Archivos para Julio 2008

31
Jul
08

¿ciudadanos o vasallos?

Alberto Acosta ha empezado a hablar. A revelar hechos poco claros ocurridos en el último tramo donde la locomotora oficialista arrasó en el pleno de la Asamblea.

Que hable Alberto Acosta es bueno para el país porque los ecuatorianos que votaron por él observaron con respeto, pero con incertidumbre y desazón, su cautela, su silencio y su extraño sentido de lealtad ideológica.

Hay que recordar, mientras era presidente, cuánta serenidad y nobleza mantuvo frente a preguntas difíciles que le hacíamos los periodistas: “No van a lograr que me pelee con el presidente Correa”.

Al final fue al revés: cuando el Presidente sintió que sus planes electorales podían diluirse no tuvo ningún rubor en ignorar una presunta amistad “a toda prueba” y exigirle, por medio de sus áulicos, que “diera un paso al costado”.

Por eso, para muchos fue difícil entender por qué permaneció como asambleísta si cuando lo renunciaron él dijo que lo hacía porque estaba en contra de los procedimientos que se venían y porque no quería ser responsable de un desastre.

Digamos que se quedó por convicción, por defender lo que hasta entonces se había logrado, por no dar argumentos a los supuestos o reales enemigos del cambio.

Pero la Asamblea ya terminó y ahora su deber ético del es rendir cuentas a los electores que votaron masivamente por él.

Acosta fue parte de quienes fundaron el movimiento que llegó al poder. Fue ministro de Energía del gobierno de Correa. Fue líder del bloque oficialista. Fue parte del buró. Es obvio que sabe mucho y que tendrá mucho que decir.

El ex presidente tiene responsabilidad con quienes lo convirtieron en el asambleísta más votado de la historia y no con quienes desde su movimiento (irónicamente llamado “Acuerdo PAIS”) se alinearon detrás del omnipoder del círculo oscuro que terminó ejerciendo los plenos poderes y desapareció textos constitucionales que consideraba inconvenientes para el proyecto correísta, como han denunciado el mismo Acosta y otros ex miembros de la Asamblea.

Hay un Ecuador que, independientemente de su ideología, cree en Acosta como un hombre honesto que luchó dentro del bloque y del “buró” para que las decisiones que tomara la mayoría fuesen coherentes con quienes depositaron su voto por PAIS.

Ahora no se trata de debilitar la opción por el Sí. Se trata de liderar un movimiento que trabaje intensamente para promover un voto consciente, reflexivo, deliberante.

Junto a muchos que aún creen en un proyecto de cambio no personalista ni intolerante, Acosta tiene el deber de promover mecanismos que construyan una opinión pública madura, de ciudadanos y no de manadas o fanáticos enceguecidos por el discurso del caudillo.

“La masa que no reflexiona es vulnerable, peligrosa y manipulable -dice la filósofa española Adela Cortina-, porque en ella no hay ciudadanos sino vasallos”. “Cuando solo hay masa -añade-, fácilmente puede gobernarla el político más manipulador”.

¿Dejará Alberto Acosta, desde su ética, que eso suceda?

26
Jul
08

ecuador irá al referendo con los ojos cerrados

¿Cuánta conexión lograron los asambleístas de la mayoría gubernamental con el ciudadano común?

¿En qué momentos y temas el ciudadano se sintió representado en los debates, en la redacción y en la propuesta final de la nueva constitución?

¿Hasta qué punto esa conexión o esa desconexión asambleísta-ciudadano incidirá en la votación del referéndum aprobatorio de la nueva carta magna el próximo 28 de septiembre?

¿Ese día realmente los ecuatorianos acudiremos a las urnas a votar entre el pasado y el futuro, entre distintas maneras de entender cómo estructurar el Estado o entre “la larga noche neoliberal” y “el socialismo del siglo XXI”?

Son algunas de las grandes incógnitas que empiezan a pesar sobre las espaldas de millones de ciudadanos a quienes les invade la incertidumbre, la duda y el desconcierto frente a lo que vendrá.

