Posted Marzo 24, 2008 by Rubén Darío Buitrón Aguirre
Categories: Medios y politica

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A propósito del conflicto diplomático Ecuador-Colombia

Posted Marzo 18, 2008 by Rubén Darío Buitrón Aguirre
Categories: General

Técnicas de Desinformación. Manual para una Lectura Crítica de la Prensa. 
 ,octubre de 2003
AUTORES: Grupo de Aprendizaje Colectivo “Comunicación Popular” de la Escuela Popular de Prosperidad.
EDITORIAL: “Sentimientos kontra el poder” y Escuela Popular de Prosperidad.
LUGAR: Madrid. 64 pp.

Se trata de un material en formato cuaderno, en el que de la elaboración colectiva de este grupo de aprendizaje de la Prospe, sale un auténtico manual de cómo desinformar.

En tan sólo 27 páginas, ya que el resto es un anexo con noticias de prensa fotocopiadas, que sirven para ejemplificar las explicaciones, se destripa una a una cualquier posibilidad que tiene un/na profesional del gremio o un medio de comunicación, para inventar, falsear o distorsionar la realidad que nos llega a l@s lector@s en forma de noticia.

El trabajo se divide en tres partes: la primera aborda la estructuración de la información en el periódico; cómo la localización de la noticia, la composición de su entorno, como se articula la información dentro de un texto etc. influyen en destacar algunas cosas para hacer pasar desapercibidas otras. La segunda parte se centra en analizar el lenguaje, escrito o visual, convertido en poderosa herramienta manipuladora.

Por último la tercera parte estudia directamente los contenidos informativos.

En un estilo directo, sencillo, explicado todo con ejemplos reales, pero no por ello con un afán menos exhaustivo, este cuaderno -auténtico bestseller del mundillo alternativo- se ha convertido en una referencia imprescindible para la gente interesada en cuestiones de contrainformación.

“Si tuviéramos que rectificar lo haríamos, pero no es el caso”

Posted Marzo 16, 2008 by Rubén Darío Buitrón Aguirre
Categories: General


Vicente Jiménez | Director adjunto del diario “El País” de Madrid
Rubén Darío Buitrón

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INTERNET
Vicente Jiménez ,
director adjunto del diario “El País” de Madrid
Las normas básicas del buen periodismo dicen que hay que ir directamente a las fuentes, preguntar, confrontar, cruzar información, verificar, ser plural, poner en escena a todos los actores de los hechos que se cuentan.¿Cumplió el diario español “El País” esos requisitos básicos, que incluyen un manejo ético y equilibrado de la información, al publicar el pasado miércoles, en tres páginas y con titular en portada, el reportaje “Las FARC hallan refugio en Ecuador”?El gobierno del presidente Rafael Correa reaccionó con indignación frente al reportaje. Rechazó lo que la periodista afirma en el texto, envió cartas aclaratorias que se publican hoy en el periódico y amenazó con enjuiciar a ese medio de comunicación.Vía telefónica nos comunicamos en Madrid con Vicente Jiménez, director adjunto de “El País”.

En una entrevista con EXPRESO, Jiménez defiende a rajatabla lo publicado y dice apostar por la credibilidad y la confianza en su reportera Maite Rico, quien escribió el reportaje desde Bogotá.

¿En qué criterios se basó El País para publicar el reportaje sobre las FARC y Ecuador? Se trata, a nuestro juicio, de una nota sin confrontar con la parte acusada y apoyada en fuentes ocultas…

Tu pregunta está cargada de intención. El criterio que tiene El País a la hora de publicar no esta, sino todas las informaciones, es el mismo: el interés de la información, su relevancia, el contraste de fuentes, el chequeo de la información… Como tú bien has dicho, cuando se trata de informaciones sensibles en las que se involucran servicios de inteligencia, obviamente el manejo de fuentes no es el mismo que el de una rueda de prensa. Es información que requiere una elaboración distinta , pero el criterio es el mismo que sigue habitualmente el periódico.
Pero no se confrontó con la otra parte. Por ejemplo, cuando dice que “el antiguo guerrillero no tiene pelos en la lengua y lanza gravísimas acusaciones contra las autoridades”, la periodista no llamó a estas autoridades…

Hay informaciones, como tú bien sabes, en las que el contraste a veces es difícil porque la fuente a la que hay que recurrir para contrastar no quiere hacerlo, no quiere comentar por ser el tipo de información que es.
¿Es decir, no se confrontó?

