
Martes, 7 de julio de 2009
En la mañana, muy temprano, la Sala de Redacción se conmueve. Un colega recibe una llamada. Es alguien de la clínica Nova. Del otro lado de la línea, la voz desconocida dice que dos personas del Diario, una reportera y un fotógrafo, han llegado con golpes, heridas y shock nervioso. Son Mariela Rosero y Martín Jaramillo.
Tratamos de mantener la calma. Averiguamos. Un grupo de agresores de la Universidad Central, seudo estudiantes y dirigentes de movimientos autodenominados de “izquierda” y “revolucionarios”, atacó a los periodistas cuando estos hacían una reportería sobre una reunión del Consejo Universitario.
A Mariela le vejaron, le lanzaron gases, la golpearon, le dijeron, entre otras cosas, que “era agente de la CÍA”. A Martín le gritaron de todo, le robaron la cámara, lo patearon en el piso luego de que lo empujaron.
Es el efecto cascada: el Poder reinstala en el país la agresión verbal como respuesta a la crítica, al disenso, al no alineamiento, a la no subordinación. Y empieza el efecto cascada: algo muy fuerte que cae desde muy arriba y al descender se multiplica, resuena, invade, contamina.
Si el Poder ofende, descalifica, agrede, amenaza, ¿por qué no sus seguidores? Si el Poder no tolera la deliberación, la crítica, el periodismo que no calla, ¿por qué deberían hacerlo sus seguidores? Si los Derechos Humanos Latinoamericanos están en el Poder, ¿por qué tendrían que alzar sus banderas y protestar?
Una mujer golpeada y humillada. Un joven violentado. Por el efecto cascada, o el efecto ceguera -siguendo a Saramago-, seguramente muchos dirán que Mariela y Martín son parte de los periodistas buitres, mediocres, corruptos. Pero, no: son honestos, éticos, talentosos, autocríticos, independientes. Lo demuestran en su trabajo cotidiano.
Aquellos alineados y uniformados a los que tanto les duele que se les sacuda su falta de criticidad, callarán. O no les importará. O pensarán que los del “otro lado” nos lo merecíamos. Que ya era hora de empezar…
Las supuestas víctimas del pasado ahora son los victimarios del presente y el futuro. Los supuestos agredidos del pasado ahora son los agresores del presente y el futuro.
La culpa ya es de todos.
(Ilustración de Mr. Toledano)
Los periodistas honestos, éticos, talentosos, autocríticos, independientes lo que necesitan es un alienista.
Ya es aburrido escuchar la misma canción, y hasta en eso son tan burdos para copiar a Los trápalas de CNN. !Qué escuelita!.
La IV flota pasada de moda, pero con sus consecuencias en los Pitiyanquis.
Agárrense y confesados, ya se activó en Honduras la “Quadrenniam Defense Review”.
Buen día Rubén Darío, mi solidaridad con los compas y sus familias. La ignorancia es atrevida ,y quizá lo más absurdo y cobarde de las agresiones en la Universidad sea el eslabón de una cadena de violencia contra los periodistas que ejercen su profesión con pasión, independencia y libertad. Quizá como es normal en esta jungla aún sobreviven especímenes que tienen anclada su conciencia ( si la tienen) al pasado. La típica de que todo pasado fue mejor, entonces volvamos a los 60 y ciegos a la historia de la humanidad de los últimos 50 años.
Democracia, libertad, alegría, trabajo creativo, humildad, son palabras huecas cuando se proclama el autoritarismo, la anarquía y las verdades absolutas.
Sean gordas horrorosas, periodistas enanos, escritores panzones o flacos, el periodismo al igual que un Presidente, no están más allá del bien y del mal. Solamente están. Pero tienen que ser críticos sin necesidad de vomitar bilis; benevolentes sin ser perros; alegres sin ironía.
Y más que todo profesionales. Por eso compran diarios los lectores y elegimos estadistas serenos
que garanticen paz y bienestar.
Todos merecemos vivir mejor, pero, los fantasmas de dictadores no pueden atormentar el sueño de Rafael Correa. Tiene que despertar, las pesadillas son horrorosas.
Pero que esos GOLPES CRIMINALES NO NOS SILENCIEN. Tampoco el ATRACO DIRIGIDO del que fue víctima Revista Vanguardia. Me solidarizo con Mariela, Martín y todos quienes hacen ese medio. Son solo tres víctimas de los tantos comunicadores agredidos hasta hoy en el país, a los que quisieron callar por el hecho de publicar o criticar las PORQUERIAS que se quieren tapar como muelas viejas detrás de una sonrisa, solo por preguntar o comentar diferente. Jamás lo lograrán, NI CON LA MUERTE, ENTIENDEN, NI CON LA MUERTE… Porque todas sus PORQUERIAS, incluso las que aún están “escondidas” saldrán como pus con toda la carne mala. Con el bisturí periodístico serán arrancadas, como hasta hoy. Robarnos, podrán; agredirnos, también; intentar matarnos, incluso. Pero CALLARNOS JAMÁS… Porque, como es lógico en la vida, los honestos sí sabemos, pues, de qué viven nuestros hermanos…
Indignación y repudio total frente a un acto tan vil de los ahora victimarios! ¡Qué cobardes los, otrora, amigos del Gobernante!…¿Y el caso del robo armado a la revista Vanguardia? Igual de alarmante.
