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saramago en tiempos de ceguera

SARAMAGO Peter Coulson

Domingo, 12 de julio 2009

Ninguna novela de José Saramago (1922) puede ser más oportuna para el Ecuador de hoy que ‘Ensayo sobre la ceguera’, una obra que desde su publicación en 1995 marcó profundamente a millones de personas y que abrió el camino para que, tres años después, el escritor portugués obtuviera el Premio Nobel de Literatura.

La novela habla de una repentina e imparable epidemia de ceguera que se desata sobre un país imaginario y que obliga a unos a recurrir a sus instintos más primitivos para sobrevivir y a otros a convencerse de que esa nueva conmoción social será para siempre y que, por tanto, hay que sumarse a ella.

En esa lucha, cada persona va descubriendo su imposibilidad de ser solidario y de pensar en el otro, en los otros, en los distintos, porque las circunstancias obligan a que cada grupo pelee brutalmente por su sobrevivencia.

Más allá de la ficción, la novela es un contundente alegato de José Saramago contra la falta de consensos, la intolerancia, la incapacidad de sentir emociones relacionadas con el prójimo, la extrema dependencia que tenemos ahora respecto de la tecnología y de los hábitos introducidos por la globalización.

Saramago arma una historia en la que los afectados no solamente pierden la visión sino, sobre todo, el entendimiento, que implica la no reflexión, la no deliberación, el no debate, la desintegración de la sociedad como un hecho colectivo.

De pronto, cuando la ceguera ataca a casi todos los habitantes, los ciudadanos se vuelven una masa que deambula por las calles y que se pierde en sus caminos cotidianos. Encerrados en sus mundos incipientes y desconcertados, se vuelven manada feroz, jauría temible, animales territoriales. Lo peor, sin embargo, ocurre cuando esos millones de extraviados buscan con desesperación alguien que los guíe y los encamine aunque sea al suicidio colectivo.

‘Ensayo sobre la ceguera’ es una impactante metáfora de la relación entre el poder y una masa enceguecida incapaz de valerse por sí misma.

                                                                                                                                                                    (Fotografía de Peter Coulson)


4 Respuestas a “saramago en tiempos de ceguera”


  1. 1 Winston Arias
    Julio 12, 2009 a las 4:21 pm

    Pergeñar, pergeñar y pergeñar contra el prójimo. Así, de esta manera “velis nolis” los obnubilados nos quieren imponer su parecer y su pensamiento, como si nosotros no pudieramos hacerlo, y claro que lo hacemos mejor.
    Y tambien sabemos pergeñar, y ahí le va un bocadito: su verba quedaría bien plasmada como el error 16 de La encíclica “Lamentabili sane exitu” de Pio X. es decir pura contemplación mística de la realidad sin verdad histórica, como lo hacía Juan.
    Bueno y otra para terminar: Este sermón suyo interpolado, tiene algo del de la montaña de Mateo, que en Lucas es en un llano. En otras palabras, es insípido por inconsistente.
    Finalmente, los abstrusos no conocen o no saben o no quieren enterarse que el Nobel lo ha ganado !!!Kissinger!!!, el mentiroso de Einstein y hasta Churchill en literatura. Que gracia tiene ganar un premio que huele y despide un tufo a mortandad. Entonces eso de que Saramago ganó el Nobel es deprimente leer como argumento para reforzar una opinión propia y generosa en el sesgo.
    Que Mandrake, que Simpson y ahora continúa con la ficción de una novela inextricable, lineal, austera y sosa. Cuando usted lea algo con rigor histórico, entonces creo será posible obtener algo positivo de usted. Creo que si se puede
    Su último párrafo, me parece una excelente autocritica y reconocimiento, razón por la cual lo felicito porque para ello se necesita lena y mucha. Congratulaciones.

  2. Julio 13, 2009 a las 12:07 pm

    Por favor traducir al español lo ue quiere decir el señor Wiston Arias.

  3. Julio 13, 2009 a las 12:07 pm

    Por favor traducir al español lo que quiere decir el señor Wiston Arias.

  4. 4 andres
    Julio 16, 2009 a las 9:51 am

    Empiezo aclarando que menosprecio a Saramago, pero “al César lo que es del César”. No porque sea un premio Nóbel (que eso desde mi parecer desprestigia aún más), sino porque es un escritor.

    Para el análisis del libro mencionado talvés sería conveniente recordar que la “ceguera blanca” es una expresión (a veces médica) para referirse a la ceguera histérica; ceguera emocional que no nos permite ver el efecto de nuestras acciones (muchas veces agresivas) sobre nuestro entorno social.

    Desde el punto de vista literario, a nivel de forma destaca la ausencia de los puntos; a nivel de estilo el abuso de refranes y expresiones coloquiales. En cuanto al fondo, el alma de la obra, vale la pena preguntarse por qué aparece una persona inmune a la enfermedad. Esa persona, aunque es única como todos los personajes, se caracteriza por ser “completamente normal” en su forma de pensar, de verse y de actuar (para hacerlo simple, no es buena ni mala, ni bella ni fea). La pregunta no busca respuesta, busca reflexión.

    En cuanto a “la relación con el poder”, los problemas de interpretación hacen que parezca que hemos leído libros diferentes. Pues el poder no es el centro temático de la novela; al contrario, casi brilla por su ausencia (se trata de una pandemia). Si aparece es para aplicar medidas generales de control y represión calculadas e inhumanas; también para “apropiarse” de la “cura”. La novela se enfoca en las relaciones de una microsociedad conformada por personas (¡personas!) comunes y corrientes (salvo la prostituta que es un esteroetipo rosado: “beauty is a lonely virtue”).

    Destacar la diferencia de interpretación de una misma obra tiene como meta connotar que no hay tal “relación con el poder”. Lo creo yo un espejismo subjetivo. La realidad, buena o mala, sus causas y consecuencias, somos las personas comunes y corrientes con nuestras aspiraciones, necesidades, oportunidades, virtudes y defectos, cotidianos y vulgares. el toque brillante del escritor está al utilizar la ceguera como un medio para verlo más claramente. (Es una herramienta estilística: enfoque, introspección, reflexión -sería la palabra más apropiada, si se la comprende a cabalidad-,… llámeselo como se quiera).

    P.D: Saramago ganó el premio Nóbel por ser un muy buen escritor que contaba con “mejores amistades” que sus textos.


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