Archivos para Agosto 2009

30
Ago
09

borges, el amor oculto tras la fuerza de su palabra

Borges-Louis Tresseras

Domingo, 30 de agosto 2009

De Jorge Luis Borges, el genial escritor nacido en Buenos Aires en agosto de 1899, se puede hablar muchas horas y muchas cosas.

Se puede decir, por ejemplo, que los prejuicios ideológicos de la Academia Sueca le bloquearon para siempre la posibilidad de que ganara el Premio Nobel de Literatura.

O que fue tachado de “derechista” y hasta de “fascista” por su tenaz oposición al nefasto populismo del presidente argentino Juan Domingo Perón.

O porque, con arrepentimiento posterior, saludó el golpe militar que luego cobró miles de víctimas entre torturados, desaparecidos y asesinados.

O que a sus seguidores nunca les importó que Borges fuera capitalista o comunista o socialdemócrata o conservador, porque él habló con su poesía y sus relatos y con ellos dijo más que lo que hubieran podido decir cien mil inútiles discursos de barricada.

O que, sin duda, ha sido el escritor argentino con mayor proyección universal, en la misma dimensión múltiple e inagotable de su compatriota Julio Cortázar.

O que sería imposible pensar la literatura mundial del siglo XX sin su presencia porque, curiosamente, Borges siempre fue un clásico, un escritor al cual se vuelve con insistencia, un escritor al cual acuden, reverenciales y maravilladas, diversas generaciones de escritores y lectores.

Hablar de Borges, por tanto, sería interminable. Como interminable es algo que no todos conocen del maestro: su devoción por el amor a pesar de que muchísimas veces le fue esquiva la posibilidad de tejer una relación perdurable con una mujer.

De ese Borges hablamos ahora. Del poeta enamorado.

“Borges decía que la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce -cuenta el poeta ecuatoriano Iván Oñate-. Su amiga y biógrafa María Esther Vázquez comenta que ‘Georgie’ logró conquistar a una señora casada. Pero como esta mujer era muy católica, truncó la relación y lo dejó completamente desolado”.

Oñate, un vasto conocedor de la obra y la vida del maestro argentino, refiere que fue entonces cuando Borges escribió uno de sus más desgarradores poemas:

“¿Cómo podré retenerte?  (…) estoy tratando de sobornarte  con la incertidumbre,  con el peligro, con la derrota”.

Era el amor a pesar de todo. El amor honesto, dolorosamente claro. El amor que a Borges le fue negado. El amor negado que estimuló la imaginación de sus enemigos, quienes llegaron a hablar de un Borges extremadamente edípico, por la relación afectiva con su madre, o un Borges supuestamente asexuado y narcisista.

“Eso es imposible -asegura Oñate-. Quienes conocieron bien a Borges y a María Kodama (secretaria y esposa del maestro durante los últimos años de vida), cuentan anécdotas en sentido contrario. Por ejemplo, hay cartas de su juventud donde narra su aventura con una puta en Mallorca”.

Entonces, ¿no fue un ser cerebral, abstracto, erudito y prófugo de la realidad, como muchos lo pintan?

Quizás sí, pero ese Borges no fue todo el Borges que era. Cuando se habla de su vida y su obra poco se mencionan sus aspectos sensual, pasional y amatorio, pero -apunta Oñate- sin ese componente sería imposible entenderlo y entender su literatura.

Su filosofía, ética y estética giran en torno a la presencia o ausencia de una mujer. Al amor a una mujer. O a todas las mujeres que no lo amaron o que él no pudo amar:

“Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca aquel en cuyo amor desfallecía Matilde Urbach”.

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DOS POEMAS DE JORGE LUIS BORGES

1964 (I)

Ya no es mágico el mundo.

Te han dejado.

Ya no compartirás la clara luna ni los lentos jardines.

Ya no hay una luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad,

sol de agonías.

Adiós las mutuas manos

y las sienes que acercaba el amor.

Hoy sólo tienes la fiel memoria

y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)

sino lo que no tiene

y no ha tenido nunca,

pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.

