Archivos para Mayo 2009

31
May
09

del periodismo al poder político

FUNES

Es difícil encontrar en su país alguien que dude de su calidad moral e intelectual. Incluso sus más feroces adversarios políticos reconocen en él a una persona de enorme temple espiritual, de integridad ética.

Periodista de sólida formación por su educación jesuita, ganó la admiración de sus compatriotas a base de una actitud firme, valiente, sin concesiones frente a sus entrevistados.

Los televidentes llegaron a admirar su capacidad de someter a implacables interrogatorios a funcionarios, dirigentes políticos y otros personajes trascendentes para la vida nacional.

Rotundo pero sereno. Así lo calificaban sus maestros, orgullosos de que ‘Pajarito’, como le decían, se hubiera convertido en uno de los periodistas más esenciales de su país.

Era duro, directo, pero nunca agresivo o arrogante. La gente lo convirtió en su reserva espiritual, su referente, su guía. Quizás, también, porque a sus 49 años se ganó ese derecho con dolor, entereza, pasión por sus ideas, coraje para defender sus valores.

En 1980, durante la guerra civil, su hermano Roberto fue asesinado por la Policía. En 2007, como signo de su existencia llena de paradojas, envió a su hijo Alejandro (27) a París para mantenerlo alejado de la violencia de su país, pero un borracho lo mató en París.

Esos golpes son cercanos al dolor de millones de sus compatriotas con un pariente muerto o con un familiar que emigró a Estados Unidos en busca de paz y trabajo.

‘Pajarito’ fue uno de los comunicadores más perseguidos de su país: en 2003 el Gobierno cortó la transmisión de su programa de opinión ‘Sin censura’ y en 2005 influyó para que se lo destituyera como director de noticias del Canal 12.

Ahora, sus seguidores han empezado a sentir el vacío que deja este periodista que ganó el famoso premio María Moors Cabot (Universidad de Columbia) y que, lejos de cualquier prejuicio o esquema ideológico, fue también un renombrado reportero de CNN.

El 28 de septiembre de 2007, después de 21 años de ejercer su oficio, se despidió de sus televidentes y les anunció que participaría como candidato a la presidencia de El Salvador por el ex grupo guerrillero Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN).

Este lunes 1 de junio, el popular ‘Pajarito’, Carlos Mauricio Funes, asume el mando y marcará un hito en la historia salvadoreña: su arribo a la Presidencia se produce luego de 20 años consecutivos de gobiernos de derecha.

Funes promete un gobierno de izquierda en momentos ideológicos cruciales para América Latina, donde un tipo de socialismo  lucha por una sociedad justa pero democrática, plural, crítica y tolerante, mientras otro, en medio de estridencias y eufemismos, confunde la idea de cambiar con la de arrasar.

24
May
09

para desacomplejar a las mujeres maduras

 

MUJERES MADURAS

Si una certeza existe ahora entre las mujeres urbanas que caminan por la madurez es que la vida no se acaba por falta de hombre, por falta de sexo,  por falta de  deseo, por falta de belleza física o por falta de dinero.

“Acercarse a la edad madura es contemplar el abismo entre la fascinación y el miedo”, dice el mexicano Álvaro  Enrigue. Y lo dice con plena conciencia de lo que está diciendo: basta ver los ejemplos de tres autoras, dos colombianas y una ecuatoriana, para entender que arrojarse sobre ese abismo puede ser la decisión más intensa y la aventura más fantástica de toda la existencia personal.

Isabella Santo Domingo y Yamilé Humar no son famosas por su calidad literaria, su vuelo poético o su profunda intelectualidad: son famosas porque un día decidieron ser auténticas, romper los delicados cristales de lo políticamente correcto y desnudar todos esos mitos que durante siglos mantuvieron a la mujer en una actitud pasiva, abnegada, conformista, resignada, dependiente, condenada…

Lo mismo ocurre con la ecuatoriana Lis Paredes, que hace un mes tomó la  decisión   de lanzarse al vacío con los ojos abiertos al presentar su libro ‘Encuentra tu hombre ideal después de los 40’, un ‘método eficaz para la mujer que se atreve a ser feliz’.

Como Santo Domingo y Humar, Paredes no tiene ningún escrúpulo al decir las cosas como son, y decirlas como suelen decir las mujeres que ya han superado el miedo al ridículo y ya no creen que el machismo lo puede todo.