No voy a ponerme a discutir por qué determinada frase de un determinado guerrillero no se confrontó con la fuente apropiada o el organismo gubernamental. Lo único que puedo decir es que esa información el periódico la publicó porque consideró que tenía interés, que éramos conscientes de que era una información delicada, sensible, pero sí se confrontó, hay diversas fuentes, de inteligencia, incluso de la OEA…
El secretario de la OEA reaccionó con dureza y rechazó la versión…

Ya sé que la OEA asegura que ninguno de sus funcionarios ha hablado con El País, pero eso es absolutamente falso. Claro que dudo mucho que ese funcionario por iniciativa propia quiera confesar que habló con El País. Pero, bueno, esto es lo habitual en informaciones sensibles en las que están en juego la credibilidad de los gobiernos, las relaciones de los gobiernos de Colombia, Venezuela y Ecuador, las relaciones con un grupo guerrillero considerado por Colombia como terrorista.
¿Midieron el impacto que tendría el reportaje?

Entendimos que era una información que despertaría mucha polémica y que obviamente no sería del agrado de todos, pero el periódico debe mantener su política que es informar todo aquello que considera relevante. Obviamente, para El País todo lo que sucede en Ecuador, Colombia, Venezuela, en toda América Latina, es de principal interés.
Si el gobierno ecuatoriano plantea una demanda contra El País, ¿cuál será su respuesta?

Lo habitual, porque no será la primera ni la última vez. Si se produjera la demanda hablaríamos con nuestros servicios jurídicos y ellos, por supuesto, darían la respuesta adecuada.
¿El otro escenario sería la rectificación del reportaje si el gobierno ecuatoriano demostrara que no es cierto lo que se afirma?

El País publicará mañana (hoy) una carta del embajador de Ecuador en España y también una carta del secretario de la OEA. No tenemos el más mínimo problema en publicar la versión que quieran dar las personas que se consideran afectadas por una información.
La pregunta es si El País rectificaría en caso de que se demuestre que lo publicado no se ajusta a la realidad…
Nuestro deber es valorar la información y lo haríamos si ocurriera lo que tú dices. Pero una cosa sí debe quedar muy clara: El País responde plenamente por lo que afirma la periodista que hizo esa información.
¿Descarta usted un sesgo en el contenido?

El periódico no tiene ningún tipo de animadversión contra los gobiernos legítimos de Correa, Uribe o Chávez. Eso sí, tenemos todo el derecho a publicar aquellas informaciones que en función de los procedimientos éticos que manejan nuestros periodistas consideremos susceptibles de ser publicadas.
¿Aunque no tenga todos los elementos de una nota consistente?

Tiene todos los elementos y El País puede sustentar lo que afirma el reportaje. Si a partir de ahí el gobierno de Correa considera oportuno acudir a los tribunales y emprender acciones legales, tiene todo el derecho a hacerlo.
¿Por qué la nota se hizo desde Bogotá y no desde Quito?

No sé muy bien adónde quieres llegar con la pregunta…
Al equilibrio, a la contrastación, ustedes siempre han sido un referente de buena información…

Eso no tiene nada que ver con Quito, Bogotá o Caracas. El País actúa igual en todo lugar. Acertamos, nos equivocamos y en ocasiones merecemos premios. Nuestro criterio sobre la violencia política es el mismo en Bogotá, Quito o Pekín.
¿El País se ratifica, entonces, en todo lo publicado?

No voy a entrar a discutir el procedimiento y la forma en que ha trabajado nuestra periodista. No voy a entrar en cuáles son nuestras formas de trabajar. El compromiso que tenemos es con nuestros lectores y con unos procedimientos que defiendo.
¿No existe la posibilidad de rectificar, en caso de que se demostrara lo contrario?

Esa respuesta está en la valoración que hizo el periódico de la nota de la periodista. Está en el hecho de haber publicado la información y que le haya dado tres columnas en primera página y tres páginas en su sección internacional. Eso es todo lo que puedo decir sobre esto.
¿Aceptan públicamente un error, si lo llegan a cometer?

