Archivos para Octubre 2009

31
Oct
09

La prensa que tumba helicópteros

Gilbert Garcin

El otro día escuché en la radio a un conocido experto en sondeos, encuestas y mediciones de credibilidad y popularidad.

El perito aseguró, con cierta pesadumbre, que poco a poco la clase media ecuatoriana está perdiendo la confianza en el Presidente de la República.

La presunta revelación no es novedosa ni sorprendente. Basta ver, mirar, oler, percibir, escuchar, sentir en las calles de Quito -bastión oficialista- lo que expresan muchos ciudadanos que hasta hace poco creían, casi a ciegas, en el proyecto de la revolución ciudadana como una real propuesta de cambio y de justicia social.

Cuando el entrevistador le preguntó al experto a qué atribuía la actitud de la clase media quiteña, la respuesta fue -al menos para mí-, insólita:  lo que pasa es que la clase media lee periódicos, entra a Internet, escucha programas de radio, mira en la televisión los programas de análisis político….

Los pobres -aseguró el experto para redondear su reflexión- no se informan demasiado porque sus necesidades son urgentes y cuando el Estado se las soluciona, lo único que realmente les importa es que esas necesidades se mantengan satisfechas.

¿Cuánto pragmatismo esconden esas afirmaciones? ¿Qué estrategias ocultas se camuflan detrás de esos conceptos? ¿Hasta qué punto el ejercicio concreto  del poder político se basa en la ignorancia, el desconocimiento y la desinformación de “las masas necesitadas”?

Con esa lógica, que raya en el cinismo, es fácil entender qué es lo que quiere el izquierdismo populista cuando arroja tenebrosas sombras y temerarios presagios sobre los medios de comunicación y los periodistas que no le son reverentes, que no optan por el silencio o el distraccionismo, que no se vuelven funcionales al “proyecto”.

Con esa lógica, que rebasa el utilitarismo y la manipulación y se convierte en la más perversa herramienta de control ideológico y construcción de un solo pensamiento, es fácil entender qué es lo que quiere el izquierdismo populista cuando habla de la necesidad de que la información y la opinión sean controladas “por un ente estatal que represente al conjunto de la sociedad”.

Con esa lógica se  ajustan los eslabones de la descalificación, el desprestigio y la presión en contra de quienes pelean porque se maneje el país desde la coherencia, la ética, la tolerancia, el pluralismo, el debate, la deliberación, la crítica y la autocrítica.

Con esa lógica, es fácil entender cuáles son los deseos secretos del izquierdismo populista en su objetivo de quedarse en el poder “hasta consolidar la revolución”.

Una revolución que, bajo esa lógica, se radicalizaría de manera más veloz y eficaz si en este momento no habría una prensa dedicada, entre otras muchas impertinencias, a indagar, por ejemplo, las razones de fondo de la caída de un helicóptero militar comprado en la India con la garantía de que nunca tendría accidentes.

24
Oct
09

Carlos Vera y la delgada línea roja

Carlos Vera.delgada línea roja

¿Carlos Vera es periodista o militante político?

¿Es lícito quedarse en la mitad de la delgada línea roja entre el periodismo y la política?

¿Es ético construir una imagen pública en el periodismo y luego armar un proyecto proselitista?

Son preguntas que se hacen muchos periodistas a propósito del reciente libro de Vera, ‘¡Nunca mordaza!’, un texto donde queda claro el riesgo de lo imperceptible: ¿hasta dónde se es periodista político y desde dónde opositor político?, ¿es pertinente la simultaneidad del ejercicio periodístico y la partidización del oficio? ç

Se trata de un debate mediático e ideológico trascendente para el Ecuador contemporáneo, en el cual -nos guste o no- vivimos un momento histórico decisivo.

El tema se relaciona con el deber de transparencia que tenemos los periodistas, no como ‘una concesión a la sociedad’ sino como una obligación moral ineludible frente a quienes creen y confían en nosotros.

El problema ético, me parece, es no entender los límites, riesgos y consecuencias de situarse en la mitad de la delgada línea roja.

Porque esta actitud rompe los puentes de verosimilitud entre la sociedad y los periodistas y es una peligrosa manera de hacer prensa porque deslegitima la fortaleza ética del trabajo de los muchos periodistas que solo queremos hacer periodismo.

Deslegitima, además, nuestra crítica a quienes ocupan posiciones en el poder político y que, con poca vergüenza en su cara, siguen detrás de un micrófono haciendo activismo y agitación a favor del régimen de turno.

