Archivos para 21/06/09

21
Jun
09

la ficción como ejercicio contrapoder

RUBEN FONSECA 1 

Hay demasiado gobierno en nuestra vida. ¿Cómo lograr que el país progrese si ellos no nos dejan?

Lo dice Mandrake,  singular detective  nacido de la imaginación del brasileño  Rubem Fonseca, un  brillante narrador y guionista contemporáneo.

Fonseca  escribe para insistir sobre los mismos problemas de la vida contemporánea, pero el gran valor de su obra radica en su capacidad de  alcanzar cada vez mayor profundidad filosófica y mayor espesor crítico frente a la existencia individual y colectiva.  

Será por eso que, a sus  84 años, este  maestro de la  literatura policial latinoamericana sigue creando. Creando y sacudiendo conciencias y sensibilidades. Creando y dejando una honda huella en sus lectores, una lección de vida, una manera de asumir la existencia:  “La oscuridad es una forma de encontrar la lucidez”.

Sigue creando y revelando los innumerables, múltiples y sorprendentes ángulos de una misma realidad cruel, pragmática, insensible: ”Todo lo que resulta fácil termina en algo  equivocado”.  
 
En cada uno de sus 25 libros, Rubem Fonseca   descarga una fuertísima dosis de intensidad y asombro sobre sus temas obsesivos:  el poder y las mujeres. Para él, tanto en la política como en el amor hay levedad, todo es perecible, fugaz: “El goce del poder es solo un accidente temporal. Nunca lo valorices”. 

Y entre la política y las mujeres descifra las claves de la corrupción, la soledad, el placer, la violencia, la riqueza, la droga, el asesinato, el sexo, la certeza de que más allá de la muerte solo hay muerte, la utopía de la existencia de Dios, el repudio   frente a  los que detentan el poder:  “Toneladas pudriéndose en las bodegas del Gobierno, corrupción en el Gobierno, nepotismo en el Gobierno, medidas del Gobierno para poner  obstáculos a los que quieren trabajar”.

Fonseca es  existencialismo hondo, irreverencia implacable,  escepticismo frontal, crudeza contundente, contrapoder puro: “No permitas que tu corazón controle tu mente. Si eso te ocurre, dejarás de ser cínico”.

Él atribuye su riqueza narrativa  a hechos simples. Por ejemplo,  cuenta que decidió publicar su obra cuando  “fuertes señales del destino”,  como la violencia y la corrupción en su entorno laboral,  le indicaron que había llegado la hora  de volcar sobre el papel sus vivencias   como comisario de la terrible policía de Río de Janeiro.

Y así lo hizo, porque justamente en esos años de funcionario policial  fue testigo de  estremecedores  episodios  que luego convertiría en excepcionales novelas como ‘El gran arte’ y ‘Agosto’,  o cuentos inolvidables como ‘El cobrador’.

Rubem Fonseca dice que los escritores  deben cumplir  un deber esencial:  tener el coraje de mostrar lo que la mayoría de la gente siente miedo de decir.
    
“Las sospechas son como murciélagos, vuelan siempre en el crepúsculo y  deben ser reprimidas o al menos bien vigiladas: impulsan a los reyes a la tiranía”.

Se trata de una reflexión de siempre, pero muy pertinente en tiempos de oscuridad y fanatismo  como los de ahora, en especial para que despierten quienes prefieren callar o miran para  otro lado.

Pintura de Gerald Brom

21
Jun
09

porquerías

 

PORQUERÌAS

Es cierto lo que dice Piero en sus canciones: “Todos los días los diarios publican porquerías”.

Porquerías como el tráfico de influencias para obtener contratos de obras públicas, la integración del Gabinete ministerial con sórdidos personajes de la vieja partidocracia, la nueva monopolización de los medios  incautados a quienes   antes monopolizaban los medios, la falta de coherencia ética de los ‘comandantes’ del Movimiento País, la ausencia de un Congreso que cumpla su misión básica de investigar, fiscalizar y exigir rendición de cuentas a los otros poderes del Estado…

Es cierto lo que dice Piero en sus canciones: “Pasa la guardia del Presidente, los sables al aire, todos dementes./ Pasa el verdugo con su picana/ y al tiempo que pasa me mira con ganas./ Pasa un Mercedes con chapa oficial, llevando a la amante de un general”.

Son las cosas que pasan, las que no dejan de pasar, las que se vienen repitiendo desde hace muchísimos años, las mismas que vimos y sentimos con las dictaduras democráticas y las democracias dictatoriales a las que nos acostumbraron Velasco Ibarra y todos sus herederos, desde León Febres Cordero hasta Rafael Correa.

Es cierto lo que dice Piero en sus canciones: “Para el pueblo lo que es del pueblo/ porque el pueblo se lo ganó./ Para el pueblo lo que es del pueblo, para el pueblo: liberación”.

Las victorias electorales y los avances sociales son del pueblo, de la gente de a pie, no de quienes creen que solamente gracias a su iluminada dirección política vendrán el progreso, el desarrollo, la conciencia crítica, la igualdad, la justicia social, el reparto  equitativo de la riqueza.

Es cierto lo que dice Piero en sus canciones: “De vez en cuando viene bien dormir”. Dormir de vez en cuando pese a la crispación generalizada, a la creciente agresividad del Gobierno  contra sus críticos, a la gratuita fabricación de enemigos, a la falta de un debate ciudadano, a la ausencia de una oposición democrática,  a la impotencia nacional de construir un proyecto propio para un país realmente soberano.

Es cierto lo que dice Piero en sus canciones: “Como oraba Luther King/que nuestras acciones cada día/sean plegaria y coherencia./ De la mentira/ necesito ir a la verdad./ Que no nos dividan con banderas”. Como muchos de nosotros, Piero clama porque no nos dividan los fanáticos, obsecuentes y revanchistas, los que hablan medias verdades, los que callan, los que en sus actos cotidianos son inconsecuentes con su presunto lenguaje revolucionario.

Es cierto lo que dice Piero en sus canciones. Canciones contra la mentira y la ceguera del poder, canciones contra quienes pretenden, arropados en el discurso liberador, atropellar la libertad.

Lo que no parece cierto, o no debiera serlo, es que un Presidente que auspicia y promueve ese nuevo estatus quo cante con tanto entusiasmo las canciones de Piero.

Ilustración de Miguel Monlló