El periódico no tiene ni ha tenido jamás ningún empacho en reconocer los errores, cuando así lo amerita. El País no tiene ningún problema en publicar rectificaciones. En el caso que nos ocupa publicaremos las cartas, pero no rectificaremos porque creemos en la capacidad de Maite Rico, cuyo trabajo El País defiende y avala.
Nombre:
Vicente Jiménez Navas.
Quién es:
Director adjunto del diario El País, de España.
Trayectoria:
Es catalán. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.
Hasta 1990 estuvo en el Periódico de Catalunya. Ese año pasó a la redacción de El País, en Madrid, donde ha ocupado distintos cargos, desde la dirección de Tentaciones hasta subdirector de redacción.

Prensa ecuatoriana cuestiona falta de un plan de comunicación oficial

Posted Marzo 14, 2008 by Rubén Darío Buitrón Aguirre
Categories: General

El reportaje publicado por el diario El País de España respecto a que supuestamente el territorio nacional se ha convertido en un “santuario” del grupo guerrillero colombiano, ha causado revuelo en las autoridades, líderes de opinión, y periodistas, en el Ecuador.

Este jueves nuevamente el Ministro de Defensa, Wellington Sandoval, rechazó las afirmaciones hechas por el medio de comunicación y reiteró que Ecuador, “no ha sido, no es, ni será, un santuario de las FARC”. También apareció el encargado de la comunicación oficial, Vinicio Alvarado, quien denunció que existe un plan mediático liderado por Colombia para desacreditar al gobierno ecuatoriano.

La prensa ecuatoriana también ha comenzado a reaccionar ante la ofensiva mediática colombiana y ha cuestionado la inexistencia de un plan de comunicación sólido del gobierno ecuatoriano.

El periodista, Rubén Darío Buitrón, editor especial del diario Expreso de Guayaquil, dijo a Andrés Carrión de Canal Uno, que es lamentable que el gobierno no defina una línea de comunicación clara y precisa para enfrentar este tipo de informaciones que desacreditan al país.

Insistió que los comentarios publicados por el diario El País no tienen sustento técnico, profesional y están muy mal elaborados. “Es el antiperiodismo por la serie de hechos absurdos e inconsistentes” el artículo publicado por el mencionado diario español, precisó Buitrón.

El error de El Tiempo de Bogotá

Posted Marzo 13, 2008 by Rubén Darío Buitrón Aguirre
Categories: Medios y politica

 

¿Periodismo patriótico?
Por Rubén Darío Buitrón
¿Cuál es la relación entre la verdad oficial y el silencio mediático? ¿Cuál debe ser la actitud de un periodista en un conflicto fronterizo? ¿Cuál es el límite entre la información que le conviene a los poderes y la información que la prensa tiene la obligación de investigar y publicar? ¿Cambian las normas éticas del ejercicio periodístico cuando está en juego la soberanía nacional?
Al periodismo le corresponde registrar los hechos tal como se producen. Buscar la verdad con honestidad y equilibrio. Acercarse a la realidad, sentirla, comprobarla, confrontarla y contarla.
Le corresponde contextualizar, profundizar, relacionar el presente con el pasado, proyectar escenarios futuros sobre datos verificados y verificables, fuentes fidedignas y confiables, confrontación de versiones, análisis de documentos y puntos de vista de uno y otro lado.
Le corresponde no quedarse en el qué sino indagar, con responsabilidad y sin autocensuras cívicas, los porqués y cómos de esos hechos.
Ciertos maestros del periodismo suelen decir que “en un conflicto la primera víctima es la verdad”. ¿Cuánta resignación esconde esta supuesta teoría incontrastable? ¿Cuánto conformismo? ¿Cuánta complicidad y cuántas omisiones? ¿Cuánto mal entendido patriotismo? ¿Cuánto renunciamiento a la esencia del oficio?
El conflicto diplomático entre Ecuador y Colombia desnuda la serie de confusiones, errores de perspectiva e intencionalidades que existen en torno a la batalla mediática.
Desde el lado ecuatoriano, un vocero del Gobierno pide a los medios nacionales que se unan para contrarrestar el bombardeo informativo internacional que privilegia las versiones oficiales de Colombia.
Esa no es la solución. A los periodistas de los medios les corresponde informar y confrontar versiones, no convertirse en voceros oficiales.
El funcionario olvida que los problemas deben empezar a resolverse por casa: ¿qué espera el régimen para diseñar y poner en marcha una política estatal de comunicación? ¿Hasta cuándo los funcionarios cercanos al presidente Correa siguen pensando que la información y la comunicación se resuelven con millonarios gastos en cuñas de radio y televisión donde es más la retórica que la sustancia?
Otra cosa es lo que hacen el periodismo colombiano y medios como diario El País de España.
La colombiana se muestra como una prensa militante que olvida su rol y asume como propias versiones basadas en documentos “de inteligencia militar” no necesariamente reales o probados.
El gigantesco error (¿error?) de diario El Tiempo de Bogotá al publicar una supuesta foto de Gustavo Larrea con Raúl Reyes, justamente el día que se reúne la OEA, muestra el daño que se hace al periodismo cuando se asume el ser “patriota” por sobre la obligación de publicar hechos y no razones de Estado con máscara de “noticia bomba”.
En el caso del reportaje de El País de España se trata de una ligereza, llena de arrogancia y sin equilibrio, basada en el testimonio de un personaje que no sabemos si existe, a lo que se añaden informes sesgados, fuentes ocultas y datos no confrontados.

