Con disfraz de copiloto y salvavidas

by rubendariobuitron

Mientras mayor énfasis ponemos en nuestro discurso de hacer “periodismo de la gente” y de “ponernos en los zapatos de los otros”, mayor parece ser la distancia que ponemos -consciente o inconscientemente- a la gente, a los otros, a la realidad.

La cobertura periodística de las graves inundaciones en doce provincias ecuatorianas por las fuertes lluvias (hablamos de medio país bajo el agua) me ha dejado aquel sinsabor, aquella sensación de que hablamos demasiado y hacemos poco por renovar el periodismo, por alcanzar la excelencia, por contar la vida desde adentro de la vida.

Hoy los reporteros de televisión y de portales web sobrevuelan las áreas inundadas y se disfrazan de copilotos de helicóptero para el pantallazo. Los de prensa escrita y radio no arman tanta parafernalia, pero tampoco se acercan a los damnificados, a los afectados.

¿Se puede vivir la realidad desde un helicóptero? ¿Cómo es posible hacer una narrativa profunda de lo que está ocurriendo con las víctimas si el reportero pide al piloto que “baje un ratito” para recoger dos o tres testimonios rápidamente (muchas veces sin siquiera tomarse la molestia de preguntar los nombres de las personas entrevistadas) y hacer un “stand up” para que lo vean sus familiares y sus admiradores en la tele.

Para contar lo que está sucediendo con las lluvias y las inundaciones en medio Ecuador hay que caminar medio Ecuador. Hay que mojarse los zapatos, calzar botas de agua, hundirse en el lodo, vivir la experiencia de trasladarse a la escuela o a comprar víveres en canoas improvisadas, cajas de cartón con plásticos alrededor o grandes pedazos de espumaflex.

Disfrazados de copilotos (con audífonos y gorro) o de salvavidas (fingiendo que hundimos los pies en el agua) jamás haremos buen periodismo.

Haremos simulaciones, simulacros, sainetes, shows. Cualquier cosa, menos periodismo.