Y, finalmente, entrega un arma a quien se considera nuestro enemigo y nos descalifica bajo el torcido argumento de que quienes fustigamos la falta de coherencia del Gobierno llenamos el espacio que dejó la partidocracia.

Pero la perversión de la estrategia oficial es eficaz porque es cierto que algunos medios han extraviado su rol: hacen antigobiernismo en lugar de periodismo, cuentan los hechos como quisieran que fuesen y no como son, cometen inequidades en la selección de las fuentes, no cumplen su deber de ser tolerantes y plurales, no abren espacios para la libre deliberación de los temas que más importan a los ciudadanos.

Sería ingenuo promover un ‘periodismo en estado puro’ y satanizar la opción política de los periodistas, pero es urgente evitar la confusión entre periodismo de servicio a la sociedad y proselitismo militante desde una página o desde un micrófono.

Si elegimos el periodismo como opción de vida nos toca hacer periodismo.

Nos toca ser radicalmente independientes, enfáticamente libres, poderosamente humildes, profundamente comprometidos con la calidad del oficio.

Pero si decidimos ser políticos dejemos de ser periodistas y situémonos, claramente, del otro lado de la delgada línea roja.

Carlos Vera la cruzó. Adiós.

20
Oct
09

bukowski, el poeta de los profundos infiernos

Bukowski.Gregory Crewdson.1.

Muchos se acercan a los textos de Bukowsky por curiosidad y morbo. Pocos se quedan con los textos de Bukowsky por sus conexiones con lo más hondo de sus miedos y de sus deseos.

Charles Bukowsky nació en Alemania en 1920, hijo de un soldado norteamericano y una joven alemana. Pero su origen europeo es una anécdota irrelevante. Tres años después, en 1923, la familia llegó a Los Ángeles, Estados Unidos.

Allí vivió Bukowsky el resto de su existencia. Por eso él siempre fue de Los Ángeles.

Amador y odiador de la vida citadina, Bukowsky expresó en su literatura el horror de ser parte de la absurda manera de vivir del típico norteamericano:

“(…) Me veo a mí mismo para siempre/ empujando un carrito a través de un/ supermercado/ buscando cebollas, patatas/ y pan/ mientras miro pasar/ a las feas y raras señoras./ Me veo a mí mismo para siempre/ conduciendo en la autopista/ mirando por un parabrisas/ solo con la radio puesta/ en algo que no quiero escuchar./ (…) Me veo en una habitación/ con una mujer/ deprimida e infeliz (…)”.

En busca de una explicación a la poética dura y sórdida de Bukowsky, el ensayista argentino Federico Ludueña afirma que “quizás la curiosa ciudad de Los Ángeles determinó que el poeta no perteneciera a nada ni a nadie. En su juventud viajó intensamente por la Unión Americana, cambiando de trabajo cada vez que él se cansaba o se cansaban de él. Nunca votó ni militó en un partido político o movimiento literario. Mantuvo su ajenidad intacta”.

Ajeno, distante, crudo adjetivador de su vida y de la vida de los demás, en sus 20 libros de poemas, publicados hasta su muerte en 1994, exploró temas alrededor de los cuales desarrolló una filosofía sobre el alcohol, las mujeres, el sexo, el desempleo y las carreras de caballos.

Reiterativo y circular, irreverente consigo mismo y declarado enemigo de la esperanza, nunca aburrió a los miles de lectores norteamericanos que buscaban ávidos sus libros y viajaban a escucharlo en los auditorios aunque solo alcanzara a balbucear algunos versos por culpa del whisky que él nunca abandonó y que a él nunca lo abandonó.

Bukowsky, que creó un personaje de sí mismo llamado Henry Chinanski, era un vagabundo que contaba la realidad sin eufemismos:

“Algunas personas/ trabajan como esclavos/ para hacer de su infelicidad/ la razón última de su existencia/ hasta que al final ya son infelices /automáticamente (…)”.

La condena de Bukowsky fue siempre empezar de nuevo, dice el periodista argentino Jorge Lanata: “Consciente de que todo lo que sucede debe ser escrito, vive cada pelea como un diálogo futuro, acomoda cada situación en su memoria. La sangre (el alcohol) no le sangra, pero sangra la hoja. El alcohol (la sangre) no lo mancha, pero mancha la hoja. Tiene la atroz contundencia de lo que no existe (Dios) y se obliga a una carrera fatal contra el olvido”.