Infortunadamente para ellos, y en consecuencia para el futuro del país, aquellas grandes incógnitas no se resolverán siquiera después de que se conozcan los resultados del próximo referéndum.

Hace pocos días una empresa encuestadora revelaba que el 99 por ciento de ecuatorianos en edad de votar no conoce los contenidos de los articulados en torno a los cuales deberá pronunciarse en el plebiscito.

En otras palabras: a dos meses de una decisión crucial que tendrá directa relación con el futuro de la república, los electores no conocen qué tipo de Estado se les propone, qué cambios fundamentales trae el nuevo proyecto constitucional en relación con el que está (¿estaba?) vigente, por qué escoger la opción 2008 o quedarse con la constitución de 1998.

Pase lo que pase en las próximas semanas con lo que la propaganda oficial, el discurso gubernamental, los medios de comunicación y organizaciones políticas, cívicas y sociales alcancen a difundir sobre los contenidos de la nueva carta magna, y fuera del efecto que esa pedagogía tenga en la población, es obvio que la gran mayoría de electores acudirá a las urnas a decir sí o no al presidente Rafael Correa.

En ese sentido, será clave para el Gobierno mantener altas las cifras de popularidad y credibilidad del primer mandatario (actualmente en un promedio de 67 por ciento tras la incautación de los bienes de los ex banqueros Isaías).

Gracias a esos niveles de potencial votación afirmativa y, además, a la incapacidad de la oposición de articular un discurso alternativo solvente y sólido, el régimen tiene enormes probabilidades de triunfar y la nueva constitución entrará en vigencia.

De a poco se irá conociendo el contenido de la carta magna según los temas que vayan tocando intereses, necesidades, demandas y cotidianidades de los ciudadanos.

Y lo más probable es que, recién a partir de ahí, muchos ecuatorianos lamenten no haber tenido oportunidad de conocer previamente lo que aprobaron ese domingo 28.

Solo entonces se empezará a medir el impacto de un voto con los ojos cerrados. Solo entonces será posible comprobar cuánta falta hizo durante el proceso constituyente la conexión real, la información, la pedagogía de los representantes de mayoría con el pueblo al que debían representar.

Manejada en forma atropellada y a control remoto desde Carondelet, la Asamblea del 2008 quedará en la historia con una enorme deuda de conexión con la sociedad. Pero cuando tengamos certeza de ello ya será muy tarde.

24
Jul
08

los grandes deudores del Sí y el No

Alberto Acosta queda debiendo muchas verdades: sus silencios pre y post “renuncia” a la presidencia de la Asamblea, su mal entendida “lealtad orgánica”, su incoherente permanencia en la curul avalando “los procedimientos atropellados y poco democráticos” que él mismo denunció previamente; su eufórica alegría al final del proceso, abrazado con su reemplazante, Fernando Cordero, frente a las cámaras de los medios a los cuales acusó reiteradamente de “farandulizar la política”.

Rafael Correa es otro gran deudor: imbuido de su megapoder, no resistió la tentación de dictar cambios, hacer correcciones, imponer artículos y estigmatizar a los militantes que no compartían sus disposiciones. El Presidente nos debe la incoherencia de quejarse de los “infiltrados” cuando él personalmente armó a la ligera las listas a base de encuestas y cálculos electoreros con caciques locales, ex modelos de televisión, figuras de la partidocracia a la que dice detestar y personajes de la farándula.

La oposición tampoco sale ilesa del proceso: no fue capaz de articular un discurso sobrio y propositivo que hiciera contrapeso democrático a las propuestas de Acuerdo PAIS y no logró que emergiera algún nuevo liderazgo. En una orilla más cerebral, Pablo Lucio Paredes y León Roldós pudieron salvarse de la crítica por su capacidad expositiva, pero también son deudores porque debieron abandonar sus actitudes de francotiradores y motivar la formación de amplias redes ciudadanas que aportaran a un mejor proyecto constitucional.

El Prian y los socialcristianos no tuvieron ideas: su rol fue tan pobre que apelaron a viejas prácticas (los escándalos, los ataúdes, los disfraces de viudad, los carteles, los gritos) para salir en los periódicos y que los invitaran a la radio y la televisión. El gutierrismo, en un alarde de absurdos, presentó un proyecto de constitución que ni siquiera sus asambleístas lo defendieron.

