Posted Marzo 24, 2008 by Rubén Darío Buitrón Aguirre
Categories: Medios y politica
| Técnicas de Desinformación. Manual para una Lectura Crítica de la Prensa. ,octubre de 2003 AUTORES: Grupo de Aprendizaje Colectivo “Comunicación Popular” de la Escuela Popular de Prosperidad. EDITORIAL: “Sentimientos kontra el poder” y Escuela Popular de Prosperidad. LUGAR: Madrid. 64 pp. |
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Se trata de un material en formato cuaderno, en el que de la elaboración colectiva de este grupo de aprendizaje de la Prospe, sale un auténtico manual de cómo desinformar. En tan sólo 27 páginas, ya que el resto es un anexo con noticias de prensa fotocopiadas, que sirven para ejemplificar las explicaciones, se destripa una a una cualquier posibilidad que tiene un/na profesional del gremio o un medio de comunicación, para inventar, falsear o distorsionar la realidad que nos llega a l@s lector@s en forma de noticia. El trabajo se divide en tres partes: la primera aborda la estructuración de la información en el periódico; cómo la localización de la noticia, la composición de su entorno, como se articula la información dentro de un texto etc. influyen en destacar algunas cosas para hacer pasar desapercibidas otras. La segunda parte se centra en analizar el lenguaje, escrito o visual, convertido en poderosa herramienta manipuladora. Por último la tercera parte estudia directamente los contenidos informativos. En un estilo directo, sencillo, explicado todo con ejemplos reales, pero no por ello con un afán menos exhaustivo, este cuaderno -auténtico bestseller del mundillo alternativo- se ha convertido en una referencia imprescindible para la gente interesada en cuestiones de contrainformación. |
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Las normas básicas del buen periodismo dicen que hay que ir directamente a las fuentes, preguntar, confrontar, cruzar información, verificar, ser plural, poner en escena a todos los actores de los hechos que se cuentan.¿Cumplió el diario español “El País” esos requisitos básicos, que incluyen un manejo ético y equilibrado de la información, al publicar el pasado miércoles, en tres páginas y con titular en portada, el reportaje “Las FARC hallan refugio en Ecuador”?El gobierno del presidente Rafael Correa reaccionó con indignación frente al reportaje. Rechazó lo que la periodista afirma en el texto, envió cartas aclaratorias que se publican hoy en el periódico y amenazó con enjuiciar a ese medio de comunicación.Vía telefónica nos comunicamos en Madrid con Vicente Jiménez, director adjunto de “El País”.
En una entrevista con EXPRESO, Jiménez defiende a rajatabla lo publicado y dice apostar por la credibilidad y la confianza en su reportera Maite Rico, quien escribió el reportaje desde Bogotá. ¿En qué criterios se basó El País para publicar el reportaje sobre las FARC y Ecuador? Se trata, a nuestro juicio, de una nota sin confrontar con la parte acusada y apoyada en fuentes ocultas…
Tu pregunta está cargada de intención. El criterio que tiene El País a la hora de publicar no esta, sino todas las informaciones, es el mismo: el interés de la información, su relevancia, el contraste de fuentes, el chequeo de la información… Como tú bien has dicho, cuando se trata de informaciones sensibles en las que se involucran servicios de inteligencia, obviamente el manejo de fuentes no es el mismo que el de una rueda de prensa. Es información que requiere una elaboración distinta , pero el criterio es el mismo que sigue habitualmente el periódico.
Pero no se confrontó con la otra parte. Por ejemplo, cuando dice que “el antiguo guerrillero no tiene pelos en la lengua y lanza gravísimas acusaciones contra las autoridades”, la periodista no llamó a estas autoridades…
Hay informaciones, como tú bien sabes, en las que el contraste a veces es difícil porque la fuente a la que hay que recurrir para contrastar no quiere hacerlo, no quiere comentar por ser el tipo de información que es.
¿Es decir, no se confrontó?
