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hacer silencio

HACER SILENCIO

Lunes, 13 de julio 2009

Mi docto, ilustrado y profundo crítico virtual Winston Arias, partidario total del correísmo, me escribe y, en tono irónico, comenta que en Estados Unidos también hay censura. Y, como siempre, se burla de la mediocridad de mis textos y me desafía.

Seguramente él supone que yo tengo una sola mirada sobre los hechos y que, por tanto, callo todo lo que no corresponde a esa presunta mirada. O cree que estoy equivocado y confía en que pronto yo abandone este blog, haga silencio para siempre y deje el espacio solo para quienes comparten su visión del mundo.

El caso al que se refiere Winston es el de la norteamericana Lyndal Harrington.

Ella es una agente inmobiliaria de 53 años que, como millones de ciudadanos del mundo, tiene un blog.

El sitio se llama “Rose Speaks” (Rosa habla) y en él escribe, como hobby, opiniones, criterios, ideas, cosas que se le ocurren, pensamientos en voz alta…

Lyndal escribió acerca de una modelo y ex chica Playboy, Anna Nicole Smith, fallecida en 2007.

La madre de Anna, Virgie Arthur, se quejó con la Policía porque Lyndal la acusó de haberse casado con su hermanastro y haber maltratado a su hija. Los jueces le pidieron a Lyndal que entregara su computador, pero ella no lo hizo, o no lo quiso hacer, con el argumento de que le habían robado el aparato. Y fue cuatro días a prisión.

Nadie o casi nadie ha informado de este hecho ocurrido hace unos dos meses en Estados Unidos. Tampoco se ha publicado nada sobre un bloguero inglés que en su sitio criticó al periódico donde trabajaba y lo dejaron sin empleo.

Pascual Serrano, de quien lamentablemente solo tengo su nombre captado en el ciberespacio, escribe con indignación acerca del caso de Lyndal. Dice que si hubiera sido una bloguera cubana la acusada y encarcelada, el escándalo mundial habría sido gigantesco. Y tiene razón.

Pascual señala, también, que nadie o casi nadie ha publicado sobre el cierre de radiodifusoras campesinas y la toma de un canal de televisión por la Policía de Perú a raíz de los recientes levantamientos indígenas contra las empresas petroleras y mineras que están devastando lo poco que queda de naturaleza, selva y biodiversidad, destruyendo el hábitat y el derecho de las comunidades a vivir fuera de la presunta modernidad y la ficticia civilización.

Pascual, de nuevo, asegura que la arremetida gubernamental peruana contra los medios independientes no ha logrado, ni de lejos, la cobertura que sí se da a los casos Globovisión en Venezuela o Telemazonas en Ecuador (que, digo yo, no tienen ninguna relación entre sí y los medios ecuatorianos se equivocan cuando tratan de compararlos).

En medio de esa vorágine censora me pregunto: si la justicia gringa es tan represiva con los blogueros, si los chinos bloquean el acceso a internet, si los iraníes reprimen el twitter, si en el Reino Unido no puedes ser autocrítico con el medio donde trabajas, si el bombardero Alvaro Uribe controla muchos medios en Colombia y si el ex-socialista Alan García clausura medios críticos en Perú, ¿eso quiere decir que en Ecuador es “políticamente correcto” que, por poner dos ejemplos, el Poder nos impida ver Los Simpson o califique como “un poco de corruptos” a todos los que hacen periodismo desde los medios no gubernamentales?

Me parece que deberíamos luchar para que nadie haga silencio, aunque no estemos de acuerdo con lo que dicen unos u otros. O, mejor, para que a nadie lo silencien.

Pero, siendo realista y pragmático, y asumiendo como históricamente legítimas las tesis de Winston Arias, debo entender que ha llegado la hora de silenciar a todos los que, equivocados o no, somos críticos con el Poder y, por tanto, será mejor que hagamos silencio.

                                                                                                                                                                 (Ilustración de Zhang Haiying)