La culpa es, en efecto, de todos por dejar que esto pase, por no despertar y ver la realidad. Nos dejamos convencer con el discursillo amenazante y ofensivo de las altas esferas de poder, en contra de la prensa independiente y no alineada. Y eso, es preocupante, porque se está generando un malestar -peligorso- entre la ciudadanía en contra del periodismo, en general, de esa prensa que sí es ética, que sí investiga, que sí critica constructivamente, que no calla ante las infamias.
Esperemos a ver qué dice el Presi, en su cadena radial sabatina…
Varias veces he leído el artículo antes de comentarlo. Aparentemente he vivido en otra realidad. Pero como todo loco prefiero creer (y me he convencido) que son los demás quienes andan equivocados…
Hace diecisiete años tenía que decidir qué carrera estudiar. Pensé en agronomía y desistí. Eso porque en la Universidad Central había encapuchados comunistas (no los llamábamos de izquierda para no confundirlos con los de la Izquierda Democrática) que lo controlaban todo y agredían a quienes no se sometiesen a ellos. Una compañera de colegio fue mas valiente (o necia), se atrevió a ir a la Central. Tuvo que abandonar porque frecuentemente cubrían sus auto con basura; tampoco faltaron las amenazas.
No inventen. La violencia en al Central tiene un origen y una razón ajenas al gobierno actual. Tampoco se trata de un ataque dirigido específicamente a los periodistas. Han olvidado mencionar a las otras víctimas del hecho (quienes están presentando una demanda penal).
En el colegio recibía clases de filosofía. Dentro del programa académico buscaban integrar las materias. Así, consecuencia de las clases de historia que trataban sobre Hitler y su protagonismo en el desarrollo técnico de la propaganda en el siglo XX, tuvimos que escribir una disertación intitulada “¿Qué es pensar libremente?”. No vale la pena que repita la disertación, lo citaré a Hitler: “It is part of a great leader’s genius to make even widely separated adversaries appear as if they belonged to but one category, because among weakly and undecided characters the recognition of various enemies all too easily marks the beginning of doubt of one’s own rightness”. (mi referencia, que es la Enciclopedia Británica, está en inglés)
El Presidente, como líder político del país, debe pronunciarse sobre los hechos de violencia. Es esa sus responsabilidad, es eso por lo cual lo debemos juzgar. Y quienes somos estrictos diremos que sus omisiones pueden ser matizadas como complicidad. Nada más. O también me van a acusar a mí de fomentar las agresiones criminales por decir algo que considero cierto: la prensa ecuatoriana es corrupta.
La culpa no es mía. Es de ustedes por tergiversar los hechos para favorecer sus posiciones; de esa forma mantienen y alimentan el status quo. Especificaré:
- Los actos de violencia política en la U. Central se amparan en la ‘famosa’ autonomía. Hemos sufrido aquello durante tres décadas. Debe terminarse. Nadie lo menciona.
- La U central es pública y por lo tanto debería ser “laíca políticamente”. Todas las manifestaciones políticas deberían ser prohíbidas en sus instalaciones. Nadie estará de acuerdo porque se drenaría su fuente de manifestantes callejeros (“las fuerzas vivas”). Pero hablando claro, es dinero público para educar, es una inversión social; no puede ni debe ser desperdiciado en manifestaciones. Eso es peculado.
- Somos un Estado con varios poderes, y cada cual tiene su responsabilidad. Este acto criminal recae sobre el judicial. Apunten sus reclamaciones hacia allá, colaboren a mejorar la justicia. No por acusar a sus adversarios han de volverse cómplices de instituciones fallidas. Porque son cortos de perspectiva, les hago notar que la forma sectaria en la cual dirigen sus acusasiones colabora a que el subconciente social acepte un único poder totalitario: si siempre todas las culpas son del mismo, entonces que todas las responsabilidades y atributos también lo sean; es el síndrome del líder. (Por eso todavía no armamos un Estado de derecho)
P.D.: Y como siempre pagamos los pendejos. Sin conocerlos estoy dispuesto a creer que los dos periodistas agredidos sí eran de los que ’se la juegan’. Es ese el tipo de periodista que reclamo: el que va a buscar la noticia. Mis mejores deseos a ellos. (¿Cuáles eran sus nombres y apellidos? ¿Son importante, no?)