Archivos para 2/07/08

02
Jul
08

86 veces el de la tele…

Si algún personaje de la televisión retro es insuperable se llama Maxwell Smart, temible operario del recontraespionaje.

Max, el superagente 86 de la organización Control, fue la estrella de la serie cómica de espías más premiada de fines de los sesenta y principios de los setenta.

El espacio estuvo en pantalla durante una década en 180 países y su protagonista, Don Adams, fue galardonado con tres Emmy consecutivos (1966-67-68).

Adams, que compartía escena y sentimientos con la bella e inteligente Bárbara Feldon (la agente 99), fue el primer actor que logró esa marca.

Y claro que la merecía: en tiempos de guerra fría, cuando Estados Unidos luchaba contra la Unión Soviética por la hegemonía mundial, la extraordinaria caracterización del superagente 86 era un oasis en mitad del bombardeo ideológico: en el cine y en la televisión de aquellos años, se intentaba convencernos de que los de este lado del mundo nos sumáramos a la cruzada contra los países detrás de la “cortina de hierro”.

Cuatro décadas después del fenómeno televisivo, la genial creación de Mel Brooks llega al cine en medio de una intensa promoción comercial.
El desafío es enorme para Steve Carrell (el delirante actor de Virgen a los 40) y Anne Hathaway (El diablo viste a la moda).

Carrell es el 86 y Hathaway es la 99. Dirigidos por Peter Segal, los personajes retoman la lucha de la agencia Control (una parodia de la CIA norteamericana) contra la organización KAOS (una caricatura de la ex KGB soviética).
Pero Steve Carrell no sale bien parado de esta historia.

Aunque tiene momentos absolutamente hilarantes, como cuando está en el baño y escucha a dos traficantes de armas chechenos o cuando intenta escapar del avión donde lo llevan detenido, Carrell no alcanza los registros escénicos de Don Adams y, más bien, deja que buena parte del protagonismo se lo lleve la magnífica Anne Hathaway.

Por compañías no podrá quejarse Carrell: dos grandes estrellas, maestros de la actuación, participan en la cinta en roles secundarios que, sin embargo, están bien armados.

El legendario Terence Stamp hace de jefe de KAOS, empeñada en conquistar el mundo con misiles atómicos, mientras el ganador del Oscar, Alan Arkin, es el famoso “jefe” de Max.

Me aventuro a presumir que las nuevas generaciones, aquellas que no conocieron al original Max, seguramente disfrutan de la historia.
Pero me parece que la película no camina por la línea original: en el filme no se siente la sátira o la ironía que la serie de TV manejaba con tanta eficacia.

Gracias a ella era posible reír de quienes pretenden decidir nuestro destino por “razones de Estado” o por supuestas estrategias de seguridad continental en las cuales no tenemos nada que ver.

Smart emulaba al poderoso, guapo e inmortal James Bond, el agente 007, en aquellos años interpretado por Sean Connery.

Pero Max no tenía las virtudes físicas e intelectuales de Bond ni contaba con tecnología de punta y armamento sofisticado (excepto el zapatófono).
Él ganaba sus batallas gracias a la suerte y la casualidad, a su ingenua y tan particular manera de salir de los embrollos, a su sencillez, su gracia e, incluso, su torpeza.

Ahí está el problema: los guionistas del largometraje le restan contenido al personaje de Smart y lo vuelven simple, chato, previsible, incluso burdo en ciertos momentos.

En una entrevista con el sitio web Cinemanía, el propio Carrell muestra sus temores frente al reto de igualar o superar a Don Adams.

“Creo que es un reto gigante. La serie Superagente 86 era muy inteligente y, en cierta medida, subversiva. Era muy distinta a otras en el sentido de que no se mostraba indulgente y no era la típica comedia”.

Carrell tiene razón: la película pierde la agudeza y el sentido irreverente.

Así que, si los lectores tienen cable en casa, los invito a buscar el canal Retro y disfrutar del verdadero Maxwell Smart.

RUBÉN DARÍO BUITRÓN