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prensa, país y espíritu de cuerpo

Espíritu de cuerpo-Misha Gordin

Martes, 21 de julio de 2009

No creo en el llamado espíritu de cuerpo. Se trata de un concepto que le ha hecho y le hace mucho daño al país. 

Las Fuerzas Armadas, la Policía, los empresarios, los banqueros, los alcaldes, los médicos, los abogados, los profesores, los choferes, los sindicatos, la burocracia… ¿Qué sectores en el Ecuador no se han parapetado en el espíritu de cuerpo para defender sus intereses específicos?

Ocurre lo mismo en la política y en el periodismo.

Se juntan los ex presidentes de la República y emiten un comunicado por la libertad de expresión y de prensa. Pero Osvaldo Hurtado, Sixto Durán Ballén y Gustavo Noboa no fueron, de ninguna manera, ejemplos de tolerancia y respeto a los medios. Basta consultar la historia inmediata.

Se reúnen los presidentes de los países de la región, a quienes les cobija una misma bandera ideológica, y asumen que el destino les ha asignado la misión de transformar el mundo porque, en su inconsciente colectivo, parecen estar convencidos de que solo ellos tienen la fórmula para trasformar la realidad.

Se reúnen los directivos y propietarios de los medios de comunicación y hablan del manual de ética periodística para defenderse de las críticas del Presidente de la República. ¿Todos los medios, por igual, pueden hablar de ética periodística, de equilibrio, de manejo plural de las fuentes, de información no sesgada, de poner en escena nuevas voces y nuevos puntos de vista, de no favorecer determinados intereses? No, por supuesto que no.

Cada medio tiene sus propias coherencias, visiones y aciertos, pero también sus propios secretos, sus propias omisiones, sus propios silencios, sus propias contradicciones, sus propios pecados históricos.

Unos, más que otros, han cometido graves errores: “bajaron el tono” de las posiciones ciudadanas a favor de una sociedad más justa y “elevaron la exposición” de quienes apuntalaban posiciones ortodoxas donde, supuestamente, no había nada por cambiar.

Pero también han aportado de manera significativa -algunos, quizás, a regañadientes- a que el país conociera verdades tan dolorosas como el Caso Restrepo, la crisis de los bancos, el caso Isaías, los escándalos y las corruptelas durante los regímenes de Dahik (léase Durán Ballén), Bucaram, Verduga (léase Alarcón), Mahuad, Lucio Gutiérrez…

Así que cada medio de comunicación debiera mostrar su propia bitácora. Y defenderse con su trabajo cotidiano, no con actitudes partidistas ni opositoras que no corresponden a la esencia del periodismo.

¿Y los políticos? Viejos y nuevos, tampoco son inocentes.

Cuántas veces los viejos tejieron en los parlamentos una red impermeable para evitar que los sectores a los que representaban no fueran tocados por la justicia ni por las leyes. Cuántas veces derrocaron presidentes que estorbaban sus planes de manejar el país.

Cuántas veces los nuevos han “tenido que votar con el dolor del alma” a pesar de no estar de acuerdo y discrepar con el objetivo al cual terminaron apoyando bajo el pretexto de que “hay que cuidar el proyecto”.

Que tire la primera piedra quien alguna vez no haya apelado o apele al espíritu de cuerpo en lugar de una profunda, dura y rigurosa autocrítica, un reconocimiento de todos los errores cometidos, un viraje inmediato del rumbo equivocado.

Sin autocrítica y sin cambios concretos a base de esa autocrítica,  el espíritu de cuerpo tiene directa relación con la impunidad. 

Y no solo con la impunidad, sino con la mediocridad.

 

 

(Fotografía conceptual de Misha Gordin)