Manabí dice no sentirse comprometido con lo que sucede en sus ciudades y en su provincia.

26
Jun
08

¿y la “revolución ciudadana”?

El asambleísta indígena Carlos Pilamunga está desconcertado. Interpreta el pensamiento del movimiento Pachakutik y teme lo peor: con la salida de Alberto Acosta vendrá “un paquetazo económico contra los pobres. Y avalado por la Asamblea …”.

Pilamunga fue uno de los pocos que acompañaron a Acosta en su despedida ante los medios: “Cuando empezó el Gobierno teníamos ilusiones. Ahora está claro lo que tratábamos de evitar: Correa se tomó la Asamblea”.

Ese temor lo comparten decenas de asambleístas y asesores de PAIS, quienes, en silencio, expresan su malestar con miedo, mediante mensajes celulares o correos electrónicos.

Martha Roldós lo dice sin pestañear: “La Asamblea es el órgano más alto del Estado porque fue electa legítimamente. Pero si sobre ella se sitúa el “buró político” de Correa, que tuerce la voluntad de quienes nos eligieron, estamos frente a un proceso autoritario”.

Guillermo Navarro, asesor, comparte la incertidumbre de Pilamunga. Aún cree en la “revolución ciudadana” y espera decisiones acertadas para el cambio.

No obstante, es pesimista: “el Presidente adoptó decisiones para mejorar las perspectivas electorales de PAIS, pero estas medidas, como la salida de Acosta y el mandato agrícola, están llevando a que siga en descenso la credibilidad no solo de la Asamblea, sino del propio Correa”.

La forzada “renuncia” de Acosta (por orden de Carondelet) trata de ocultar los problemas de fondo que llevaron al círculo de Correa, capitaneado por Vinicio Alvarado y Ricardo Patiño, a tomar esas decisiones.

Preocupado por el desgaste, y con la campaña por el Sí en el bolsillo, el “buró” presiona para que la Asamblea termine su trabajo el 26 de julio porque le aterra la idea de que una prolongación de los debates termine con la posibilidad de que triunfe el voto afirmativo.

Desesperaciones como esas hicieron que uno de los altos jerarcas del círculo llegara a decir que Acosta “ya los tenía hartos” con la “lentificación” del ritmo de la Asamblea.

Pero Acosta no es el problema: se reducen las remesas de los migrantes, sube el desempleo, no hay producción industrial, regresan los indocumentados de Europa, se dispara el costo de la vida…

El asambleísta Diego Borja asegura que aún tiene esperanza de que Correa “realmente signifique el cambio”, pero advierte que el mandatario está maniatado por una conspiración.

En esa línea, la salida de Acosta envía tres señales graves: la primera, el “buró político” manda en el Ecuador. La segunda, “hazte a un lado” porque queremos una constitución al galope, “con poca democracia” y mucho afán de favorecer a Interagua, a las grandes concesiones mineras, a los proyectos hidroeléctricos a dedo y a la promoción de transgénicos.

Si algo positivo ha quedado de los recientes sucesos es que el país ya tiene una certeza: Correa y su círculo son los responsables de que la supuesta construcción democrática no sea suficientemente democrática. ¿Es eso la “revolución ciudadana”?

24
Jun
08

acuerdo PAIS da un salto al vacío

DIARIO EXPRESO


 

Acuerdo PAIS da un paso al vacío
Rubén Darío Buitrón

 
 
 
 
 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

A las cinco y media de la tarde de ayer lunes terminó el primer acto de una obra a la que aún le quedan episodios y cuyo desenlace es difícil de prever. A esa hora, el hasta hoy presidente de la Asamblea, Alberto Acosta, anunciaba que tomaba la decisión de renunciar a su cargo mientras expresaba que “la cúpula de Acuerdo PAIS me ha pedido que dé un paso al costado”.

