Archivos para Marzo 2009

29
Mar
09

prensa y política

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La prensa y la política se parecen, caminan de la mano, se alimentan mutuamente, se atraen y repelen, se necesitan y repudian.

En la América Latina de hoy, prensa y política son poderes en distinta perspectiva o, a veces, en la misma. Las dos se perpetúan retroalimentándose y produciendo más poder.

La prensa y la política se parecen en sus objetivos , estructuras e intencionalidades: en su ejercicio estratégico se vuelven autoridad, fuerza, liderazgo, visión de la vida, servicio público, acción discrecional en función del bien común, capacidad de producir cambios significativos o consolidar lo establecido…

La prensa y la política tienen influencia sobre las vidas, opciones y actos de los ciudadanos.

De cómo cada una asume su poder en la sociedad dependen la toma de decisiones individuales y colectivas, la convocatoria a la reflexión o el silenciamiento a la objeción, la construcción de escenarios para grandes deliberaciones democráticas o la materialización de un gigantesco aparato de uniformización ideológica.

El filósofo Max Weber decía que la modernidad “está amenazada por el creciente fenómeno de la concentración del poder”, y esa es la tendencia visible de ciertas formas de hacer prensa y de hacer política en la región.

Ambas están en manos de élites que nacen y se desarrollan en procedimientos legítimos que les dan fuerza e institucionalidad pero, como sostenía Paulo Freire, deben evitar, desde su propia ética, la capacidad de alojarse en la cabeza del individuo y hacerle creer que es natural lo que se le impone.

¿Hay diferencias específicas entre el ejercicio del periodismo y de la política? Lo relevante no es que existan esas diferencias, sino la manera en que se practican una y otra: con ética, con responsabilidad, con patriotismo. O viceversa.

Como instancias de poder, periodismo y política tienen en sus manos destinos colectivos, pero su rol clave se mide por los fines que persiguen, los grupos a los que representan, los objetivos explícitos o implícitos sobre los cuales diseñan sus estrategias, la manera en que benefician o afectan a la gente.

¿Qué sentido tienen la obsesiva satanización de la prensa desde la política o la persistente demonización de la política desde la prensa? Ninguno que no sean la mezquindad, las intenciones ocultas, la lucha soterrada por mostrar quién manda.

Prensa y política tienen la obligación de servir a la sociedad y no a sí mismas. Ambas deben rendir cuentas y ser transparentes en el cumplimiento de sus roles.

Ambas tienen, en un ambiente de deliberación democrática, el poder de contribuir al desarrollo de la sociedad.

Ambas tienen, en un ambiente agresivo, fanatizado e intolerante, el poder de contribuir a la disolución de la sociedad.

 

Ilustración de Lars Raun.

21
Mar
09

hierros retorcidos

hierros-retorcidos

 

¿Cómo hacer buen periodismo en medio de la tragedia?

¿Cuáles son los límites entre informar y especular?

¿En qué circunstancias el trabajo de la prensa pone en duda su propia actitud frente al dolor humano y la dignidad de las personas?

¿Cómo evitar que el producto informativo sea resultado de la prisa, el vértigo, el apuro y la obsesión por la primicia?

 ¿Pueden las fuentes oficiales aprovechar esa vorágine en su beneficio?

Parecerían demasiadas preguntas, pero todas son pertinentes después de la reciente tragedia aérea en Quito.

La primera lectura es básica, pero imprescindible a la hora de la autocrítica: con pocas excepciones, relevantes además, el periodismo nacional no está suficientemente preparado para convertir la cobertura de una catástrofe en un excelente producto noticioso que incluya una narración equilibrada, precisa, serena y detallada de los hechos, diversidad de voces, acceso a fuentes calificadas, respeto a las víctimas, exclusión de lugares comunes, verificación de datos antes de comunicarlos al público, contextualización, notas referenciales, seguimientos…

La segunda lectura es operativa: pese a que existen innumerables estudios sobre impactos de riesgo en el Ecuador, la mayoría de ciudadanos, incluidos los periodistas, no tenemos plena conciencia de la multiplicidad de peligros que acechan al país por catástrofes naturales, falta de acciones preventivas, negligencia, impasividad, conflictos políticos, inestabilidades económicas…

En lo elemental, se trata de una actitud y una disposición de ánimo propias del oficio, pero, en lo profundo, de una capacidad estratégica que permita diseñar y ejecutar proyectos de capacitación para que la prensa esté lista a cumplir su deber clave: ser útil, prestar servicios, guiar, educar, orientar y hacer pedagogía para que la población sepa qué hacer en momentos críticos y cómo moverse en cada uno de los probables escenarios.

