Archivos para Septiembre 2009

29
Sep
09

la poesía como lucidez y extravío

Pizarnik.Kevin Rolly

Controvertida, polémica y devastadoramente exacta, la escritora argentina Alejandra Pizarnik murió como vivió: en un estado de lucidez y extravío que la llevó a existir y a escribir intensamente desde lo profundo de los infiernos más íntimos y sensuales. Su deseo esencial era vivir en la difícil coherencia entre la cotidianidad y la poesía.

Así lo dijo, pocos días antes de su muerte, en una charla confesional y mágica con la periodista española Martha I. Moia:

“Ojalá pudiera vivir en éxtasis,

haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo,

rescatando cada frase con mis días y mis semanas,

infundiéndole al poema mi soplo

a medida que cada letra de cada palabra

haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir”.

Ana Nuño, investigadora argentina, precisa que sería injusto estigmatizar a Pizarnik como suicida o loca. Y más injusto sería encasillar su poesía como fruto de una mente trastornada: “Cuando una mujer manifiesta melancolía, soledad y aislamiento se habla de ‘desequilibrio psíquico’, pero si quien lo manifiesta es varón (Kafka o Rimbaud, por ejemplo) se habla de ‘un talante visionario”.

El suicidio de Alejandra es, por tanto, una anécdota. Porque su vida misma fue una caminata sobre una hoja de afeitar, su poesía fue una incursión por la temeridad de la luz enceguecedora:

”Es el miedo a todas las que en mí contienden

 a la otra que soy”.

Alejandra era poeta incluso cuando pintaba. Cuando dejaba la tensión por alcanzar la exactitud poética y se liberaba frente al lienzo y los colores. Pero su oficio, en lo más hondo, fue siempre conjurar y exorcizar:

“Escribo para que no suceda lo que temo,

para que lo que me hiere no sea.

Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura.

(…) La bestia caída de pasmo que se arrastra por mi sangre”.

Pizarnik entendió que la poesía no era una carrera, sino un destino. Así vivió. Y así murió.

(Ilustración de Peter Rolly)
27
Sep
09

el cazador de brujas

El cazador de brujas.ilustr.

Un nombre ha quedado grabado para siempre en la memoria de los intelectuales norteamericanos: Joseph McCarthy.

El siniestro personaje era un mediocre e irrelevante legislador hasta que su obsesivo deseo de figurar en la escena política hizo que asumiera, con enorme éxito mediático, el rol de cazador.

Su nefasto paso por la legislatura estadounidense, entre 1950 y 1956, marcó una tragedia histórica llamada macartismo.

Basado en la intolerancia y el fanatismo como ejes de sus ataques a la oposición, McCarthy disfrazó sus odios y revanchas bajo la defensa de la democracia,  la soberanía, los “valores cristianos” y la necesidad de construir “un futuro próspero y justo para la nación”.

La persecución desencadenó un tenebroso proceso de irregularidades: denuncias falsas, inculpaciones sin pruebas, delaciones, escuchas telefónicas, acosos laborales, interrogatorios, juicios sumarísimos y ‘listas negras’.

El éxito de la estrategia mediática de McCarthy fue crear en la sociedad norteamericana la idea de que la crítica era peligrosa para la estabilidad del Gobierno y que  podía ser el punto de partida de una conspiración contra el sistema.

Instalada esa percepción en la sociedad era fácil poner bajo sospecha a cualquier artista, escritor, intelectual, periodista o ciudadano que se atreviese a mostrar su desacuerdo con el Régimen o con los principios ideológicos del poder y el concepto oficialista de democracia.

McCarthy sabía el impacto y el efecto de la televisión sobre el pueblo y usó esta herramienta con astucia y perversidad. Para penetrar más en la conciencia ciudadana seleccionó cuidadosamente a quienes sometería a escarnio público frente a las cámaras.

En 1954, el todopoderoso senador mantuvo durante 36 días -187 horas de transmisión televisiva- audiencias a las que asistieron más de 100 000 testigos directos que dejaron testimonios por un total de  dos millones de palabras.

La cacería de McCarthy, que llevó al dramaturgo Arthur Miller a escribir su extraordinaria obra  ‘Las brujas de Salem’ en referencia a la era de la Inquisición, destrozó la carrera de  grandes artistas y sembró la censura y la autocensura en el cine, el teatro, la televisión, la literatura, las universidades y el periodismo.

