rubendariobuitron

Territorio de crítica y autocrítica sobre el periodismo ecuatoriano

Month: diciembre, 2011

El mito digital

 

No hay que confundirse cuando se habla de periodismo digital: los  cibernautas esperan de nosotros lo de siempre: transparencia, ética, equilibrio, profundidad, contextualización y rigor.
¿Qué quiere decir eso? Que ninguna de las maravillas que   ocurren  con la tecnología nos librará a los periodistas de buscar la excelencia y el mejor nivel posible.
Lo nuevo es el  elemento que solo dejará en pie a los medios y periodistas que cumplamos una obligación fundamental: mantenernos conectados  directamente con el público y satisfacer de inmediato y con calidad   sus demandas informativas.
Pero, en el fondo, como dice el gran escritor y periodista estadounidense Gay Talese, nuestro deber fundamental es mantener vivo el periodismo.   
A sus 78 años, el genial Talese, ícono del “Nuevo Periodismo” fundado por Tom Wolfe, afirma que  no le agrada la frivolidad y ligereza con la que muchos periodistas manejan  sus cuentas en Facebook o Twitter,  y señala  que  sería una tragedia que el periodismo desapareciera.
Esta opinión  pudiera parecer, también, frívola y ligera si la vemos como un infundado prejuicio contra Internet y los medios en la Web.
Pero no es así. Más allá de los espacios donde se publiquen nuestros trabajos, Talese se refiere a que el mundo siempre exigirá   periodistas  bien formados, capaces de  contar  con la mayor exactitud posible, porque sin la verdad    no se puede vivir.
 “Cuando afirman que el periodismo está muerto y que las noticias están en Facebook o  los blogs, siento que no puede ser, porque sería fatal”, dijo a   la agencia EFE.
Talese (cuya crónica ‘Honrarás a tu padre’, sobre la mafia  inspiró la saga fílmica  de ‘El Padrino’ y la serie de TV ‘Los Soprano’)    pide  mantener el más alto nivel  de  un oficio que  se debe ejercer con respeto y dignidad.
 Para escribir su    historia se infiltró siete años en la intimidad de una familia de gánsteres y combinó   rigor periodístico con  estilo literario basándose en hechos concretos y comprobados.
Talese nos enseña que  las historias, por insignificantes que parezcan,  pueden  elevarse  a la categoría de arte  si  se basan en  una  minuciosa capacidad de observar y escuchar todos los detalles y en una bella manera de contar. 
Por eso no hay que confundirse con el   periodismo digital. El buen reportero siempre deberá   preocuparse  por  la gente.
“Curiosidad, paciencia y perseverancia -recomienda Talese-. El periodista debe tener imaginación y ver más allá de  la mera noticia y el primer ruido.  Mira Bin Laden -continúa-: creíamos que estaba en las montañas de Afganistán y resulta que vivía a 30 millas de un campamento militar de la capital. Ahí hay una historia esperando que alguien la cuente”.
O, como dice Tomás Eloy Martínez, “tenemos que escribir crónicas que hagan que al lector se le queme el pan por leer la nota” .

No hay que confundirse cuando se habla de periodismo digital: los cibernautas esperan de nosotros lo de siempre: transparencia, ética, equilibrio, profundidad, contextualización y rigor.

¿Qué quiere decir eso? Que ninguna de las maravillas que ocurren con la tecnología nos librará a los periodistas de buscar la excelencia y el mejor nivel posible.

Lo nuevo es el elemento que solo dejará en pie a los medios y periodistas que cumplamos una obligación fundamental: mantenernos conectados directamente con el público y satisfacer de inmediato y con calidad sus demandas informativas.

Pero, en el fondo, como dice el gran escritor y periodista estadounidense Gay Talese, nuestro deber fundamental es mantener vivo el periodismo.

A sus 78 años, el genial Talese, ícono del “Nuevo Periodismo” fundado por Tom Wolfe, afirma que no le agrada la frivolidad y ligereza con la que muchos periodistas manejan sus cuentas en Facebook o Twitter, y señala que sería una tragedia que el periodismo desapareciera.

Esta opinión pudiera parecer, también, frívola y ligera si la vemos como un infundado prejuicio contra Internet y los medios en la Web.

Pero no es así. Más allá de los espacios donde se publiquen nuestros trabajos, Talese se refiere a que el mundo siempre exigirá periodistas bien formados, capaces de contar con la mayor exactitud posible, porque sin la verdad no se puede vivir.

“Cuando afirman que el periodismo está muerto y que las noticias están en Facebook o los blogs, siento que no puede ser, porque sería fatal”, dijo a la agencia EFE.

Talese (cuya crónica ‘Honrarás a tu padre’, sobre la mafia inspiró la saga fílmica de ‘El Padrino’ y la serie de TV ‘Los Soprano’) pide mantener el más alto nivel de un oficio que se debe ejercer con respeto y dignidad. Para escribir su historia se infiltró siete años en la intimidad de una familia de gánsteres y combinó rigor periodístico con estilo literario basándose en hechos concretos y comprobados.

Talese nos enseña que las historias, por insignificantes que parezcan, pueden elevarse a la categoría de arte si se basan en una minuciosa capacidad de observar y escuchar todos los detalles y en una bella manera de contar.

Por eso no hay que confundirse con el periodismo digital: sea en el soporte que fuere, el buen reportero siempre deberá preocuparse por la gente.

 “Curiosidad, paciencia y perseverancia -recomienda Talese-. El periodista debe tener imaginación y ver más allá de la mera noticia y el primer ruido. Mira Bin Laden -continúa-: creíamos que estaba en las montañas de Afganistán y resulta que vivía a 30 millas de un campamento militar de la capital. Ahí hay una historia esperando que alguien la cuente”.

Ilustración digital de Ramón Olivares

¿A quién debe escuchar el periodista digital?

Internet y las redes sociales nos traen una buena nueva: nunca más el periodista podrá construir su agenda informativa a espaldas de la sociedad y, peor, de la realidad.

Unas ideas sobre esa certeza:

1. El periodista tiene la obligación de armar foros, chats y espacios de debate y reflexión con sus lectores y audiencias.

2. Sobre la base de esas deliberaciones y reflexiones arma su agenda temática diaria.

3. La agenda temática, sin embargo, no es estática sino dinámica. Se mueve constantemente, se actualiza, se hace periodismo en directo, se valora cuáles son las informaciones que más interesan al público y se trabaja con énfasis en ellas.

4. El énfasis consiste, sobre todo, en entregar al público la mayor cantidad de información posible en el menor tiempo posible.

5. Para eso hay que usar todos los géneros periodísticos y todas las herramientas del buen periodismo digital, tanto multimedia como hipertexto.

6. Todo lo anterior significa un contacto permanente y vivo con el público y las audiencias.

7. E implica, también, que el ciudadano (público, lector, audiencias) participe directamente en el proceso informativo no solamente con comentarios ni opiniones sino, sobre todo, con datos, cifras y actualizaciones si conoce del tema que se está difundiendo o si se encuentra en el lugart donde se producen los hechos que se cuentan.

8. Al verse involucrado en el proceso informativo, el público sentirá que el medio le pertenece, se volverá leal a la marca y se desarrollará una sinergia de credibilidad y fidelidad entre él y la marca.

9. El periodista irá construyendo un banco de datos con los ciudadanos que se involucren más y mejor en el proceso e irá tejiendo una red para grandes coberturas, pensadas desde la gente y por la gente.

10. El periodista que mejor escuche y se sintonice con los hábitos, las tendencias y las necesidades de la gente será quien mejor interprete y ponga en escena los temas ciudadanos.