La prensa independiente no puede jugar a la guerra sino a la paz, porque la paz es el bien común.
Pero para eso hay que exigir transparencia al poder: los periodistas no dejan de amar a la patria cuando revelan hechos que el poder no puede ni debe negar. Y tampoco aman a la patria cuando mienten en función de un interés geopolítico. 

Así que el “periodismo patriótico” (si existe esta especialidad) es hacer el trabajo desde la ética y los hechos concretos, no desde el chauvinismo o las emociones.

De las lecciones aprendidas al liderazgo maduro

Posted Marzo 9, 2008 by Rubén Darío Buitrón Aguirre
Categories: General


El conflicto diplomático entre Colombia y Ecuador, afortunadamente superado este viernes 7 en la Cumbre de Río gracias a la inteligente y solidaria gestión de los presidentes de la región, se veía venir.

No fue, como muchos creyeron, consecuencia de la incursión militar colombiana a la selva ecuatoriana para matar al guerrillero Raúl Reyes, una de las cabezas de las FARC.

El conflicto fue resultado de un manejo equívoco y negligente de los sucesivos gobiernos ecuatorianos frente a un problema que los mandatarios y sus gabinetes no fueron capaces de afrontar y pensar con visión estratégica.

Existe responsabilidad y una serie de graves omisiones de los regímenes que han gobernado nuestro país desde el 2000, cuando se inició la aplicación del Plan Colombia (antiterrorista y antidrogas) con apoyo de Estados Unidos. Y por esas responsabilidades deberá rendir cuentas Jamil Mahuad (el de la paz con el Perú y la entrega de la base de Manta para que empecemos a pensar en la otra frontera). Y deben rendir cuentas Gustavo Noboa, Lucio Gutiérrez, Alfredo Palacio y Rafael Correa.

Las violaciones aéreas a nuestro territorio han venido sucediendo reiteradamente al menos durante cinco años sin que, de parte de los representantes del Estado ecuatoriano existiera el manejo adecuado.

Por esas actitudes erráticas se han producido otros problemas durante los cuales tampoco se tomaron las acciones diplomáticas y militares que correspondían.

¿Cuál ha sido el impacto? Heridos, muertos, detenidos injustamente, lanzamiento de granadas y proyectiles a territorio ecuatoriano, fumigaciones unilaterales, miles de desplazados a nuestro territorio, constantes y costosos movimientos de militares y policías ecuatorianos, miles de millones de dólares en gastos operativos, falta de preparación técnica y desconcierto en las Fuerzas Armadas…

Fue una falta de interés y decisión de parte de los jefes de Estado: “Cuando las Fuerzas Armadas presentábamos evidencias claras de que el conflicto podía contagiar al Ecuador si no tomábamos acciones pacíficas pero firmes, la respuesta era que estábamos exagerando”, dice un alto oficial que estuvo cerca del proceso entre el 2000 y el 2007.

