
Abdalá Bucaram
Apoyado en la imperceptible alianza que mantiene con el megapoder y confiado en el silencio de sus ex detractores de los medios ‘alternativos’ (convertidos ahora en prensa oficial), en plena euforia del gobiernismo por el triunfo del sí y, consciente de que la balanza de la coyuntura histórica pudiera inclinarse a su favor, saca sus ases. Con su inagotable capacidad para la política-espectáculo seduce a la prensa, a la que tanto dice aborrecer y a la que, gracias a la similitud de su discurso con el de su amigo de Carondelet, amenaza enjuiciar por presunta complicidad con la oligarquía que lo sacó del poder.
Y los medios se dejan seducir. Confunden la noticia frívola e inocente (¿hay noticias inocentes?) con la información manipulada y de manera involuntaria se vuelven parte del proyecto de suavizar la imagen del político para situarlo en el imaginario colectivo como eterno perseguido de una justicia tutelada por el ex dueño del país.
Un referendo y una nueva Constitución. Y él, que nunca hizo autocrítica de su gestión pública, sube a la camioneta de la victoria porque se siente uno de los actores del triunfo gracias a los lazos de sangre que unen a su cuestionado Régimen con el que ahora pretende perpetuarse. Basta conocer que tres de los funcionarios que fueron esenciales en el fugaz mandato ahora integran los círculos más íntimos del hiperpoder.
Así, en el momento preciso, el aliado mediático mueve sus fichas. La gran prensa pintada de rosa crea la expectativa y las audiencias lo reposicionan como figura pública a la cual hay que tomar en cuenta.
La estrategia está consumada: los medios arman sus agendas con ‘la previa’ de un matrimonio a todo dar y durante una semana dedican espacios para que el victimado comunique, por enésima vez, que su retorno es inminente ahora que la nueva Constitución reivindica sus argumentos de expulsado del paraíso.
En el instante más emotivo de una ceremonia en la que no debiera intervenir la política, cuando los novios sellan su unión con un beso, desde una pantalla gigante y lejos de cualquier riesgo judicial, el hombre expresa su emoción.
En el ambiente flota la idea de que la oligarquía es culpable por su ausencia. Aplausos y sollozos.
A las puertas del anuncio de los nombres para las candidaturas seccionales y luego de medir la respuesta de la prensa frente al aliado, los estrategas de Carondelet alistan los nuevos pasos de su revolución a veces no ciudadana ni ética, sino basada en golpes de efecto mediático .