A los estudiantes de los talleres de periodismo suelo decirles que una de las preguntas básicas en el oficio es la clásica frase del sagaz conejo de la suerte, Bugs Bunny: ¿qué hay de nuevo, viejo?
En periodismo, la pregunta siempre será pertinente: si se trata de una noticia mal escrita, irrelevante, interesada o con carga intencional, la sociedad se cuestionará y no comerá cuento.
Lo mismo ocurre con los políticos. El pasado miércoles 11 la mesa 1 de la Asamblea Constituyente aprobó seis artículos relacionados con la comunicación en el contexto de los derechos fundamentales y garantías constitucionales.
El articulado irá a debate en el plenario y el sector más duro del Movimiento País anuncia que habrá tormenta: los radicales consideran que se ha hecho añicos la propuesta original y que los artículos que quedaron son, simplemente, “tibios”.
Hay distintas lecturas de lo ocurrido y yo tengo una: los proponentes exageraron tanto en su propuesta inicial que no solo preocuparon a los medios y a los periodistas sino que pusieron nerviosos a los propios líderes del Movimiento País: por eso el Primer Mandatario y el presidente de la Asamblea deslindaron su responsabilidad y dejaron solos a los gestores de la idea.
Sin embargo, el tema es más de fondo. Quienes han hecho los proyectos de articulado, tanto el original como el de la mesa 1, han cometido un error básico: elaborar un texto constitucional, de trascendencia histórica, sin acercarse a los medios, a los periodistas y especialmente a las audiencias.
En un artículo anterior sostuve que ir a la fuente es el principio básico del buen periodismo. Por tanto, la propuesta final debió ser resultado de una intensa, pluralista y amplia deliberación.
Los asambleístas tienen la enorme responsabilidad de representar a la sociedad e interpretar sus demandas y necesidades sobre la base de conocer la realidad. En este caso, ¿qué saben del oficio periodístico?, ¿cuánta ligereza militante está detrás del articulado? ¿Han visitado una sala de redacción para entenderla y no satanizarla? ¿Saben cómo se arma una agenda temática? Está claro que no, y por tanto el mayor peligro es confundir discursos de barricada y teoría de la comunicación con la complejidad del trabajo mediático.
No quiero precisar observaciones a los artículos porque conozco que el documento que dio a luz la mesa 1, con mayoría oficialista, será fuertemente cuestionado por sus propios colegas del Movimiento País.
¿Qué ley quedará después del plenario? Con proclamas y retóricas no se cambiará lo que supuesta o ciertamente se debe cambiar.
¿Por qué? Solo un ejemplo. Si la ley no enfrenta el problema de la formación de periodistas en las universidades, por perfecta que fuera dejará a un lado un elemento crucial para elevar la calidad de los profesionales y de la información.
En la enseñanza del periodismo dicen que lo mejor es que lo hagan quienes están en el oficio. ¿Era tan difícil convocar un gran debate, sin prejuicios y con sensatez, en el que todos hubiéramos tenido algo que decir sobre información, medios, derechos, ética y comunicación? Que responda la irónica sonrisa de Bugs Bunny.