El macartismo dejó una profunda huella de dolor, soledad, desconfianza, exilio y muerte. Sus acusaciones y condenas se volvieron una suerte de terrorismo de Estado que afectó a la vida de miles de ciudadanos.

Un día, cuando EE.UU. empezaba a coquetear con el fascismo, el mismo ‘establishment’ político que  aplaudió a McCarthy le quitó apoyo y lo relegó al ostracismo.

Pero la técnica macartista de atemorizar, desprestigiar, acusar, descalificar, amenazar y perseguir a quienes discrepan no quedó en el olvido: por el contrario, en este siglo XXI es mucho más potente, selectiva  y sofisticada.

(Fotografía de Andrzej Dragan)

24
Sep
09

mis manos ausentes…

POESÍA

Mis manos ausentes...

Mis manos ausentes de tu ausencia,

mis manos húmedas aún,

mis manos que no son manos

sin tu piel llamándolas

desesperada.

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22
Sep
09

horacio hidrovo, memoria y arte montubio

CRÓNICA

Horacio Hidrovo.Flor Vacherand

Él tiene un sueño y no dejará de soñarlo mientras viva: que la cultura se institucionalice en el campo montubio (montuvio con ‘v’ pequeña, como él prefiere).

En Manabí es difícil encontrar un referente más profundo, más intenso y más vital que Horacio Hidrovo Peñaherrera, el maestro que hace pocas semanas recibió el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo.

Es el maestro nacido en Santa Ana, el profesor de muchos años en el colegio nacional Olmedo de Portoviejo, el don Horacio, el vecino, el padre, el juglar, el poeta, el ejemplo, la luz.

Es el símbolo de la necesidad de una lucha persistente e incansable por dar a su pueblo lo que más merece: el orgullo, la autoestima, la identidad, la pertenencia, el saber de dónde viene y adónde va.

A sus 78 años, cumplidos el pasado 24 de julio, no ha perdido el entusiasmo. Mucho más porque siente el privilegio de haber transitado dos siglos, el XX y el XXI, y sentir que en el mundo queda mucho por hacer:

“Estos dos siglos han sido 100 años de perseguir al hombre; del hombre persiguiendo al hombre, acechándolo, cercándolo hasta robarle los sueños. Pero pronto brotará desde la tierra fértil una nueva generación, vigorosa, resuelta, decidida a devolver al hombre lo que le pertenece: su libertad”.

Lo dice así, lleno de esperanza y multitud, pletórico de emociones y sensibilidades siempre conectadas con el pueblo, con la gente sencilla, con los discriminados, con los que llevan en la sangre la historia, la tradición, el sabor y la memoria popular.

“Vengan, artistas/ que hay viento para los pulmones./Vengan a nacer con nosotros”.

A la entrada de un ambiente de caña guadúa y árboles y río aparece un enorme cartel dibujado por las ahora temblorosas manos del maestro.

Es el museo qué él siempre buscó construir. Y aunque todo de la casa y el patio y el puente de caña sobre el estero y la casa de atrás es rústico, desordenado, ecléctico, recorrer este escenario insólito no deja duda de todo lo que ama, de todo lo que quiere dejar a su provincia como semilla fresca y como árbol centenario: su legado narrativo, poético, político; su amor por la música, el cine, los libros, las leyendas, las tradiciones; su proyecto de recuperar todo aquello que sabe y huele y suena como identidad manabita.

Amigo y compañero de grandes escritores latinoamericanos como Jorge Amado y Eduardo Galeano, y de extraordinarios autores ecuatorianos como Demetrio Aguilera Malta, Hugo Mayo, Jorge Icaza y Euler Granda, entre muchos otros, Hidrovo debe su pasión por la gente a su inagotable espíritu viajero.

Es de aquellos que una mañana cualquiera decide embarcarse en un auto y viajar largas y fecundas horas por los pueblos del Ecuador y de América Latina.

Y es de esos viajes donde ha recopilado ideas y testimonios y documentos e inspiraciones para sus 22 libros, entre ensayos, novelas, estudios culturales, crónicas y poemas. Y es de esos viajes donde, también, ha traído retratos, diplomas, pinturas, instrumentos musicales, muebles, esculturas.