El anuncio dejó más dudas que certezas: cuando Acosta dijo que no quiere ser “responsable de un atropello” o que no está de acuerdo “con sacrificar el debate a cambio de la premura de los tiempos”, abrió lecturas adicionales a su reiterado mensaje de que no hay crisis en PAIS y que “esa es la manera democrática de resolver una polémica”.

Fue un primer acto largo y tortuoso. Y no solamente como resultado de una confrontación primero sutil y luego frontal entre Acosta y el presidente Rafael Correa, sino como producto de la falta de un proyecto de quienes asumieron el poder el pasado 15 de enero de 2007.

En estos 15 meses de administración, la llamada “revolución ciudadana” ha tenido más de retórica que de hechos concretos y su lema se ha mantenido vigente por la personalidad de Correa y su enorme aparato publicitario.

Al régimen, sin embargo, empieza a pasarle factura la ausencia de proyecto. Se evidencia en la integración de un frágil equipo de gobierno y de un equipo de asambleístas con poca capacidad de gestión y sin la coherencia ideológica por la que apostaron millones de ecuatorianos al votar por PAIS.

En voz baja, asambleístas y asesores del movimiento admiten que la estrategia de gobierno no estuvo pensada desde el principio, sino que ha ido “construyéndose en el camino”.

En otras palabras, esos militantes admiten que la victoria electoral los sorprendió y que no estaban preparados para manejar el Estado: las luchas soterradas en PAIS, en especial entre pragmáticos e ideológicos, muestran que aún hay que esperar la madurez política de quienes ahora tienen la responsabilidad de dejar atrás, como ellos mismos lo han anunciado, “la larga noche neoliberal”.

 

¿Un minigolpe?

Lo que vendrá es una reestructuración de los mandos en la Asamblea y, en consecuencia, la afirmación de la tendencia pragmática representada por Fernando “Corcho” Cordero, César Rodríguez, Aminta Buenaño y el emepedista Jorge Escala. Martha Roldós dejará la mesa directiva en apoyo a Acosta.

Ese grupo, sumado al “buró” de Gustavo Larrea, Fernando Bustamante, Augusto Barrera y Ricardo Patiño, entre otros, se encargará de vigilar de cerca que se pise el acelerador en las sesiones del plenario y se aprueben, en 30 días, más de 400 artículos del proyecto constitucional que se someterá a consideración del pueblo ecuatoriano en el referendo del último domingo de septiembre.

¿Ganó Correa este primer round? En apariencia, sí, pero no necesariamente: la renuncia o el “minigolpe de Estado” que, por confesión del propio Acosta, le dio la cúpula de PAIS al pedirle que se retirara de la presidencia, reveló públicamente lo que muchos ecuatorianos vienen percibiendo hace tiempo: el presidente de la República y el grupo que lo rodea, capitaneado por Vinicio Alvarado, tienen su propio proyecto de poder.

Y para fortalecer y consolidar ese proyecto probablemente están dispuestos -como muestran los hechos- a ir por encima de la esperanza de millones de ciudadanos que apostaron por una nueva ética para reconstruir el Estado.

En el próximo referendo, definitivamente, el pueblo no dirá Sí o No a la nueva Constitución, sino Sí o No a Correa.

¿Cómo afectará a la votación ese paso al vacío? El coronel Luis Hernández, uno de los pocos asambleístas de minoría que acompañaron a Acosta ayer resumió así los últimos hechos: “Cuando me eligieron vine a Montecristi a aprender democracia, pero me están dando clases de autoritarismo”.