Un símbolo, una rosa, te desgarra

y te puede matar una guitarra.

(II)

Ya no seré feliz.

Tal vez no importa.

Hay tantas otras cosas en el mundo;

un instante cualquiera es más profundo

y diverso que el mar.

La vida es corta

y aunque las horas son tan largas,

una oscura maravilla nos acecha,

la muerte,

ese otro mar,

esa otra flecha

que nos libra del sol

y de la luna

y del amor.

La dicha que me diste y me quitaste

debe ser borrada;

lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,

esa vana costumbre que me inclina al Sur,

a cierta puerta,

a cierta esquina.

El enamorado

Lunas,

marfiles,

instrumentos,

rosas,

lámparas

y la línea de Durero,

las nueve cifras

y el cambiante cero,

debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir y mi ventura,

inagotable y pura

que en el pasado fueron

Persépolis y Roma

y que una arena sutil

midió la suerte de la almena

que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas

y la pira de la epopeya

y los pesados mares

que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros.

Es mentira.

Sólo tú eres.

Tú, mi desventura,

inagotable y pura.

(Pintura de Loius Tresseras)
28
Ago
09

Donde el cielo pronuncia

Donde el cielo-Miguel Rodriguez

Donde el cielo pronuncia,

donde el cielo nombra,

donde el cielo es verbo

y es carne

y es tú.

26
Ago
09

sandra vinces, ¿dónde estás?

Sandra Vinces-Markus Richter

Miércoles, 26 de agosto 2009

¿Alguien sabe dónde está Sandra Vinces? Yo no.

Esta guapísima muchacha fue la estrella mediática de la prensa ecuatoriana hasta el domingo pasado: era, según nos dijeron, una de las más “opcionadas” (?) para ganar -esta vez sí- el título de Miss Universo.

Durante 15 días apareció en radio, televisión, periódicos y revistas. Se nos dijo que era una de las favoritas. Se nos informó que estaba entre ”las latinas preferidas del público”. Se nos insufló el amor propio anunciándonos que su traje típico había sido “el mejor tercero” (?). Casi se nos hizo creer que la corona la estaba esperando detrás de las cortinas del fastuoso escenario de las islas Bahamas.

Gracias -o por culpa de- los medios, Sandra Vinces se convirtió en un sueño para muchos ecuatorianos y ecuatorianas. Se volvió una herramienta aspiracional de la sociedad y en la esperanza de un triunfo internacional para el país: ya no está Jefferson en las pistas atléticas del mundo, ya casi no hay posibilidades de clasificar al Mundial Sudáfrica 2010, ya no tenemos vivo al poeta Jorge Enrique Adoum, ya casi no se escucha a Julio Jaramillo…

Pero perdió. O perdimos. Sandra ni siquiera estuvo entre las 15 finalistas.

Entonces, ¿para qué crear tanta ilusión? ¿Lo hacen para vender más periódicos o ganar “rating”?

Me parecería muy simple responder que sí. Quizás algunos, pero no todos. He participado en salas de redacción en las cuales este tipo de decisiones son intensamente debatidas, deliberadas, cuestionadas, pensadas. Pero temo que la actitud responsable, reflexiva, no es una actitud general de los medios y los periodistas: es  fácil crear ilusiones sobre la nada, alrededor de la nada.

Decir que si Liga de Quito ganaría al Manchester United alcanzaría “la gloria” o que si la selección clasifica al Mundial “tocará el cielo” es tan absurdo como enseñar a los niños que el héroe Abdón Calderón gritó “Viva el Ecuador” con una bandera en la boca mientras recibía un cañonazo o que nuestro himno nacional es “el segundo mejor del mundo” después de La Marsellesa.

A veces, innumerables veces, los medios crean ilusiones sociales. Pero muchas veces lo hacen sobre la base de eso: ilusiones. No realidades.

Y cuando los hechos concretos hacen estallar las pompas de jabón, los medios no saben cómo poner en escena la desilusión.

Prefieren callar. Pasar la página. Ignorar su deber profesional de hacer seguimiento informativo. Olvidar el episodio y buscar otro. Reemplazar la estrella mediática con otra, más coyuntural.