Bukowsky tuvo una ventaja sobre los seres presuntamente normales: conoció el infierno, se paseó por él, volvió y lo mostró en sus poemas:

“Está bien ser un escritor/ hambriento/ pero no/un escritor/ hambriento que bebe./ Los borrachos/ nunca son perdonados”.

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Fragmentos y subversiones

Es lo mismo que antes

o que la otra vez

o que la vez anterior a esta.

Hay un macho y una hembra

y hay un problema.

Solo que cada vez piensas

bueno la voy a dejar que haga lo suyo

y yo voy a hacer lo mío.

Ya no lo quiero todo,

solo algo de confort

y algo de sexo

y un pequeño amor.

Ahora de nuevo estoy esperando

y los años se van tenues.

Tengo mi radio y las paredes de la cocina

están amarillas.

Sigo vaciando mis botellas

atento a los pasos en las escalera.

………… 

“Ella está loca pero es mágica”.

No hay mentira en su fuego.

Te amé

como un hombre ama a una mujer que no toca,

solo le escribe

y guarda pequeñas fotografías de ella.

….

Es terrible ser derrotado

en lo que parece importar. …

Nadie encuentra a quien busca

pero siguen trepando

y bajando de las camas (…).

No hay elección:

estamos atrapados por un destino singular.

Es cuando estás en la mala

cuando te das cuenta

de que todo tiene dueño

y de que hay cerraduras

en todas las cosas.

………………..

Mis manos estás frías

y tú tienes los pies más divertidos.

19
Oct
09

El derecho a discrepar

 Derecho discrepar

Como excelentes periodistas que debieran ser, los señores de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) tienen la obligación de expresarse con rigor cuando hablan de países donde está en riesgo la libertad de prensa.

Estoy pensando en Colombia, donde la SIP dice que, “a diferencia de sus vecinos”, allá sí se respeta el derecho a discrepar. Justo en ese país vive y trabaja Enrique Santos, altísimo funcionario y accionista del poderoso diario El Tiempo y presidente de la SIP.

Hace semanas, en Caracas, Santos criticó a los regímenes de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba y Nicaragua porque en estos países “se atenta contra la libertad de expresión”.

Según ese punto de vista, los únicos victimarios de la libertad de prensa son los gobiernos populistas de izquierda, que propugnan la desaparición de la crítica y la instauración del pensamiento único.

Pero si para la SIP esa es la realidad, algo está fallando en la urgencia de que América Latina tenga un liderazgo mediático equilibrado, justo y alejado de maniqueísmos ideológicos.

Porque, que yo sepa, el Presidente de la SIP no se ha pronunciado hasta ahora sobre el silenciamiento a Claudia López, precisamente de diario El Tiempo, y al respetado maestro Javier Darío Restrepo, de El Colombiano.

Claudia es una de las columnistas más leídas en su país por su valentía para enfrentar la corrupción y las mafias enquistadas en la cúpula. Colombia le debe la revelación de la tenebrosa y letal complicidad entre el poder político y los paramilitares.

En su último artículo, Claudia López denunció el “conflicto de intereses” de El Tiempo al cubrir un escándalo de corrupción gubernamental” porque “uno de sus accionistas (Juan Manuel Santos) quiere ser candidato presidencial y el Diario aspira a que el Estado le otorgue la concesión de un canal de televisión”. 

Pero, al final de la columna, sin aviso previo a Claudia, el Diario anunció que “aceptaba la renuncia” de la autora porque el artículo, supuestamente, tenía “calumnias y descalificaciones sin base”.

El caso de Javier Darío Restrepo es similar. El periódico El Colombiano, el más importante de Medellín, cerró su columna con el pretexto de “una profunda reestructura de las páginas de opinión”.

Con 17 años como columnista, Restrepo era otro duro crítico del poder monopólico de Uribe.

En su último artículo expresó su preocupación por la concentración de poder que implicaría la segunda reelección del actual mandatario.

“Criticar al Gobierno no convierte al periodista en conspirador, terrorista o enemigo del Presidente”, escribió en la columna, paradójicamente titulada “Derecho a discrepar”.

Discrepar es la esencia de la democracia política. Pero la defensa de ese derecho no parece estar en la agenda de la SIP ni en la de los intolerantes populismos de izquierda y derecha.

17
Oct
09

¿qué manicomio da vuelta en mi cabeza?