No voy a ponerme a discutir por qué determinada frase de un determinado guerrillero no se confrontó con la fuente apropiada o el organismo gubernamental. Lo único que puedo decir es que esa información el periódico la publicó porque consideró que tenía interés, que éramos conscientes de que era una información delicada, sensible, pero sí se confrontó, hay diversas fuentes, de inteligencia, incluso de la OEA…
El secretario de la OEA reaccionó con dureza y rechazó la versión…
Ya sé que la OEA asegura que ninguno de sus funcionarios ha hablado con El País, pero eso es absolutamente falso. Claro que dudo mucho que ese funcionario por iniciativa propia quiera confesar que habló con El País. Pero, bueno, esto es lo habitual en informaciones sensibles en las que están en juego la credibilidad de los gobiernos, las relaciones de los gobiernos de Colombia, Venezuela y Ecuador, las relaciones con un grupo guerrillero considerado por Colombia como terrorista.
¿Midieron el impacto que tendría el reportaje?
Entendimos que era una información que despertaría mucha polémica y que obviamente no sería del agrado de todos, pero el periódico debe mantener su política que es informar todo aquello que considera relevante. Obviamente, para El País todo lo que sucede en Ecuador, Colombia, Venezuela, en toda América Latina, es de principal interés.
Si el gobierno ecuatoriano plantea una demanda contra El País, ¿cuál será su respuesta?
Lo habitual, porque no será la primera ni la última vez. Si se produjera la demanda hablaríamos con nuestros servicios jurídicos y ellos, por supuesto, darían la respuesta adecuada.
¿El otro escenario sería la rectificación del reportaje si el gobierno ecuatoriano demostrara que no es cierto lo que se afirma?
El País publicará mañana (hoy) una carta del embajador de Ecuador en España y también una carta del secretario de la OEA. No tenemos el más mínimo problema en publicar la versión que quieran dar las personas que se consideran afectadas por una información.
La pregunta es si El País rectificaría en caso de que se demuestre que lo publicado no se ajusta a la realidad…
Nuestro deber es valorar la información y lo haríamos si ocurriera lo que tú dices. Pero una cosa sí debe quedar muy clara: El País responde plenamente por lo que afirma la periodista que hizo esa información.
¿Descarta usted un sesgo en el contenido?
El periódico no tiene ningún tipo de animadversión contra los gobiernos legítimos de Correa, Uribe o Chávez. Eso sí, tenemos todo el derecho a publicar aquellas informaciones que en función de los procedimientos éticos que manejan nuestros periodistas consideremos susceptibles de ser publicadas.
¿Aunque no tenga todos los elementos de una nota consistente?
Tiene todos los elementos y El País puede sustentar lo que afirma el reportaje. Si a partir de ahí el gobierno de Correa considera oportuno acudir a los tribunales y emprender acciones legales, tiene todo el derecho a hacerlo.
¿Por qué la nota se hizo desde Bogotá y no desde Quito?
No sé muy bien adónde quieres llegar con la pregunta…
Al equilibrio, a la contrastación, ustedes siempre han sido un referente de buena información…
Eso no tiene nada que ver con Quito, Bogotá o Caracas. El País actúa igual en todo lugar. Acertamos, nos equivocamos y en ocasiones merecemos premios. Nuestro criterio sobre la violencia política es el mismo en Bogotá, Quito o Pekín.
¿El País se ratifica, entonces, en todo lo publicado?
No voy a entrar a discutir el procedimiento y la forma en que ha trabajado nuestra periodista. No voy a entrar en cuáles son nuestras formas de trabajar. El compromiso que tenemos es con nuestros lectores y con unos procedimientos que defiendo.
¿No existe la posibilidad de rectificar, en caso de que se demostrara lo contrario?
Esa respuesta está en la valoración que hizo el periódico de la nota de la periodista. Está en el hecho de haber publicado la información y que le haya dado tres columnas en primera página y tres páginas en su sección internacional. Eso es todo lo que puedo decir sobre esto.
¿Aceptan públicamente un error, si lo llegan a cometer?
El periódico no tiene ni ha tenido jamás ningún empacho en reconocer los errores, cuando así lo amerita. El País no tiene ningún problema en publicar rectificaciones. En el caso que nos ocupa publicaremos las cartas, pero no rectificaremos porque creemos en la capacidad de Maite Rico, cuyo trabajo El País defiende y avala. Nombre:
Vicente Jiménez Navas. Quién es: Director adjunto del diario El País, de España. Trayectoria: Es catalán. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Hasta 1990 estuvo en el Periódico de Catalunya. Ese año pasó a la redacción de El País, en Madrid, donde ha ocupado distintos cargos, desde la dirección de Tentaciones hasta subdirector de redacción. |
El reportaje publicado por el diario El País de España respecto a que supuestamente el territorio nacional se ha convertido en un “santuario” del grupo guerrillero colombiano, ha causado revuelo en las autoridades, líderes de opinión, y periodistas, en el Ecuador.
