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Jun
08

acuerdo PAIS da un salto al vacío

DIARIO EXPRESO


 

Acuerdo PAIS da un paso al vacío
Rubén Darío Buitrón

 
 
 
 
 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

A las cinco y media de la tarde de ayer lunes terminó el primer acto de una obra a la que aún le quedan episodios y cuyo desenlace es difícil de prever. A esa hora, el hasta hoy presidente de la Asamblea, Alberto Acosta, anunciaba que tomaba la decisión de renunciar a su cargo mientras expresaba que “la cúpula de Acuerdo PAIS me ha pedido que dé un paso al costado”.

El anuncio dejó más dudas que certezas: cuando Acosta dijo que no quiere ser “responsable de un atropello” o que no está de acuerdo “con sacrificar el debate a cambio de la premura de los tiempos”, abrió lecturas adicionales a su reiterado mensaje de que no hay crisis en PAIS y que “esa es la manera democrática de resolver una polémica”.

Fue un primer acto largo y tortuoso. Y no solamente como resultado de una confrontación primero sutil y luego frontal entre Acosta y el presidente Rafael Correa, sino como producto de la falta de un proyecto de quienes asumieron el poder el pasado 15 de enero de 2007.

En estos 15 meses de administración, la llamada “revolución ciudadana” ha tenido más de retórica que de hechos concretos y su lema se ha mantenido vigente por la personalidad de Correa y su enorme aparato publicitario.

Al régimen, sin embargo, empieza a pasarle factura la ausencia de proyecto. Se evidencia en la integración de un frágil equipo de gobierno y de un equipo de asambleístas con poca capacidad de gestión y sin la coherencia ideológica por la que apostaron millones de ecuatorianos al votar por PAIS.

En voz baja, asambleístas y asesores del movimiento admiten que la estrategia de gobierno no estuvo pensada desde el principio, sino que ha ido “construyéndose en el camino”.

En otras palabras, esos militantes admiten que la victoria electoral los sorprendió y que no estaban preparados para manejar el Estado: las luchas soterradas en PAIS, en especial entre pragmáticos e ideológicos, muestran que aún hay que esperar la madurez política de quienes ahora tienen la responsabilidad de dejar atrás, como ellos mismos lo han anunciado, “la larga noche neoliberal”.

 

¿Un minigolpe?

Lo que vendrá es una reestructuración de los mandos en la Asamblea y, en consecuencia, la afirmación de la tendencia pragmática representada por Fernando “Corcho” Cordero, César Rodríguez, Aminta Buenaño y el emepedista Jorge Escala. Martha Roldós dejará la mesa directiva en apoyo a Acosta.

Ese grupo, sumado al “buró” de Gustavo Larrea, Fernando Bustamante, Augusto Barrera y Ricardo Patiño, entre otros, se encargará de vigilar de cerca que se pise el acelerador en las sesiones del plenario y se aprueben, en 30 días, más de 400 artículos del proyecto constitucional que se someterá a consideración del pueblo ecuatoriano en el referendo del último domingo de septiembre.

¿Ganó Correa este primer round? En apariencia, sí, pero no necesariamente: la renuncia o el “minigolpe de Estado” que, por confesión del propio Acosta, le dio la cúpula de PAIS al pedirle que se retirara de la presidencia, reveló públicamente lo que muchos ecuatorianos vienen percibiendo hace tiempo: el presidente de la República y el grupo que lo rodea, capitaneado por Vinicio Alvarado, tienen su propio proyecto de poder.

Y para fortalecer y consolidar ese proyecto probablemente están dispuestos -como muestran los hechos- a ir por encima de la esperanza de millones de ciudadanos que apostaron por una nueva ética para reconstruir el Estado.

En el próximo referendo, definitivamente, el pueblo no dirá Sí o No a la nueva Constitución, sino Sí o No a Correa.

¿Cómo afectará a la votación ese paso al vacío? El coronel Luis Hernández, uno de los pocos asambleístas de minoría que acompañaron a Acosta ayer resumió así los últimos hechos: “Cuando me eligieron vine a Montecristi a aprender democracia, pero me están dando clases de autoritarismo”.

 

1 Respuesta a “acuerdo PAIS da un salto al vacío”


  1. Junio 25, 2008 a las 5:18 pm

    Distinguido Periodista:

    Le doy respuesta a su último correo, a través de una reflexión
    antropológica de la cultura cuencana.

    Oswaldo Hurtado, que no es santo de mi devoción, porque se pertenece a la
    derecha quiteña que festinó el dinero del pueblo ecuatoriano con el
    salvataje bancario,escribió recientemente un libro con el título “Las
    constumbres de los ecuatorianos”. Seguramente, ud como buen lector, lo
    habrá analizado.