Jaime Nebot, el más potencial contrapeso de Correa, fue un desconcierto. De la pasividad pasó a liderar una multitudinaria marcha que dio luz al mandato de Guayaquil, pero el propio Nebot dejó que la propuesta se diluyera, no tuvo la entereza de ir a la Asamblea a exponer sus tesis y, como muchos empresarios y dirigentes indígenas, municipales, gremiales y sociales, se enclaustró a la espera de lo que ocurra.

Medios y periodistas caímos en el juego de dejarnos imponer la agenda de Correa. Escribimos millones de palabras llenas de supuestos, miedos y prejuicios. El compromiso social de la prensa con sus audiencias es hacer una amplia y urgente pedagogía sobre la nueva constitución y abrir espacios para la deliberación amplia y pluralista.

Cada actor tiene su deuda y debe pagarla. No hacerlo es una invitación a cerrar los ojos, ignorar la realidad y anticipar el Sí o el No sin saber a qué diremos sí o no resulta una dramática paradoja: la ceguera política es la madre de una sociedad inmadura e irresponsable.

22
Jul
08

la lista negra, hitler frente al espejo

LA LISTA NEGRA

Difícil olvidar aquella magistral interpretación de Bruno Ganz como el dictador Adolfo Hitler en La Caída, estrenada mundialmente hace cuatro años.
En abril de 1945, Adolfo Hitler, a punto de ser derrotado, estaba escondido en Berlín, en un sótano de concreto a 15 metros de profundidad.
Las batallas del frente oriental ya no ocurrían en los bosques de Rusia o en las fronteras de Polonia, sino en las calles de Berlín. El ejército soviético estaba a poquísimas cuadras de distancia de los búnkers del Führer.
Antes del estreno de esta película, la huella perversa y trágica de Hitler había sido recreada en cientos de películas hollywoodenses con el infaltable triunfalismo norteamericano.
Pero con La Caída fue la primera vez, en mucho tiempo, que el propio cine alemán se atrevió a darle rostro y voz al siniestro personaje.
Bruno Ganz, el protagonista, es un Hitler que en el filme habla alemán y pasa sus 12 últimos días acosado por la paranoia y el Parkinson.
La fuerza del lenguaje y el patetismo de las horas finales de un caudillo enredado en sus mentiras de invulnerabilidad le dan un realismo brutal a la película, sobre todo con una fuerza expresiva que conmueve al espectador.
La Caída es un hito de la cinematografía alemana contemporánea por eso, por atreverse a contar la historia desde sus propios referentes y enfrentar, con firmeza y dignidad, los fantasmas de su pasado.
Un año después apareció otra película con similar capacidad psicológica y social: La vida de los otros, filme alemán que obtuvo en el 2006 el Oscar a la Mejor cinta extranjera y que ha recibido 50 premios internacionales.
En La vida de los otros, dirigida por Florian Henckel, de nuevo es posible asistir, desde la interioridad histórica de sus víctimas, sus dolores, sus silencios, sus cómplices y sus héroes silenciosos y anónimos, a una soberbia y aleccionadora trama que muestra la crueldad, el cinismo, la irracionalidad y la omnipresencia de una represión selectiva y sofisticada que pretendía incidir sobre los detalles más trascendentes y rutinarios de la existencia de cada ciudadano.
El crítico español Javier Ocaña, del diario El País, dice que “La vida de los otros es tan entretenida como profunda. Después de la excelente película La Caída (2004), el cine alemán demuestra que sabe mirar a su historia reciente con honestidad, espíritu contradictorio, verosimilitud y capacidad de conmoción”.
Como un tríptico no planificado, pero enormemente significativo en el contexto de un mundo intelectual europeo que intenta incursionar en las raíces de una persistente y salvaje violencia belicista, aparece ahora La lista negra (Black book).
Esta vez no se trata de un director alemán sino de un cineasta holandés muy conocido en la filmografía comercial: Paul Verhoeven.
Con una carrera marcada por películas de alta taquilla y tan diversas como la sensual Bajos instintos, protagonizada por Sharon Stone, o la futurista e irónica Robocob, en La lista negra Verhoeven explora el tema de la Segunda Guerra Mundial desde la perspectiva de la resistencia, en una Holanda ocupada por los nazis a pocas semanas de que los soviéticos lleguen a Berlín.
El filme cuenta la historia de una cantante judío-holandesa (Carice van Houten), quien tras presenciar la masacre a su familia se une a la resistencia y usa su inteligencia y belleza para infiltrar a los invasores nazis.
Gracias a una minuciosa reconstrucción histórica, un guión impecable y un excepcional grupo de actores, Verhoeven logra con La lista negra un bocado de contundente excelencia.
Y algo más: en momentos políticos donde el megapoder arrasa con todo, La lista negra invita a reflexionar sobre la imposición de un pensamiento único e intolerante que desata lógicas de guerra mientras contempla su egolatría en los espejos.