Diez obligaciones digitales del periodista para el 2012

1. Asumir que el periodismo digital ya es una realidad concreta y que, por tanto, el periodista debe cambiar inmediatamente su “chip” para salir de la tradición monomediática (es decir, que trabaja para un solo medio: radio, TV o prensa escrita) y entrar en el mundo multimedia.

2. Entender que el periodismo digital no es pasar a la web el mismo contenido del medio convencional. El medio convencional tiene un lenguaje y la página digital tiene otro.

3. Experimentar y conocer el uso de todas las nuevas herramientas tecnológicas y capacitarse para enviar sus informaciones por diversas plataformas (smartphone, blackberry, ipad, iphone, tablets, netbooks, etcétera).

4. Abrir y/o mantener actualizados un blog, una cuenta en Twitter y una cuenta en Facebook.

5. Asumir que estas herramientas son importantes no solamente para estar en contacto con el mundo contemporáneo y entender sus gustos, tendencias, preocupaciones y necesidades, sino para posicionarse personalmente en el mundo digital.

6. Mantener en sus mensajes y textos una temática especializada, pues el generalismo o escribir sobre cualquier asunto, sin la profundidad y el conocimiento necesarios, vuelve intrascendente lo que se publica en las redes sociales.

7. Explorar, al menos una hora diaria, las mejores páginas web del mundo y tomar nota de las novedades temáticas y de diseño. Es una manera práctica de aprender a configurar espacios, presentar temas, puestas en escena y formas de atraer a los lectores.

8. Planificar su trabajo diario con la mente abierta en abanico (temas, fuentes, ejes, géneros periodísticos, etcétera).

9. Contar historias o crónicas ya no solamente como texto escrito sino apoyando la narrativa con video, audio, fotogalería, links, etc. Así la historia tendrá mucho más peso y muchas más entradas o visitas y logrará más impacto.

10. Usar las redes sociales no para frivolidades ni asuntos superfluos o personales, sino para servir y ser útiles a la gente que está conectada o que te sigue.

‘El gran maestro de los periodistas’

La muerte del presidente  norcoreano Kim Jong-il   recuerda  la obsesión de los dictadores   por mantener el control total de la prensa.

Kim Jong-il, el “querido líder”, según el lema de culto creado desde la estrategia maquiavélica de la divinización,  creía saberlo todo o, por lo menos, eso es lo que lograba proyectar en sus súbditos.

Los seguidores de Jong-il llegaron a niveles  tan fanatizados que estaban convencidos de que era cierto todo cuanto él mismo decía de él. 

El mito se volvió verdad inmutable: “Un gran militar, un científico innovador, un gran  padre de familia para la nación  y  hasta un golfista capaz de lograr 11 hoyos  en  su primer contacto con ese deporte”.

Su luz, decían los fanatizados, lo abarcaba todo. Y  esa supuesta proyección iluminadora llegó hasta el periodismo, un tema al que le puso particular entusiasmo.

En 1983, cuando aún gobernaba su padre, Kim Il-sung  (“el gran líder”), y Kim Jong-il esperaba pacientemente recibir  la generosa herencia del poder absoluto,  publicó el libro  ‘El gran maestro de los periodistas’. 

Es un texto de tapa dura, de color rojo intenso,  con 170 páginas.  La  portada lleva  la foto   del autor,  quien mira al infinito.

En esa época, Jong-il era  diputado de la Asamblea Suprema del Pueblo e iba convirtiéndose en uno de los mentalizadores del gigantesco  aparato propagandístico del Régimen norcoreano.

 ‘El gran maestro de los periodistas’,   editado en inglés y español por la  estatal Foreign Languages Publishing House,  recoge las  lecciones del “querido líder” a un reportero gubernamental.

“Camarada periodista -expresa  Jong-il-  debe ver bien  las cosas antes de escribir sus notas. De otra forma, podría exagerar”.

A partir de esa conminación, que escondía una advertencia de que las cosas debían verse según la mirada del “querido líder”,   Kim Jong-il escribe un libro cuyo título y contenido intentan mostrar un político supuestamente tolerante con la información y con la opinión.

Pero nada más paradójico que eso: el régimen tiránico de Corea del Norte mantiene el control total de los contenidos y de la administración de los medios convencionales y de las redes sociales.

En el poder desde 1994, cuando muere su padre, Kim Jong-il se convierte, según la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF), en  uno de los “depredadores de la libertad de prensa” en el mundo.

RSF afirma que todos los días las actividades del “querido líder” aparecían al inicio de los noticieros televisivos y en  la portada de todos  los diarios.

Un error o desliz periodístico podía  llevar al autor de la falta a un  campo de “reeducación ideológica”, según RSF.

¿Cómo un dictador autoritario e implacable con sus críticos, a muchos de los cuales mandó a ejecutar, pudo escribir un libro  titulado así?

Bien lo decía Kapuscinski, un verdadero maestro del periodismo: “Los cínicos no sirven para este oficio”.

Crónica de Gay Talese y ejercicio práctico

La vida secreta de los maniquíes

Por Gay Talese (periodista y escritor estadounidense)

A las cuatro de la mañana la Quinta Avenida de Nueva York está desierta, salvo por unos cuantos paseantes insomnes, algunos taxistas que no se detienen y un grupo de damas sofisticadas que permanecen de pie en las vitrinas de los almacenes durante toda la noche (y el día), con sus sonrisas frías y perfectas, sonrisas compuestas por labios de arcilla, ojos de vidrio y mejillas que brillarán hasta que se les pele la pintura.

Estos maniquíes hacen fila como centinelas en la Quinta Avenida, con sus cabezas ladeadas y sus largos dedos de los pies; buscan, con sus estilizadas manos, cigarrillos que no están ahí.

A las cuatro de la mañana algunas vitrinas parecen un extraño reino de las hadas lánguidas, todas ellas congeladas en el proceso de salir a las volandas para una fiesta, de saltar a una piscina o de subir contoneándose hacia los cielos envueltas en una vaporosa negligé azul.

Aunque tan salvajes ilusiones derivan en buena parte de la imaginación desbocada, también se deben a la habilidad de los empresarios de este país. Ellos están fabricando hoy maniquíes que parecen tan naturales, con sus uñas, sus maquillajes especiales y sus rasgos faciales individuales, que tienen un aire peligrosamente vivo, y casi respiran.

De hecho, en un almacén hay una criatura que sí “respira”. El almacén ha equipado a este maniquí con un aparato de bombeo y en ocasiones lo pone a “respirar” en la vitrina.

Y no sólo son naturales los maniquíes, sino que tienen personalidades humanas diferentes. Por ejemplo, los maniquíes vendidos a Peck & Peck deben tener un aire juvenil y recatado, mientras que en Lord & Taylor han de ser más mundanos y ventilados.

En Saks son dignos y refinados, al tiempo que en Bergdorf tienen la elegancia agresiva de la riqueza segura de sí misma. “Nosotros preferiríamos, sin embargo, que todos los maniquíes que ahora tenemos en los almacenes de Nueva York dieran la impresión de ser buenas chicas”, dice una fabricante de maniquíes, Mary Brosnan, en su fábrica de Long Island, que más parece un campo nudista. “No nos importa su moralidad, pero sí queremos que parezcan bien educadas”.

No obstante, parecer “bien educadas” no es la característica de la mayoría de los maniquíes que Miss Brosnan vende a los almacenes que no están en el área de Nueva York. “Los maniquíes que enviamos a Miami Beach o a Las Vegas tienen un aire glamuroso y un poco demasiado maquillado”, dice. “Y los maniquíes que enviamos a California siempre son rubios y están profundamente bronceados. También vendemos unos cuantos en Inglaterra y en Europa, pero no tantos. A la mayoría de los almacenes de por allá no les gusta el look americano. Prefieren que sus maniquíes parezcan striptiseras”.

