Archivos para Febrero 2009

21
Feb
09

el periodismo de investigación

prensa-incomoda 

¿Por qué al poder le incomoda el periodismo de investigación? ¿Por qué los seguidores de ese poder descalifican los resultados del periodismo de investigación? ¿Qué pretenden los voceros de aquel poder cuando demonizan el producto de un trabajo que ellos mismos exigen al criticar a la prensa por “frívola, superficial, subjetiva y apocalíptica”?

Más que cualquier otro tipo de periodismo, el de investigación tiene directa relación con el ejercicio de la democracia: “Su función –dice el argentino Silvio Waisbord- es hacer que los gobiernos, las organizaciones y las entidades privadas y estatales sean transparentes y rindas cuentas sobre el manejo de los asuntos de interés público, en especial cuando dicha información revela abusos o presuntos delitos perpetrados por autoridades o ex funcionarios”.

No cabría, por tanto, que el poder reaccione con amenazas, agresiones verbales, satanizaciones, amedrentamientos o ataques.

Un poder responsable y autocrítico entiende la dimensión de sus deberes morales y cívicos. Entiende la profunda significación de lo que implica cumplir un mandato ciudadano y ser consecuente con él.

Un poder responsable y autocrítico asume el trabajo de la prensa –cuando esta es responsable y autocrítica- como un contrapeso, un factor de balance, una herramienta para que el ejercicio de ese poder no sea arbitrario, oscuro, unilateral, antiético.

Waisbord precisa que “el ejercicio del periodismo de investigación está vinculado a una lógica de limitación y equilibrio en los sistemas democráticos y ofrece un mecanismo ideal para vigilar el desempeño de las instituciones democráticas, no solamente gubernamentales sino todo tipo de organizaciones”.

Si el periodismo de investigación puede abordar cualquier asunto de índole pública, aún a pesar de la conmoción social que su resultado pudiera producir, la sociedad en su conjunto debería incentivar y participar de manera proactiva en los procesos mediáticos porque, al hacerlo, está defendiendo sus recursos y está exigiendo estructuras representativas limpias, claras e intachables.

Resulta, por tanto, apresurado, ligero y obnubilado el criterio de que el periodismo de investigación está cargado de supuestas intencionalidades perversas o visiones negativistas.

Resulta antiético, además, juzgar con generalizaciones. ¿Es posible que existan ciertos espacios mediáticos que respondan a intereses particulares? Sí, lo es. Pero eso es partidismo, no periodismo.

En momentos históricos cruciales como el que vivimos es imprescindible leer a los medios desde la crítica, pero no desde la revancha.

Waisbord dice que el periodismo de investigación contribuye, en lo profundo, a desarrollar el sentido de ciudadanía y vigilancia social. Si es así, ¿por qué al “poder ciudadano” le incomoda tanto la búsqueda de la verdad?

15
Feb
09

anita y la supuesta potestad del periodista

prensan-y-farandula

Querida Anita:
 
Tienes razón cuando me cuestionas por una supuesta potestad para calificar o clasificar al poder en función de una posible subjetividad.
Estoy convencido de que el periodismo no tiene ese derecho. Y, quizás, no fui lo suficientemente claro en mi artículo Medios satánicos.
Permíteme explicarte.
Es verdad que no tengo ninguna potestad para clasificar a nadie. No deseo tenerla, tampoco. No creo en el periodista que se atribuye la función de juez, policía, fiscal o perseguidor. No creo en el periodista que pone estigmas, sellos, etiquetas.
Creo en el periodista inteligente, es decir, en el periodista que cumple su obligación ética y profesional (que no es lo mismo) de intentar una mirada más profunda, más visionaria, más global, más contextual de los hechos, de sus antecedentes, de sus posibles consecuencias.
Correísmo existe porque dos años después de su asunciòn está claro hacia dónde apuntan todas sus decisiones, su discurso, la manera en que desarrolla sus estrategias para captar todos los espacios de poder.
Correísmo existe porque que detrás del presidente Rafael Correa hay un proyecto populista y personalista, tal como ocurrió en el Ecuador con el velasquismo, el febrescorderismo y el bucaramismo.
Los tres fracasaron porque los ecuatorianos, historicamente, no dejamos que ningún caudillo ni proyecto de caudillo pretenda imponernos formas de pensar, de ser, de actuar, de relacionarnos entre nosotros.
Los tras fracasaron porque los ecuatorianos, luego de pocos años de idilio, despertamos de esos sueños, utopìas y mentiras gracias al periodismo libre, un periodismo vilipendiado, perseguido, malentendido, agredido que, sin embargo, cumple su responsabilidad de decir en voz alta lo que muchos aún no visualizan y lo que quienes están en las mieles del poder no quieren que se revele.
 
Afectuosamente,
 
Rubén Darío
 
14
Feb
09

medios satánicos

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El neopopulismo es estridente. Se maneja con estrategias que responden a un proyecto personalista, no a un proceso de cambio social.

Es una enorme maquinaria de propaganda. Con una muy particular ética de bolsillo, magnifica y sobredimensiona los demonios, los rivales, los enemigos.

