Archivos para Agosto 2008

29
Ago
08

¿democracia mediática?


El estado no es el gobierno, proclama con extraño entusiasmo una ex asambleísta para defender el articulado sobre comunicación.

Asegura que la formulación de políticas públicas y la estructura del “sistema nacional de comunicación”, instancia oficial que crearía la nueva carta magna, no quedarán en manos del régimen sino “de todos los ciudadanos”, es decir, del estado en su concepto más amplio.

Y eso, según ella, significa que será una amplia, democrática y plural representación de la sociedad la que integrará los organismos de políticas, control, regulación, vigilancia de cumplimiento de derechos, libre acceso a la información generada en entidades públicas, facilitación y fortalecimiento de medios públicos, privados y comunitarios, asignación equitativa de frecuencias para radio y televisión, garantía de la cláusula de conciencia, secreto profesional y reserva de la fuente, fomento de espacios para la producción nacional independiente, prohibición de publicidad que induzca a la violencia, la discriminación, la intolerancia religiosa o política (artículos del 16 al 20).

Suena bien. En teoría…

Pero no son conceptos ni principios nuevos. Sin necesidad de una nueva carta magna, muchos de ellos ya debieran ser parte de la cotidianidad si existiera la voluntad política de aplicarlos o respetarlos con honestidad y sin interpretaciones antojadizas, voluntad que no parece ser parte de las decisiones de quienes nos gobiernan y de quienes pensaron esos articulados como la fórmula ideal para una “democratización mediática”.

Si existiera esa voluntad política en la presidencia de Rafael Correa, y sin necesidad de una nueva constitución, el Gobierno transparentaría, por ejemplo, el manejo de las leyes de emergencia, la mayoría de ellas en vigencia desde hace un año y medio sin que los ciudadanos conozcamos cuáles son sus resultados concretos.

O mostraría, cada vez que habla el mandatario en sus omnipresencias mediáticas, que el régimen no promueve la violencia verbal, la discriminación o la intolerancia.

O marcaría fronteras entre lo que el régimen entiende por “medios públicos” y gubernamentales, porque, hasta ahora, la programación de TV Ecuador no tiene línea independiente y en las páginas del diario “público” no hay balance entre contenidos noticiosos y editoriales a favor o en contra de la gestión correísta. Porque no es democrático exigir a los medios espacios para difundir el proyecto constitucional y negar espacios a posiciones discrepantes.

¿Hace falta otra constitución para ampliar la democracia mediática? ¿El “estado” sinceramente querrá contribuir a ella? ¿Participarán los ciudadanos independientes en las grandes decisiones o seguirá el “estado” como eje de la agenda del canal, la radio y el periódico “públicos”?
Todo es ambiguo cuando desde el ejercicio cotidiano del poder político se ignoran los principios de la ética social informativa.

20
Ago
08

callar la realidad

 “La mejor manera de entender a una sociedad es leyendo la crónica roja”. 

Es una frase del escritor uruguayo Eduardo Galeano, quien en El libro de los abrazos, texto de bellas cotidianidades, habla así de Los Nadies: “Los hijos de nadie, los dueños de nada, los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos. Los nadies, que no son, aunque sean. Que no tienen nombre, sino número. Que cuestan menos que la bala que los mata. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja…”.

Bien escrita, bien contada, usando técnicas literarias, la crónica roja es el género clave del buen periodismo.

Rubem Fonseca, notable narrador brasileño contemporáneo cuyas novelas desnudan los nexos entre la corrupción política, el sexo y el crimen, construye historias y personajes de crónica roja.

La cleptómana Nora Rubi, por ejemplo, cuenta así su drama en el libro Ella y otras mujeres: “Dicen que es mejor aprender de la desgracia de los otros que de la nuestra. Pero yo lo aprendí todo partiéndome la cara. Dicen que es más fácil comenzar un romance que terminarlo. Pero solo aprendí que antes de empezar una aventura debemos saber el modo de salir de ella después de ser acribillada por un amante sicótico. Es un error pensar que Dios está de nuestro lado. No lo está. Vi una película en la que el Diablo dice que Dios es un dueño negligente, deja que se caiga a pedazos la casa donde vivimos. Yo creo que si en realidad existe, está pensando en otras cosas y no en nosotros”.