¿Literatura ‘light’, facilona, frívola? Paredes  casi responde con un “sí, ¿y qué?”. Para Lis Paredes la cuestión es clarísima: ¿de qué felicidad social podemos hablar si no somos capaces de empezar a ser felices como individuos?

Santo Domingo y Humar son, desde hace poco, un ‘boom’ editorial. Sus libros tienen una demanda tan alta que incluso circulan versiones pirateadas (me perdonan, pero con todo lo antiético e ilegal que eso significa, cualquier autor con amor propio sabe que si encuentra clones de sus libros en cualquier esquina, su obra ya quedó en la historia como un ‘best seller”).
 
Paredes tiene otra estrategia: tan creyente como es del marketing, las estrategias publicitarias, el ‘media traning’ y las relaciones públicas, ha puesto una pequeña porción de sus textos en las “principales librerías del país”.

Pero sueña más alto: está en conversaciones con una actriz para montar una obra de teatro y desde junio organizará talleres vivenciales con mujeres de cuarenta para arriba.

Quiere que su libro no solo sea un libro, sino una filosofía de vida. Una apuesta audaz, pero absolutamente aterrizada: ¿qué mujer necesitada de amor, de orgullo, de autoestima, no asistiría a una taller donde le dijeran que para buscar la felicidad de los demás hay que buscar la felicidad personal, y que para querer a los demás primero hay que enamorarse de sí misma?

Paredes ríe cuando se le lanza el dardo de que, disculpe, pero, filosofe lo que filosofe  en su libro, la vida no se construye con fórmulas ni mandamientos porque, en realidad, a cada cual le toca construir su propio camino…

A ella le parece que todo lo que se diga en contra de cierta literatura ‘light’ ayuda, precisamente, a derrumbar el mito de que los contenidos aparentemente ligeros son nocivos.

Para Lis, como para las colombianas Isabella y Yamilé, hay que  frentear la vida, dar la cara, asumir el riesgo, dejar la mojigatería en el clóset más apolillado y clausurarlo para siempre.

Con descarnada franqueza, humor, inteligencia y muchos consejos prácticos, estas tres mujeres decidieron liberarse del peso de la cruz   y atreverse a ser felices.  Que, en realidad, quiere decir atreverse a existir. Sin complejos. Con dudas. Pero existir.

24
May
09

pequebú

Pequebú

Se llamaba Vicente pero le decían ‘Pequebú’. ‘Pequebú’ era una manera simulada, eufemística, sutil, porque más que un apodo era un estigma: sus compañeros lo habían encasillado como un tipo extraño, raro, fuera de tono con los tiempos revolucionarios. Un “pequeño burgués”.

Lo llamaban ‘Pequebú’ porque no escribía cuentos ni poemas sobre obreros o campesinos. Le presionaban para que su literatura fuera militante, comprometida, directa, panfletaria, “aterrizada”.

Pero él no escribía de esos temas por respeto, por dignidad, por ética, porque no se sentía capaz de expresar en sus textos una realidad que desconocía.

Le gustaba leer a Hermann Hesse y a Antonio Machado. Melancólico y existencial para leer a Hesse. Tierno y solidario para leer a Machado. ‘Pequebú’ estudiaba Derecho y gustaba de la literatura nostálgica, etérea, abstracta. Era uno de los defectos que le impedían ser calificado para la militancia. Y era tímido, tanto que le era difícil entablar una charla.

Hablaba poco y disfrutaba escuchando. Y mientras escuchaba hacía retratos poéticos  sobre quienes hablaban.

No le gustaba mostrar a nadie sus textos, pero nunca faltó alguien, en especial una chica, que le arranchara los papeles y los leyera despacio, en voz alta. Los camaradas oían, juzgaban, sentenciaban, lo ironizaban: falluto, demagogo, escritor de cositas lindas, ingenuo, romántico, soñador, iluso.

Lo acusaban de tener “lagunas ideológicas”. De dar prioridad al amor en una época donde había que forjar la lucha revolucionaria. De caer en las tentaciones capitalistas con sus costumbres y sus lecturas. De ser subjetivo. De no ser concreto. De no mirar las condiciones objetivas para construir la dictadura del proletariado.