Sasay adentro, en Santa Ana, está lo que es y será el último refugio de Horacio Hidrovo.

Y quizás, si el Estado actúa con justicia, sea el lugar donde se disemine y se multiplique su amor por lo que es, por lo que somos.

Y quizás en esa aparentemente extraña mezcla de marimba esmeraldeña junto a un afiche gigante del campeón Jefferson Pérez esté la esencia de nuestra identidad.

Y quizá su canto y poesía, su decisivo amor por la tierra montubia, contagien de identidad a las nuevas generaciones:

“Crecieron mis nietos,/ llueven de esperanzas vivas./ Ahora los miro de abajo hacia arriba/ como cafetales en un día de fiesta”.

19
Sep
09

ellos ya están muertos

COMENTARIO

Ione Ruocquoi-Ellos están muertos

En abril de 1992 se radicalizó la pesadilla autoritaria que los peruanos vivían desde el ascenso de Alberto Fujimori al poder: el autogolpe se justificó bajo el pretexto de que había que dejar atrás todos los resquicios “del viejo Estado”.

Para “dejar atrás el viejo Estado” el dictador contó con un entusiasta equipo de cortesanos  oportunistas y pusilánimes que ocuparon funciones claves en organismos civiles y militares.

A cambio de un ínfimo pedazo de poder, los áulicos pusieron a órdenes de Fujimori todas las entidades de control y todo el aparato militar, policial y de Inteligencia.

Ante la ausencia de instituciones públicas que cumplieran su deber de fiscalizar, la prensa no gobiernista asumió la responsabilidad de investigar las denuncias de corrupción y el manejo discrecional de los recursos económicos del Estado.

Las hordas de Fujimori disfrutaron 10 años de un poder cuasi imperial gracias a una estrategia basada en desprestigiar a los periodistas críticos, exacerbar el  patrioterismo  e incentivar “la revancha de los más pobres”.

Venciendo el temor, los pocos ciudadanos que se atrevían a denunciar los abusos, agresiones, persecución y crímenes contra los opositores encontraron en la prensa no gobiernista el único medio para canalizar el clima de inseguridad social y violación a los derechos humanos más elementales.  

La prensa  sufrió el acoso más devastador y cruel del que Perú  tuviera memoria: días después de que el Canal 2 denunciara el espionaje telefónico del tenebroso Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), dirigido por Vladimiro Montesinos, Fujimori arrebató el canal a sus propietarios, creó nuevos periódicos “populares” y “alternativos” y controló diario Expreso. Decenas de periodistas salieron del país para evitar la cárcel o las amenazas contra su vida.

El régimen presionaba a los medios con la amenaza de ser “visitados” por la Superintendencia Tributaria (Sunat). El Ministerio de la Presidencia se volvió el principal cliente publicitario de la prensa que, a cambio, se dejó imponer agendas periodísticas con temas que protegieran la imagen del gobernante.

Entre tanta oscuridad, corrupción y miedo, Diario La República de Lima, con el periodista Ángel Páez como jefe de Investigación, realizó un trabajo heroico: a  partir de sus  revelaciones  empezó a fisurarse el aparentemente invencible  poder fujimorista.

Una década después de que terminara la pesadilla, el saldo histórico es aleccionador: quienes resistieron al poder tiránico permanecen vigentes en su lucha por una democracia que no acaba de cuajar. 

La prensa no gobiernista, con sus aciertos y errores, está viva y saludable. Pero ellos, que creyeron que el poder duraría para siempre, política y éticamente ya están muertos.

16
Sep
09

Los “vale hostia” y otros equipajes

CRÓNICA

Maleteros

Esos hombres de rostro sencillo y chompa negra y pantalón azul y camiseta color turquesa y ojos anochecidos son como psicólogos y consejeros, como guías de turismo y orientadores.

Esos hombres conocen tanto a los pasajeros del aeropuerto Mariscal Sucre de Quito que han llegado a dividirlos en tres categorías: los despistados, los desconfiados y los habladores.

Esos hombres que trabajan 24 horas seguidas saben mucho de conductas y reacciones y actitudes muy humanas. Y también inhumanas.