¿En qué devino todo eso? En que el errático manejo diplomático y militar de los regímenes permitió la impunidad del Ejército colombiano para actuar en nuestro territorio. En que terminado el conflicto con el Perú los mandatarios ecuatorianos descuidaron renovar sus estrategias, sus mandos, sus cuadros, su logística, sus maneras de asumir los nuevos escenarios geopolíticos regionales, muy distintos a los de los años de la litis con el vecino del sur.

Los gobiernos, desde Mahuad hasta Correa, han sido incapaces de proponer ideas creativas e intentar construir consensos que unan al país y que construyan, desde una perspectiva pluralista y amplia, una alternativa al Plan Colombia y Plan Patriota, financiados por Estados Unidos, una política de grandes objetivos de desarrollo, soberana pero concreta y no retótica ni idílica como parece pretender un sector oficialista.

Urge crecer como país. La Asamblea Constituyente todavía tiene la oportunidad de cambiar la estructura del Estado y los dirigentes políticos deben liderar el diseño de una sólida y moderna estructura jurídica, social, militar y diplomática para enfrentar los retos que puedan venir.

Ya lo dijo el canciller brasileño Oswaldo Aranha en 1941 cuando la representación de Ecuador protestó al firmar el Protocolo de Río de Janeiro y perdió la mitad de su territorio: “Vayan y digan a su país que primero se una y fortalezca. Una vez que sean fuertes, reclamen al mundo sus derechos”.

Hay que mostrar que Ecuador merece respeto, que es capaz de tomar decisiones independientes, soberanas y dignas basadas en la fortaleza de sus nuevas instituciones pero, sobre todo, en el talento y la visión de sus líderes para armar equipos de gobierno con las personas más adecuadas, honestas y capaces, y para que en el futuro los mandatarios sepan actuar, dentro y fuera, con altivez y dignidad, pero con serenidad y madurez.

comunicar y madurar

Posted Marzo 6, 2008 by Rubén Darío Buitrón Aguirre
Categories: Medios y politica

El presidente Rafael Correa apostó por la diplomacia “en caliente”. El pasado lunes emprendió una gira que puede resultar clave para consolidar la tesis soberana del Ecuador en la crisis diplomática con Colombia.
Aunque Correa mantiene un lenguaje innecesariamente agresivo, su mensaje es positivo: como ecuatorianos que mantenemos lazos familiares, fraternos, afectivos e históricos con nuestro hermano pueblo, queremos la armonía en la región, tendemos  la mano a Colombia para aportar a la paz, pero exigimos respeto a nuestra soberanía territorial.
Ecuador como Estado y como pueblo ha sufrido los efectos de la guerra interna de Colombia con fumigaciones, miles de desplazados, ataques a civiles y reiteradas violaciones del espacio aéreo.
Ingentes recursos económicos se han destinado a la movilización permanente de diez mil soldados para que resguarden la compleja frontera binacional. Los efectos del conflicto los ha costeado el Ecuador de su propio bolsillo mientras el vecino país recibe millonarias sumas y logística gracias al Plan Colombia y al Plan Patriota, financiados por el gobierno de Estados Unidos.
Pero no es el momento de asumirnos como víctimas sino de mirarnos en el espejo.
Con menos tensión tras el triunfo diplomático en la OEA, leamos una de nuestras debilidades: por sus miradas cortoplacistas y clientelares, los sucesivos gobiernos, incluido el de Correa, han descuidado un elemento que en el siglo de las comunicaciones es esencial: el diseño de una estrategia mediática que informe al país no solo los logros y los discursos del régimen de turno sino que consolide, gracias a una amplia deliberación nacional previa, concienciación y compromiso en torno a los grandes objetivos del país como son la unidad en la diversidad, la producción, el empleo, la educación, la cultura, la salud pública, el civismo, el respeto, la tolerancia y la difusión de las identidades.
Reconozcámoslo frente al espejo: la sensación de que para el mundo no existimos y que tenemos poco peso internacional tiene que ver con nuestros complejos de inferioridad y baja autoestima porque los grandes responsables (educativos y mediáticos) quedan a medias en cumplir su rol.
Ahora que en la prensa internacional ha quedado evidente el desbalance entre la información oficial de Colombia y Ecuador, urge una política estatal de comunicación que no convierta a sus medios (radio, canal y periódico) en relacionistas públicos del Presidente sino en parte de una estrategia en función del Ecuador que la mayoría queremos construir.
Es muy pobre reducir las acciones de comunicación de un régimen a inundar los medios privados con cuñas publicitarias sesgadas y sobredimensionadas desde el interés de ganar votos o recuperar la popularidad.
Armar un sistema mediático en el cual, democrática y pluralmente, todos podamos expresarnos no es difícil ni complejo, pero requiere voluntad política, serenidad y generosidad patriótica. He ahí un reto para un gobierno y una sociedad que a fuerza de los hechos les toca madurar.