Por eso nadie o casi nadie sabe dónde está la hermosa Miss Ecuador. ¿Cómo se sentirá Sandra luego de haber desaparecido de la prensa? Utilizada, quizás. Frustrada, talvez. Decepcionada, posiblemente.

Se llenó de esperanza a una parte del país poniendo sobre los hombros (o el cuerpo) de Sandra la responsabilidad de colmar esa ilusión.

Cuando los hechos concretos hacen estallar esas pompas de jabón, los medios no saben cómo poner en escena la desilusión. O, simplemente, omiten y borran de la escena la realidad creada.

¿Es posible cambiar esa mala práctica? Si, pero con prudencia, sensatez y equilibrio informativo. Con rigor. Con autocrítica. Con la conciencia de que ya es hora, ya, de hacer buen periodismo.

(Diseño fotográfico de Markus Richter)
24
Ago
09

las alucinantes danzas del poeta irreverente

Euler Granda-Ed Freeman

A Euler Granda le importa poco lo que digan de él. Lo que han dicho. Lo que dirán. Poco le importan el poder, el dinero, la fama, la popularidad. Poco le importa lo que digan los críticos literarios.

Acaba de ganar el premio nacional de cultura Eugenio Espejo y no lo ha tomado como lo harían otros, como lo harían muchos. Para él es una oportunidad de decir lo que siempre ha dicho, de sentir lo que siempre ha sentido.

Pero le importan mucho todos los pocos que a los otros no les importan,  como los insomnios  sociales, los desamores personales y colectivos, las escaseces y las miserias, los vacíos, el hambre, la humillación, todos los dolores y pesadillas de quienes andan por la vida desamparados, de quienes, a pesar de todo,  creen el torcido discurso del poder retórico:

“La historia se acelera,/ se acelera la pus,/ la muerte se acelera./  Integración, paz, libre mercado, democracia/ cantaleta de loras,/ cebo para atraparte,/ estupidorrea pura”.
 
Así habla este hombre que habla desde su corazón pero también desde su rabia,  su desasogiego,  su desencanto,  su ruptura con lo establecido que, en realidad, es lo hay que derribar.

“Porque antes, esa fuerza, esos desplantes másculos/ a ratos todavía,/ iban lanzados contra los sátrapas y sus satrapías,/ contra los perros de presa de sus amos,/ los mercaderes y sus testaferros,/ los escribas,/ los falsos profetas./ Pero ahora la persecución y la caza, persistente e insomne,/ se da consigo mismo y contra sí,/ un sí mismo que desde luego nos involucra a todos/ sin el menor vestigio de autocompasión”.
 
Duro, coloquial, irreverente, Euler Granda se abre camino “entre sus letales aguijones y su alucinante danza de alacranes”, como dice otro poeta contestatario, Carlos Eduardo Jaramillo, quien describe la poética de Granda como “hondamente humana, inclaudicable, de una lucidez devastadora, aleteando su sangre como pájaros que cantan aún con fuerza en su alma, que cantan el olor y el calor de la piel de la mujer amada, que a diario ganan la batalla a la desolación”.

Porque el amor también estremece la pluma del poeta. Lo estremece, lo sacude, lo deja desolado, le arrastra, le empuja a un abismo donde solo le queda  derramar gritos y murmullos en medio del amor desolado:

“Las cosas son otras debajo del pellejo./ Así/  la sed es agua amordazada,/  el olvido/ es el recuerdo con candado/ la música es flor con alas,/  los que nacen ahora/ son los muertos mañana/ el hoy es el ayer/ la verdad es la mentira más cerdosa;/ el amor no es más que el desamor con piel de oveja”.

Rotundo, iconoclasta, escéptico, irónico, nada de lo que es y existe queda fuera de la temática de Euler, ese médico graduado de samaritano, ese psiquiatra demasiado humano que en su humilde consultorio del barrio La Ferroviaria dejaba que se abrieran las almas de sus pacientes y entraba en ellas para revelar verdades contundentes y desgarradoras:

“Quién fue la puta madre,/ quién fue la puta padre;/ en dónde está  la pulga/ que parió al dinosaurio de la soledad;/ quién inundó la tierra/ con sus crías./ Por gusto somos masoquistas./ Por quítame estas pajas vamos deshabitándonos,/ arrinconándonos/ hasta asestarnos el puntapié de gracia,/ hasta rematarnos”.