Por ejemplo, los pasajeros “vale hostia” le disgustan mucho a Joaquín Chavarría, un costeño de 53 años, porque siendo ecuatorianos (muchos de ellos cholos, indios y negros) regresan de España con el insoportable dejo de quienes no son de aquí ni son de allá…

Joaquín es uno de los 44 miembros de la Asociación Autónoma ‘2 de enero’, fundada hace 13 años en el aeropuerto Mariscal Sucre.

Él no entiende por qué los emigrantes son tan particulares y tan parecidos entre sí: maltratan al personal del aeropuerto, nunca dan propina, prefieren llevar ellos mismos las maletas para no pagar el servicio, se dirigen con palabras soeces a quien intenta ayudarlos e intentan parecer lo que no son: españoles.

Marco Ordóñez, de 37 años, otro miembro de la asociación, es menos crítico con los “vale hostia” porque entiende que a ellos les ha tocado fingir y asumirse como ciudadanos de ese país para no sentirse relegados, discriminados, maltratados.

Y como conoce a muchos “españoles-españoles” –así los llama- tampoco le sorprende que quienes llegan desde allá sean altaneros, exigentes y arbitrarios.

A él, que nunca ha viajado en avión ni a Guayaquil, le han contado que los nativos de ese país “exigen mucho a cambio de nada o casi nada”. Y lo comprueba todos los días.

España es un referente clave en la cotidianidad del trabajo de los maleteros, así como lo es en la propia cotidianidad del aeropuerto. Viajar a ese país o volver de él implica lágrimas, emociones fuertes, dolor, expectativa, alegría.

Implica, por ejemplo, que un pasajero que regresa 10 años después salga corriendo de los filtros y controles, cruce la sala de recibo, atraviese la puerta, se arrodille en el andén y bese el asfalto porque al fin está en su patria…

Implica que otro pasajero llegue y mire a todo lado en busca de su familia y que empiece a mostrarse desconcertado y triste porque no lo han venido a recibir después de tantos años, pero los parientes están allí, casi a su lado, sin poder reconocerlo porque en 15 años se cambia mucho, el paso del tiempo cubre el rostro con un velo de distancia, las arrugas y las canas y las libras en exceso también configuran otra persona en la misma.

O implica que “venga todo el pueblo” a recibirlos, porque mientras más humilde es la persona más novedad, más entusiasmo, más cariño, más asombro, más sorpresa hay en cada uno de los rostros que llegan con sus abrazos y sus lágrimas y sus carteles y sus globos y sus ramos de flores y su cualquier cosita para demostrar al recién llegado cuánto lo han extrañado en estos años.

O implica dar testimonio de la violenta ruptura emocional que significa mirar cómo un niño debe desprenderse de la protección y el amor de sus abuelos porque ha regresado su padre o su madre a llevárselo y quizás nunca más sea posible compartir ese cariño tan esencial.

A Francisco Buitrón, de 29 años, se le parte el corazón cuando le toca presenciar esas escenas. Mientras empuja el coche donde van las ocho maletas, él dice que le duele el despojo, el vacío, la incomprensible inequidad del amor que no se puede dividir en partes iguales. Le duele como si la víctima fuese él mismo, como si su propio hijo fuera objeto de semejante ruptura.

Juan Coello, de 64 años, intenta mirar las cosas con perspectiva más ligera. Ríe cuando recuerda la llegada de un hombre joven que se acerca a uno mayor y le dice coloquialmente “qué más, tío…”, y el mayor le responde “¡cómo que tío. Soy tu padre!”.

Y ríe también cuando mira que la esposa o el esposo se despiden con una conmovedora tristeza y una estremecedora ternura de su esposo o esposa pero al otro lado, en el counter, están esperando la amante o el amante con estremecedora alegría y conmovedora ternura…

A Julio Ácaro, de 53, le ha tocado cargar las maletas de bellísimas jóvenes ecuatorianas, de no más de 25 años, que regresan de Barcelona o Alicante o Murcia o Madrid a visitar a sus familiares y presentarles al marido español de más de 70 años.

Julio no juzga ni critica. Solo mira. Como todos sus compañeros miran, observan, cargan los pesos de equipajes que no solamente son materiales. A ellos les parece, aunque no lo digan, que la nostalgia y la ansiedad y el olvido son pesos mucho más difíciles de llevar.