16
Jul
08

periodismo majadero

Cuando llegaron al poder los nuevos dueños del país lo hicieron sobre la promesa de que venían con una rigurosa ética política bajo el brazo.

Lo hicieron a caballo de un discurso no corrupto, no neoliberal, no corporativista, no mafioso, no prepotente, no irrespetuoso, no atropellador, no caudillista.

La flamante retórica presagiaba el fin del ejercicio del poder desde la vanidad, la intolerancia, la falta de espacios para ventilar las inquietudes nacionales de manera pública, la imposibilidad de deliberar y argumentar sin el temor de que del otro lado se reciban indiferencias, burlas, ofensas, agresiones, epítetos, amenazas.

Pero desde el 15 de enero de 2007 el país ha tenido que escuchar una interminable lista de calificativos y ridiculizaciones contra quienes, desde el más simple derecho de expresarse, han criticado, observado, confrontado o reflexionado sobre la gestión gubernamental.

No vengan ahora con la teoría de que quienes rechazamos los gestos prepotentes “nos quedamos en las formas y no llegamos a la esencia”. No vengan con que hay que valorar los hechos y no las palabras.

¿Cuáles hechos? ¿La imposición desde el Gobierno de un mandato agrícola que favorecerá a sectores poderosos de la agroindustria? ¿La incautación de los canales de los señores Isaías, acción legal que se convertiría en inmoral si se la usara con fin electoral? El colapso de la central San Francisco apenas a un año de su inauguración? ¿La entrega a dedo del contrato para el proyecto hidroeléctrico Coca-Codo-Sinclair? ¿El personalismo en el manejo de las relaciones diplomáticas entre estados? ¿La reducción de utilidades del Banco del Pacífico desde que se sacó a los administradores españoles? ¿Las carreteras que un año después de la emergencia siguen destrozadas? ¿Las primeras piedras que aún esperan que lleguen las segundas? ¿La “renuncia” de Alberto Acosta a la presidencia de la Asamblea para que el círculo oscuro ordene, cambie, tache y haga aparecer articulados de la nueva constitución al gusto del “buró”? ¿Proclamar que el canal de televisión y el periódico del estado son “públicos” y nombrar presidente del directorio de esos medios al superpoderoso secretario de Carondelet?

De eso tiene que hablar el periodismo aunque estorbe al poder: su función es ser  herramienta pedagógica de una sociedad crítica.

En la  democracia real, el andamiaje central debiera ser la incidencia de la sociedad civil sobre las decisiones que toman los mandatarios, debiera ser escuchar con respeto las inquietudes de los ciudadanos a través de sus asambleístas o sus periodistas.

En una democracia real el poder no puede mandar a callar, ofender y poner epítetos bajo una sistemática estrategia de la descalificación que pretende diluir cualquier sombra o duda sobre la gestión gubernamental.

Gracias a su gesto de dignidad en El Aromo, gracias a que no se dejó cegar por los himnos de la demagogia, a Martha Roldós va dedicado el nacimiento del periodismo majadero.

16
Jul
08

te desafío a existir…


Sabiduría no es conocer sino convertir en hechos su conocimiento.