Es poesía para mantenernos despiertos, para que sea imposible el olvido, para que cada día termine desgajado, deshojado, deshilado y deshecho, para que cada día aprendamos y desaprendamos algo más de los demás. Algo más de esa identidad que nos viste y nos desnuda:

“Barrio del “pobre diablo”/ en la cuesta final del Chaguarquingo,/ desde aquí en adelante/ para que ya no quede/ ni siquiera la sombra de la sombra/ nos devora el camino./ Las frases ostentosas,/ las basuras queridas/ fueron quedando atrás”.

Es poesía que ama y que odia, que se apasiona y  desfallece, que se encuentra en lo más alto y profundo cuando toca el centro de las contradicciones,  cuando saca a la luz y pone frente a nuestros ojos todo aquello que no queremos ver: 

 “(….) caminos por donde me arrastré/  camas donde dormí,/ luciérnagas con la  tripa afuera,/  muñones de colibrí,/  violines desollados como puercos,/  nombres,/ recetas médicas,/  relojes desbocados;/ ni más ni menos,/ así me fueron sacando/  palabra por palabra,/ así me fueron sacando este poema”.

Sorprendente y provocador, arremete y desacomoda desde su particular manera de entender que la vida debiera llenarse de intensos abrazos y no de crueles mentiras. Granda expresa una actitud, un gesto, una militancia  bajo  las muchas noches  en las que el poeta caminaba en las calles quiteñas y las iba amando mientras se emborrachaba de palabras y de sensibilidades y  de aquella ternura escondida que vertía cuando la noche ya era madrugada:    

“Los discursos políticos/que luego de emporcarme/me degüellan;/mi desidia,/desnoche,/ mi mío corazón/que se sale de madre/y para colmo tú/que me respiras en la oreja,/que me atoras la llave/del agua que yo bebo,/ que me cortas el aire que respiro…”.

El escritor mexicano Pedro de Reis expresa que el poeta ecuatoriano  es “una voz que se da de cabeza contra los seres y los objetos. “Es un monólogo y un susurro  porque este individuo, desde su clamor y su poética, responde por las demás personas. En sus textos la soledad se muestra sin maquillaje y quedan sin sustento las patrañas cotidianas.   “La sed de belleza convive con la voracidad y la solapada maldad  humana”.

Granda no será recordado por sus concesiones ni por sus rubores ni por sus reverencias.  Porque Euler no es concesivo  ni prudente  ni siervo. Porque es el poeta, el hombre, el creador incesante e insaciable, cuya palabra intensa y despiadada conmueve, enternece, sacude, golpea y desafía:

 “Cómplice mía/ contra mí,/ roedor desatado,/ hambre canina que me come/ y si esto fuera poco/ yo en persona te ayudo/ a serrucharme el piso…”. 

Euler Granda  brilla como el poeta mestizo andino contemporáneo del Ecuador. Quiteño de adopción y majestuoso como  la nieve que le habrá acunado en Riobamba. Escribe con un enorme caudal de inteligente y sabrosa ironía política. Está muy lejos de los sonajeros y cosméticos de la estética forzada.

“Este momento pequeñito/que estoy dentro de ti,/que me olvido del mundo/y una fiebre a caballo/corre por mi espinazo./Este solo momento/ equivale/ a los dos mil millones de años/que me precedieron./ Luego de tantos incidentes/ y de tanta chacota,/ esto es lo trascendente,/ esta es la realidad virtual,/ esto es el tiempo,/esto es el espacio,/esta es la eternidad/ y todo en un segundo.

Es el poeta que se expresa desde sus semillas de guambra de barrio, el que acoge y  acuna sin importar el tamaño de su casa y su consultorio, el poeta que te da un cafecito y te embriaga con su sabiduría, tierna y profunda, sin necesidad de subir a los atriles ni caminar sobre alfombras rojas ni ocupar ninguna silla en el poder.