POESÍA

a-solas-en-mi-habitacion2

¿Qué manicomio da vuelta en mi cabeza

cuando el tren no termina de llegar?

¿Qué placer eres tú

cuando tu boca solamente es memoria?

Hay una tinta no escrita

en todos mis desatinos.

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13
Oct
09

la relojería del periodismo

La relojería de un periódico. Alexander Korman

Ese hombre pequeño de corazón grande y espíritu colosal se llama Miguel Angel Bastenier y es español y periodista y escritor y habla cuatro idiomas y hasta hace poco fue subdirector de Diario El País de Madrid.

Ese hombre jubilado y pequeño y alma trepidante y voz huracanada se llama Bastenier y vino a Quito con un libro de nombre absoluto y tema abstracto: ‘Cómo se escribe un periódico’.

Publicado por la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), de Cartagena, donde Bastenier es uno de sus más importantes catedráticos e instructores, ‘Cómo se escribe un periódico’ nos habla de cosas tan obvias que desde el ejercicio periodístico da vergüenza leer…

Porque es obvio que el periodismo debe contar al mundo lo que es el mundo. Que un buen periodista no debe estar ni con Hitler ni con la Virgen María. Que si tu madre te dice que te quiere, verifícalo. Que muchos periódicos latinoamericanos estamos llenos de declaraciones y vacíos de sentimientos. Que nos hace falta acompañar a la sociedad en sus procesos, aunque no nos gusten…

Así es Bastenier y así es su nuevo libro: directo, rotundo, contundente, cuestionador, un instrumento para el debate, una herramienta para la polémica, un arma para la intensa deliberación.

‘Cómo escribir un periódico’ nos enfrenta a un espejo de cuerpo entero para que miremos nuestras flaquezas, nuestras debilidades, nuestra poca capacidad autocrítica, nuestra mediocridad, nuestra escasa sensibilidad para ponernos en los zapatos del otro, de los otros, de los muchos otros que no alcanzamos a entender y de quienes, por lo mismo, no logramos captar sus esencias y no logramos volcar sobre las páginas todo lo que debemos volcar. ’

Cómo se escribe un periódico’ trae, además, un apasionado debate virtual (o textual) entre una decena de notables periodistas latinoamericanos. Rigurosos, frontales y conscientes de los enormes vacíos que aún sufre la prensa del continente, admiten que no solamente la declaracionitis es la plaga que devasta las páginas de los diarios, sino la hiperpolitización.

Cuando los periódicos dejen de ser los palacios de hielo de Súperman, los lectores volverán a sus páginas. Así de agudo y provocativo es Bastenier. Agudo y provocativo porque asegura que muchos diarios se han quedado atrás de la gente e incluso les dan la espalda y arman agendas informativas por fuera del interés ciudadano.

Agudo y provocativo porque afirma que muchos periodistas no solamente han perdido el gusto por recorrer la calle y buscar historias, sino que ya no asumen la responsabilidad de manejar el idioma con precisión y amor por la palabra bien dicha.

Así es Bastenier y así es su libro. Dos en uno. Porque ya es hora de que el periodismo latinoamericano decida romper los esquemas tradicionales y asuma nuevos desafíos, nuevos desafíos que deberían empezar por entender que a los medios y a los periodistas el futuro ya no nos espera y que, por el contrario, amenaza con dejarnos atrás.

Pintura de Alexander Korman
10
Oct
09

miserables poderosos

Miserables poderosos. Elgin Paulsen

De verdad que dan pena los poderosos.

De verdad que dan ganas de llamarles “pobres”, pese a sus acumulaciones y monopolios y control absoluto del poder político.

De verdad que resulta patético verlos asumiendo el rol de predestinados por la dinámica de los tiempos a ser protagonistas de las revoluciones más importantes de la historia.

Ahora que el mercado literario mundial tendrá que redescubrir la obra de Herta Muller, tras la concesión del Premio Nobel de Literatura 2009, será útil leer sus novelas y su poesía y sus ensayos, nunca más oportunos y coyunturales ya no para la Rumania o la Europa oscuras de la segunda mitad del siglo XX, sino para una América Latina donde se ha vuelto fecunda la cosecha de flores del mal.

Herta Muller, de origen alemán, nació hace 56 años en la Rumania más desoladora y sombría de los últimos siglos.

