Los políticos manipulan el potencial electoral de la provincia y abusan de una población que no se organiza. La apatía cívica es un mal derivado del conformismo
Rubén Darío Buitrón
Desde Portoviejo
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Veintidós cantones, cada uno con su personalidad y su idiosincrasia, integran esta mágica provincia poblada, en su gran mayoría, de mestizos, cholos y montubios, todos -como dice el costumbrista José Elías Sánchez- “extraordinariamente ecuatorianos”.
Es curioso lo que sucede acá, refiere el popular actor Raymundo Zambrano: el poder central nos tiene abandonados hace más de un siglo, somos víctimas del bicentralismo de Quito y Guayaquil, nos hace falta infraestructura básica y apoyo para generar producción y empleo, sin embargo no han logrado robarnos la dignidad y la alegría. Somos una provincia maravillosa, de hermosos paisajes marítimos y campesinos, de enorme potencial agrícola y pesquero”.
Pero Zambrano también es crítico de sus paisanos. A él le parece que los manabitas se han dejado manipular y utilizar por los gobiernos y los partidos políticos de turno. Les han prometido obras que nunca se han hecho, pero tampoco hay una organización ciudadana fuerte para exigir el cumplimiento de esas ofertas demagógicas.
Con esa crítica coincide el investigador Ronald Intriago: “El manabita es pasivo. Según estudios, el 70 por ciento de la población no se siente comprometido con lo que ocurre en la provincia. Creen que es inútil alzar la voz porque no se los escucha y son paternalistas, reactivos, yo diría hasta masoquistas, si analizamos la conducta política”.
Zambrano e Intriago aseguran que la pasividad de los manabitas perjudica profundamente al postergado progreso de la provincia, porque “esperan que alguien bajado del cielo les resuelva sus problemas, sin darse cuenta de que eso no ocurrirá mientras no luchen organizadamente por sus objetivos”.
Entre el intenso calor y el vertiginoso movimiento de Portoviejo, Pedro Medranda, un pequeño comerciante, reflexiona con lucidez sobre la situación de su provincia: “Durante años nos han hecho creer que la culpa de todos nuestros males se debe al centralismo y a la burocracia quiteña, pero acá hemos tenido diputados, prefectos y alcaldes que se han mantenido mucho tiempo en el poder y no han sido capaces de realizar un trabajo efectivo por el bien de las ciudades y la provincia. Lo irónico es que nos hemos dado cuenta de su inacción y hemos seguido votando por ellos”.
El asambleísta socialcristiano Leonardo Viteri, ex alcalde de Bahía de Caráquez, afirma que el gran problema de los manabitas es que han caído en una apatía cívica que les impide salir del atolladero y que les convierte en objeto de manipulación de los partidos políticos.
Viteri admite que el Partido Social Cristiano, así como otros de la llamada partidocracia, no fueron capaces de dar soluciones de mediano y largo plazo a la gente. Eso hizo que llegara el Movimiento PAIS y que arrasara en las últimas votaciones.
Según el asambleísta, “los políticos ecuatorianos, en especial los que hemos tenido el poder en esta provincia, debiéramos ofrecer disculpas públicas al pueblo manabita. La verdad es que manejamos los poderes locales y nacionales de manera poco participativa, poco democrática, excluyente. En realidad, les fallamos a nuestros electores”.
Tatiana Hidrovo, asambleísta de PAIS por Manabí, se califica como “una autonomista por naturaleza” y refiere que la histórica exclusión de los montubios y los cholos es la muestra más palpable de cómo el poder político ha marginado a quienes forman parte de la esencia de la nacionalidad ecuatoriana.
Víctima, según la coyuntura, de partidos y líderes populistas, demagogos y negligentes, Manabí camina por el filo de la paradoja: para los cálculos electorales es, siempre, “una provincia clave”, pero cuando ya ha entregado sus votos por quien más promete, simplemente vuelve a quedar en el abandono.
>> Voces
Patricia Briones Alcaldesa de Portoviejo
“En Manabí hemos creído por mucho tiempo en los liderazgos caudillistas, pero, francamente, esto acá no funciona. Con la especial idiosincrasia de nuestros habitantes, hemos comprobado que las cosas dan resultado cuando se trabaja en equipo sin egoísmos partidistas. Por eso en Portoviejo estamos avanzando.
Leonardo Viteri Asambleísta de Manabí por PSC
“La gran tragedia de Manabí es la apatía cívica de sus ciudadanos. Se quejan de las condiciones en que viven y de lo poco que hemos hecho los políticos por ellos, pero no toman iniciativas ciudadanas que generen movimientos masivos para exigir mejores condiciones de vida. Nos hemos hecho conformistas”.
>> LAS CIFRAS
600.000 votos fue el número promedio de sufragios en Manabí en los últimos comicios. Hay un millón de empadronados.
70% de habitantes en Manabí dice no sentirse comprometido con lo que sucede en sus ciudades y en su provincia.