El sector más radical del Movimiento PAIS (MP) y sus aliados en la Asamblea están inconformes.
Anhelaban que el proyecto de articulado sobre comunicación tuviera el apoyo incondicional del presidente de la República, pero olvidaron que Rafael Correa no da un paso sin una lectura atenta y reverencial de las encuestas en las que dice no creer.
Los líderes del MP en la Asamblea tampoco avalaron el proyecto: igual que hicieron con las propuestas de Tania Hermida sobre el nuevo escudo nacional o la de María Soledad Vela con el derecho al placer sexual, cuando percibieron que la propuesta levantaba demasiada polvareda optaron por mirar a otro lado. Total, hay que cuidar la imagen porque ya mismo se viene el referendo.
He ahí las incoherencias del poder: ¿qué mismo piensa PAIS? ¿Los proyectos son personales o del bloque? Cuando millones de ecuatorianos apostaron por el cambio lo hicieron pensando que con Rafael Correa vendría una nueva ética política.
Pero esa ética, si existe, se opaca con los hechos concretos: legislar la prohibición de publicidad que atente contra los derechos fundamentales es lanzar un bumerán contra una campaña propagandística millonaria, cuyo eje es una “realidad oficial” que se fabrica en el despacho del poderoso secretario de la Administración y Comunicación.
Si entrara en vigencia ese articulado, en el supuesto de que el pueblo dijera “Sí” a la nueva Constitución, ¿cómo resolverá el Gobierno esa contradicción? ¿Simplemente ignorándola, como ha hecho hasta ahora con la campaña electoral que no cesa desde hace dos años?
Tampoco es coherente que el nuevo proyecto constitucional, compuesto por seis artículos, proclame el derecho de todos a “una comunicación libre, intercultural, diversa, participativa e incluyente (…) que permita la profundización de la democracia…”.
¿Se profundiza la democracia cuando el Presidente ridiculiza a los periodistas que, según él, no están a su nivel?
¿Se profundiza cuando el Presidente no cesa en descalificar lo que dice la prensa, como estrategia para abrir el paraguas antes de que llueva?
¿Se profundiza la democracia cuando los asambleístas acusan a la prensa de “farandulizar la política” sin admitir que la prensa registra los hechos bochornosos que ellos han protagonizado?
¿Se profundiza cuando se redactan artículos abstractos cuya interpretación puede ser antojadiza según quién la aplique?
Hay que ponerle ojo al plenario cuando se debata el articulado de la comunicación.
La nueva moral por la que apostó la mayoría de ecuatorianos debe expresarse en la defensa irrestricta de las libertades y la profundización de la democracia mediática.
Lo contrario sería ratificar la percepción de los correístas decepcionados: hasta hoy la “revolución ciudadana” no ha sido más que un cambio en el control del poder. Falta la revolución ética.