    Hurtado, de quién nadie duda de su rigor de investigador social, llega a
    la conclusión de que los cuencanos somos diferentes al resto de la Patria.
    Nos distinguimos por el trabajo, la eficiencia y sobre todo por la honradez
    en el accionar público y privado. Y por supuesto que las instituciones
    tienen tambien esos méritos, llámense éstas: Municipio, Consejo
    Provincial, empresas públicas, gremios profesionales, prensa
    local,asociaciones varias….

    En nuestro medio comarcano, esas cualidades son nuestra manera de vivir;
    mientras que la coima, el robo, la sapada, la doble moral, la mentira, la
    mala fe,son la excepción del modo de ser de los cuencanos.

    Ser de derecha o de izquierda en Cuenca no es un insulto ni un halago.
    Simplemente es la ideología adoptada por los ciudadanos frente a la
    concepción de la ciudad, la patria, el mundo. No prima en el tráfago
    ciudadano la malidiscencia, ni el ataque rastrero al otro. Tampoco sostengo
    que aquí se vive en la Utopía de Tomás Moro o en el falansterio de
    Fourier. Simplemente digo, que en Cuenca existe un ambiente de aceptable
    respeto, consideración y amistad, dado inclusive el tamaño de la urbe.

    En mi vida profesional como arquitecto tuve la honra de trabajar con
    políticos de derecha con las cualidades que le he mencionado. He sido
    director de Planificación del Municipio de Cuenca durante 15 años en las
    alcaldías de políticos conservadores de la talla de Alejandro Serrano
    Aguilar, Leoncio Cordero Jaramillo, Pedro Córdova Alvarez y Javier Muñoz
    Chávez,quienes han sido ciudadanos ilustres y de honradez a toda prueba,
    que han construido Cuenca colectivamente de manera ejemplar.

    Repito, ser de derecha en Cuenca no es un estigma, no es un halago, no es
    una ofensa. Es simplemente una tradición centenaria que ha sido respetada y
    respetable por todos. En cambio ser de derecha en Guayaquil y en Quito es
    diferente, es otro cantar.

    Igualmente, los medios de comunicación en Cuenca son en su gran mayoría
    respetables y dignos, independiente de su inclinación política. Nunca han
    sido reductos obsecuentes de políticos ni de derecha, ni de centro, ni de
    izquierda. Desde Solano,pasando por Manuel J. Calle, G, Humberto Mata, José
    Antonio Cardoso, Cludio Malo, Mario Jaramillo, hasta llegar a Alberto Luna
    Tobar cuencano de corazón, por citar algunos de sus hijos, el periodismo de
    Cuenca ha dado cátedra de calidad, inteligencia, honradez, independencia de
    la partidocracia y de la banca corrupta.

    Y me precio de ser un amigo de Ondas Azuayas y de haber sido invitado en
    ciertas ocasiones a sus instalaciones para debatir sobre temas de la ciudad
    y de la arquitectura. Con Fausto Cardoso, hermano de Guido, me une inclusive
    una amistad estrecha por ser colegas profesores durante años y por haber
    sido parte del equipo que él dirigió para realizar el expediente
    presentado ante la UNESCO que sirvió para que Cuenca sea declarada
    Patrimonio de la Humanidad.

    Mi estimado amigo virtual: en Cuenca tenenemos una visión distinta de la
    vida que en Quito y Guayaquil. Aquí el común de los mortales es honrado
    hasta que se le pruebe lo contrario. Y de paso de digo, que yo no pertenezco
    a ningún partido político y mucho peor soy afiliado al movimiento del
    Gobierno. Más aún, he sido invitado para ser parte activa con un alto
    cargo, – si ud. me responde a esta carta le contaré- , pero no he querido
    aceptar. Mi rol en la sociedad cuencana, es ahora la de ser un simple
    profesor de arquitectura que trato de inculcar a mis alumnos excelencia,
    eficacia, coherencia y sobre ética para no hacer de la arquitectura y la
    ciudad una mercancía más, como lo entiende y lo practica hasta la médula
    la oligarquía de Quito y sobre todo de Guayaquil.

    Por todo lo dicho, ratifico la conclusión de Hurtado: los cuencanos en su
    gran mayoría somos honrados, trabajadores y éticos en la política,
    independientemente de la tendencia y de las mañoserías comunes y
    existenciales de los poderosos de Guayaquil y de Quito.

    Igualmente me ratifico que ud. agredió verbalmente al corcho Cordero en la
    entrevista en Ondas Azuayas. También le digo una vez más de todo corazón,
    que ud, es uno de los pocos excelentes periodistas, inteligente, escribe muy
    bien, es crítico agudo y no tiene pelos en el ratón de su computadora.

    Por lo demás, aunque peque de chauvinista, sus otros agravios a la forma de
    ser de nosotros los cuencanos, no creo que sean justos. Una relectura de
    Hurtado en estas vacaciones le sentaría a ud. muy bien.

    Carlos Jaramillo M.
    CUENCA


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