 
18
Jun
08

el profesor de periodismo

Para el Jefe de Estado no hay periodista que valga. Todos somos mediocres, mafiosos, corruptos, desinformados, voceros de la partidocracia, malintencionados, interrogadores de la Gestapo, incapaces, intrascendentes.
Si salimos al paso de estas valoraciones subjetivas no es por espíritu de cuerpo: es para que el mandatario sepa que en la mayoría de medios los periodistas estamos empujando una creciente tendencia a la autocrítica y el repensar nuestro oficio, sin dejar de admitir la existencia de medios que no cumplen su función social.
El Presidente prefiere subestimar esos procesos autocríticos porque atacar a la prensa da puntos en las encuestas, pero debiera saber que su actitud hace que cada vez más ecuatorianos duden de la Asamblea y no crean en las buenas intenciones de PAIS.
En una democracia los ciudadanos tenemos derecho a exigir calidad en los contenidos mediáticos. En esa línea los asambleístas del oficialismo plantean un proyecto que, en su artículo 1, dice que “todas las personas en forma individual o colectiva tienen derecho a participar en la contraloría y veeduría social de la comunicación social”.
En teoría, la idea es socialmente consecuente. Pero se anula a sí misma cuando se encadena, en el actual contexto político, a la integración de un consejo nacional de comunicación.
Basta pensar dos cosas. Primera: para regular se requiere un Estado verdaderamente democrático. ¿Es el caso de Ecuador? Segunda: en países donde el Estado es una entelequia, los gobiernos toman decisiones a su nombre favoreciendo a grupos, sectores o ideologías. ¿Qué nos hace creer que esta vez será distinto?
Si el consejo y las veedurías se integran desde el Estado (es decir, desde el gobierno de Rafael Correa), fácilmente podrían convertirse en armas de presión, escarnio, censura o coerción, siguiendo la línea visceral del Presidente.
Así que si los proponentes tienen sincero interés de legislar en función de la sociedad y no del proyecto Correa, están obligados a replantear las instancias de consejería (no de control) para sean realmente independientes del poder político.
No obstante, muchos medios ya tienen mecanismos internos de control. Por ejemplo, exponen en sus sitios web los códigos de ética para que el ciudadano cuente con argumentos legales si se sintiera afectado y convocan a juntas externas de valoración informativa, consejerías de lectores y defensorías de audiencias como herramientas directas para medir la calidad de contenidos y su impacto ciudadano.
Sabemos que cometemos errores y somos conscientes que no debemos abusar de la libertad entregada por la sociedad, pero defendemos la autorregulación como proceso de autodepuración y responsabilidad en la producción informativa.
No necesitamos tutores ni superintendencias: necesitamos respeto a nuestras dinámicas internas. Si hacemos mal nuestro trabajo que lo digan las audiencias cuando confían o dejan de confiar en nosotros, pero que no lo haga el poder político, mucho peor cuando quiere fungir de profesor de periodismo.

16
Jun
08

¿en qué cree PAIS?

El sector más radical del Movimiento PAIS (MP) y sus aliados en la Asamblea están inconformes.

Anhelaban que el proyecto de articulado sobre comunicación tuviera el apoyo incondicional del presidente de la República, pero olvidaron que Rafael Correa no da un paso sin una lectura atenta y reverencial de las encuestas en las que dice no creer.

Los líderes del MP en la Asamblea tampoco avalaron el proyecto: igual que hicieron con las propuestas de Tania Hermida sobre el nuevo escudo nacional o la de María Soledad Vela con el derecho al placer sexual, cuando percibieron que la propuesta levantaba demasiada polvareda optaron por mirar a otro lado. Total, hay que cuidar la imagen porque ya mismo se viene el referendo.

He ahí las incoherencias del poder: ¿qué mismo piensa PAIS? ¿Los proyectos son personales o del bloque? Cuando millones de ecuatorianos apostaron por el cambio lo hicieron pensando que con Rafael Correa vendría una nueva ética política.

Pero esa ética, si existe, se opaca con los hechos concretos: legislar la prohibición de publicidad que atente contra los derechos fundamentales es lanzar un bumerán contra una campaña propagandística millonaria, cuyo eje es una “realidad oficial” que se fabrica en el despacho del poderoso secretario de la Administración y Comunicación.

Si entrara en vigencia ese articulado, en el supuesto de que el pueblo dijera “Sí” a la nueva Constitución, ¿cómo resolverá el Gobierno esa contradicción? ¿Simplemente ignorándola, como ha hecho hasta ahora con la campaña electoral que no cesa desde hace dos años?