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De cómo tus piernas  venían con nosotros
Euler Granda
 
Nada de lo que
a tí te pertenece es mío.
Pero tus piernas sí
porque fui yo
el que las vio primero
y vendado los ojos
las reconocería
entre el gentío.
Piernas tuyas y mías,
compañeritas,
piernas fuera de serie,
piernas andariegas,
islas de piñas y nueces
donde vivía yo
y a veces me chumaba.
Yo sé que todo se acabó.
A un paso de aquí
se tambalea el mar
al disimulo,
para cogerte de sorpresa
me tiraré a nadar
tan solo para ver
hasta dónde me  siguen.
(…)
Vienen tus piernas fumando
cigarrillo
y detrás el verano
con la lengua afuera.
En mi vieja cabeza
caen las hojas muertas
del árbol de las cosas;
la noche riega
sus baldes de agua  fría.
A mi lado,
codeándome,
agosto va
mascando chicle
y allí tus piernas
a mí pegadas
como un piojo,
colgándose de mí,
abrazándome,
siguiéndome
al centímetro,
con su calenturienta música
atizando el tumulto
en la olla de grillos
de mi sangre (…).

 

22
Ago
09

tengo la camisa roja

Tengo la camisa roja-Bogdan Zwir

Sábado, 22 de agosto 2009

Los que hoy odian a Juanes lo acusan de haber cambiado el color de camisa. En la miopía y fanatismo anticomunistas que caracterizan al exilio cubano, Juanes ha cometido un delito político, ético y social.

Más emocionales que creativos, a los cubanos de Miami no se les ocurrió nada más que salir a las calles con los discos de Juanes, pisotearlos y quemarlos.

¿Qué factor desató semejante incendio ideológico e intolerante en la ciudad que tanto ha mimado a Juanes?

El exitoso cantante colombiano, de 37 años, ganador de cinco premios Grammy en 2008 por su canción “La vida es un ratico”, se convirtió, de pronto, en objetivo de la peor inquisición: la de quienes creen tener la razón aun a costa de cerrar los ojos a la necesidad de mirar más allá.

El presunto delito del cantautor es simple: llevar a Cuba el popular concierto Paz Sin Fronteras.

El evento del próximo 20 de septiembre en La Habana -si hasta esa fecha Juanes resiste las intensas presiones que ejercen sobre él influyentes medios de comunicación y poderosos empresarios de Florida- será igual a los que hace más de un año produjo en las fronteras entre Venezuela, Colombia y Ecuador después del bombardeo del gobierno de Álvaro Uribe a nuestro territorio.

Aquella vez, en medio de una grave crisis diplomática, Juanes decidió bajar la tensión y promover la convivencia pacífica entre los pueblos. Algo similar propone ahora: acercar posiciones históricamente distantes entre Cuba y Estados Unidos porque a él, un pacifista convencido, le resulta obvio que 50 años después de que Fidel Castro asumiera el mando en la isla caribeña han sido inútiles las amenazas bélicas y el bloqueo económico norteamericanos para forzar un cambio en Cuba.

Desde la música, la alegría, el amor y la sensibilidad estética, Juanes propone cambiar las perspectivas de unos y otros. Por eso trata de que el Gobierno cubano le permita participar al roquero punk Gorki Águila.

 Águila -líder del grupo Porno para Ricardo y duro crítico del régimen socialista- estuvo detenido en 2008 durante cinco días.

Ese esfuerzo por armar un escenario democrático no lo valoran los fanatizados de ningún lado, pero Juanes lo sabe: “Estoy harto de preguntar a la gente si es musulmana, gay, capitalista o cubana”, se queja. “Me critican que cante por la paz en un país donde no hay libertad, pero muchos no entienden que la falta de libertad no solo es un problema de Cuba sino de muchos otros países, incluso de Colombia, donde hay libertad, pero no paz”.