“Los maniquíes en Italia deben ser hoscos y deschavetados”, dice Tom Ellery, un inglés experto en vitrinas que trabaja para Saks. “En Francia parecen prostitutas. En Inglaterra tienen cuerpos gruesos y carecen de refinamiento. Pero desde que estoy en Estados Unidos finalmente aprendí a considerar a los maniquíes como algo más que colgaderos de ropa. Aquí les meten realismo. Hasta me han asustado. A ciertas horas de la noche, cuando estoy en la vitrina y un poco cansado, tal vez los toco por accidente o ellos me tocan y pienso que son reales. Otras veces les hablo. Cuando visto a alguno, a lo mejor le digo: ‘Hoy te ves muy bella’ o ‘perdón, pero en esta ocasión tendré que usar a otra’ ”.

Aunque el transeúnte que mira casualmente las vitrinas quizá no lo sepa, detrás de ellas existe un fascinante mundo de simulaciones, un mundo donde todo es chic, donde siempre hace sol y donde decoradores en calcetines andan en puntillas alrededor de estas rígidas efigies de la feminidad.

Uno casi diría que está en un teatro. La vitrina es un escenario exquisitamente iluminado por luces azules, verdes y ámbar que brotan desde ángulos diversos y bañan la escena de sombras suaves, pero que se enfocan de forma brillante sobre la estrella: el maniquí.

Como cualquier prima donna, los maniquíes son atendidos con primor y, en los horarios no estelares, los decoradores les retocan el maquillaje, les peinan la peluca y les ajustan la brillante bisutería para que en la mañana atraigan la mirada de las consumidoras ambulantes y en forma callada les vendan un vestido o un abrigo de mink, sobre la base posiblemente falsa de que ellas también se verán así de espléndidas.

Pero son raras las mujeres que se pueden ver perfectas porque, con escasas excepciones, los rostros de los maniquíes se modelan a partir de algunas de las mujeres más atractivas del mundo, mujeres como Suzy Parker, quien posó para la fabricación de los maniquíes de Best & Co, y Brigitte Bardot, que inspiró algunos de los maniquíes de Saks.

Anita Colby posó para los maniquíes de Bergdorf; Mrs. William Paley, para los de Lord & Taylor; la modelo Sunny Harnett, para los de Bonwit Teller; y en Henri Bendel se inspiraron en Anne Saint-Marie, la modelo que tiene los mismos ojos azabaches de Greta Garbo.

Es esta preocupación actual con la manufactura de maniquíes casi humanos, esta idea de ponerles curvas, la que posiblemente conduce a la fascinación más o menos extraña que ejercen en mucha gente.

Debió de ser seguramente una Venus de plástico o de yeso la que llevó al cuentista inglés John Collier a escribir acerca de un tipejo extraño que se fuga con un maniquí en “Special Delivery” [Entrega inmediata]. Y tal vez fue esa misma inspiración la que indujo al narrador americano Philip Wylie, en “The Unloved” [Los despreciados], a sugerir que esas muñecas podrían constituir esposas mejores que muchas mujeres.

O tal vez ambos escritores apenas estaban partiendo de Pigmalión, quien se enamoró de Galatea, una estatua de piedra; o quizás estaban haciendo lo que por lo general hacen los hombres: soñar con la mujer perfecta, con la maravillosa mujer sin edad y sin defectos que no existe en carne y hueso, sólo en la imaginación.

Pero sea lo que sea que atrae a los hombres a los maniquíes, ese algo no podía existir hace cuarenta o cincuenta años. En esos días los maniquíes eran monigotes bonachones sin cabeza o muñecas de cera alemanas, construidas como jugadores de rugby, que se derretían con el calor.

Los maniquíes de yeso traídos de París entraron en boga en los años veinte, pero pesaban cien kilos. Entonces, en 1931, una dama talentosa llamada Cora Scovil creó un maniquí de tela con coyunturas flexibles, formadas de metal y madera.

Sin embargo, hacía falta que llegara un escultor de jabón llamado Lester Gaba para que creara, en 1936, a una mujer maniquí tan real que pudo llevarla a la ópera en el Metropolitan o escoltarla al famoso nightclub neoyorquino El Morocco, acompañada de un chofer. Le puso Cynthia.

Cynthia fue el resultado de una comisión que Gaba recibió de Saks y que le pedía fabricar un maniquí que pareciera una mujer de carne y hueso. Gaba enloqueció. Configuró su molde vacío de yeso a partir de una femme fatale curvilínea que pesaba 55 kilos. Cynthia resultaba notablemente realista para los años treinta y causó sensación adondequiera que Gaba la llevaba. Salió en la portada de Life en 1937. Fue invitada por las anfitrionas más exigentes de Nueva York. Recibía cartas de admiradores. Alguien escribió un artículo de revista que la describía como una mujer casera. “Yo podía ir con Cynthia en el carro”, recuerda Gaba, “y de repente empezar a sentir yo mismo que Cynthia era una persona real”.

Aunque perdió popularidad durante la Segunda Guerra Mundial, Cynthia volvió por sus fueros en 1953 cuando se presentó a una audición para un programa de televisión. Gaba y unos cuantos amigos invirtieron diez mil dólares de la época, toda una fortuna, cableándola para que sonara, tratando de mecanizar su cabeza y de hacerle mover los labios y los brazos.

Algunos operarios le perforaron la espalda y escondieron cables detrás de los trajes de Dior. “Fueron veinte audiciones de televisión”, dice Gaba, “pero el show no funcionó. Cynthia nunca habló con claridad. Fallaba en los parlamentos. Finalmente me cansé de andar con ella de estudio en estudio, así que un día, cuando ya estaba hasta la coronilla, llevé a Cynthia a casa de un científico loco que hay en Greenwich Village y la dejé en su ático, donde seguramente todavía ha de estar, cubierta de polvo”.

Si el reino de Cynthia no tuvo efectos en el mundo de la televisión, en cambio sí indujo a una pasión por la verosimilitud en la industria del maniquí. Los líderes en este movimiento realista eran dos damas jóvenes que habían trabajado con Cora Scovil hasta que ella se retiró para casarse a mediados de los treinta.

Una era Lilian Greneker y la otra Mary Brosnan. Ambas empezaron sus propias fábricas de maniquíes poco después, y hasta que Miss Greneker vendió su compañía hace unos años, libraron una tremenda competencia.

Miss Greneker fue la primera en pasarse de los maniquíes de papel maché a los plásticos. Aunque los sucesores de Miss Greneker todavía son rivales de Mary Brosnan Inc., la mayoría de los expertos en decoración de vitrinas de la Quinta Avenida está de acuerdo en que en la actualidad los maniquíes producidos por Miss Brosnan son los más verosímiles en Estados Unidos.

Miss Brosnan, que no dejó de jugar a las muñecas hasta que cumplió 14 años, ahora manda sobre un grupo de 120 personas que trabajan en una fábrica de dos pisos, repleta con cientos de maniquíes en varios estados de desarrollo. Alineados en los pisos o colgados de las paredes, hay miles de piernas, cabezas, brazos y orejas sueltas.

Las orejas son de caucho para que sea posible hacerles el hueco del arete. La fábrica incluye departamentos de escultura, construcción de moldes, vaciado de yeso, ensamblaje, finalización, fabricación de pelucas, decoración de rostros y envío.