Tampoco es coherente que el nuevo proyecto constitucional, compuesto por seis artículos, proclame el derecho de todos a “una comunicación libre, intercultural, diversa, participativa e incluyente (…) que permita la profundización de la democracia…”.

¿Se profundiza la democracia cuando el Presidente ridiculiza a los periodistas que, según él, no están a su nivel?

¿Se profundiza cuando el Presidente no cesa en descalificar lo que dice la prensa, como estrategia para abrir el paraguas antes de que llueva?

¿Se profundiza la democracia cuando los asambleístas acusan a la prensa de “farandulizar la política” sin admitir que la prensa registra los hechos bochornosos que ellos han protagonizado?

¿Se profundiza cuando se redactan artículos abstractos cuya interpretación puede ser antojadiza según quién la aplique?

Hay que ponerle ojo al plenario cuando se debata el articulado de la comunicación.
La nueva moral por la que apostó la mayoría de ecuatorianos debe expresarse en la defensa irrestricta de las libertades y la profundización de la democracia mediática.

Lo contrario sería ratificar la percepción de los correístas decepcionados: hasta hoy la “revolución ciudadana” no ha sido más que un cambio en el control del poder. Falta la revolución ética.

13
Jun
08

¿qué hay de nuevo, viejo?

A los estudiantes de los talleres de periodismo suelo decirles que una de las preguntas básicas en el oficio es la clásica frase del sagaz conejo de la suerte, Bugs Bunny: ¿qué hay de nuevo, viejo?

En periodismo, la pregunta siempre será pertinente: si se trata de una noticia mal escrita, irrelevante, interesada o con carga intencional, la sociedad se cuestionará y no comerá cuento.

Lo mismo ocurre con los políticos. El pasado miércoles 11 la mesa 1 de la Asamblea Constituyente aprobó seis artículos relacionados con la comunicación en el contexto de los derechos fundamentales y garantías constitucionales.

El articulado irá a debate en el plenario y el sector más duro del Movimiento País anuncia que habrá tormenta: los radicales consideran que se ha hecho añicos la propuesta original y que los artículos que quedaron son, simplemente, “tibios”.

Hay distintas lecturas de lo ocurrido y yo tengo una: los proponentes exageraron tanto en su propuesta inicial que no solo preocuparon a los medios y a los periodistas sino que pusieron nerviosos a los propios líderes del Movimiento País: por eso el Primer Mandatario y el presidente de la Asamblea deslindaron su responsabilidad y dejaron solos a los gestores de la idea.

Sin embargo, el tema es más de fondo. Quienes han hecho los proyectos de articulado, tanto el original como el de la mesa 1, han cometido un error básico: elaborar un texto constitucional, de trascendencia histórica, sin acercarse a los medios, a los periodistas y especialmente a las audiencias.

En un artículo anterior sostuve que ir a la fuente es el principio básico del buen periodismo. Por tanto, la propuesta final debió ser resultado de una intensa, pluralista y amplia deliberación.

Los asambleístas tienen la enorme responsabilidad de representar a la sociedad e interpretar sus demandas y necesidades sobre la base de conocer la realidad. En este caso, ¿qué saben del oficio periodístico?, ¿cuánta ligereza militante está detrás del articulado? ¿Han visitado una sala de redacción para entenderla y no satanizarla? ¿Saben cómo se arma una agenda temática? Está claro que no, y por tanto el mayor peligro es confundir discursos de barricada y teoría de la comunicación con la complejidad del trabajo mediático.

No quiero precisar observaciones a los artículos porque conozco que el documento que dio a luz la mesa 1, con mayoría oficialista, será fuertemente cuestionado por sus propios colegas del Movimiento País.

¿Qué ley quedará después del plenario? Con proclamas y retóricas no se cambiará lo que supuesta o ciertamente se debe cambiar.