14
Sep
09

Un chiste comunista

Un chiste comunista.Mariola Bogacki

Lunes, 14 de septiembre 2009

Que la libertad de prensa está en peligro es un chiste comunista”, dice Silvio Berlusconi, el premier italiano que a pesar de los escándalos que protagoniza cuenta con un 70% de popularidad.

 “Un chiste comunista y catocomunista”, reitera Berlusconi en referencia a los grupos católicos y de izquierda que repudian su prepotencia, su arrogancia y su insaciable apetito por el poder político, económico y mediático.

¿Es solo “un chiste comunista” denunciar que está en peligro la libertad de prensa? El mandatario cree que quienes anticipan esa posibilidad subversivos y atentan contra la seguridad del Estado.

Berlusconi advierte que “el verdadero peligro son los ataques a la privacidad de las personas”, pero es evidente que cuando dice defender la intimidad individual y dicta leyes para protegerla, quiere suponer que nunca más se publicarán revelaciones sobre sus escandalosas fiestas sexuales veraniegas.

El revuelo por esas informaciones lo molestó tanto que decidió enjuiciar a tres grandes rotativos de Italia porque, según Berlusconi, el escándalo de los banquetes eróticos fue parte de una campaña mediática para desestabilizarlo y forzar su renuncia: “Con esa pésima calidad de prensa, ¡pobre Italia!”, repite en sus intervenciones públicas.

Entre los argumentos para demandar a los diarios y presionar los despidos de una decena de importantes periodistas, Berlusconi afirma que “los medios confunden libertad de expresión con libertad de insulto, calumnia y difamación”.

Ególatra convencido de que la mayoría de ciudadanos aspira a ser como él porque “soy un dirigente ejemplar que no roba y que no utiliza el poder para ventajas personales”, se jacta de que su popularidad ”es un récord inigualable en las democracias occidentales después de un año de gobierno””.

¿Cómo entender a un pueblo que simpatiza con un político que, entre otros graves errores al mando de su país, lo ha llevado a la crisis económica más grave desde la Segunda Guerra Mundial?

¿Por qué el pueblo se entusiasma con la decisión de crear grupos civiles de vigilancia “para garantizar la seguridad de los ciudadanos”, como si esa función no le correspondiera a la Fuerza Pública?

¿Por qué el pueblo desestima los gestos críticos de quienes no siguen al líder y asumen que un cuestionamiento es un hecho conspirativo?

La respuesta parece tenerla el maestro Umberto Eco: “El día que Mussolini subió al poder, un influyente y obnubilado partidario comentó que “en la grave situación que se encuentra el país, necesitamos un hombre enérgico que ponga orden”.

“Pues bien –concluye Eco-, si se instauró el fascismo en Italia no fue gracias a la personalidad enérgica de Mussolini, sino a la sumisión de una sociedad enferma que lo permitió”.

(Ilustración de Mariola Bogacki)
12
Sep
09

La antipoesía se alimenta de ironía y pasión

POESÍA

Antipoesía.Quentin Shih

No todos los días un poeta cumple 95 años en plena lucidez creativa.

No todos los días un poeta antipoeta de 95 años se mantiene vigente. Y joven.

El tímido profesor de matemáticas y hermano de Violeta, la dulce y rebelde trovadora, es mucho más que eso: es Nicanor Parra, un irreverente y solitario, admirado y odiado por Pablo Neruda y ganador de premios nacionales de poesía a pesar de la furiosa crítica conservadora.

Nicanor siempre tuvo claro lo que significa ser poeta más allá del cliché romántico y etéreo.

Para él la poesía es vida concreta, sentimiento, rabia, percepción de lo inmediato, grito de lo profundo.

En su ‘Manifesto’, escrito en 1968, la definición de su poética es tan lúcida como consecuente:

“(…) La poesía fue un objeto de lujo./ Pero para nosotros/ Es un artículo de primera necesidad./ No podemos vivir sin poesía./ (…)/ El poeta es un hombre como todos./ Un albañil que construye su muro,/ un constructor de puertas y ventanas./ Nosotros conversamos en el lenguaje de todos los días”.

En 1969 ganó el Premio Nacional de Literatura. La izquierda rompió con él por tomar té en la Casa Blanca con la esposa del presidente estadounidense Richard Nixon, pero se declaró ecologista y continuó creando. “Artefactos” (1972), “Chistes para desorientar a la policía” (1983), “Poesía política” (1983) y “Poemas para combatir la calvicie” (1993), son algunas de sus obras más relevantes.