Fue una de las millones de víctimas del tsunami ideológico que arrasó con la democracia, el pluralismo y la libertad en el mundo como consecuencia del procaz reparto territorial entre los devastadores imperialismos de Estados Unidos y Unión Soviética tras la Segunda Guerra Mundial.

Herta creció en una sociedad amordazada y asfixiada por el fanatismo ideológico, la ceguera intolerante, la revancha social, la censura a la prensa y la aparición de nuevos ricos y clases sociales bajo el paraguas del discurso presuntamente radical y transformador.

Cuestionadora incansable y aguda de la oscura sociedad donde gobernaron por décadas el nefasto líder Nicolae Ceaucescu y su tenebrosa y corrupta camarilla, Herta se convirtió en “objetivo militar” de la represión del Régimen cuando su palabra empezó a sembrar pensamiento crítico y ayudar a que una pequeña parte de la población perdiera el miedo a la omnipotencia estatal.

Perseguida y acosada por el Ministerio de Seguridad de Ceaucescu, Herta resistió las humillaciones, el temor y los estigmas desde su modesto empleo de profesora de alemán y desde su silenciosa literatura.

En sus poemas, muchos de ellos sencillos y casi infantiles, logró expresar de manera rotunda la incertidumbre, la desolación y la infelicidad de la monotonía rumana bajo la dolorosa sombra de un gobernante fascista, vanidoso y ególatra.

En 1985, cuando Ceaucescu necesitaba dólares para sus planes megalómanos, Herta  y miles de objetores fueron enviados a Alemania a cambio de un importante monto pagado por este país.

Una vez en Berlín, floreció la novelista sensible y excepcional que retrata la profunda miseria moral de los gobernantes, intelectuales y promotores del pensamiento único y antidemocrático.

Herta Muller recibe su Nobel justo a los 20 años de la estrepitosa caída del miserable imperialismo seudo-socialista que se creía eterno y quedó en escombros.

De verdad que dan pena los poderosos.

08
Oct
09

tu voz tus dedos tu leche…

Tu voz tus manos tu leche. Pavel Kiselev

Tu voz tus dedos tu leche.  

Tras cada naufragio queda un barco navegando en el silencio.

Tu sangre tus lágrimas tu saliva. 

Nada se hunde cuando reflota la idea bajo el maremoto.

 Fotografía de Pavel Kiselev
06
Oct
09

de irreverente a reverencial

 

Irreverente.Javier Arizabalo

“El presidente Gutiérrez y su Secretario de Información andan empeñados en construir un sistema de información estatal “integral” (y uso esta espantosa palabra de moda, para describir los intentos del Gobierno por dar contenido y realidad a las ocurrencias del Presidente). Ese gran proyecto integral incluye la compra de un periódico y puesta en marcha de emisoras de radio y un canal de televisión. Si realmente quiere democratizar la información, podría preocuparse por hacer efectiva la transparencia de los negocios y las intenciones del Gobierno. Asegurar el derecho de los periodistas, por más allá de un carné, a acceder a la información sin que un funcionario les esconda las cifras o un militar les pregunte quién anda contando detalles reservados”. Javier Ponce, diario El Universo, 1 de octubre de 2003.

¿Cómo será el tránsito desde el cuestionamiento frontal al poder hasta el ejercicio total del poder? ¿Qué se sentirá haber escrito, seis años atrás, un artículo a favor de la libertad de expresión y el ejercicio de un periodismo crítico que indague los oscuros entretelones del poder, y luego releer el mordaz y contundente artículo desde una silla del poder?

“Creo necesario establecer controles (a la prensa) por parte del Estado. Eso me parece elemental”. Javier Ponce, Diario Hoy, entrevista, 28 de septiembre de 2009.

¿Cómo será el tránsito desde la libertad de opinar sobre política hasta la libertad de generalizar los comentarios en contra de los medios que, según el ex periodista, ahora pretenden reemplazar a la oposición?

¿Qué se sentirá pasar de una actitud mediática implacable contra el poder político a una actitud antimediática implacable contra la prensa?

“Los periodistas tenemos pocas fuentes de información. Si nos redujéramos a lo que cuenta el mandatario de turno o denuncia el poderoso jeque político, la información sería mucho más escuálida de lo que ya es. Si Gutiérrez y Febres-Cordero quieren ética en el periodismo, bien harían en abrir las arcas de la información secreta del poder, en uno y otro caso”. Javier Ponce, El Universo, 1 de octubre de 2003.