A base de discursos altisonantes, agresivos o maniqueos que empatan con la fascinación de los que lo aplauden todo, el neopopulismo comete errores de precisión y veracidad y no es capaz, por su condición de arrogancia y soberbia, de admitir sus errores.

Apresurarse a difamar a catedráticos universitarios con sus nombres y apellidos, sin haber hecho previamente una adecuada verificación de datos, muestra una patética ligereza en el equipo asesor que provee la información para el discurso presidencial sabatino.

Evidencia, además, una absoluta falta de tacto para manejar la prudencia, el equilibrio, el respeto a los ciudadanos.

¿Acaso no es eso lo que el líder exige de los medios de comunicación a los cuales estigmatiza por “mentirosos y calumniadores”?

La credibilidad del discurso de un verdadero líder no depende de la euforia del micrófono sino de la honestidad intelectual y política. Sábado a sábado se continúa descalificando y atropellando la dignidad de los periodistas y de los medios de comunicación, metiendo a todos “en el mismo saco”.

El poder arrogante no es capaz de admitir que sí existe un periodismo que investiga, revela y pregunta con profesionalismo y honestidad. No todo comunicador que cuestiona es “un vocero de la partidocracia”: su rol ético es indagar y exigir rendición de cuentas, más allá de antipatías o simpatías ideológicas.

La miopía gubernamental pretende hacernos creer que solamente los periodistas de los medios presuntamente “públicos” son capaces de sintonizar con las causas sociales, pero esa miopía no le permite reconocer que sin tutelaje alguno, los ciudadanos vigilantes y democráticos sí pueden discernir y leer las entrelíneas de los contenidos informativos y editoriales.

Las prácticas neopopulistas etiquetan y satanizan a los medios y periodistas “privados” como una táctica para ocultar sus enredos, mediocridades, incoherencias, sospechas, paranoias, limitaciones y estridencias.

¿Son únicamente cuestiones de forma y no de fondo, como dice el correísmo? ¿Son simples exabruptos? ¿Son tan solo cosas de carácter y personalidad del líder?

El sabio estadounidense Noam Chomsky suele advertir que si el poder no tiene sólidos contrapesos para detener su ambición controladora de la información y del pensamiento, el efecto para la sociedad puede ser devastador. Y conste que Chomsky es un intelectual de izquierda.

Ilustración de Carmen Mansilia

06
Feb
09

asesinato de imagen

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¿Asesinato de imagen? El ex ministro, antes de abandonar su cargo, se declaró víctima de un proceso que, según él, “se llama asesinato de imagen y es parte de la comunicación moderna”.

Se nota que el ex ministro conoce de filología y lingüística. Y que, también, conoce cómo se ejecutan en el terreno ese tipo de categorías semánticas, subliminales y sutiles. Y que, además, en el despacho desde donde ejercía sus funciones seguramente se manejaba con soltura ese tipo de mecanismos.

Asesinar una imagen es una herramienta que se basa en estrategias diseñadas para golpear la reputación de una institución, un funcionario o un ciudadano. En las campañas electorales donde los valores morales solo sirven para la demagogia, aquella estrategia suele funcionar muy bien: en tanto se desprestigia al adversario suben los bonos de quien, desde la sombra, auspicia el descrédito y la descalificación.

¿Es posible asesinar una imagen desde los medios de comunicación? Sí, lo es. Si los periodistas no trabajamos bajo el rigor de la ética, el respeto y el apego a los principios filosóficos y democráticos, una imagen puede quedar enterrada para siempre.

Pero esa ofensiva comunicacional no solamente se puede ejecutar desde la prensa. Un líder también puede hacerlo, y con mayor eficacia si se trata de un político con altos niveles de credibilidad.

El Gobierno del presidente Rafael Correa ha intentado ser contundente en sus asesinatos de imagen. Con el apoyo de una millonaria y maquiavélica campaña permanente, que incluye una omnipresencia múltiple y permanente en todos los espacios mediáticos todos los días del año, ha venido liquidando uno por uno a quienes, según esa estrategia, obstaculizaban o bloqueaban su proyecto de posicionamiento.

Las tácticas –fácil es descifrarlas- se basan en dos etapas: la primera, golpear intensamente la reputación y la credibilidad del adversario; la segunda, posicionarse en el imaginario social como la única alternativa para cambiar una realidad oprobiosa e injusta de la cual, presuntamente, son cómplices todos aquellos a los que se fustiga, ataca y, finalmente, liquida.

Las técnicas más sofisticadas para asesinar imágenes suelen tener objetivos que desbordan la coyuntura. Por eso, el resultado más rotundo se obtiene cuando se logra borrar del mapa a todas aquellas personas, funcionarios o instituciones que impidan consolidar un proyecto específico donde otras personas, funcionarios o instituciones pretenden sacar ventaja de la ausencia de la imagen asesinada.

“Con la vara que mides serás medido”, solían repetir los abuelos para guiar nuestra conducta y nuestros principios. Y esa forma de medir se aplica tanto en la vida como en la política.