Juanes quiere que en su festival se escuchen todas las voces, pero no solo las de poetas y cantores de la dimensión de Silvio Rodríguez, sino, también, de los disidentes, porque así se construye la paz: con tolerancia, apertura a la crítica y respeto al diferente, aunque su camisa sea de otro color.

(Fotografía experimental de Bogdan Zwir)
20
Ago
09

tus recuerdos…

Tus recuerdos-Pedro SanzTus recuerdos                                                                                                                                                                                                                                      son                                                                                                                                                                         unos angelitos                                                                                                                                                                                                         bajando por mis ojos.

18
Ago
09

cortázar también habló de amor

Cortázar también habló de amor-Miguel Rodríguez

Un poema lo desnuda y lo muestra en la dimensión estética que pocos conocen de él.

Lo muestra en la profunda dimensión espiritual que pocos conocen de él.

Lo muestra en la profunda dimensión sensual que pocos conocen de él.

Un poema que lo desnuda y que dice:

“Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo./ Lo que me gusta de tu sexo es la boca./ Lo que me gusta de tu boca es la lengua./ Lo que me gusta de tu lengua es la palabra”.

Un poema que apareció 25 años después de la muerte de su autor, Julio Cortázar, el genial argentino a quien muchos recuerdan por narrador, por fabulador, por cuentista fantástico, por inventor de famas y de cronopios, por imaginador de rayuelas y modelos para armar, por incansable creador de la palabra, por comprometido con su tiempo, por cronista, por perseguidor, por su inagotable capacidad de desafiar lo establecido.

 ‘Papeles inesperados’, libro que apareció en mayo pasado y que compila “una extensa y deslumbrante colección de textos inéditos y dispersos”, es un descubrimiento de todos esos Cortázar, pero, sobre todo, de un Cortázar que habla de amor:

“(…) nos hicimos jugando todo el mal necesario/ ya ves, no es una carta esto,/ nos dimos esa miel de la noche, los bares,/ el placer boca abajo, los cigarrillos turbios/ cuando en el cielo raso tiembla la luz del día”.

Ese Cortázar amoroso es el mismo y es el otro, es el mismo que nos aconsejaba situarnos en la línea divisoria entre la realidad y la fantasía y es el otro que nos enseña que para sobrevivir a pesar del riesgo no basta pararse allí, sobre esa línea, sino actuar en consecuencia:

“Y también no estar triste,/(…) Y no decirte lejana ni perdida/ para no darle razón al mar que te retiene./ Y elogiarte en la más perfecta soledad/ a la hora en que tu nombre es la primera lumbre en mi ventana”.

Es el Cortázar que no solamente fabula y sueña, que no solamente imagina otros mundos, otras sensibilidades humanas, otras posibilidades de cambiar el mundo desde la ética y la lucha cotidianas.

Es el Cortázar que, como cualquier ser humano, simplemente ama y, a veces, venciendo rubores, simplemente verbaliza sus nostalgias:

“Cuánto quisiera que escribiésemos de nuevo juntos muchas páginas, Osita. Creo que lo haremos, quiero que lo hagamos. Estaremos de nuevo tan juntos, Osita”.

Es el mismo y el otro Cortázar que juega con los sentidos, con las situaciones, con inventar palabras que al volverse carne, al volverse deseo, al volverse música, se vuelven poesía:

“Amo la forma en que tocas el piano, como con cuentagotas de jade tirando aquí y allá los pequeños campanarios que tienes en la concavidad de las uñas”.

Es el Cortázar que cuestiona, inquiere, conmina, desacomoda:

“y te preguntas si llegará, si salió para llegar, si salió porque quería llegar, y tienes miedo como siempre has tenido miedo de ti mismo, la ves irse tan frágil y blanca en una bicicleta de humo, te gustaría estar con ella, alcanzarla en algún recodo y apoyar una mano en el manubrio y decirle que tú también has salido, que también tú quieres llegar al sur”.

Es el Cortázar de la incertidumbre, de la duda incesante, de la existencia irreverente, del amor más hondo y más complejo:

“A qué viene la noche si no es buscando pájaros…”.