Las cabezas de los maniquíes primero son moldeadas en arcilla por la socia de Miss Brosnan, la escultora Kay Sullivan, quien al igual que Goya es incapaz de resistir la tentación de agregar algo de su propio rostro a los rostros que diseña.

(No es raro que los fabricantes de maniquíes metan de contrabando algo propio, de su familia o de sus amigos, en la cara del maniquí. Muchos maniquíes niños son modelados según los hijos del fabricante. La maniquí mayor de edad en Saks se parece a la madre del decorador del lugar, Henry Callahan. Algunas veces Callahan ha utilizado a este maniquí en su vitrina para representar a una monja, a una enfermera mayor, a una abuela o a una bruja.)

Mientras Miss Sullivan pule sus cabezas, el resto de los trabajadores está moldeando los cuerpos en arcilla, y con frecuencia hay discusiones, hasta disputas, en esta etapa creativa que se conoce como el período de “gestación” del maniquí.

Finalmente, cuando el maniquí de arcilla está formado a satisfacción de todo el mundo, pasa al departamento de moldeado, luego al de vaciado, a la fabricación y demás.

En el entretanto, en otra sección de la fábrica, 15 mujeres con la cabeza gacha están cosiendo pelucas de crin de caballo que parecen más naturales que el pelo natural.

Y todavía en otra parte de la fábrica unos pintores están aplicando a los rostros de los maniquíes sombra de ojos, según lo prescrito.

Como cada almacén insiste en que su línea tenga un cierto tipo de expresión, depende de los pintores de rostros de Miss Brosnan que no se mezcle el tipo campestre de Peck & Peck con la mujer totalmente compuesta que va para Bergdorf Goodman.

Todo este proceso, desde la fase embrionaria hasta el envío final, toma casi un mes. Cada semana la fábrica produce cerca de 150 maniquíes que cuestan alrededor de 70 dólares, en el caso de un maniquí de niño, hasta 190, en el caso de otro adulto.

Los precios varían, dependiendo de la calidad de la pintura y de la peluca, y según el maniquí vaya equipado o no con ojos de vidrio, que se producen en Pórtland, Oregon, y cuestan 15 dólares el par. La vida útil de un maniquí es de aproximadamente cinco años. Después de eso, o el maniquí está tan ajado y ajetreado que debe ser recompuesto, o la moda ha cambiado de forma tan drástica que la figura del maniquí debe a su vez cambiar para adaptarse a los nuevos estilos.

(En 1930, por ejemplo, los maniquíes eran delgados, para acompañar la moda de la época, e iban empinados porque eso se consideraba atractivo; en 1940 los maniquíes tenían los hombros anchos, como amazonas de busto generoso; en la última década el maniquí se volvió a adelgazar y a engordar.)

Casi todos los maniquíes de Brosnan miden hoy 1 metro con 68 centímetros, tienen unas medidas de 87-57-87 y son decididamente más realistas que los maniquíes masculinos, cuya piel demasiado lisa, escasez de ánimo y aparente desinterés en el sexo opuesto les dan un aire aburrido.

Miss Brosnan ahora está experimentando con una barba que ojalá agregue un toque de virilidad a estos pelmazos, pero, según ella, “es muy difícil hacer que los maniquíes masculinos parezcan tan reales como los femeninos. La razón por la cual los femeninos se ven tanto mejor es que el 50% de la belleza femenina es artificial”.

Una vez que los maniquíes llegan a los almacenes, los decoradores de vitrinas les dan sus propios toques de realismo. En Bonwit les agregan rouge en las rodillas, en los dedos de los pies y en los tobillos porque la piel de la gente es más oscura allí.

En Lord & Taylor una vez le agregaron a un maniquí un tubo delgadísimo para producir lágrimas que debían caer en un recipiente con forma de lágrima. Hay algunos maniquíes que, por razones desconocidas o tal vez freudianas, venden rápidamente cualquier prenda que les pongan encima. El decorador apenas tiene que colocar a una de estas reinas especiales en la vitrina para que las consumidoras entren corriendo.

Posiblemente las hadas supervendedoras existen porque los decoradores se les dedican con más cuidado y las visten con un gusto más exquisito; de cualquier modo, es un secreto a voces que los decoradores tienen sus maniquíes favoritos, así como los artistas tienen sus modelos favoritas.

“Es que los decoradores con frecuencia son artistas frustrados”, dice Gene Moore, el de Bonwit. “Yo, por ejemplo, lo soy”. El señor Moore cuenta que una vez besó a su maniquí favorito con la intención de saber qué se sentía.

“Fue como besar un escritorio”, dice, si bien la experiencia no ha afectado la relación. La relación entre hombres y maniquíes es muy diferente de la que hay entre las mujeres y los maniquíes.

Las mujeres de la industria tienden a burlarse de la supuesta existencia de una relación entre los humanos y los maniquíes posiblemente porque no la sienten o no la quieren sentir.

Las mujeres que trabajan en vitrinas con frecuencia afirman que un maniquí es apenas un manojo de pelo y un talego de huesos falsos. Su sentido práctico les dice que un maniquí es apenas un colgadero de vestidos y nada más. Pero algunos hombres imaginativos en el terreno de la decoración de vitrinas (y también por fuera de él) ven a los maniquíes como si estuvieran vivos a medias, condición similar a la de las reinas del celuloide.

Para ellos un maniquí es una criatura que, como cualquier mascota, no resulta inteligible, pero sí comunica; una criatura que, en algún momento místico a medianoche, bien puede de repente regresar de su trance y parpadear.

Existe una política tácita de respeto por el maniquí, y nadie ignora esta política sin luego pagar el precio. El último en intentar burlarse de un maniquí fue Salvador Dalí, y es probable que aún no haya olvidado la experiencia.

Por allá en 1938, Dalí fue contratado para decorar dos vitrinas de Bonwit. Le pareció, por una vez, que era buena idea mostrar a un maniquí sucio y desgarbado. Puso este maniquí descompuesto cerca de una tina forrada de astracán, apiló unos cuantos símbolos freudianos alrededor y se fue para su casa.

A la mañana siguiente, docenas de compradoras se sintieron ofendidas por el sucio maniquí y se quejaron furiosas, exigiendo que fuera retirado. Bonwit aceptó.

Cuando Dalí se enteró de que su sucio maniquí había sido retirado, se sintió insultado y, saltando a la vitrina, lanzó la tina forrada de astracán por la ventana. La policía lo arrestó; sin embargo, el almacén no formalizó la denuncia.

Ofender el glamour de un maniquí, como Dalí tal vez entiende ahora, equivale a ofender el glamour de las mujeres. Porque el maniquí es un símbolo de la mujer impecable, de la mujer perfectamente formada, perfectamente vestida y perfectamente arreglada en el sitio perfecto.

Mancillar esta escena les parece intolerable. Las mujeres no lo aceptan. Que una mujer aparezca desmelenada en público, vaya y venga. Pero que un maniquí aparezca desmelenado en público, ¡eso jamás!

Tomado de Elmalpensante

Ilustración de Tati Suárez

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EJERCICIO:

1. ¿Cómo arma Gay Talese su crónica?

2. ¿Qué fuentes humanas usa?

3. ¿A qué fuentes documentales recurre?

4. ¿Cómo combina las fuentes documentales y las fuentes humanas?

5. ¿Cómo logra estructurar su texto mezclando las fuentes humanas y documentales sin que el lector casi no se percate de ello?

6. ¿Qué lección saca usted acerca de la manera de escribir crónicas de Gay Talese?