Se burlaban de él. Decían respetarlo,  pero se mofaban. Una tarde se sentó junto a Martita, a quien ‘Pequebú’ admiraba por su belleza y su disposición para la lucha. No llegaba nadie más a la cafetería. Y él no sabía qué decir.

Martita lo abordó, sin pausas ni silencios. Le preguntó qué libros leía , por qué leía tanto. Él respondió de la única manera que alcanzaba a responder: “La primavera ha venido./ Nadie sabe cómo ha sido”. A ella también le gustaba esa poesía, pero no podía confesarlo porque a los comandantes no les parecería bien que anduviera entretenida en frivolidades.

Hesse y Machado también eran pequeño burgueses. Y contra eso luchaba la presunta revolución donde debería haber un solo pensamiento: el materialismo. Un solo enemigo: el capital.

‘Pequebú’ murió en una pocilga, en manos de un torturador. Nunca confesó un solo nombre de los camaradas que lo discriminaron porque decían que  no llenaba el perfil de combatiente. A diferencia de ellos, ‘Pequebú’ mantuvo su coherencia y su ética. Y esa fue su revolución esencial.

La historia, escrita por el poeta Mario Benedetti, se publicó hace más de tres décadas. Pero es como si fuera hoy.

Fotoilustración de Gregory Crewdson

22
May
09

algo hicimos mal…

ALGO HICIMOS MAL...

Jueves, 21 de mayo 2009

Algo. O todo. El cuarto poder se nos subió a la cabeza. Fuimos arrogantes. Nos creímos predestinados a imponer la agenda temática a la sociedad. Llegamos a pensar que era posible derrocar un gobierno con un titular, una nota, una fotografía, una fuente recurrente. Y lo peor es que lo hicimos: fuimos herramientas estratégicas en las caídas de Abdalá Bucaram, de Jamil Mahuad, de Lucio Gutiérrez.

Llegamos a pensar que era posible imponer un gobierno con un titular, una nota, una fotografía, una fuente recurrente. Y lo peor es que lo hicimos: Rafael Correa fue un mimado de los medios porque no podíamos permitir que llegara al poder Álvaro Noboa, un individuo poseído por la obsesión de tener lo único que le falta tener…

Ahora no se trata de exigirle a Correa que nos pague el favor. Empecemos por mirar las cosas en perspectiva. Él hizo muchas cosas bien para llegar al lugar donde está. Tuvo el discurso apropiado. La comunicación indispensable. La posición polìtica ideal (un guayaquileño con mensajes socialistas y cercano a líderes serranos de alta credibilidad). La juventud y la firmeza para luchar contra el poder, los poderes, los múltiples poderes que sostenían un modelo perverso de gobierno.

Se trata, en realidad, de asumir el desafío que nos propone el Presidente. Sus amenazas, sus advertencias, sus agresiones verbales, sus obsesiones contra lo que él llama “prensa mediocre y corrupta” solamente pueden ser bloqueadas por un periodismo de calidad, un periodismo que cumpla aquellos cinco sentidos que exigía el maestro Kapucsinki: ir, ver, comprender, sentir, contar. Solo entonces contar…

Menos quejas, menos victimiología, menos lamentos, menos temor al futuro. Admitamos que cometimos muchos errores. Reconozcamos que nos cuesta mucho aceptar que fallamos. Recuperemos el equilibrio. Seamos justos. Contemos los hechos. No juguemos a ser partidos políticos de oposición. No nos obsesionemos, como el Presidente, en acabar con nuestros críticos, en destruirlos, en obligarles a hacer silencio. Ellos son, de muchas maneras y aunque no pueda gustarnos, nuestro motor y motivación, ya que por tanto tiempo no fuimos capaces de sintonizar con las demandas de la sociedad,  de la gente, de ”los que no tienen voz”, como dice el lugar común.

No es que todo lo hicimos mal, me dirá alguien. Pero, bueno, a ese alguien le responderé que es imperativo tener la certeza de que tampoco todo lo hicimos bien. Es imperativo que digamos en voz alta que algo, o mucho, hicimos mal.

Seamos valientes y enfrentemos la urgencia de una autocrítica metódica, persistente, honesta. Y solo entonces , si somos capaces de derrocar el muro que nosotros mismos levantamos, hagamos periodismo.