Sabiduría (o una implacable y paciente sed de ella) es lo que nos deja El camino de la felicidad o El camino del guerrero ( “Peaceful warrior” o “El guerrero apacible” es el nombre original).

Es un homenaje a la sabiduría y una lección de sabiduría basada en la paradoja esencial de ser sencillo.

Y viceversa: ser sencillo es ser sabio y profundo y vital y equilibrado y sereno y limpio.

Porque la felicidad no es una meta ni un fin, sino un camino. Porque la felicidad no es ganar la medalla de oro o el primer premio, no es elevarse sobre los hombros de los demás, sino el proceso que nos convierte en mejores seres humanos: perfectibles, purificables, ganadores de la batalla decisiva contra nosotros mismos.

Por eso, ser sencillo o ser sabio es un no multiplicado: sin arrogancia, sin vanidades, sin prepotencias, sin abusos de poder, sin complejos de superioridad.

El camino del guerrero es una película que hace temblar las bases de tu existencia.

Lo digo así porque lo siento así: al final de la película escuchas una voz interior que te desafía a existir de la manera como se debe existir: en el aquí y en el ahora, en la intensidad y vigencia del momento, en la importancia de no anclarse enel pasado ni esperar un milagro del futuro porque el único futuro es el presente.

Coherencia, consistencia, congruencia: se llama honestidad con uno mismo, se llama capacidad de retarse cada día en un interminable proceso de superación de uno mismo como ser humano.

¿Ser humano para qué? Para servir.

No es autoayuda ni exitismo. No son fórmulas para vivir feliz. No son decálogos para convertirse en personaje famoso o millonario.

Filmada en el 2006 en Alemania y Estados Unidos, El camino del guerrero es la apasionante historia real del joven gimnasta Dan Millman, autor del libro del mismo título y base del guión de la película.

Luego de un brutal accidente motociclístico, cuando iba en camino de convertirse en una estrella mundial de la gimnasia olímpica, Millman supera en apenas diez meses el desahucio que los médicos habían predicho para su pierna, fracturada en 17 partes.

Es una lección de coraje y superación que se sustenta en una filosofía y una espiritualidad reflexivas, interiorizantes, humanistas que, como valor agregado, no caen en el tradicional esquema de la filmografía “self made man”, típica del cine comercial hollywoodense.

Mención especial merece el gran Nick Nolte en su papel del anciano y sabio “Sócrates”, llamado así por quien llega a convertirse en el magnífico discípulo Dan (Scott Mechlowicz).

Acostumbrados a verlo en roles de hombre duro e implacable, nos toca aplaudir a Nolte por su sobria, estudiada y minuciosa actuación.

Dan, quien hasta conocer al viejo”Sócrates” vive una vida perfecta rodeada de mujeres bellas, dinero y popularidad, aprende los secretos fundamentales de la existencia cuando aquel percance motociclístico parece derrotar todos sus sueños.

Al borde de la amputación y aferrándose a los caminos espirituales que paciente y rigurosamente le abre “Sócrates”, Dan verá la luz decisiva.

El Camino del Guerrero se basa en el trabajo memorable del escritor Dan Millman, quien relató su experiencia real en una novela testimonial del mismo título.

El libro, publicado en 1980, y el filme, producido en 2006, han sido elogiados por su alto contenido espiritual y su mensaje inspirador. Millman ha vendido más de tres millones de libros en 21 idiomas y es uno de los más respetados profesores de espiritualidad, entrenamiento atlético y potencial humano.

“Un guerrero jamás renuncia a lo que ama”, dice el maestro cuando Dan intenta abandonarlo todo. Me quedo con esa frase. Sobre todo ahora que tanto se extraña la coherencia y la honestidad. Es decir, la sencilla sabiduría.

11
Jul
08

armas de destrucción masiva

 

El atraco bancario de fines de la década de los 90 fue uno de los cataclismos económicos y sociales más devastadores de la historia del Ecuador contemporáneo.

Millones quebraron sus negocios, perdieron sus empleos, se quedaron sin educación, murieron por falta de dinero para continuar sus tratamientos médicos, se suicidaron, debieron emigrar, se vieron obligados a trabajar en ocupaciones humillantes en países donde nos ven como seres inferiores.