Nicanor es dueño de un largo trajín poético del que alguna vez se declaró agotado:

“Ya no me queda nada por decir,/ todo lo que tenía que decir,/ ha sido dicho no sé cuántas veces”.

Y ahora, a una edad en la que muchos están muertos y otros coquetean con el más allá, no solo escribe sino que debuta en el cine con el documental ‘Retrato de un antipoeta’, de Víctor Jiménez, que busca mostrar su sencilla magnitud humana:

“De estatura mediana (…)/. Con un rostro cuadrado en que los ojos se abren apenas/ y una nariz de boxeador mulato (…)/. Ni muy listo ni tonto de remate./ Fui lo que fui./ Una mezcla de vinagre y aceite de comer./ ¡Un embutido de ángel y bestia!”.

Nunca se ruborizó por usar el lenguaje cotidiano. Nunca permitió que la solemnidad profesoral llenara de sombras una poesía que debía, tenía que ser clara y transparente.

Por eso fue que la aparición de su emblemático libro ‘Poemas y antipoemas’, en los años cincuenta, proyectó tanta luz, porque a partir de Parra, o por su culpa, muchos poetas descubrieron que era posible hablar sin adornos ni sortilegios:

“Según los doctores de la ley este libro no debería publicarse:/ La palabra arco iris no aparece en él en ninguna parte,/ Menos aún la palabra dolor,/ Sillas y mesas sí, figuran a granel,/ Ataúdes, ¡útiles de escritorio!/ Lo que me llena de orgullo/ Porque a mi modo de ver,/ el cielo se está cayendo a pedazos”.

Sin prever la potencialidad creativa y pagana de Nicanor, muchos creyeron que con los años cambiaría su poética y se volvería serena o convencional.

No fue así. Por el contrario, cada vez es más nuevo, más temerario y desafiante, cínico y tierno, irónico y desgarrador.

Ahora prepara dos nuevos libros absolutamente nicanorianos: ‘Cacha la hueá’ y ‘El Marica de Shakespeare’. Y prepara la apertura de su ‘Anti Museo’ en Isla Negra, el mítico lugar donde vivió Neruda.

Nacido el 5 se septiembre de 1914 y hermano mayor de una familia de nueve artistas, Nicanor estudió Física en Santiago y en Inglaterra siguió un doctorado de Cosmología en Oxford.

El hombre que revolucionó la poesía con ‘Poemas y Antipoemas’ lo hizo convencido de que durante 50 años “la poesía fue el paraíso del tonto solemne’.

Por algo él fue capaz de escribir algo que nadie más se atrevería: “Yanquis sí, Cuba también”.

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EL HOMBRE IMAGINARIO

El hombre imaginario/

vive en una mansión imaginaria/

rodeada de árboles imaginarios/

a la orilla de un río imaginario/

(…). Sombras imaginarias/

vienen por el camino imaginario/

entonando canciones imaginarias/

a la muerte del sol imaginario./

Y en las noches de luna imaginaria/

sueña con la mujer imaginaria/

que le brindó su amor imaginario./

Vuelve a sentir ese mismo dolor/

ese mismo placer imaginario/

y vuelve a palpitar/

el corazón del hombre imaginario.

(Fotoarte de Quentin Shih)
10
Sep
09

la cocina, un asunto sentimental

 CRÓNICA

Sebastián Villavicencio

La cocina es física,  química y  cinco sentidos.  Lo dice Sebastián Villavicencio. Lo dice también su padre, Rudy Villavicencio.   Lo dice todo aquel que ha tenido la fortuna, el acierto, la intuición,  la certeza de visitar Coquus,  el restaurante donde se encuentran la alquimia, la búsqueda, la identidad, el rigor,  las raíces, la experimentación, el cariño.

Sebastián, de 25 años, es chef porque no podría ser otra cosa:  de pequeño pensaba convertirse en bombero, de chico  en abogado y agricultor, de adolescente en abogado y cocinero, de joven en cocinero y abogado…

En su rostro de rasgos serenos y apacibles,  Rudy,  un ex publicista de 57 años nacido en Guayaquil, expresa el orgullo de tener a su lado a un hijo socio, compañero, colega, amigo.