¿Por qué? Solo un ejemplo. Si la ley no enfrenta el problema de la formación de periodistas en las universidades, por perfecta que fuera dejará a un lado un elemento crucial para elevar la calidad de los profesionales y de la información.

En la enseñanza del periodismo dicen que lo mejor es que lo hagan quienes están en el oficio. ¿Era tan difícil convocar un gran debate, sin prejuicios y con sensatez, en el que todos hubiéramos tenido algo que decir sobre información, medios, derechos, ética y comunicación? Que responda la irónica sonrisa de Bugs Bunny.

08
Jun
08

la libertad, ¿castigo divino?

“El infinito en la palma de la mano”

La libertad, ¿un castigo divino?
Rubén Darío Buitrón

“El único paraíso donde es real la existencia es el del conocimiento”. Ese es el desafío que un dios llamado Elokim hace a sus criaturas: podrían quedarse para siempre en el Paraíso Terrenal y su vida sería eterna, pero nunca alcanzarán la conciencia, el saber y el entendimiento.

Pero Elokim, pese a su divinidad, a su poder absoluto, a su posibilidad de edificar y destruir, tiene sentimientos, necesidades, angustias. Sobre todo, la angustia de querer ser libre y no tener esa posibilidad porque su destino es “ir creando universos para luego dejarlos olvidados”.

Por eso inventa al hombre y a la mujer: en ellos volcará su incapacidad de elegir y construir la Historia.

Es la novela El infinito en la palma de la mano, escrita por la poeta nicaragüense Gioconda Belli y ganadora del prestigioso premio Biblioteca Breve Seix Barral 2008.
Belli propone una inédita y poética historia acerca de la creación, el Paraíso y el destino trágico de Adán y Eva.

La novela construye una sorprendente trama donde el protagonista oculto es un dios solitario que no disfruta de su autoridad, que se conflictúa con el resultado de sus diseños humanos y que en secreto anhela que los seres creados por él un día “le concedan el don del olvido y lo liberen de la soledad del poder”.

En el prólogo, Belli expresa su intención de “evocar los entretelones insospechados de ese antiguo drama, el paisaje surrealista del Paraíso y la vida de esta inocente, valiente y conmovedora pareja (…) que es la historia de cada uno de nosotros”.

Sin embargo, El infinito en la palma de la mano no es una novela religiosa, mítica o metafórica. Es una aguda reflexión sobre el poder y la libertad.

Elokim prefiere que Adán y Eva “sean tranquilos y pasivos, como el gato y el perro”. “¿Por qué? Porque, “el saber causa inquietud e inconformidad. Cuando uno conoce, deja de aceptar las cosas como son y trata de cambiarlas”.

En su deseo no hay egoísmo sino incertidumbre. Cuando crea las especies animales solo a una, la humana, entrega la libertad para decidir sobre su destino: “Elokim sabe que la Historia solo comenzará cuando usen esa libertad, tiene miedo de que la usen (…). Por eso les prohíbe que coman del árbol y decidan ser libres. Quizás la libertad no sea para ustedes”.

Elokim es libre y desde su libertad ejerce el poder. Pero si su creación está hecha a su imagen y semejanza, ¿qué lo lleva a dudar sobre la manera en que sus criaturas ejercerán la libertad?

Porque él no tiene la opción de elegir y sus creados sí. Y en la facultad de elegir va implícito el destino que escogerá la especie humana. “La Historia sería lo que Eva empezaría si comía la fruta prohibida. Elokim quería que ella decidiese si existiría o no el Paraíso. Él no quería hacerse responsable. Quería que fuese ella quien asumiera la responsabilidad”.

Elokim entrega la libertad al ser humano para que este haga lo que quiera con ella.

¿Sutilezas o castigos divinos para dejar en los hombros de los otros el peso de las consecuencias de las decisiones?