La tercera lectura es más delicada porque tiene relación con la ética informativa, la subjetividad personal y la sensibilidad social: los periodistas no solo requerimos habilidades técnicas específicas (solvencia, seguridad, conocimiento) sino, también, fortaleza psicológica, capacidad de empatía con las víctimas y preparación humanista.

 ¿Qué se debe mostrar? ¿Qué se debe decir? ¿Quién debe opinar? ¿Dónde está la fuente adecuada?

Cubrir catástrofes es uno de los desafíos más complicados para el periodismo porque en medio de la perplejidad y el dolor, la sociedad hace el escrutinio, discierne, cuestiona, polemiza, exige, demanda, conmina….

Justo cuando el humo de la reciente tragedia empieza a disiparse, justo cuando llega la presunta quietud, es el momento de pensar cuán listos estamos para la siguiente conmoción.

 

                                                                                                               Ilustración de Oana Cambrea

14
Mar
09

al zaidi

 

al-zaidi

“Objetivos, veraces e imparciales”, nos advertían los maestros. “Independientes”, leíamos en los libros de texto.

Más de dos décadas después, me pregunto cómo puede ser objetivo un ser humano atravesado por sentimientos, ideologías, percepciones, dolores, alegrías.

Me pregunto cómo alguien puede ser imparcial cuando está parado en la mitad de la desazón, la expectativa, el miedo, la esperanza, la duda, la falta de fe, la utopía, la frustración, el desencanto o el escepticismo.

Me pregunto cuáles son los límites, las fronteras, los compartimentos que dividen al ser humano del ser profesional, al ciudadano del periodista, al intuitivo del reflexivo, al visceral del frío.

Y si esos límites existen –de lo cual no tengo certidumbre- me pregunto también hasta qué punto es posible decidir el momento en que somos cerebrales o impulsivos, el momento en que somos patriotas o forasteros.

Supongo que en los tres años de prisión que le esperan tras la sentencia del juez, Al Zaidi tendrá tiempo para hacerse esas preguntas.

Al Zaidi, un iraquí de 27 años, reportero del canal de televisión Al Bagdadia, fue el periodista (¿ciudadano?, ¿patriota?, ¿subjetivo?, ¿parcializado?) que arrojó sus zapatos contra el presidente de Estados Unidos, George W. Bush.

El hecho ocurrió durante una rueda de prensa tras la sorpresiva visita de Bush al primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, en Bagdad, el 14 de diciembre de 2008.

Con su gesto, Al Zaidi fue a la cárcel, pero despertó una oleada de solidaridad en Iraq, en el mundo árabe y en muchos lugares del planeta.

Licenciado en la Facultad de Información de la Universidad de Bagdad, Al Zaidi comenzó a trabajar en 2005 en Al Bagdadia, donde lo consideran una persona “equilibrada y tranquila”, según dijo a la agencia EFE uno de sus colegas.

“Trabajé con Al Zaidi desde hace más de un año en el canal Al Bagdadia y es una persona equilibrada y tranquila que respeta a todos sus condiscípulos y sus amigos”, expresó su ex compañero.

Al Zaidi asistió a la conferencia de prensa como un reportero más entre los cientos de periodistas que concurrieron a ella. Escuchó atentamente al Primer Ministro y al Presidente y tomó notas, pero sorprendió al auditorio cuando se puso de pie, insultó a Bush y lanzó sus zapatos.

Amigos de Al Zaidi dicen que la explicación es simple: “Rechaza la ocupación norteamericana como cualquier iraquí digno y tiene derecho a expresarlo”. Otros aseguran que odia a las tropas de EE.UU. por la muerte en combate de dos de sus hermanos.

¿Dejó Al Zaidi de ser periodista cuando reaccionó así? ¿Debió mantener la calma y la frialdad porque habría tenido que prevalecer el profesionalismo sobre la subjetividad? ¿Son dos o uno solo el periodista y el ser humano?

                                                                                                                                                                              Fotografía de Rodney Smith

06
Mar
09

relaciones incestuosas

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Si alguien tiene dudas del peligro que representa la relación incestuosa entre poder político y medios solo debe observar lo que pasa en Colombia.

“Por no comprender la historia, la prensa colombiana no ha revisado una tendencia que aún está viva: ha recorrido buena parte de su vida de la mano del poder”.

Lo dice el periodista colombiano José Fernando Hoyos, quien advierte que uno de los riesgos más graves para su país es el unanimismo de fuentes y miradas.

Como los historiadores –precisa Hoyos-, la misión de los periodistas es contar la vida sin constituirse en apologistas o detractores de los protagonistas de la realidad.

Pero en Colombia este principio se queda en la teoría.