Escriba a este blog o a mi dirección buitronrd@gmail.com

Entrevista con Eduardo Arcos, creador del hashtag 30S

Me parece peligroso patentar un símbolo que pertenece a todos los ecuatorianos: Eduardo Arcos *

Desde Madrid, vía telefónica

Eduardo Arcos dio el alerta sobre la intención del Gobierno de registrar ‘30S’ y ‘30-S’ como marcas. Cree que el hecho pone en peligro la libertad de expresión.

¿A quién le pertenece el término “30S” o “30-S”?

A nadie y a todos. Aquella mañana del 30 de septiembre del 2010 mucha gente tuiteaba lo que estaba ocurriendo en Quito. Yo acá, desde Madrid, me di cuenta que la gente ponía ‘hashtag’ (etiquetas temáticas) muy largas y que eso impedía que en 140 caracteres pudieran informar más. Entonces se me ocurrió poner el ‘hashtag’ 30S para que me retuitearan los 120 mil seguidores que tengo.

¿Su ‘hashtag’ fue “30-S” o “30S”?

Fue “30S” y se adaptó inmediatamente. Me satisfizo mucho que así sucediera porque la mayoría de los tuiteros lo asumieron y la información fluyó mucho mejor. Poquito a poco se fue viendo cómo la gran mayoría de ecuatorianos empezó a hablar del “30S”.

¿Incluidos los medios del Gobierno?

Imagínese que hasta los medios del Gobierno lo empezaron a usar cuando se decretó el estado de excepción y la cadena nacional. Eso lo anunciaron en un tuit usando el ‘hashtag’“30S” porque la gran mayoría de tuiteros lo estaba haciendo.

¿Le molesta que ahora el Gobierno quiera patentar el “30S” como marca oficial?

No me molesta que sea el Gobierno, porque no tengo una posición política clara sobre un Régimen que está lejos. Pero me dio mucho gusto que los ecuatorianos adoptaran mi ‘hashtag’ y, por eso mismo, ahora me molesta que cualquier persona u organización civil o estatal quiera registrarlo como suyo. Este tipo de símbolo no le pertenece a nadie, pertenece a todos y, por lo tanto, nadie debería asumirlo como propio y, peor, tratar de patentarlo como marca.

¿Le parece una decisión equívoca del Régimen?

Me parece una decisión incorrecta.

Cuando usted dice que nadie debería asumir como propio el término “30S”, va más allá del concepto y está hablando de la sociedad y de los ciudadanos, ¿sí?

Exactamente. Lo que algunos parecen no darse cuenta es que el “30S” marca un antes y un después para toda la sociedad ecuatoriana.

 ¿Habla de un antes y un después político?

 Un antes y un después en la comunicación masiva, en la posibilidad de que podamos decir todo lo que tenemos que decir con plena conciencia de lo que decimos, en la posibilidad de entender, por fin, que Internet, Twitter y las redes sociales son esenciales para expresarnos con entera libertad y difundir la información que necesitemos difundir.

¿Quiere decir que la sociedad debe valorar la trascendencia de usar las redes sociales para expresarse políticamente y generar conciencia ciudadana?

Sí, quiero decir que la sociedad no debe quedarse en los contenidos superficiales o personales, que debe entender lo esencial que son las redes sociales para la libertad de expresión. Hay mucha gente que usa Twitter y Facebook para frivolidades… No está mal que lo hagan, pero hay que entender que las redes sociales no solo sirven para conocer amigos o subir fotos personales, sino, sobre todo, para conocer la información en tiempo real y que el mundo se entere de lo que está pasando.

¿Significa eso que el poder político ya entiende esa importancia y por eso quiere patentar el “30S”?

Si el Gobierno quiere registrarlo como marca y ejercer algún tipo de poder sobre la marca me parece un hecho peligroso.

¿Por qué le parece un hecho peligroso?

No digo que vaya a ser así. Sin embargo, podría ser un precedente para ejercer algún tipo de censura o coartar la libertad de expresión. Supongo que si patentan la marca y mañana alguien decide utilizar el “30S” para algo que no le gusta al Gobierno, este puede aplicar todo el peso legal contra quien lo usa.

Entonces, ¿no es inocente la cuestión de la propiedad intelectual? ¿Quizás existiría la intencionalidad de intimidar o silenciar a los que en el futuro quieran hablar sobre ese episodio?

Eso habría que preguntarle a ellos, a la gente del Gobierno.

Por ejemplo, ¿evitar que en la campaña electoral del próximo año los adversarios y los críticos del Gobierno puedan usar el “30S”?

 No conozco las motivaciones gubernamentales porque yo no lo he hablado con ellos. Pero queda claro, según los argumentos oficiales que he leído en la prensa, que si registran el “30S” como marca y no les gusta la manera en que otros la usen, pueden iniciar acciones legales contra ellos.

¿Usted ha reclamado ante el Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI) la autoría del concepto “30S”?

No, no lo he hecho. Imagínese, yo vivo en Madrid y estoy muy lejos del Ecuador. Entonces, cualquier aspecto legal que yo hubiera querido iniciar se volvía muy complejo: contratar un abogado en Quito, darle los poderes, enviar la documentación por DHL o Fedex, esperar la respuesta, ¡uf!

Además, según lo que usted dice, ni siquiera le pertenece a usted, sino a la sociedad ecuatoriana…

Eso quiero que quede muy claro. El concepto “30S” es de los ciudadanos y ningún político, sea del oficialismo o de la oposición, debe apropiárselo. El tema es que el “30S” pueda usarlo cualquier persona en cualquier circunstancia y con entera libertad. Incluso pongámonos en el escenario de que el Gobierno quiera usarlo con las mejores intenciones. Que lo haga, pero sin patentarlo, porque no le pertenece.

La explicación oficial dice que la solicitud de patentar el “30S” no implica que las marcas no pueden ser usadas por cualquier persona para fines informativos o identificativos, “siempre y cuando su uso sea de buena fe y no persiga fines comerciales y no se haga a título de marca”…

Exactamente. “Siempre y cuando su uso sea de buena fe”, por lo tanto si ellos son dueños de la marca nosotros estaríamos sujetos a la opinión y al criterio del Gobierno en cuanto a que ellos consideren lo que significa buena fe o mala fe.

¿El concepto de buena fe es subjetivo?

Es absolutamente interpretable y eso hace que todos nosotros estemos sujetos a la opinión y a la calificación del dueño de la marca.

¿Y la gente perdería la libertad de expresarse en relación con el “30S”?

La libertad de expresión es una autoridad moral particular y no puede estar sujeta a un entendimiento moral político.

Entonces, ¿usted considera que está en juego la libertad de expresión?

No puedo decirlo porque no sé lo que ellos estén pensando. Si mañana nos dijeran “tenemos la marca pero la gente puede hacer lo que quiera con ella” sería muy bueno, pero el problema es que hay cosas que no están claras detrás de la solicitud.

¿Los ciudadanos pueden o deben hacer algo frente a este hecho?

Hay que presionar no desde la política ni desde la oposición, sino desde la ciudadanía y la sociedad. Presionar al IEPI para que no deje pasar eso.

¿Y presionar al Gobierno también?

Presionarlo para que nos diga realmente cuáles son sus motivaciones de fondo, para que los ciudadanos tengamos claro de qué se trata. Hay que saber si realmente la libertad de expresión está en juego detrás de ese pedido.

¿El poder político intenta apropiarse de algo que nació desde la sociedad?

Ellos dicen que quieren proteger el concepto “30S” para que nadie haga mal uso de él, pero la simple decisión de querer registrarlo sentará un mal precedente, incluso para cualquier hecho, positivo o negativo, que pudiera suceder después. El poder es tentador.

 ¿Cómo debió proceder el Gobierno para evitar esta polémica?