Pasaron diez años de aquella desgracia. Pasaron cuatro gobiernos. Pasaron decenas de gerentes de la AGD y superintendentes de bancos. La impunidad siguió. La crisis continuó. Una nueva generación de ecuatorianos, entre niños y jóvenes, son víctimas de esa crisis.

Para que la impunidad no mostrara fisuras que pudieran resquebrarla, para que los ciudadanos dignos y lúcidos no encontraran espacios donde recuperar la memoria colectiva, no había mejor herramienta que un medio de comunicación.

Con canales de televisión y radios que cada día fueran sembrando amnesia general era fácil sostener la impunidad, limpiar imagen, crear fundaciones benéficas, volverse mecenas culturales, levantar museos que socialmente reposicionaran apellidos.

El atraco debía olvidarse. Sus protagonistas, también. Sus cómplices. Sus funcionarios. Total, el Estado (aquel al que se lo tacha de ineficiente y burocrático) paga: entre 6.000 y 8.000 millones de dólares costó el hueco que dejó la caída de los bancos.

Eso no lo pagaron ellos, los de la amnesia, sino los millones de ecuatorianos que aún sufrimos los efectos secundarios de la quiebra nacional.

Cuando los medios sirven para borrar la memoria colectiva y consagrar la impunidad, no son herramientas sociales sino armas de destrucción masiva al servicio de los poderes más nefastos y los intereses más oscuros.

A esas armas de destrucción masiva defendemos al proclamar que “está en peligro la libertad de expresión”.

Otra cosa son las intenciones ocultas que hubiera tenido el Gobierno al escoger este momento político para tomar la decisión.

¿Encuestas preocupantes? ¿Crecimiento de la tendencia por el No en el próximo referendo? ¿Ciudadanos cansados de las agresiones del Presidente contra toda persona que no piense como él o hartos de que se usen los legítimos reclamos a Colombia y los desacuerdos con el alcalde de Guayaquil con fines proselitistas? ¿Necesidad de dar un golpe de efecto para recuperar popularidad? ¿Reconocimiento implícito de que El Telégrafo, EcuaTV y la millonaria campaña publicitaria no resultan eficaces para sostener el proyecto correísta?

La respuesta sabremos pronto: si los noticiarios de esos canales no se convierten en pluralistas, equilibrados e independientes, y si a pocas semanas de la campaña del referendo los espacios informativos se ponen al servicio del Gobierno, solo habremos cambiado de dueños.

En manos fundamentalistas, los medios convertidos en armas de destrucción masiva siempre serán letales para la memoria social.

06
Jul
08

el día que la virgen apareció en pantalla

Virgen Ingrid

La escena hubiera parecido previamente estudiada: cuando Ingrid Betancourt descendió del avión militar que la devolvió a la vida del otro lado, que la recuperó para Colombia y para el mundo, un toque misterioso y tierno reforzaba el impacto y la conmoción que causó su regreso después de seis años en el infierno.

La rodeaba un halo casi divino, virginal, santificado.

Un primer plano a sus manos de dedos largos y delgados mostraba un gesto simultáneamente valiente y frágil: sostenía un rosario con un crucifijo, de toques rústicos y artesanales, quizá confeccionados durante el inhumano cautiverio por parte de las FARC.

Millones de espectadores la escuchaban atónitos, maravillados, reverentes.

Era como oír la palabra sensata, dulce y dolorosa, pero franca y contundente, de la Madre Teresa de Calcuta o de la princesa Diana de Gales.

Esas dos míticas mujeres, curiosamente desaparecidas el mismo año, estremecieron al planeta con su clamor por los más pobres y las víctimas de las minas antipersonales.

Ingrid también sacudió la opinión pública con su rostro, sus ojos, su sonrisa, su manera sencilla y profunda de invocar a los ciudadanos del mundo a sumarse a la lucha contra el secuestro y apoyar la gestión de paz en su país, que es apoyar la paz en América Latina.

Aquel día inolvidable, miércoles 2 de julio de 2008, Ingrid Betancourt entró a la memoria y el corazón de miles de millones de personas.