Otro personaje, el emblemático doctor Mandrake, abogado alcohólico, fumador de puros y experto en investigar crímenes sórdidos, afirma que “el personaje más importante en la investigación de un crimen es la víctima. Tiene siempre una historia que contar”.

Y añade: “En el mundo de los pensamientos, las sospechas son como murciélagos, vuelan siempre en el crepúsculo y deben ser reprimidas o, al menos, bien vigiladas: impulsan a la tiranía, los celos, la indecisión y la melancolía. En tanto menos sabemos, más sospechamos”.

Mientras los maestros de la literatura elevan el relato policial a los más altos niveles estéticos y lo convierten en implacable testimonio de denuncia social, el gobierno ecuatoriano dicta una medida que prohíbe a la Policía entregar a periodistas grabaciones de imágenes o fotografías tomadas en morgues u hospitales de personas fallecidas o heridas en crímenes o accidentes.

Según las autoridades, la crónica roja es “apología del delito” porque contribuye a crear “un falso clima de violencia, atenta contra la dignidad humana y crea una falsa percepción de inseguridad”.

Es un novedoso acto de magia: si la prensa desaparece la violencia, en la realidad desaparecerá la violencia. Si la prensa no informa sobre inseguridad, no habrá inseguridad.

Tan ingenuo como pensar que se puede tapar el sol con un decreto. O tan maquiavélico como callar la realidad para que la sociedad crea que las cosas están cambiando.

16
Ago
08

ternura social

 

Sus ojos asumen una mirada infantil. Detrás de sus gruesos lentes nos escucha con asombro y escepticismo hablar de la constitución y el referendo.

 

Es popular. Muchachas, señoras, hombres maduros se acercan a la mesa donde comemos y le piden que acceda a fotografiarse con ellas. Él sonríe y se ruboriza. En la calle lo saludan, le sugieren temas para sus programas de TV.

 

Cada día recibe decenas de correos electrónicos. Mayoría femenina: enamoradas, decepcionadas, amantes, suicidas, rebeldes, divorciadas, solitarias, poetas. 

 

Nacido en el centro de Europa, culto, inteligente, agudo, parece conocerlo todo: la relación de pareja, de padre, de abuelo. La amistad, el arte, el periodismo, la música, la escritura, la paz de saber con exactitud la dimensión espiritual de quien fue, con toda certeza, la mujer de su vida.

 

Ha entrevistado a cientos de personajes. Ha visitado decenas de países. Tiene amigos inmensos, gigantes, profundos. Habla cuatro idiomas. Además domina el latín, conoce el griego. Ama el país, este país, que hace cinco décadas le abrió los brazos y le dijo quédate. Y él se quedó.

 

Se quedó en el país que lo ha marcado, que le ha dado mucho, pero que aún, a pesar de tanto tiempo de vivirlo, disfrutarlo, gozarlo y sufrirlo, no alcanza a entenderlo en un tema donde toda su sabiduría tambalea: la política ecuatoriana.

 

No comprende ciertas actitudes de los gobernantes, los líderes de opinión, los partidos, los medios, los periodistas (el populismo y la demagogia, su incapacidad de proponer un consenso para la construcción de una democracia madura, las opiniones y los puntos de vista carentes de elasticidad, de luz, de respeto al otro, la falta de disposición para deliberar con argumentos).

 

Por eso su mirada infantil y curiosa, su ansiedad por comprender las razones profundas de la beligerancia verbal de los líderes, su escepticismo cuando exige que le aclaremos qué pasará después del 28 de septiembre.

 

Ha leído las dos constituciones: Las compara. En la nueva ve avances en lo social, incertidumbres en lo económico, confusiones en lo político.

 

Percibe que en el nuevo proyecto hay buenas intenciones pero duda de la capacidad del equipo de Gobierno para ejecutarlas y teme que la oposición, aunque mínima, asuma actitudes agresivas y violentas.

 

Pero, del otro lado, tiene miedo que un voto masivo por el Sí fortalezca un poder inconmensurable, poco autocrítico, con tintes de excesos en el uso de la fuerza.