Debió ponerlo sobre la mesa de discusión de la sociedad antes de enviarlo al IEPI. Por mi trabajo, yo estoy muy involucrado en temas de propiedad intelectual y siempre, antes de proceder con un pedido que afecta a muchas personas, se abre un largo proceso de discusión donde uno puede estar a favor o en contra.

¿Ese debate debió generar el Régimen?

Los ciudadanos debieron manifestar su apoyo o descontento con total libertad antes de que se oficialice el pedido.

¿Esa hubiera sido una actitud democrática?

Por supuesto. Y como ecuatoriano, me habría encantado. Si es un concepto tan usado por la gente, el Gobierno debió preguntar a los ciudadanos.

¿Y sobre la intención de patentar la frase “Prohibido olvidar”, que es la letra de una canción del panameño Rubén Blades?

Eso me parece ridículo.

Y, casualmente, la canción defiende la libertad de expresión…

Espero que el IEPI analice con serenidad y profesionalismo todo este debate.

En España se habla del 11M (el atentado a los trenes en Madrid) y en Estados Unidos del 11S (el ataque a las Torres Gemelas). ¿Alguien patentó esos conceptos?

No, y no se los permitirían…

¿Quiénes no lo permitirían?

Los organismos de propiedad intelectual de estos países.

¿En España cualquier ciudadano puede hablar, escribir u opinar sobre el 11M?

Por supuesto.

 ¿Y a nadie se le ha ocurrido decir usted no puede hablar porque es una “marca oficial”?

No, nunca.

¿Cuál es la lección que los ecuatorianos deben sacar de todo este debate?

Lo esencial es que, a partir del “30S”, los ecuatorianos sepamos el poder que tienen las redes sociales. Es un primer gran paso para usar la red como una herramienta de reflexión colectiva y de protesta masiva, como ocurrió acá en España con los “indignados” o en Wall Street con los “ocupantes”.

¿Qué ganaremos con eso?

Que la sociedad tenga más luz y que nos escuchen.

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Eduardo Arcos. Guayaquil, Diciembre 1 de 1978) Fundador y actual CEO de Hipertextual, la compañía de medios independientes más importante de Latinoamérica.

Vive en internet desde 1994, obsesionado con el futuro de los medios de comunicación, el internet, el impacto de la tecnología en la sociedad y la importancia del desarrollo de un ecosistema para emprendedores como motor de progreso e innovación. Escribe un blog desde 1999.

Consultor de empresas que quieren comunicar mejor en internet y encontrar la mejor forma de conectar con otras personas usando medios sociales. Asesor de emprendedores para la salida exitosa de startups e ideas en internet/tecnología. Descrito por Global Voices como una de las principales voces defensoras de la cultura libre en Latinoamérica.

http://edarcos.com/

http://twitter.com/earcos

Pensar o golpear

¿Es racista quien mira la imagen desde sus prejuicios, quien permite que le hagan la foto desde la dimensión de su poder o quien concibe la imagen como “vendedora”?

Las preguntas surgen a partir de la apasionada polémica que se desató en Colombia tras la publicación de una fotografía de la revista Hola, de España.

La publicación trae un extenso reportaje sobre una de las familias más adineradas de Colombia y la imagen principal está acompañada por el título: “Las mujeres más poderosas del Valle del Cauca, en la formidable mansión de Sonia Zarzur, en el Beverly Hills de Cali”.

Pero lo que más atención concitó entre los lectores fueron los elementos que componen la foto dispuesta, según los críticos, con intención racial y discriminatoria.

Detrás de la señora Zarzur y su familia aparecen, al fondo, dos empleadas afrocolombianas, vestidas de blanco y portando bandejas y vajillas de plata.

En Colombia, donde el 10,6 % de la población es afrodescendiente, el debate de la sociedad ha sido intenso y aún no termina.

El periodista Yohir Akerman lo ve desde la sociología. Según él, lo que sí hace la imagen es evidenciar una cultura patronal de la esclavitud, que mentalmente aún no ha superado.

En América -dice Akerman- algunos consideran a los afro como de segunda clase, además de tener empleos mal pagados que les da escasas posibilidades de mejorar en la escala social.

Óscar Gamboa, del Programa Presidencial para la Población Afrodescendiente, repudió la imagen porque “muestra un contraste perverso”.

Un grupo de profesores de la Universidad de Cali concluyó que la imagen revela hechos ocultos, historia, tradición, dominación y uso de la violencia simbólica (racismo y clasismo).

El periodista Omar Rincón, un experto conocido en el Ecuador, dijo que el retrato reinstala la discusión sobre la discriminación racial en Colombia. “Aunque la foto parece de la época de la esclavitud, es bueno que un tema como este levante un debate sobre el racismo”, afirmó.

¿Qué nos corresponde desde la ética periodística?

¿Criticar a la revista por ser excesivamente frívola, a la familia Zarzur por permitir la construcción o impostura de esa imagen o a los lectores que gustan de las historias sobre familias adineradas?

En su libro ‘Ante el dolor de los demás’, la escritora estadounidense Susan Sontag, fallecida en 2004, hace una lectura crítica de las más famosas fotografías de la historia periodística.

Sontag no condena ni aplaude las intencionalidades de los fotógrafos, pero deja reflexiones que, en el caso del debate sobre la imagen de la familia Zarzur, parecen lo más pertinente: “Nada hay de malo en apartarse y reflexionar. Nadie puede pensar y golpear a alguien al mismo tiempo”.

Diez virtudes del periodista digital

1. Estar abierto al aprendizaje continuo y constante de las nuevas tecnologías.

2. Entender que el desarrollo vertiginoso de la informática lo obliga a mantenerse alerta.

3. Indagar cada día en qué anda la gente, qué prefiere, qué temas le interesan, hacia dónde se mueve, qué necesita.

4. Ser capaz de convertir esa indagación en productos periodísticos útiles y de servicio.

5. Escuchar con mucho respeto y atención a sus interlocutores (público, lector, audiencia) y tomar conciencia de que ya terminó la era en la que desde las salas de redacción se imponía la agenda temática diaria.

6. Desarrollar la capacidad de mantenerse contactado y en permanente diálogo con sus lectores mediante la empatía, la sinergia y la compenetración. Para eso le sirven sus cuentas en Twitter y Facebook, el correo electrónico, el chat, los foros, los comentarios, etcétera.

7. Pensar maneras de narrar y contar que ya no se queden en la indispensable buena escritura, sino en el complemento multimedia con audios, videos, links, documentos, imágenes, fotogalerías, infografías, etc.

8. Capacitarse y autocapacitarse para manejar todas las herramientas tecnológicas e informáticas. Mantener un blog y una página web es una manera adecuada de aprender por sí mismo, investigando, buceando, navegando y equivocándose hasta encontrar la forma correcta de hacerlo.

9. Aprender el lenguaje digital tanto teórico como práctico. Un periodista del siglo XXI debe saber qué significa un trend topic, un hastag, un RSS, una aplicación, una interfaz, un blogroll, un podcast, un widget…

10. Tener muy en cuenta que solamente la calidad y la excelencia del periodista digital hará la diferencia y le dará ventaja sobre los millones de competidores que tiene en el mundo cibernético.

Ilustración de Christian Weiss

¿Eres un buen reportero? (Autoevalúate)

Cuando hablamos de las herramientas para una reportería eficaz queremos expresar nuestra preocupación porque, al contrario de lo que se cree entre muchos periodistas, no se trata solamente de acercarse al personaje con una cámara, un micrófono o una grabadora, sino de hacerlo con estrategias adecuadas y el conocimiento previo de los temas que se tratarán.

“Cada persona es libre de comentar lo que quiera, pero los hechos son sagrados”, decía C.P. Scott, director del diario británico Manchester Guardian.