Pero no se quedó en el imaginario como una estrella mediática más, sino como un ícono del fin de una época y el comienzo de otra: el camino a la paz parece acortarse, los violentos pierden terreno y aquellos que no apuesten claramente por la reconciliación internacional, como el presidente colombiano, corren riesgo de quedar aislados.

Ese día, la periodista María Teresa Ronderos, editora de la revista Semana de Bogotá, en versión digital, no podía más: la demanda de información de millones de cibernautas era de tal dimensión que le tocó subir noticias cada cinco minutos.

Los medios colapsaron por las millones de visitas simultáneas. El País, un diario caleño, tuvo que abrir un blog para colgar la noticia en desarrollo.

“Estamos informando desde un blog temporal, elpais.com.co, porque todos los medios colombianos están caídos”, decía el sitio web.

Entre el asombro y la intuición, María Teresa explicaba el milagro: “Cuando Uribe está en problemas siempre se le aparece la virgencita”.

Esta vez resultó cierto. No solo para el presidente de Colombia, que logró eclipsar sus problemas, sino para un mundo cansado de violencia y que a veces le parece creer en los milagros.

03
Jul
08

¿ingrid betancourt? ¿qué eso eso?

 

Click. Zapping. La tormenta. Palabra de mujer. Al diablo con los guapos. Por qué a mí. Caiga quien caiga. Historias verdaderas. Rocket power. Arnold. Jimmy Neutrón. Tu voz estéreo. Tiko Tiko. Barney y sus amigos. TV clips.

En eso andaba la televisión ecuatoriana a las 14 horas del miércoles 2 de julio, una fecha que quedará en la historia de la política mundial porque ese día el ejército colombiano logró liberar a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y a 14 personas, entre ellas tres asesores militares norteamericanos y diez soldados y policías.

La noticia era una de las más relevantes de los últimos años. El mundo estuvo pendiente, durante seis años, del destino de Ingrid en manos de las FARC. Para los ecuatorianos también era un hecho fundamental.

El tema del conflicto colombiano se volvió, desde el uno de marzo pasado, un asunto esencial por las graves consecuencias que produjo el bombardeo de las fuerzas armadas de Colombia al campamento guerrillero instalado en la selva de Ecuador.

La crisis diplomática entre los presidentes Rafael Correa y Álvaro Uribe se ha convertido en un laberinto, un túnel sin salida, un enredo donde mandan los caprichos y el personalismo de dos mandatarios intolerantes, ególatras y con tanto poder dentro de cada uno de sus países que les cuesta admitir que las relaciones con otra nación no se manejan como un asunto doméstico cualquiera.

En ese contexto era previsible que los medios ecuatorianos reaccionaran al producirse un hecho tan trascendente como la liberación de Ingrid, que en un momento también se convirtió en otro pretexto para los incontables cruces de palabras entre Correa y Uribe.

Click. Zapping. En los canales de cable la noticia lo acaparaba todo. CNN, Caracol TV, la televisión española, la televisión nacional chilena. ¿No era cuestión de conectarse con la señal de alguno de esos canales y permitir que se informaran por esa vía los ecuatorianos interesados en el desenlace de un hecho tan conmovedor y tan decisivo, aunque fuese sin las necesarias referencias locales que debían dar los conductores de la televisión nacional?

Marian Sabaté, entusiasmada, seguía con Caiga quien caiga: un chisme que había que aclarar, un rumor necesario de precisar, una habladuría imprescindible de comentar: el intempestivo cambio de canal de una reportera de farándula. En Teleamazonas era más importante Jimmy Neutrón. En TC, Fama o Drama. En Ecuavisa, El cuerpo del deseo (reprisse).

Click. Zapping. ¿Qué pasaba dentro de los departamentos de noticias de los canales? Tres horas después de la noticia y 180 minutos después de que el mundo se estremeciera, Telerama despertó y se conectó por algunos minutos. Los otros, un poco, un instante. Luego, otra vez La tormenta. Palabra de mujer. Al diablo con los guapos. Por qué a mí. Rocket power. Arnold. Tiko Tiko. Barney. TV clips. La “previa” del partido Liga-Fluminense.