Este jueves nuevamente el Ministro de Defensa, Wellington Sandoval, rechazó las afirmaciones hechas por el medio de comunicación y reiteró que Ecuador, “no ha sido, no es, ni será, un santuario de las FARC”. También apareció el encargado de la comunicación oficial, Vinicio Alvarado, quien denunció que existe un plan mediático liderado por Colombia para desacreditar al gobierno ecuatoriano.
La prensa ecuatoriana también ha comenzado a reaccionar ante la ofensiva mediática colombiana y ha cuestionado la inexistencia de un plan de comunicación sólido del gobierno ecuatoriano.
El periodista, Rubén Darío Buitrón, editor especial del diario Expreso de Guayaquil, dijo a Andrés Carrión de Canal Uno, que es lamentable que el gobierno no defina una línea de comunicación clara y precisa para enfrentar este tipo de informaciones que desacreditan al país.
Insistió que los comentarios publicados por el diario El País no tienen sustento técnico, profesional y están muy mal elaborados. “Es el antiperiodismo por la serie de hechos absurdos e inconsistentes” el artículo publicado por el mencionado diario español, precisó Buitrón.
El conflicto diplomático entre Colombia y Ecuador, afortunadamente superado este viernes 7 en la Cumbre de Río gracias a la inteligente y solidaria gestión de los presidentes de la región, se veía venir.
No fue, como muchos creyeron, consecuencia de la incursión militar colombiana a la selva ecuatoriana para matar al guerrillero Raúl Reyes, una de las cabezas de las FARC.
El conflicto fue resultado de un manejo equívoco y negligente de los sucesivos gobiernos ecuatorianos frente a un problema que los mandatarios y sus gabinetes no fueron capaces de afrontar y pensar con visión estratégica.
Existe responsabilidad y una serie de graves omisiones de los regímenes que han gobernado nuestro país desde el 2000, cuando se inició la aplicación del Plan Colombia (antiterrorista y antidrogas) con apoyo de Estados Unidos. Y por esas responsabilidades deberá rendir cuentas Jamil Mahuad (el de la paz con el Perú y la entrega de la base de Manta para que empecemos a pensar en la otra frontera). Y deben rendir cuentas Gustavo Noboa, Lucio Gutiérrez, Alfredo Palacio y Rafael Correa.
Las violaciones aéreas a nuestro territorio han venido sucediendo reiteradamente al menos durante cinco años sin que, de parte de los representantes del Estado ecuatoriano existiera el manejo adecuado.
Por esas actitudes erráticas se han producido otros problemas durante los cuales tampoco se tomaron las acciones diplomáticas y militares que correspondían.
¿Cuál ha sido el impacto? Heridos, muertos, detenidos injustamente, lanzamiento de granadas y proyectiles a territorio ecuatoriano, fumigaciones unilaterales, miles de desplazados a nuestro territorio, constantes y costosos movimientos de militares y policías ecuatorianos, miles de millones de dólares en gastos operativos, falta de preparación técnica y desconcierto en las Fuerzas Armadas…
Fue una falta de interés y decisión de parte de los jefes de Estado: “Cuando las Fuerzas Armadas presentábamos evidencias claras de que el conflicto podía contagiar al Ecuador si no tomábamos acciones pacíficas pero firmes, la respuesta era que estábamos exagerando”, dice un alto oficial que estuvo cerca del proceso entre el 2000 y el 2007.
¿En qué devino todo eso? En que el errático manejo diplomático y militar de los regímenes permitió la impunidad del Ejército colombiano para actuar en nuestro territorio. En que terminado el conflicto con el Perú los mandatarios ecuatorianos descuidaron renovar sus estrategias, sus mandos, sus cuadros, su logística, sus maneras de asumir los nuevos escenarios geopolíticos regionales, muy distintos a los de los años de la litis con el vecino del sur.