La cita, que corresponde al periodista inglés David Randall en su libro “El periodista universal”, intenta valorar los hechos por sobre las opiniones como esencia del periodismo informativo de calidad.

Randall señala:

“He comprobado muchas veces en la práctica que si en una sala llena de periodistas preguntamos quién se ha formado una opinión sobre algún hecho de actualidad y relevancia, todo el mundo levantará la mano. Pero si a continuación se pregunta si alguien ha conseguido descubrir algo que todavía no se haya publicado con respecto a ese hecho, casi no quedará ninguna mano levantada. Lo cierto es que casi todo el mundo tiene algún comentario que hacer, ya sea interesante o no, pero muy pocas personas poseen informaciones novedosas. Las opiniones son comunes mientras que las informaciones son un bien escaso y, por lo tanto, valioso (…)”.

La labor de los reporteros es descubrir cosas. Son los primeros que aparecen en escena, en pleno caos, para tratar de desentrañar, llamando a puertas cerradas y a menudo corriendo riesgos,  los orígenes de los hechos.

Si no hacen ellos, ¿quién lo hará? ¿Los directores de los periódicos? ¿Los comentaristas? La única alternativa sería la de fiarse de la versión oficial de los hechos, es decir, de la que los empresarios, los burócratas o los políticos decidan ofrecer.

En los círculos ajenos al periodismo (a los que pertenecen la mayoría de los editores) se opina que la capacidad de escribir es el arma fundamental de un reportero.

Pero, en realidad, la habilidad literaria solo es un componente de nuestro oficio, y no el principal. Las aptitudes fundamentales para un reportero son las que le permitirán averiguar la versión de los hechos que más se aproxima a la realidad. Sin esas aptitudes no dispondrá de nada interesante sobre lo que escribir, por grande que sea su elocuencia.

Así pues, un buen reportero debe poseer un conjunto de capacidades que le permitan describir los hechos y registrarlos de una manera correcta, un equipo técnico básico y un buen equipo mental. Además, también necesitará estar dotado del tipo de personalidad adecuada para su profesión”.

1. Preguntar lo justo y preciso. Observar lo demás y a los demás.

La reportería, como técnica periodística, tiene como propósito hacer las preguntas pertinentes para recoger los elementos sustanciales de la información y transmitirlas al público.

Pero la reportería no solamente es preguntar directa y frontalmente.

Por el contrario, tiene que ver con una preparación adecuada antes de salir a la reportería, con tener sentido exacto de lo que se quiere obtener (o, por lo menos, una hipótesis desarrollada), la organización del tiempo personal para lograr más información en menos horas de trabajo, la construcción de una estructura interrogativa que permita planificar la tarea de forma sistemática, la adaptación de hábitos de trabajo que con el proceso de formación del reportero se vayan puliendo hasta lograr niveles óptimos de eficacia y eficiencia.

Como dice el cronista gráfico estadounidense James Natchwey, en su película autobiográfica “Reportero de guerra”, el reportero es un testigo de la historia pero desde la experiencia directa con la gente, es decir, sintiendo las emociones, el dolor, la alegría, de tal manera que el reportero desarrolle una visión personal de los hechos “porque de la manera en que el reportero vea e interprete el mundo dependerá la manera en que el mundo se vea a sí mismo”.

La reportería no es exhaustiva por definición, sino por necesidad. Hay que preguntar lo preciso y lo justo y en los momentos adecuados.

Si el reportero documenta la vida de los demás, debe acercarse con respeto, sin participar en “la manada” (en esto coinciden Kapuscinski y Natchwey), a distancia de sus colegas, muchos de los cuales no saben por qué preguntan, para qué preguntan y, ante todo, qué es lo que tienen que preguntar.

Indagar lo justo y lo preciso quiere decir, también, que el reportero debe involucrarse en el ambiente pero, en simultáneo, debe acercarse a la gente volviéndose invisible.

Natchwey define su trabajo de esta manera:

“Ser buen reportero o cronista no tiene que ver con lo que preguntas sino con la manera en que lo haces. Ser buen reportero es lo que vives, tener tu propia biblioteca de sufrimiento en la cabeza porque te concierne la realidad. Ser buen reportero es permanecer centrado en lo que quieres lograr periodísticamente, no caer presa del pánico, previsualizar las situaciones, prepararse mentalmente para todo lo que pudiera venir”.

Pero ser buen reportero demanda del periodista estar muy bien informado del lugar adonde vas, del sitio al que llegas, de la gente que vive allí. Eso es lo que te da una comprensión intuitiva y no te permite autocompadecerte cuando vives situaciones difíciles.

Las condiciones fundamentales para ser buen reportero son:

Humildad.

Sencillez.

Creer en el otro.

Ser riguroso.

Ser autocrítico.

Sentirte parte del asunto que estás cubriendo.

Centrarte en tu trabajo sin distracción posible.

Dominar el espíritu.

Ser exigente.

Ser preciso.

Convertirte en un insatisfecho permanente con el resultado de tu trabajo.

No permitir que tu carrera sea superior a tu compasión.

Respetar a los que sufren.

Sentir la emoción real de la gente.

Antes de convencer a los demás, convencerte a ti mismo.

Hacer tu trabajo en solitario para tener la posibilidad de darlo todo”.

Natchwey, Randall y Kapuscinski, con pensamientos, filosofías de trabajo y puntos de vista similares acerca del oficio y de la vida, coinciden en que el reportero jamás puede dar la espalda a los que sufren, a la gente dolida. Y si algo detestan de su profesión es la posibilidad de que otros periodistas farandulicen lo que a otros les golpea y les hace víctimas.

Para ellos, tres grandes reporteros del periodismo de fines del siglo XX y principios del XXI, la gente siempre termina siendo más importante que el reportero.

La gente quiere enterarse y actuar –dice Natchwey-. Y si no lo hacemos nosotros, ¿quién pondrá las alertas? Los señores del poder desprecian a los periodistas porque somos nosotros los que mostramos la realidad que ellos quieren ocultar, porque somos nosotros los que llamamos la atención sobre determinado problema, porque somos nosotros los que intentamos acabar con la indiferencia y, por último, somos nosotros los que motivamos la protesta social”.

2. Cómo pensar las notas desde el reportero.

El reportero debe tener conciencia permanente de que toda nota que escriba solamente está destinada a un objetivo: a que el lector, sus lectores, su público, se enteren de lo que pasa.

Para ello está obligado a pensar en los afectados y/o en los beneficiados como fuentes primarias de información, pero también estar en capacidad de organizar los entornos y contextos donde cada una de esas fuentes se desempeña o vive.

Eso quiere decir que las notas deben estar conceptualizadas con sus elementos centrales y complementarios adecuados e incluir en las rutinas de trabajo el buen tratamiento del lenguaje, la claridad del eje narrativo, la puesta en escena del tema, la obtención y escritura de información útil y fáctica, la  búsqueda de fuentes diversas y la planeación de los seguimientos y reacciones que puedan suscitar sus informaciones.

El reportero no puede permitir que nadie lo use, ni sus editores, ni su medio, ni sus fuentes. Por eso debe evitar los contactos estrechos con los círculos de poder, ya sean internos o externos a la Redacción.

Muchas veces es probable que el reportero, aquel que camina, respira, vivela calle, choque con un editor oficinista que no conoce la realidad. Para eso, el reportero debe desarrollar técnicas de diálogo y persuasión que le permitan convencer a sus editores acerca de la importancia de las notas que envía a la Redacción.

Para eso, también, hay que estar conscientes de que todo dato debe tener soporte documental, que no puede permitirse una sola imprecisión, que no puede asegurar nada que no sea comprobable o verificable.