 

Mientras él plantea su teoría, del otro lado armamos escenarios e hipótesis, tratamos de equilibrar la balanza, hacemos análisis supuestamente serenos y profundos.

 

Pero él, que tiene 74 años y un corazón sencillo, solidario y generoso, con su acento afrancesado dice que el asunto es más simple: “Necesitamos que los mandatarios y los ciudadanos vivan y testimonien y exijan una nueva ética, una democracia con ternura social. ¿Es tan difícil entender que esa ternura importa más que la constitución vieja o nueva?”.

 

 

 

 

07
Ago
08

contra el miedo

“Los ecuatorianos estamos gastando el tiempo en discutir lo que nos da miedo”, dice la abogada Patricia Rodríguez, catedrática de Derecho en el Instituto Tecnológico Argos, en Guayaquil.

Para echar abajo esos miedos, ocho estudiantes se dividen en dos grupos de cuatro y debaten intensamente el proyecto de nueva constitución.

Lo hacen titubeando, un poco nerviosos, con algún temor escénico, pero eso no importa: lo esencial, lo que vale, es que los escucha un activo auditorio de más de 100 personas, entre alumnos, profesores y directivos del Instituto.

El público aplaude, se entusiasma, se emociona. Los dos grupos deliberan, interrcambian opiniones, argumentan sobre la base de principios legales y jurídicos, hablan de ética y moral, analizan y comparan la constitución vigente, la del 98, con el proyecto por el que se votará el domingo 28 de septiembre.

Los chicos hablan de derechos humanos, cárceles, soberanía alimentaria, educación gratuita, centralismo, presupuestos estatales, autonomía, vacíos reglamentarios para aplicar ciertos artículos, libertad de expresión, fomento a la agricultura, generación de puestos de trabajo, problemas con el fin de la tercerización, aborto, homosexualismo, familia, meritocracia.

Los estudiantes muestran que cuando existe una actitud responsable con su futuro y el futuro del país no es difícil construir ciudadanía, ser cívicos y recuperar el sentido del manido concepto patriótico: en dos semanas leyeron las dos constituciones, tomaron notas, prestaron atención a capítulos, secciones y artículos que nunca antes habían conocido, los estudiaron, reflexionaron, tomaron una posición, la defendieron ardorosamente pero con tolerancia a la opinión ajena.

El foro fue respetuoso y edificante. No sacó conclusiones ni impuso criterios: defensores y detractores lucharon con ideas y conceptos, refutaron y marcaron contrapuntos, pero dejaron en la conciencia del público la decisión de votar.

No hubo insultos, ofensas o descalificaciones. Nadie fue calificado de ateo, abortista o estatista. Nadie amenazó que si se no vota Sí volverán las oscuras golondrinas, el caos, la banca corrupta o la partidocracia.

El sencillo pero fecundo espacio que se vivió esa noche debiera multiplicarse en barrios, clubes, colegios, universidades, oficinas, familias, vecinos.

Más allá de lo que digan los apocalípticos o los utópicos, se trata de elegir nuestro futuro: por eso hay que informarse, leer las dos constituciones, compararlas, reflexionarlas colectivamente y decidir con responsabilidad.

A una sociedad informada, crítica y deliberante no pueden atemorizarla con la estrategia del miedo.

01
Ago
08

una historia de espionaje: canguil sesentaysiete

La historia jamás contada de Canguil sesentaysiete

El correísmo tuvo sus propios “infiltrados” en la Asamblea
Rubén Darío Buitrón

Es domingo 13 de julio. En varios puntos del país los políticos están en pleno movimiento.

En la Asamblea Constituyente, en Montecristi, marcan récords mundiales: aprueban 78 artículos en un solo día.
En Quito, el presidente Rafael Correa está feliz. La orden de entregar los textos finales hasta el día 25 se cumple a rajatabla.

Ricardo Patiño, miembro del “buró político” de Correa, vigila atentamente cada decisión, cada pronunciamiento de los asambleístas en el pleno.
Pero en los debates de las mesas constitucionales a puerta cerrada, a Patiño le resulta más difícil conocer lo que pasa.

Si en alguna mesa es posible conseguir permiso, asesores y funcionarios de Carondelet escuchan, toman apuntes, sugieren, llaman por teléfono.