                                                                                                                                                                                Fotografía de Cereal Killer

19
May
09

ser colombiano en ecuador

COLOMBIANO EN ECUADOR 2Martes, 19 de mayo 2009

Un ciudadano colombiano residente en Ecuador se queja por un titular de primera página. Dice que rechaza esas grandes letras con la frase:  ”Más colombianos con visa”.

¿Por qué? Hay muchas razones. Entre ellas, la que más le preocupa, es que el sentido de la oración parecería inducir a que el lector ecuatoriano la lea con un gesto de asombro, sorpresa y miedo: ¿más colombianos en el Ecuador? ¡Auxilio!

Nadie tiene cifras exactas acerca del número de colombianos que viven en el país. Unos estiman que son 300 mil. Otros, más. Otros, menos. Una buena parte son refugiados y desplazados por la guerra. Otra pequeña parte son personas que se exiliaron porque su vida estaba en riesgo debido a las amenazas de grupos violentos de todo tipo. Otra parte, considerable, son empresarios, ejecutivos, catedráticos, gerentes, comunicadores, periodistas…

El ciudadano que se queja por el titular vive en el Ecuador hace 15 años y comenta que durante todo ese tiempo jamás sintió que se lo viera mal, que se lo tratara con desprecio, que se lo estigmatizara como enemigo, forastero, extraño, despreciable.

Pero ahora percibe que mucha gente lo mira con recelo, con temor, con miedo, con odio, con deseos de revancha, con gestos de venganza.

Cuenta que el fin de semana pasado, en la carretera a Cumbayá, un auto chocó a otro por detrás. La señora del carro de adelante bajó a reclamar, pero cuando los tipos del otro automóvil escucharon su acento colombiano le insultaron, le gritaron que se largara del país, subieron al vehículo y volvieron a golpearlo, esta vez de manera premeditada.

Mirar el rostro cínico y belicista de Álvaro Uribe en todo ciudadano colombiano que pasa por la calle es tan absurdo como creer que todo gringo es tan terrorista como W. Bush.

Pero no hay que olvidar que vivimos tiempos de etiquetas y extrapolaciones gracias al discurso y a la práctica de gobiernos intolerantes y uniformizadores. Según estos, si no eres negro, eres blanco. Si estás a favor eres enemigo de los que están en contra. Si eres ecuatoriano no puedes abrazar a un colombiano. Y viceversa. 

En el cerebro de los dueños del siglo XXI, los extremistas de los dos lados, no caben los matices.

17
May
09

don mario

DON MARIO

Domingo, 17 de mayo 2009
 
Son las nueve de la noche y empieza a ocurrir lo previsible: muchos, muchísimos textos circulan por internet en relación con la muerte, ocurrida hoy, del novelista, ensayista y poeta uruguayo Mario Benedetti.
Mañana, los medios estarán inundados de semblanzas, perfiles, obituarios y notas de portada.
El periodismo estará inundado de textos conmovedores, textos mediocres, textos oportunistas. Habrá de todo.
Por mi parte, rechazaré aquello que implique el clásico estilo reverencial de  “todo muerto es bueno”. Y, en este caso, “todo muerto es genio”.
Tengo que confesar que yo me formé y me deformé con las lecturas de Benedetti. Me formé en la misma sensibilidad de mis hermanas y mi hermano, en su sensibilidad social, en su sensibilidad contra lo injusto, lo impuesto, lo absoluto, lo prepotente.
Me deformé con la creencia de que el hecho de ser de izquierda y escribir cosas de izquierda implicaba ser buen escritor. Me explico: pensaba, siguiendo la sencillez de la mayoría de textos del autor, que el hecho de escribir poemas panfletarios y cuentos románticos, siempre con temas relacionados con la militancia, era suficiente para pasar al estrellato y ganar fama entre ”los y las” camaradas y el pueblo.
Con la distancia que me da el hecho de haber dejado de ser benedittiano hace 20 años, puedo decir que soy crítico -e, incluso, indiferente- con decenas de sus obras.  Sin embargo, debo reconocer que venero al Don Mario que escribió una de las más extraordinarias novelas que he leído: Gracias por el fuego.
Sus poemas (por ejemplo, el clásico “Si te quiero es porque sos, mi amor, mi cómplice y todo…”), me parecen melosos, superficiales, facilones. Y me produce escalofrío cuando los recitan y cantan los reencauchados de los años 80 que ahora nos gobiernan. Prepárense para escuchar algo así el próximo sábado en el monólogo de Su Majestad.
Pero volvamos a lo esencial de Don Mario: su lucha contra la dictadura militar uruguaya fue ejemplar y heroica, tanto que tuvo que huir a España para evitar que lo encarcelaran o mataran. Fue militante de izquierda, pero no obsecuente ni alineado con lo peor del estalinismo. Criticó a los intelectuales cuadrados y rígidos para quienes una supuesta coherencia ideológica implicaba hacer silencio, juntarse a la masa, dejar de ser críticos porque si lo eran “rompían el proyecto o le hacían juego a la derecha”.
Les recomiendo releer el cuento “Pequebú”: fue escrito hace casi 40 años y se refiere a la situación del Uruguay de esa época, pero encontrarán la historia de lo que está pasando ahora con quienes no somos reverentes frente a los nuevos dueños del país.
Gracias, don Mario, por esos pedazos enormes de dignidad. 
 