Click. Zapping. ¿Ingrid Betancourt? ¿Qué es eso?

02
Jul
08

86 veces el de la tele…

Si algún personaje de la televisión retro es insuperable se llama Maxwell Smart, temible operario del recontraespionaje.

Max, el superagente 86 de la organización Control, fue la estrella de la serie cómica de espías más premiada de fines de los sesenta y principios de los setenta.

El espacio estuvo en pantalla durante una década en 180 países y su protagonista, Don Adams, fue galardonado con tres Emmy consecutivos (1966-67-68).

Adams, que compartía escena y sentimientos con la bella e inteligente Bárbara Feldon (la agente 99), fue el primer actor que logró esa marca.

Y claro que la merecía: en tiempos de guerra fría, cuando Estados Unidos luchaba contra la Unión Soviética por la hegemonía mundial, la extraordinaria caracterización del superagente 86 era un oasis en mitad del bombardeo ideológico: en el cine y en la televisión de aquellos años, se intentaba convencernos de que los de este lado del mundo nos sumáramos a la cruzada contra los países detrás de la “cortina de hierro”.

Cuatro décadas después del fenómeno televisivo, la genial creación de Mel Brooks llega al cine en medio de una intensa promoción comercial.
El desafío es enorme para Steve Carrell (el delirante actor de Virgen a los 40) y Anne Hathaway (El diablo viste a la moda).

Carrell es el 86 y Hathaway es la 99. Dirigidos por Peter Segal, los personajes retoman la lucha de la agencia Control (una parodia de la CIA norteamericana) contra la organización KAOS (una caricatura de la ex KGB soviética).
Pero Steve Carrell no sale bien parado de esta historia.

Aunque tiene momentos absolutamente hilarantes, como cuando está en el baño y escucha a dos traficantes de armas chechenos o cuando intenta escapar del avión donde lo llevan detenido, Carrell no alcanza los registros escénicos de Don Adams y, más bien, deja que buena parte del protagonismo se lo lleve la magnífica Anne Hathaway.

Por compañías no podrá quejarse Carrell: dos grandes estrellas, maestros de la actuación, participan en la cinta en roles secundarios que, sin embargo, están bien armados.

El legendario Terence Stamp hace de jefe de KAOS, empeñada en conquistar el mundo con misiles atómicos, mientras el ganador del Oscar, Alan Arkin, es el famoso “jefe” de Max.

Me aventuro a presumir que las nuevas generaciones, aquellas que no conocieron al original Max, seguramente disfrutan de la historia.
Pero me parece que la película no camina por la línea original: en el filme no se siente la sátira o la ironía que la serie de TV manejaba con tanta eficacia.

Gracias a ella era posible reír de quienes pretenden decidir nuestro destino por “razones de Estado” o por supuestas estrategias de seguridad continental en las cuales no tenemos nada que ver.

Smart emulaba al poderoso, guapo e inmortal James Bond, el agente 007, en aquellos años interpretado por Sean Connery.

Pero Max no tenía las virtudes físicas e intelectuales de Bond ni contaba con tecnología de punta y armamento sofisticado (excepto el zapatófono).
Él ganaba sus batallas gracias a la suerte y la casualidad, a su ingenua y tan particular manera de salir de los embrollos, a su sencillez, su gracia e, incluso, su torpeza.

Ahí está el problema: los guionistas del largometraje le restan contenido al personaje de Smart y lo vuelven simple, chato, previsible, incluso burdo en ciertos momentos.

En una entrevista con el sitio web Cinemanía, el propio Carrell muestra sus temores frente al reto de igualar o superar a Don Adams.

“Creo que es un reto gigante. La serie Superagente 86 era muy inteligente y, en cierta medida, subversiva. Era muy distinta a otras en el sentido de que no se mostraba indulgente y no era la típica comedia”.

Carrell tiene razón: la película pierde la agudeza y el sentido irreverente.

Así que, si los lectores tienen cable en casa, los invito a buscar el canal Retro y disfrutar del verdadero Maxwell Smart.

RUBÉN DARÍO BUITRÓN