Pero si en otra mesa sus integrantes se niegan a permitir el acceso, las cosas se complican: ¿cómo manejar los temas si los emisarios del Presidente no pueden incidir en el debate?

Los ministros están atentos a todo lo que ocurre en Ciudad Alfaro y a veces caen en la desesperación.

Su preocupación principal es que de las mesas salgan al pleno artículos y textos que no cuadren con la idea que el Presidente tiene respecto de lo que debe ser una constitución, que empate perfectamente con lo que él cree debe ser el modelo de Estado para el Ecuador del futuro. Por eso, ese domingo 13 es tenso y expectante.

Secretarios de Estado, asesores, funcionarios, asambleístas, todos se mantienen en vilo a la espera de que el libreto se ajuste a las decisiones del “buró” y del bloque PAIS.

En teoría no existía ninguna razón para que las cosas salieran mal, pues se contaba con la seguridad de una votación mayoritaria imposible de revertir.

Pero no era tan fácil. Las intrigas, las dudas, las sospechas entre unos y otros, los grupos internos, las largas discusiones entre acostistas y correístas, las huellas que dejó la renuncia obligada de Alberto Acosta para dar paso a Fernando Cordero empezaban a mover las bases de la confianza en el bloque.

¿Quién era de una línea y quién de otra? ¿Por qué aparecían en una mesa textos que no fueron aprobados en otra mesa, donde no hubo la mayoría correísta o acostista para aprobarlos según la línea de uno u otro grupo?

La presencia del “buró” no era suficiente. Había que contar con asambleístas de confianza total del correísmo.

Y ahí apareció Canguil sesentaysiete.

La arquitecta María de los Ángeles Duarte, ministra de Vivienda, envía un correo electrónico desde su dirección personal: mduarte@gye.satnet.net.

El email llega al destinatario Canguil sesentaysiete, quien desde su dirección personal (aunque tiene una oficial como asambleísta) recibe el mensaje:
“Estoy revisando los textos sobre hábitat, sabes tú a qué se refieren con CIUDADANÍA PLENA? ¿Hay algún texto en el que se defina ciudadanía? Si hubiese, ¿me lo podrías enviar?”.

Inmediatamente, Canguil sesentaysiete responde:

“María: Aquí todo el mundo dice que es una confusión, que han transcrito mal, etc. Yo no creo en eso, pero les doy el derecho a la duda. Igual hay que encender todas las alertas, porque justo en eso alguien redactó de otra forma”.

Canguil sesentaysiete era el nombre clave de Rolando Panchana, vicepresidente de la Mesa 5 (Recursos Naturales y Biodiversidad), donde su presidenta, Mónica Chuji, luchaba por contenidos más radicales.

Fue una de las mesas donde hubo mayores enfrentamientos. Aunque los dos pertenecían al bloque PAIS, Chuji lideraba un grupo y Panchana, otro.

Sus diferencias no eran personales, sino políticas: Chuji estaba en la línea de Acosta (ecologistas e indigenistas) y Panchana en la de Correa (pragmáticos). Lo que ocurría entre los dos se replicaba en todas las mesas y en el pleno. La confianza se había extinguido.

En un duro debate sobre el consentimiento previo, cuentan que Panchana dejó abierto el teléfono para que Correa escuchara. Pocos minutos después, Ricardo Patiño llamaba a los asambleístas a “ponerlos en orden”.

Panchana no admite que actitudes como esas se califiquen como desleales. Por el contrario, se califica como “un correísta a muerte” y uno de los pocos asambleístas de PAIS que siguieron a rajatabla las decisiones del buró y de Correa.

Quizá por eso era quien mocionaba los temas que le interesan al Gobierno. Quizá por eso se ha convertido en el “detractor oficial” de Alberto Acosta.

Confiesa que no es nada personal contra Acosta, pero lo califica de “caballo de Troya” de las posiciones radicales. Se siente orgulloso porque cumplió la misión de evitar que el acostismo se tomara la Asamblea e hiciera una constitución extremista.

La verdad es al revés de lo que muchos creen: “El malo es Acosta y el bueno, Correa”, dice mientras cierra su laptop y guarda la clave de acceso a Canguil sesentaysiete.