16
May
09

los árboles invisibles…

LOS ÁRBOLES INVISIBLES...

Los árboles invisibles, el silencio estridente, cada placer como hojita de hierba iluminada. La muerte académica no logra seducirte. Aún queda lluvia fresca entre mis sueños de tí.

16
May
09

mirarse al espejo

MIRARSE AL ESPEJO

¿Está el Gobierno preparado para la autocrítica? ¿Cambiará su discurso autoritario y su culto a la espectacularidad? ¿Ocupará cabalmente su papel de conductor del Estado? ¿Está dispuesto a dejar atrás su preferencia por la desviación y la negatividad, asumida como si fuera un valor? ¿Será capaz de entender que debe cambiar su sistema de clasificación de la realidad y dejar atrás “la alteración de la normalidad”?

El texto del Ministerio de Educación, parafraseado en los párrafos anteriores, fue publicado en su boletín La Pizarra (número 19, mayo 2009). He cambiado el término “prensa” por “Gobierno”.

En realidad, el contenido del boletín repite la tesis estigmatizadora del Presidente de la República contra los medios y los periodistas: “La prensa desinforma, hace oposición mesiánica, fuerza los hechos, los saca de contexto, esconde las comparaciones entre el pasado y lo que ocurre hoy, realiza críticas que carecen de sentido…”.

Según La Pizarra, “la prensa minimiza las soluciones efectivas que este Gobierno ha aplicado para la educación y maximiza lo negativo y problemático”.

Citando al norteamericano Maxwell McCombs, el boletín afirma que “los medios establecen a través de sus agendas informativas a qué temas quieren que preste atención la ciudadanía”. Y luego entrecomilla: “En el establecimiento de esa agenda muchas veces intervienen intereses políticos y comerciales de las propias empresas informativas, así como los afectos y desafectos de sus editores”.

Más allá de la cita descontextualizada, hay que profundizar lo que quiere significar el crítico McCombs. En una entrevista con Paulina Leyva Muñoz, de la Universidad Católica de Chile,  sostiene que “los medios ayudan a la sociedad a llegar a acuerdos, porque hacen que la gente se preocupe de determinados temas”.

Pero McCombs y otros expertos precisan que la puesta en escena de esa preocupación colectiva y la búsqueda de acuerdos solo son posibles cuando los medios  cumplen su rol de ser espacios abiertos donde fluya el debate libre, inteligente, reflexivo y crítico.

¿Qué implica lo contrario, es decir, el bloqueo de ese debate?  Que la deliberación plural no es factible en una sociedad donde predomina la prensa dócil, complaciente, “pagafavores” y poco profesional, la prensa que difunde lo que el poder quiere que se difunda, que calla lo que el poder quiere que calle, que construye su agenda desde el poder  y no desde los ciudadanos.

Es curioso que se acuse a los medios de sacar de contexto los hechos y que, paradójicamente, se cite a un autor según el interés coyuntural.

Es curioso que se acuse a los medios de autoritarismo e incapacidad de cambiar “su sistema de clasificación de la realidad” y no se dé ejemplo desde el poder.

Es curioso porque quien exige autocrítica a los demás debe empezar por mostrar que sí tiene la entereza de mirarse al espejo.

