
Lunes, 27 de julio 2009
Un taxista que me conduce por las calles de Quito va escuchando Radio Canela, dirigida por Jorge Yunda, hasta hace pocos meses ex presidente del gubernamental Conartel.
“Estos manes son únicos”, comenta el conductor, refiriéndose al eje central de la programación de esa radiodifusora: los chistes picantes y de doble sentido. Lo que los ecuatorianos llamamos “cachos”. Es curioso que un medio de comunicación oficialista tenga un nivel tan populachero.
¿Es curioso? No sé. Quizás es pertinente. Pertinente al proyecto del régimen de ser simpático para las masas, acumular votos, clientes políticos, fuerza electoral emotiva.
El taxista detiene su auto en una esquina del centro colonial. Saluda con un policía. Acuerdan encontrarse el viernes para jugar “un buen voly”. Toca el pito. Se acerca un voceador. Intercambian una moneda y un periódico.
Es el Diario Extra. El taxista aprovecha los pocos segundos que le quedan antes de que cambie el semáforo. Ríe. “!Qué va a ser virgen esta man!”. El semáforo se pone en verde y el taxista acelera. Le pido que me preste un momento el periódico. El titular principal dice, entre las consabidas comillas estruendosas:
!El coco de Evelyn ya tendría dueño!
El sumario es patético:
“Todo el Ecuador conmovido por la triste historia de la ecuatoriana que subasta su virginidad por internet en España. EXTRA entrevistó a la compatriota desde la casa de sus padres en Bahía de Caráquez. Según ella, regresará al Ecuador en cuanto tenga el dinero en sus manos para salvar a su madre enferma. El encuentro sexual con el escogido se realizaría en los próximos días”.
¿Le parece cómico este tema?, pregunto al chofer. “Claro -responde entre sonrisas-. ¿Se imagina una veterana vendiendo el coco?”. Evelyn, que luego se sabe que su nombre verdadero es Patricia Véliz, es una manabita de 28 años residente en España hace cinco. ¿28 años es veterana? “Viejísima para tener coco todavía”. Y sigue riendo. Y dice que le encanta leer EXTRA ,”por las hembritas”.
Más tarde, todavía inquieto por el tema, busco un ejemplar del periódico en la hemeroteca de la oficina. Lo llevo hasta un grupo de jóvenes periodistas. ¿Qué es el “coco”? pregunta una. Otra, de más edad, le explica que en lenguaje vulgar, los hombres ecuatorianos llamamos “coco” al himen de la mujer o a la mujer que se mantiene virgen (“Ella es coco” o “Ella es coquito”).
Igual que Radio Canela, EXTRA (diario independiente del Gobierno) también es populista en el peor de los sentidos. La nota de hoy parece lograr el efecto deseado: hombres y mujeres, desde su morbo oculto (porque muchos ecuatorianos, además, somos mojigatos) disfrutarán de la información.
¿Culpa del EXTRA? Quizás, aunque en su defensa se podría decir que ese es su “target”, concepto mercadológico siempre debatible.
Pero lo que no tiene explicación es la actitud de los”medios grandes” (léase formales, encorbatados, inteligentes, profundos), que no han sabido poner en escena el caso Evelyn como lo que es, una representación, un símbolo del infierno que viven los migrantes ecuatorianos en España.
Frente a esa inoperancia, lo que hace EXTRA es jugar en la cancha donde mejor se mueve: traslada el tema al plano del comentario picante, la broma de contenido sexual, la convocatoria a dar “una limosnita” para lavar la conciencia nacional.
Y como casi ningún medio “serio” ha tomado el caso con la responsabilidad y la pertinencia necesarias, Evelyn se convierte en una excelente oportunidad para vender periódicos de la manera menos periodística posible con un titular que invita a la curiosidad, al chiste de doble sentido, a la picardía sexual.
El texto de EXTRA combina el asombro (la estrategia de los signos de admiración) con la “pobretud”, como suele calificar la periodista mexicana Alma Guillermo Prieto a la prensa que satisface los sentimientos seudo caritativos de los seres humanos y calma nuestras culpabilidades cristianas cuando comparamos nuestra situación con la de los miserables que nada tienen.
No es la gran crónica. No es un excelente reportaje. No es LA historia. Es un texto simple, mal escrito, que relata la llamada telefónica que la periodista Germania Salazar le hace desde Bahía hasta España a la mediática Patricia alias Evelyn.
Cuando los “medios serios” reaccionan, ya es muy tarde. Hacen todo lo posible por contactar a los padres de Patricia, pero ellos se niegan a hablar o hablan poco. Dicen que están muy decepcionados con lo que ha hecho la prensa. Que se han burlado de ellos. Que los han utilizado. Que hemos escrito muchas cosas falsas. Que hemos escandalizado.
¿Hemos? Sí, claro. El genérico “prensa” trabaja así en el inconsciente colectivo. O nosotros, los de la prensa, trabajamos así muchas veces. En genérico. Y terminamos, todos, haciendo daño. Haciéndonos daño.
Es la venganza de las Evelyn. El ajuste de cuentas de las millones de Evelyn con la sociedad, pero también -o, sobre todo- con la prensa. La prensa que solo recuerda que existen las Evelyn cuando una de ellas sale del anonimato por alguna tragedia particular. O cuando sus tribulaciones son buen material para contar cachos.
(Pintura de Roberto Liang)