A un hijo que fue creciendo ‘aviejado’, como le decían los panas del barrio, porque en lugar de irse de farra o salir a fanfarronear por ahí o encerrarse en su cuarto a jugar en la computadora, Sebastián soñaba con que llegara el jueves, la noche del jueves, para entrar a la cocina y convertirse en parte del ritual, casi perdido ahora, en  que la familia y los amigos se juntan alrededor de una deliciosa charla, un seductor plato y  un provocador vino. O viceversa.

Por eso,  a los 17 años y graduado del Colegio Einstein, Sebastián decidió estudiar para chef en la Universidad San Francisco de Quito.

Poco antes, todavía con dudas entre sus dos aficiones (Abogacía y Gastronomía), la mejor manera de elegir la vocación y el destino fue trabajar como pasante: 10 días en un estudio jurídico y 10  días en un hotel.
 
Fin de la incertidumbre: lo suyo no eran las notarías, los juzgados, los escritos, las citaciones, los sumarios… Lo suyo eran los sabores, los aromas, la sazón, las vivencias, las sensaciones, los sentimientos, la gente alrededor de una felicidad: la comida.    

El resto, simplemente fluyó. Fluyó porque él quiso que fluyera. Fluyó porque la pasión que Sebastián puso al aprendizaje, la devoción que  puso a su urgencia de saber, las ganas que puso en cada clase de pronto lo llevaron, en una suerte de vértigo alucinante, a grandes cocinas de  Argentina, de España, de Alemania…

Por eso fue que en la San Francisco solo estuvo un año, el primero. Luego, en la misma universidad, conoció a Dolly Irigoyen, famosa chef argentina, quien rápidamente lo adoptó como su hijo, como su discípulo, y se lo llevó a Buenos Aires.

Sebastián terminó allí su carrera y simultáneamente empezó una trayectoria que cualquier otro chef    joven envidiaría: gracias a los contactos de Dolly, se   fue a España para trabajar con Juan Mari Arzak, uno de los mejores cocineros del mundo.
 
Finalmente llegó  a Alemania. Y ahí estaba feliz, cómodo, con un trabajo seguro y satisfactorio,  hasta que una mañana despertó con el sueño de volver al Ecuador e instalar su  restaurante.

Llamó a su padre y le contó la idea. A Rudy le fascinó escuchar a su hijo con un proyecto propio, pero le pidió que lo pensara bien, que estudiara todas las posibilidades, que no tomara ninguna decisión de forma apresurada.
 
Pero Sebastián ya lo había resuelto. Y el 31 de diciembre de 2006 tomó un avión, llegó a Quito, se abrazó con su familia para celebrar el Año Viejo, se fue a la playa dos semanas y cuando volvió el plan estaba maduro.

Sebastián y Rudy trabajaron intensamente los primeros cinco meses de 2007. Diseñaron un mapa estratégico, planificaron, cotizaron, leyeron mucho…
 
Cuando tuvieron listo el proyecto compraron una casa en el barrio La Floresta,  en el pasaje Moeller (Isabel  La Católica y Toledo).

Así nació Coquus (cocinero, en latín). Un restaurante donde el culto al buen comer  no es un lema sino un hecho cotidiano, tanto que “el reino de Sebastián” -como su padre llama al área de cocina- es impecable, amplio, cómodo, con cada espacio dispuesto cuidadosamente para que la preparación de los alimentos y de las bebidas sea perfecta.
 
Afuera, en el área de mesas, donde caben 40 puestos, esa perfección se expresa en cada detalle de la decoración, de la mantelería, del ambiente cálido y acogedor donde Rudy y Sebastián intentan que el cliente no se sienta cliente sino ser humano.
 
Un ser humano. Porque en Coquus la comida es una intensa experiencia emocional. De texturas, sabores y sensaciones. De sazones y sentimientos. De sentimientos fraternos y sazones únicas y sorprendentes.

08
Sep
09

la “gorda bella” de Vistazo

La Gorda Bella

Martes,  8 de septiembre 2009

La última portada de Vistazo es insólita. Insólita porque es la revista más importante del Ecuador y ha hecho cosas relevantes por el país, ha marcado hitos en el periodismo de investigación.