Los gobiernos, desde Mahuad hasta Correa, han sido incapaces de proponer ideas creativas e intentar construir consensos que unan al país y que construyan, desde una perspectiva pluralista y amplia, una alternativa al Plan Colombia y Plan Patriota, financiados por Estados Unidos, una política de grandes objetivos de desarrollo, soberana pero concreta y no retótica ni idílica como parece pretender un sector oficialista.
Urge crecer como país. La Asamblea Constituyente todavía tiene la oportunidad de cambiar la estructura del Estado y los dirigentes políticos deben liderar el diseño de una sólida y moderna estructura jurídica, social, militar y diplomática para enfrentar los retos que puedan venir.
Ya lo dijo el canciller brasileño Oswaldo Aranha en 1941 cuando la representación de Ecuador protestó al firmar el Protocolo de Río de Janeiro y perdió la mitad de su territorio: “Vayan y digan a su país que primero se una y fortalezca. Una vez que sean fuertes, reclamen al mundo sus derechos”.
Hay que mostrar que Ecuador merece respeto, que es capaz de tomar decisiones independientes, soberanas y dignas basadas en la fortaleza de sus nuevas instituciones pero, sobre todo, en el talento y la visión de sus líderes para armar equipos de gobierno con las personas más adecuadas, honestas y capaces, y para que en el futuro los mandatarios sepan actuar, dentro y fuera, con altivez y dignidad, pero con serenidad y madurez.
Por Rubén Darío Buitrón
¿Cuál es el criterio de los noticiarios de televisión cuando en la sección de Farándula aparece una nota de pocos segundos en la que el cantautor cubano Silvio Rodríguez opina sobre la transición del poder en la isla?¿Cómo se arma la pauta para que la reflexión política de un importante artista y poeta del continente se convierta en una información tan fugaz como el paseo de las candidatas a Miss Ecuador por las provincias mientras cuidan la línea?Es difícil comprender cuáles son los criterios para que un noticiero se vuelva un espectáculo superficial y vacío de contextualización sobre los hechos que el mismo noticiero pone en la agenda, como la extracción de un quiste a la súper modelo Noami Campbell, mientras se omiten importantes noticias culturales -entre ellas el premio Alfaguara de Novela al escritor Antonio Orlando Rodríguez o el por qué de la vigencia de un personaje mítico como Harry Potter en una sociedad pragmática y acelerada.Al final, al público le queda una mezcla de percepciones, incertidumbres, sensaciones, intuiciones, indignaciones y confusiones. Mezcla que no logra digerir porque inmediatamente viene la telenovela de moda o porque la barrera invisible que le ponemos para comprender los hechos lo hace un ser pasivo, reactivo e incapaz de entender su rol humano y ciudadano.Esa condición de espectador (alguien que mira un objeto o asiste a un espectáculo, según la Real Academia Española) no deliberante lo vuelve víctima de un fulgurante juego de imágenes, escenarios y retazos de testimonios que lo impactan pero no lo involucran para que decida actuar.Y no son solo los noticiarios. Si el televidente hace zapping verá otra realidad segmentada: el fútbol. Cae el poderoso equipo guayaquileño Barcelona a manos del modesto Espoli. Termina el partido. Los narradores se despiden. Dan paso al siguiente programa. No hay tiempo para dar luces a los desconcertados hinchas que necesitan saber qué pasa con el club, por qué pese a la inversión de 10 millones de dólares el equipo no camina. Es un periodismo de mucho vértigo y poca reflexión. Sabemos que todo hecho relevante tiene antecedentes y consecuentes, pero olvidamos este principio básico y contamos los acontecimientos de manera inconexa y aislada, no como parte de un proceso.Ejemplos: la secuela de las inundaciones por los años de imprevisión y negligencia, la crisis en la selección nacional por el polémico manejo de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, la información cultural que se queda en lo fashion de los premios Oscar y no nos habla de los méritos estéticos de los ganadores.Teóricamente, la función de la prensa es construir ciudadanía entregando a la sociedad elementos de juicio para entender la realidad. Pero eso dice la teoría, la práctica no: con razón el investigador Danny Schechter afirma que en el siglo XXI “tenemos más información pero menos herramientas para la comprensión”.