Elokim quiere saber “el destino de seres que, movidos por la libertad, se las ingeniarán para traspasar su voluntad creadora y vivir más allá de esta (…). Por eso incitó a Eva a que haga existir este mundo, un mundo de seres creándose a sí mismos y destruyéndose entre sí”.

Cuando terminemos de destruirnos quizás Elokim llore. O se maldiga. O aparezca entre los escombros con un rictus de asombro y decida nunca más entregar libertad a sus criaturas. Gracias a nuestra negligencia, será el fin del libre albedrío.

06
Jun
08

el perro que se muerde la cola

No parece difícil armar el escenario para que una sociedad se vuelva políticamente analfabeta, pasiva y sin capacidad de reacción. Una sociedad que pierda su derecho a criticar, deliberar y debatir apasionada y conceptualmente todo cuanto atañe a su presente y futuro.

Las cifras de Diario Hoy en su reciente trabajo sobre el “periodismo de farándula” son dramáticas.

Veamos una: “La televisión dedica seis horas diarias a transmitir chismes y noticias sobre famosos”.

Y otra: “Todos los canales nacionales dedican al menos 10 minutos a chismes de la farándula. De lunes a viernes, la TV ofrece casi 28 horas de esta información”.

Y una conclusión: “Los expertos en farándula creen que en el futuro próximo los periodistas rosa ecuatorianos serán más agresivos (en busca de mayor audiencia)”.

El presagio no es descabellado. Los programas de TV dedicados a hablar de los programas de TV (no es juego de palabras) han penetrado con su híper-exposición en el imaginario de millones de ecuatorianos.

Millones que dedican cuatro horas al día para conocer lo que pasa con la vida privada de quienes juegan y rifan su propia intimidad en busca de los 15 minutos de fama que preanunciara el norteamericano Andy Warhol.

Así, la farándula y los chismes sobre el “jet set” criollo, que llegan a la aberración de hacer noticia de lo que no es noticia y tejer y provocar enredos sentimentales o laborales para tener qué contar, acumula rating sobre el escándalo, la sospecha, el rumor no confirmado y la invasión a la intimidad.

La farándula vende. Multiplica los dólares por miles. Crea famas de bolsillo. Pretende divertir con el escarnio público. Juega con la curiosidad y la expectativa alrededor de sus propias figuras de pantalla. Deja a un lado los hechos de la cultura y el arte y magnifica a quienes hacen anticultura. Sin pudor edifica o echa abajo reputaciones.

Juega a ser juez, fiscal, comisario, dictador, testigo onmipresente y ubicuo de hechos irrelevantes cuya difusión vacía de sentidos profundos y de objetivos cívicos la vida cotidiana de sus audiencias.

No es inocente. No es inofensiva. Y debe rendir cuentas. Pues aunque sea parte de una tendencia mediática mundial, impuesta desde el esquema de la TV de Miami -que ignora y niega espacios a los actores culturales y da las espaldas a las identidades nacionales-, hacerlo en Ecuador es más grave porque sucede justamente en un momento histórico en el que la sociedad tiene el deber de repensar su destino y no girar sobre sí misma como un perro que se muerde la cola.

Una ciudadanía distraída, obnubilada y encerrada en lo efímero olvida su obligación de mirar más allá de lo aparente y entender en qué pobre realidad la tiene encerrada el poder, ese poder que desde distintos escenarios y con las más hábiles estrategias de propaganda mediática mantiene secuestrada nuestra libertad mientras proclama, convirtiéndolo en otro chisme de farándula, que lucha por devolvernos la libertad.

02
Jun
08

el bloque de PAÍS es una suma de desconciertos

Tomado de Diario Expreso
Lunes 2 de junio de 2008

En la Asamblea, el oficialismo se debilita por profundas discrepancias ideológicas y quejas de intromisión del Presidente Correa

Por Rubén Darío Buitrón

La crisis interna del oficialismo en la Asamblea tiene algunos nombres: Rafael Correa, Alberto Acosta, Ricardo Patiño, Javier Ponce, Francisco Arellano, Mónica Chuji, Diana Acosta, Vinicio Alvarado… En voz baja lo dicen asambleístas y asesores de PAIS: cuando Javier Ponce se fue al Ministerio de Defensa se debilitaron los puentes entre el Gobierno y el bloque legislativo.