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OTROS DOS POEMAS DE JULIO CORTÁZAR

Los amantes

 ¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos?                
Ellos se toman de la mano:
algo habla
entre sus dedos,
lenguas dulces
lamen la húmeda palma,
corren por las falanges,
y arriba está la noche
llena de ojos.
Son los amantes,
su isla flota a la deriva,
hacia muertes de césped,
hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena
a través de ellos,
todo encuentra su cifra
escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan
en su amarga arena
hay una pausa
 en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.
Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos
se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.
Ya están vestidos,
 ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos,
cuando están vestidos,
que la ciudad
los recupera hipócrita
y les impone
los deberes cotidianos.

Y sentirte…

Y sentirte por
fin acompañado
porque por fin la estás acompañando…

 

(Ilustración de Miguel Rodríguez)

16
Ago
09

adictos al horror

Adictos al horror-Christ Anthony

Sábado, 15 de agosto 2009

En estos días de absurdos y cegueras hay una idea que viene cobrando fuerza: la guerra.

Decirla podría sonar paranoico y excesivo, pero hay que hacerlo.

Afuera, en nuestro afuera y otros afueras sudamericanos, muchos parecen saborearla desde las más irracionales convicciones.

Es una palabra de espanto, miedo, vacío, dolor.

Es una palabra que tiene que ver con la crispación colectiva, con la defensa de supuestos principios, con la presunta necesidad de sostener un proyecto de muerte a pesar de tanta muerte, con la supuesta urgencia de consolidar, a cualquier precio, una entelequia denominada “seguridad democrática”.

Pienso en el insólito entusiasmo y el discurso hipócrita que componen la puesta en escena: a la retórica de la beligerancia y el abuso se la enmascara de patrioterismo, de urgencia de consolidar un proyecto político, de apostarlo todo al conflicto armado porque, hipotéticamente, lo que interesa es el objetivo final, el bien superior: la paz. La paz sobre las cenizas de millones de cadáveres.

Pienso también en la ligereza con la que algunos líderes latinoamericanos pronuncian “guerra”. Como si nada. Como si se pudiera jugar con ella. Como si su simple enunciación ya fuera una primera victoria sobre el enemigo.

Pienso en la construcción de la idea de “enemigo”. En la facilidad con la que nosotros mismos nos convertimos en el enemigo. En la imposible convivencia de lo plural y lo distinto.

Pienso en ello mientras camino por los salones de la Capilla del Hombre y observo cada cuadro, cada escena, cada motivo de la serie ‘Los desastres de la guerra’, del pintor español Francisco José de Goya.

Pienso en esos hombres mutilados, en esos hombres atravesados de crueldad, en esos hombres urgidos de matar, en esos hombres que combaten y asesinan y mueren bajo ‘razones de Estado’ que, en realidad, son sinrazones de ira, de sordera, de intolerancia, de odio, de venganza, de chauvinismo, de revancha.

La guerra que dibujó Goya duele desde lo más elemental y errático, desde el asombro de encontrarse, 200 años después, con escenarios insólitamente contemporáneos, escenarios de rabia y mezquindad que se esconden tras la retórica de la geopolítica.

Intensamente crítico de su época, Goya pintó sus aguafuertes entre 1810 y 1814 con el objetivo de denunciar la brutalidad de la violencia, la estupidez de la confrontación bélica, la ausencia de la razón y el entendimiento, la arrogancia y corrupción de quienes ejercen el poder político y de quienes desde la ideología o desde los medios manipulan los espíritus.

 Qué paradójico estremecerse en la Capilla del Hombre con los horrores que vivió Goya mientras afuera, en nuestro afuera y en los otros afueras sudamericanos, muchos adictos al horror, de uno y otro lado, amasan entusiasmados y hambrientos la idea de una guerra.

(Ilustración de Chris Anthony)

14
Ago
09

Mariposa al pie de una estatua

La mariposa. Sascha Huttenhain

Un libro susurra palabras de labios místicos y rebeldes.

Pongo flores al pie de una estatua que canta versos desnudos.

Aletea la mariposa de las libertades.