                                                                                                                                                            Fotografía de Gregory Crewdson

14
May
09

¿confiar en la fuente? hummm…

CONFIAR EN LA FUENTE

Miércoles, 13 de mayo de 2009

Puede sonar extraño. O contradictorio. Pero un periodista-periodista (toca decir así porque hay periodistas que no cumplen con las mínimas condiciones y cualidades para ejercer el oficio) no puede, no debe confiar en ninguna fuente.

Cuando mi querido profesor español me decía que lo esencial en el periodista-periodista es su capacidad de duda, estaba poniendo oro en mis manos. “Si tu madre te dice que te quiere, verifìcalo”, solía repetir.

Y aunque parezca exagerada la metáfora, es absolutamente certera: basta ver el papelón de El País de Madrid cuando confió en “el mismísimo presidente José María Aznar” (enemigo político del Diario) como fuente del supuesto ataque de ETA a los trenes madrileños en el M-11. O recuerden el bochorno del diario El Tiempo de Bogotá cuando hizo escándalo (pensaba que tenía una primicia) con una foto enviada por el mismísimo comandante de la Policía de Colombia en la que, supuestamente, aparecían Gustavo Larrea y el guerrillero Raúl Reyes… Pero ese supuesto Larrea no era Larrea sino un periodista argentino. Y El Tiempo, donde los jefes son unos santos, puso la foto puso en Portada justamente (qué coincidencia) el día en que la OEA debatía para condenar a Colombia por el bombardeo a Ecuador. Para ambos periódicos no hubo lugar a duda: la fuente era oficial y no podía equivocarse. y ese fue su pobre argumento al día siguiente, para justificarse frente a los lectores. Hummm…

Pero, si no debo confiar en ninguna fuente, ¿cómo obtengo  información? Me explico:  debes escuchar a las fuentes, pero jamás trasladar directamente a la audiencia lo que ellas te dicen sin antes haber cruzado el dato con una fuente contraria.  

La información que te entrega una primera fuente es, apenas, el punto de partida para bucear en las profundidades del hecho. Bucear quiere confrontar, chequear, verificar, comprobar, escuchar a la otra o a las otras partes, manejar, exclusivamente, hechos comprobables, nunca especulaciones, rumores o versiones unilaterales.

Te lo digo a propósito de la reciente polémica mediática en Ecuador. ¿Se equivocó Teleamazonas al transmitir el supuesto descubrimiento de un presunto centro clandestino de escrutinio electoral? ¿Exageró al hacerlo en vivo, música catastrófica de fondo, reporteros en la “escena del crimen”, logo de ”Última hora”, tomas espectaculares del ingreso de candidatos de oposición al recinto, cámara en un alarde de travelling que ya se quisiera algún cineasta local?  

No sé cómo se originó la decisión de lanzar al aire el flash informativo, pero se sabe que la fuente fue el partido Sociedad Patriótica, tienda política del coronel Lucio Gutiérrez.                              

Al día siguiente, los periódicos publicaron que delegados de ese partido y otros que acudieron al supuesto centro electoral  para gritar que esa era la prueba madre del fraude, firmaron un documento en el que aceptaban haber conocido con anticipación de la existencia del centro.       

¿Puede aceptarse como válida la justificación de Telemazonas en el sentido de que la fuente fue uno de los partidos perdedores y que lo único que hizo el canal hizo fue informar sobre la base de esa denuncia?   

El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

                                                                                                                                                         Fotografía de Vladimir Wodoricz

12
May
09

¿equivocarme, yo?

2680243111_ffd6100c3e_tMartes, 12 de mayo 2009

Somos humanos. Es decir, imperfectos. Es decir, perfectibles. Pero lo perfectible implica, justamente, un proceso previo de entender que somos imperfectos y que, por tanto, hay que mejorar, rectificar, cambiar, elevar el nivel, “poner la vara lo más alto posible”. Y saltarla. Pero, de nuevo, existe otro proceso previo: la autocrítica, el admitir que me equivoqué, el decirlo en voz alta, el mirar a los ojos de la persona afectada (en este caso el lector), ofrecerle disculpas y corregir. Y después de corregir, aprender del error. E intentar no cometerlo de nuevo.

Suena fácil. Es como mirarse al espejo y ver cómo se triza y caen sus pedazos. Es como tener que agacharse, juntarlos y  volver a ponerlos en el marco. O sea, reinventar el espejo. Hummm. Con la probabilidad de que mañana vuelva a trizarse.