Para ellos eso fue el principio de lo que ahora está ocurriendo: el Presidente quedó encerrado en un círculo donde la voz cantante la lleva el hombre fuerte de Carondelet, Vinicio Alvarado, un personaje que en Montecristi causa recelos, incertidumbres y desconciertos.

Una asambleísta es más directa: la ilusión que muchos de ellos tenían cuando ganaron las elecciones empieza a diluirse porque “la política real es cínica, atropelladora, insensible”.

En las oficinas de los miembros de PAIS solo hay un consenso: hay que destacar y aplaudir el extraordinario esfuerzo que hace Alberto Acosta, presidente de la Asamblea, para mantener unido al bloque y frenar confrontaciones que, según ellos, “únicamente favorecían a la derecha y a la oposición”.

Pero más allá de relievar el trabajo de Acosta, esa asambleísta desilusionada expresa que la mayoría del bloque está descontenta con los procedimientos de Correa y su gente (Patiño y Alvarado, entre los más visibles).

Le disgusta, por ejemplo, que existan “jugadas sucias” contra ellos. Algunos temas que se han convertido en polémicas y escándalos mediáticos no han sido tratados por el bloque y, sin embargo, “alguien” se ha encargado de ponerlos en el debate para desprestigiar a ciertos asambleístas y, por qué no, golpear la credibilidad del proyecto político de PAIS y apuntar a una derrota del Sí en el referendo donde los ecuatorianos decidirán si apoyan que la nueva Constitución entre en vigencia.

¿Suena perverso? Quizá, pero es lo que se vive allá adentro.

La lucha es soterrada pero incesante. Muchos se quejan de que en los debates del plenario y en los medios solo brillan 5 ó 6 representantes, pero son 80…

Lamentan además que existan “mesas mediáticas y mesas anónimas”, porque ciertos miembros de PAIS juegan al protagonismo y al correísmo con dos tácticas: la alarmista (anunciar mandatos que ni siquiera están en borrador) y la presidencialista.

“Llegan al colmo -confiesa un asesor de un asambleísta por Pichincha- de decirle al presidente Correa que debiera imponer la reelección presidencial indefinida, cuando él mismo ha dicho que no le interesa como propuesta constitucional”.

Los halagos y lisonjas no son gratuitos. Quienes lo hacen no están pensando realmente en aportar a los articulados de la nueva Constitución sino en su propio beneficio: para nadie es un misterio que ya existen pugnas por candidaturas a las alcaldías, prefecturas, diputaciones, ministerios…

Pero existen diferencias más graves: las ideológicas. No falta quien dice que “una derecha infiltrada” tiene cercado a Correa “y hace su trabajo” en la Asamblea. No de otra forma los críticos entienden los cambios bruscos en las decisiones: muchas veces, dicen, debaten algo en el bloque y llegan a acuerdos, pero a la mañana siguiente “alguien” ha cambiado textos o contenidos que ya fueron consensuados.
Temas como los transgénicos, la plurinacionalidad, la consulta vinculante, la minería, entre otros, han producido desasosiego en el bloque.

“Hay demasiada intromisión de Correa”, insiste una asambleísta costeña.
Pero los de la línea correísta (que ya no dudan en bautizarse así) lo niegan. Para ellos el lío es la excesiva diversidad del bloque: extractivistas vs. conservacionistas, “lobbistas” vs. puristas, “derechosos solapados vs. radicales de izquierda”…

El más reciente síntoma de la división interna fue el del viernes anterior. Más de una veintena de asambleístas de PAIS abandonaron el plenario cuando la mayoría necesitaba votos para destituir al superintendente de Compañías, maestro y amigo del presidente Correa…