¿Cómo será el tránsito del poder mediático hacia el poder político? ¿Qué sensaciones producirá desplazarse de un poder a otro y desplazar también el discurso según el poder en el que se está o no se está?

“Hay actividades que es imposible hacerlas sin gastos reservados. Antes las cuestioné porque sirvieron para enriquecer a gente como Verduga”. Javier Ponce, Diario Hoy, entrevista, 28 de septiembre de 2009.

¿Cómo será el tránsito desde el escepticismo periodístico hacia la defensa de oscuras herramientas del poder?

¿Qué sensaciones producirá dejar de ser irreverente y volverse reverencial?

02
Oct
09

Eso de entrevistar a desconocidos…

Bastenier libro

Viernes, 2 de octubre de 2009

Licenciado Rosero, ¿sabe usted quién es Miguel Ángel Bastenier?

Le hago esta pregunta porque esta mañana sentí una profunda frustración como oyente de su tan sintonizado programa de entrevistas en Radio Democracia.

Escuché que había invitado a Miguel Ángel Bastenier y pensé, por un momento al menos, que disfrutaría de una intensa, profunda, pedagógica, interesantísima y apasionante conversación con uno de los grandes maestros del periodismo, una de las grandes plumas de Europa, una de las estrellas de diario El País, uno de los profesores más trascendentes de la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano en Cartagena, uno de los asesores más connotados de decenas de grandes periódicos en América Latina.

Pero nada de eso le preguntó usted. Casi le averiguó, al aire, qué ha escrito, dónde trabaja, a qué se dedica, quién mismo es…

No lo digo de manera literal, pero así fue el nivel del breve interrogatorio. Lo fácil fue, por supuesto, preguntarle qué opina de la Ley de Comunicación, un tema que diario HOY tocó ayer jueves en una amplia entrevista con el mismo personaje y en cuyo recorte usted se inspiró.

El penoso paso de los minutos se volvió patético cuando usted decidió abandonar el micrófono y dar la bienvenida al doctor Farith Simon, quien, evidentemente, iba como miembro de uno de los grupos de tertulia que suele armar usted.

Farith Simon -”qué duda cabe”, como diría Bastenier- no tenía idea quién era el entrevistado y no se le ocurrió mejor cosa que salir con la muletilla de que “los medios ecuatorianos han reemplazado a los partidos políticos ante la ausencia de oposición”, muletilla que Bastenier ha venido escuchando de todos sus interrogadores desde que llegó a Quito el martes y la cual rechaza por generalizadora, subjetiva y sesgada.

Por si no lo sabían usted y su contertulio, a Bastenier le podían preguntar, por ejemplo, por qué una de las estrellas de El País, Maité Rico, ha manejado de manera tan ligera, uribista y sesgada el tema de las FARC y el gobierno ecuatoriano. Y él le habría dado la razón a usted (y/o a su contertulio).

O podía preguntar cómo salir del círculo vicioso de la declaracionitis, o del periodismo monótono, o del periodismo ingenuo, o del periodismo de opiniones y todólogos, o del periodismo cómodo, o del periodismo incapaz de contar historias humanas.

O podía preguntar de qué se trata eso de “escribir periódicos”, como es el título del libro que anoche presentó en la librería Rayuela, de Quito.

O podía preguntar qué filosofía encierran aquellas dos máximas que Bastenier lleva por el mundo enseñando a sus alumnos: “Si tu madre te dice que te quiere, verifícalo” y “El periodismo no puede estar de lado ni de Hitler ni de la Virgen María”.

No puedo asegurar -porque sería injusto- que usted no conocía a Bastenier ni se había preparado lo suficiente para armar una conversación de altura, de calidad, que fue útil e ilustrativa para su público. Pero puedo decir, con certeza, que me equivoqué al crearme expectativa con la entrevista que haría usted.

Dos días atrás vi a Bastenier en Ecuavisa, pero la entrevistadora no dio la talla. Supuse, porque a veces quiero ser ingenuo, que pudo deberse al poco tiempo que imponen la tiranía del rating y el ritmo televisivo, pero no.

Escuchándolo a usted me ratifiqué en mi convicción de que a los periodistas ecuatorianos nos hace falta mucho camino por transitar (empezando por ser humildes, autocríticos y rigurosos) para conseguir un nivel que nos permita ganarnos el derecho, más allá de futuras leyes represivas, controladoras y estigmatizadoras, de que la gente pueda -y deba- llamarnos “periodistas”.