Vistazo, que durante sus cuatro décadas de existencia nos ha (mal) acostumbrado a presentarnos mujeres en bikini en el 99 por ciento de sus tapas, esta vez aparece con la fotografía de un personaje asombrosamente glamoroso.

¿Qué llevó a Vistazo a tomar la decisión de llamar la atención con la fotografía de una sorprendente ministra de Finanzas, María Elsa Viteri, maquillada por un equipo especializado de la misma revista para que adquiriera un look de estrella mediática luego de su “by pass” gástrico?

¿Qué llevó a Vistazo a privilegiar la noticia (¿noticia?) de que Viteri -una persona que sufre de obesidad- bajó 50 libras en 30 días gracias a una operación quirúrgica que habría costado unos 12 mil dólares?

¿Cuántas mujeres en el Ecuador se habrán practicado esa cirugía y no merecieron un corto o un breve?

¿Por qué para los ecuatorianos -o, al menos, para los lectores de Vistazo- debería ser importante o interesante (los dos valores clásicos para jerarquizar las noticias) que la señorita economista haya logrado semejante récord?

¿No hubiera sido mejor que Vistazo investigara a fondo la manera en que la ministra, por órdenes del Presidente de la República, está gastando el dinero de todos los ecuatorianos?

¿No hubiera sido mejor que Vistazo pusiera en escena el tema de los egresos estatales para que los ciudadanos nos enteráramos si el régimen está manejando con ética y con justicia y con sentido común y con sentido social y con equilibrio los fondos que nos pertenecen?

¿No es extraño que para Vistazo (que hace dos años se indignó por la ofensa del Presidente contra una periodista cuencana a la que llamó “gorda horrorosa”) ahora sea una anécdota para justificar el insulto (porque, según dice Viteri, lo  ”horroroso” suele ser “una broma que dicen en Guayaquil”) y se lo minimice frente al calificativo de “gorda bella”, cariñoso apodo con el que el mismo Presidente llama a la Minista?

Ayer conversábamos entre periodistas y algunos decían que mi crítica a esa portada y a la nota interior de Vistazo sobre la Ministra es exagerada porque, finalmente, “se cumplió el objetivo”.

¿El objetivo? ¡Cuál? Según dos o tres colegas que contradijeron mi posición, el objetivo debió ser vender más ejemplares. Y, seguramente, se alcanzó esa meta.

Según otro periodista, lo que yo debería valorar no es la presunta falta de seriedad de un periodismo politicamente incorrecto, sino que muchísima gente debió haberlo leído. Y, si fue así, Vistazo eligió el tema adecuado.

¿El huevo o la gallina? ¿Dios creó al ser humano o el ser humano creó a Dios?

Durante muchos años he sido profunda y abiertamente crítico con la tesis de que al lector “hay que darle lo que quiere y no lo que necesita”.

Primero, ¿quiénes somos los medios para saber lo que el lector quiere?

Segundo, ¿quién nos ha dicho que lo que quiere es  entretenimiento, diversión, relax, sexo, acción, suspenso, anécdotas, superficialidades?

¿Cuánto debemos confiar en los expertos en marquetin periodístico?

No digo que ese tipo de periodismo deba ser proscrito en los medios, no. Lo que cuestiono es convertirlo en prioridad, en relevante, en  tema central de una revista de un país donde hay tantas cosas esenciales por contar…

Me parece que trivializar o farandulizar la vida puede hacer que una sociedad se vuelva  feliz, chispeante, optimista o sonriente, pero me parece también que trivializar o farandulizar la vida puede hacer que una sociedad -esa misma sociedad- se vuelve ingenua, boba, incapaz de reflexionar, criticar y cuestionar, manipulable, maleable, dirigible…

Con la nota sobre la Ministra, Vistazo ya se aseguró otra portada el próximo año, pues, según la información, en un año Viteri habrá bajado 100 libras “y será una mujer curvilínea y sexi”.

Pero no es tan sencillo: aquella farandulización es la burocratización del periodismo, una burocratización que cae, fácilmente, en la molicie, en la ligereza, en el facilismo, en la comodidad de hacer “una prensa simpática” que deje a un lado la urgencia, la obligación, el deber ético de hacer una prensa responsable, una prensa crítica del poder, no una prensa concesiva.

(Pintura de Angel Rengell)