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12
Ago
09

vientos de guerra/medios de guerra

Vientos de guerra-Stefan Heilemann

Miércoles, 12 de agosto 2009

En tres telenoticieros nocturnos me hablan de guerra. “Vientos de guerra”, dice un presentador mientras en la pantalla aparece una imagen congelada que intenta significar un conflicto bélico en la frontera y, al mismo tiempo, se escucha música marcial. Hubo producción, pero, ¿hubo prudencia?  ¿Hubo reflexión previa?

“Vientos de guerra” fue la frase con la que, en la reunión de la Unasur en Quito este lunes, el presidente venezolano, Hugo Chávez, pretendió resumir la situación regional como consecuencia de la concesión de siete bases militares colombianas a las fuerzas armadas de Estados Unidos.

Que lo diga un líder latinoamericano es delicado, pero comprensible. A mi manera de ver,  la reacción de Chávez tiene dos componentes: el primero, se trata de una actitud legítima desde los intereses de su país y de su proyecto político; el segundo, el mandatario sabe que su discurso anti-imperialista es seductor para una América Latina entusiasmada con la multiplicación de gobiernos de izquierda. En ambos casos, Hugo Chávez apuesta a una victoria ideológica.

No quiero abundar en el análisis geopolítico y vuelvo al tema mediático: que lo diga Chávez, por las razones expuestas, es entendible. Pero que lo diga la prensa es otra cosa.

En términos reales, no hay ninguna guerra. Ni siquiera hay indicios de ella. Tendría que ser muy grave la tensión de los regímenes de Ecuador y Venezuela con el de Colombia para hablar de una posibilidad más cercana pero, aún así, resulta casi imposible que se produzca un choque armado, a menos que la locura se apodere de una de las partes o que la provocación sea grosera.

Hugo Chávez, experto en manejos mediáticos y propagandísticos, sabe que al pronunciar “vientos de guerra” crea una preocupación generalizada y, por tanto, provoca una reacción diplomática que, al final -como viene ocurriendo en los últimos años- terminará en abrazos protocolarios, sonrisas triunfalistas, consolidación de su influencia regional y puntos a favor en las encuestas de popularidad.

Con su frase -seguramente muy bien meditada antes de decirla en un foro tan estratégico como la Unasur- Chávez también sabe que empuja a Colombia a reposicionar sus tesis no solamente en relación a las bases sino a sus conceptos de “seguridad democrática” y “extraterritorialidad”.

De esa manera, Álvaro Uribe y su ala guerrerista no la tendrán fácil la próxima vez que se les ocurra primero bombardear y luego avisar que han bombeardeado territorio ajeno.

Los militares estadounidenses y sus halcones del Pentágono tampoco, pues lo que ha logrado todo este clima supuestamente “prebélico” es obligar a que el gobierno colombiano transparente, interna y externamente, sus planes de cooperación militar con EE.UU. y dejar listas las alarmas en América Latina en caso de que se pretendiera usar las bases para atacar a los vecinos.

Entonces, ¿estamos hablando de una guerra inminente? Si no estamos hablando de una guerra, ¿por qué los medios y los periodistas entramos en el juego, un juego perverso que probablemente nunca tendremos la capacidad de entender en lo más profundo? ¿Hacemos la corte a los vendedores de armas, tan ágiles para construir, indirectamente, escenarios de batalla donde los países necesiten con urgencia todo el armamento posible? ¿A quién o quiénes les conviene la guerra?

Me parece que en las salas de redacción hacen falta reflexiones tan simples como las que expongo aquí.

Me parece que en las salas de redacción es imperativo armar escenarios periodísticos probables e hipotéticos que no necesariamente -a menos que existan indicios concretos y comprobables- se deben exponer al público pero que sí tienen que ser interiormente discernidas.

Me parece que el periodismo responsable debe trabajar por el bien común, y el bien común, sin duda, es la paz.

Me parece que hay que trabajar por la paz, aunque sea a contracorriente del patrioterismo.

Me parece que, muchas veces, no somos conscientes de la irresponsabilidad social que significa sumarse a vientos especulativos que fácilmente pueden transformarse en nefastos huracanes.

(Fotoilustración de Stefan Heilemann)