El poder y la prensa
by rubendariobuitron
No se puede negar que la prensa tiene poder, es un poder.
Somos poder porque la sociedad nos delega la mediación entre mandantes y mandatarios, entre el deber de los elegidos de rendir cuentas y los derechos de los electores.
Somos poder en tanto tenemos la obligación cívica de abrir espacios para la reflexión colectiva, para el pensamiento y la deliberación, para el debate, para que cada ciudadano saque sus propias conclusiones y tome la mejor decisión cuando vota, opina, exige, aplaude, critica.
No somos poder para disputar espacio a los políticos.
No lo somos, peor, para participar en elecciones (?), ganarlas y solamente así tener derecho a decir lo que tenemos que decir, a contar lo que tenemos que contar.
Pero lo que no podemos admitir es que se satanice nuestro poder en función de consolidar otro poder: el único, intolerante, estigmatizador; el que desprecia, subestima y llena de adjetivos a quienes no somos parte de la militancia y el fanatismo.
Ahí está la trampa del discurso oficial.
Descalificar –y de una manera sistemática y programada- al supuesto adversario, al presunto enemigo, para restarle peso, relevancia, credibilidad, confianza.
Y al debilitarlo se intenta que la voz que desacredita, golpea y minimiza se convierta en la única creíble, confiable, relevante, en la única que tiene (o es) la verdad.
Los periodistas no somos el enemigo. La ceguera de creerlo así lleva al poder político a cometer grandes errores que luego le restan justamente lo que quiso minar del otro.
No neguemos -por vergüenza, miedo o modestia- que tenemos poder.
Un poder para la construcción de una sociedad democrática y plural.
Un poder ético que debemos ejercer cada día aunque el otro poder no lo haga. O sea incapaz de hacerlo.