Tras el arribo de Álvaro Uribe a la presidencia de la República, la prensa de ese país –con excepciones importantes- construyó, sostuvo y fortaleció la imagen del mandatario como el hombre capaz de asumir las difíciles tareas de pacificar el país, reactivar la economía y reorganizar un Estado débil, corrupto e ineficiente. Uribe necesitaba de los medios para consolidar esa imagen y no le resultó complicado conseguir su adhesión. Gracias a ellos logró posicionar su imagen del “nuevo salvador de la Patria”.

La “marca Uribe” es un ícono construido cuidadosa y rigurosamente desde el mercadeo político, la propaganda, la alta exposición mediática, el diálogo directo con la gente común a través de visitas semanales a regiones olvidadas, el aislamiento de las pocas opiniones cuestionadoras y la ejecución del Plan Colombia, financiado por Estados Unidos para combatir grupos armados ilegales y narcotráfico.

La prensa colombiana, en su mayoría, asumió como propio el proyecto uribista y se sumó con excesivo entusiasmo, un entusiasmo que no le permite tomar distancia, ejercer la crítica, analizar los hechos con equilibrio y lucidez, generar espacios de debate y abrir el abanico de opiniones y criterios.

Como nada de eso ha sucedido, las consecuencias están ahí: Uribe mantiene un altísimo nivel de credibilidad en la población con el soporte de los medios que, controlados emocional e ideológicamente, cumplen sin ningún filtro, duda o escepticismo el papel de altavoces de las políticas y visiones gubernamentales.

Los recientes sucesos a propósito del primer aniversario del bombardeo colombiano sobre Angostura muestran el resultado de aquella relación incestuosa: el ministro lanza un rumor, la prensa recoge el rumor y lo amplifica sin comprobarlo ni verificarlo, los ciudadanos confunden rumor con realidad, el país se convulsiona y el ministro se convierte en el futuro “salvador de la Patria”.

¿Hay un mejor ejemplo de que la cercanía de los medios al poder es dañina y peligrosa no solo para la democracia sino también para la paz?

                                                                                                                                                                             Ilustración de Anders Plassgard

01
Mar
09

ni policías ni fiscales

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Se equivocan quienes piensan que el periodista de investigación es una suerte de  detective, policía o investigador privado. Pero también se equivocan quienes piensan que el papel de la prensa es acusar, sentenciar, condenar, encarcelar.

Ser policías o fiscales no es la función de los periodistas responsables, éticos y comprometidos con la búsqueda de la verdad: “Nuestra única función –dice el periodista argentino Daniel Santoro- es revelar hechos irregulares. Nosotros no juzgamos, no nos corresponde. Nosotros no podemos decir que alguien es culpable de algún delito. Nosotros solo le presentamos al público verdades periodísticas, no verdades jurídicas”.

Santoro tiene una trayectoria ejemplar. Es uno de los periodistas de investigación con mayor cantidad de reconocimientos y premios en el mundo. Sus reportajes estremecieron los cimientos políticos de uno de los mandatarios latinoamericanos más poderosos de las últimas décadas: Carlos Saúl Menem.

En una serie publicada en 1995, en diario Clarín, de Buenos Aires, Santoro reveló el tráfico ilegal de armas a Ecuador durante el conflicto bélico con el Perú.

Riguroso, metódico e incansable, Santoro es un referente para el periodismo en América Latina. En sus talleres y seminarios suele advertir a los alumnos que una condición fundamental para hacer un eficaz trabajo de investigación es tomar distancia de los hechos, no enamorarse de las hipótesis y jamás usar adjetivos calificativos.

“Con los hechos comprobados y comprobables puedes decir muchísimo más. Cuando terminas de escribir una nota y la lees, lo importante es que tengas respaldos documentales y fuentes precisas”. Metafóricamente, Santoro se considera un perro de presa: “Muerdo el tema y desde entonces no lo suelto. Dudo de todos los desmentidos que hacen las fuentes oficiales. Cruzo los datos y busco fuentes más dispuestas a hablar que otras. Mucha información sale de las ‘viudas’ del poder político, económico o financiero”.

Ni detectives ni fiscales. Solo periodistas. Periodistas que no sentencian ni condenan pero averiguan, indagan, revelan.

Cuando Menem cayó preso se le preguntó al periodista si se sentía contento. “No estoy contento –dijo-. Me siento profesionalmente satisfecho porque la mayoría de hechos que publiqué eran ciertos”.

Alguien insinuó que “un implacable periodista había metido en la cárcel a Menem”, pero Santoro respondió así: “Los periodistas no dictamos sentencia ni ponemos a nadie en prisión. Quienes toman esas decisiones son los jueces, pero si nuestro trabajo ayuda a mejorar la justicia y motiva que los ciudadanos sean críticos de sus gobiernos, estaremos haciendo periodismo para una mejor sociedad”.

 

Ilustración de Rodney Smith