El reportero, entre sus cualidades más relevantes, debe ser concreto, equilibrado, sereno, preciso, directo, confrontativo (sin perder el respeto), observador, contextualizador, investigador, suspicaz y claro.

Podrá haber más o menos consejos acerca de lo que significa ser reportero y construir las notas a partir de esa conciencia de ser, pero nosotros, desde nuestra experiencia, hemos recogido los siguientes 17 mandamientos del reportero:

  1. Explicar las palabras y los conceptos técnicos al lector.
  2. Jamás hablar o escribir como las fuentes, en especial si estas pertenecen a algún poder.
  3. No dar por hecho que el lector sabe de lo que le estamos hablando. Siempre contextualizar y poner datos referenciales.
  4. Ser directo y preciso en su manera de comunicar.
  5. Volver protagonista a la gente común.
  6. Nunca dejar de hacer seguimiento de sus notas.
  7. Nunca dejarse manipular por las fuentes, cualquiera que sean estas.
  8. Usar los verbos adecuados para atribuir las citas textuales: dijo, expresó, contó, manifestó…
  9. Anticiparse a la información oficial e indagar más allá de lo que esta quiere que se sepa o que se conozca.
  10.  Pensar en la puesta en escena del tema antes de empezar a escribir.
  11.  Ser útil y prestar servicio al lector y a la sociedad.
  12.  Ir al punto. Tener claro lo que se quiere contar. No divagar.
  13.  Contextualizar los hechos.
  14.  Jamás especular ni repetir rumores. Jamás escribir hipótesis sino hechos comprobados.
  15.  Respetar la forma de hablar de la gente común.
  16.  Escribir con frases cortas y puntos seguidos para conseguir ritmo y fluidez en la narración de los hechos.
  17.  Recordar que la ortografía y la sintaxis son las herramientas básicas del buen periodista.

3. La filosofía del buen reportero.

El buen reportero, por su capacidad de observación y su sensibilidad social y humana, convierte en protagonista de los hechos a la gente común y no a la gente del poder.

Y es su deber, desde la ética profesional, escribir bien para informar bien.

Entre sus obligaciones están:

- Contar más historias.

- Hacer reporterías más profundas.

- Encontrar hechos sorprendentes en la cotidianidad de las personas.

- Salir de la Redacción, sudar la camiseta y gastar las suelas de los zapatos.

- Buscar obsesivamente fuentes diversas para contrastar la información y conseguir el justo medio.

- Ser plural.

- Ser tolerante.

- Escuchar, sobre todo, a las personas con las cuales uno no está de acuerdo con su forma de pensar o de actuar.

- No temer a la competencia sino temer tu propia incompetencia.

- Tener siempre conciencia de qué lado de la noticia estás.

- Sustentar todo lo que afirmas.

- No generar dudas en el lector acerca de lo que has escrito.

- Ser concreto.

- No opinar cuando se cuenta una noticia o se maneja un género periodístico informativo.

- Planificar temas.

- No dar lugar a excesos declarativos sino ampliar la narración de los hechos.

- Tener claro qué género periodístico usar y por qué.

- Entender que el periodista es un vehículo para que el poder rinda cuentas a sus electores.

- Ser tu propio editor.

- Escribir para el lector, no para las fuentes.

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Evaluación.

 Responde las siguientes preguntas colocando una V (verdadero) o una F (Falso) entre los paréntesis.

(  )  La reportería no se trata solamente de acercarse al personaje con una cámara, un micrófono o una grabadora, sino con estrategias adecuadas y el conocimiento previo de los temas que se tratarán.

 (  )  ¿Fue C.P. Scott quien dijo: “Cada persona es libre de comentar lo que quiera, pero los hechos son sagrados”?

(   ) Las aptitudes fundamentales para un reportero son las que le permitirán averiguar la versión de los hechos que  más se aproxima a la realidad. Sin esas aptitudes no dispondrá de nada interesante sobre lo que escribir, por grande que sea su estilo.

(   ) La reportería no solamente es preguntar directa y frontalmente, sino hacerlo con una preparación adecuada.

(   ) James Natchwey es un escritor famoso.

 (  )  ¿Fue James Natchwey, en su película autobiográfica “Reportero de guerra”, quien dijo que el reportero es un testigo de la historia pero desde la experiencia directa con la gente?

(  )  La gente es menos importante que el periodista.

(  )  El reportero debe anticiparse a la información oficial e indagar más allá de lo que esta quiere que se sepa o que se conozca.

(  ) Una hipótesis es una noticia por sí misma.

(  ) El buen reportero no teme a la competencia de sus colegas sino a su propia incompetencia.

Califícate volviendo al texto principal. Pero, lo más importante, reflexiona y pon en práctica lo que aprendiste.

Acuarela de Marcela Gutiérrez

Tuitear con ética

Twitter tiene 225 millones de usuarios que envían 150 millones de mensajes  cada día, lo que quiere decir 1 736 tuits por segundo…”.

Las cifras, publicadas este martes 6 por Fernando Larenas en Diario EL COMERCIO, son tan importantes que obligan a una reflexión: al contrario de lo que algunos creen,  Twitter  no es un juguete, sino una herramienta de comunicación masiva.

Y, por tanto, no se puede decir o escribir cualquier cosa.

Un ejemplo: el miércoles 7, un tuitero publicó en su cuenta  que había muerto Roberto Gómez Bolaños (El Chavo o Chespirito).

Era obvio que, por la popularidad del personaje, la red social se movilizara vertiginosamente.

Horas después,  un hijo de Gómez Bolaños desmintió el rumor que, al parecer,  salió de una serie de mensajes electrónicos que fueron  parte de un virus propagado por la red.

El rumor, convertido en supuesta noticia, llegó  a ser un trend topic  (el tema más comentado en ese momento).
Con el hashtag (cadena de etiquetas) ‘#porsiemprechespirito’ la comunidad tuitera decidió rendir su homenaje al actor y expresar su pena por la presunta partida de Chespirito.

Cuando el rumor se diluyó, el tuitero que generó la tristeza de miles de personas justificó su error con este mensaje:  “¡Upss,  fue sin querer queriendo!”.

Pero una  justificación así  no es suficiente. Por el contrario, despierta preocupación entre quienes creen que el Twitter es, en estos momentos, la más poderosa herramienta de comunicación global.

¿Existe la conciencia del peso e impacto que puede tener  un tuit? Aparentemente, no: hay  usuarios lo manejan con ligereza, quizás buscando multiplicar  seguidores mediante artificios amarillistas.

Otros, por falta de rigor, imaginación y creatividad al no dimensionar la potencialidad y el impacto de la herramienta, banalizan sus mensajes.

En Twitter se  hace humor, crítica, noticias, comentarios, debates. ¿Es justo que se lo vuelva  otro Facebook, donde  un alto porcentaje de usuarios lo convirtió en un espacio farandulero y trivial?

Twitter  ha mostrado su   transcendencia en las rebeliones de la  ‘Primavera árabe’ y es  arma esencial para la libertad de expresión, sobre todo en países donde existe censura gubernamental.

A eso se debe que decenas de gobiernos  amenacen con  regularlo  o controlarlo. 

Por eso, es esencial entender que vaciar los contenidos  de Twitter podría restar la posibilidad de que la gente se exprese con entera libertad.

 ¿Qué tan difícil es tuitear  después de reflexionar y pensar?

¿Qué tan difícil es pensar  140 caracteres con sentido común?

¿Por qué no asumir el enorme peso antiético que tiene un texto  escrito con irresponsabilidad o sensacionalismo?