el espectador

Posted Febrero 28, 2008 by Rubén Darío Buitrón Aguirre
Categories: Periodismo

 Por Rubén Darío Buitrón 

¿Cuál es el criterio de los noticiarios de televisión cuando en la sección de Farándula aparece una nota de pocos segundos en la que el cantautor cubano Silvio Rodríguez opina sobre la transición del poder en la isla?¿Cómo se arma la pauta para que la reflexión política de un importante artista y poeta del continente se convierta en una información tan fugaz como el paseo de las candidatas a Miss Ecuador por las provincias mientras cuidan la línea?Es difícil comprender cuáles son los criterios para que un noticiero se vuelva un espectáculo superficial y vacío de contextualización sobre los hechos que el mismo noticiero pone en la agenda, como la extracción de un quiste a la súper modelo Noami Campbell, mientras se omiten importantes noticias culturales -entre ellas el premio Alfaguara de Novela al escritor Antonio Orlando Rodríguez o el por qué de la vigencia de un personaje mítico como Harry Potter en una sociedad pragmática y acelerada.Al final, al público le queda una mezcla de percepciones, incertidumbres, sensaciones, intuiciones, indignaciones y confusiones. Mezcla que no logra digerir porque inmediatamente viene la telenovela de moda o porque la barrera invisible que le ponemos para comprender los hechos lo hace un ser pasivo, reactivo e incapaz de entender su rol humano y ciudadano.Esa condición de espectador (alguien que mira un objeto o asiste a un espectáculo, según la Real Academia Española) no deliberante lo vuelve víctima de un fulgurante juego de imágenes, escenarios y retazos de testimonios que lo impactan pero no lo involucran para que decida actuar.Y no son solo los noticiarios. Si el televidente hace zapping verá otra realidad segmentada: el fútbol. Cae el poderoso equipo guayaquileño Barcelona a manos del modesto Espoli. Termina el partido. Los narradores se despiden. Dan paso al siguiente programa. No hay tiempo para dar luces a los desconcertados hinchas que necesitan saber qué pasa con el club, por qué pese a la inversión de 10 millones de dólares el equipo no camina. Es un periodismo de mucho vértigo y poca reflexión. Sabemos que todo hecho relevante tiene antecedentes y consecuentes, pero olvidamos este principio básico y contamos los acontecimientos de manera inconexa y aislada, no como parte de un proceso.Ejemplos: la secuela de las inundaciones por los años de imprevisión y negligencia, la crisis en la selección nacional por el polémico manejo de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, la información cultural que se queda en lo fashion de los premios Oscar y no nos habla de los méritos estéticos de los ganadores.Teóricamente, la función de la prensa es construir ciudadanía entregando a la sociedad elementos de juicio para entender la realidad.                                                                                                                                                             Pero eso dice la teoría, la práctica no: con razón el investigador Danny Schechter afirma que en el siglo XXI “tenemos más información pero menos herramientas para la comprensión”.  

la década robada

Posted Febrero 21, 2008 by Rubén Darío Buitrón Aguirre
Categories: Medios y politica

Rubén Darío Buitrón
Cuando reflexionamos sobre el impacto de la tragedia queda claro que no solo tenemos gobiernos nacionales y seccionales con el mayor índice de corrupción en el mundo sino, también, con un patético analfabetismo funcional que no les deja aprender las lecciones de la historia.
Hace una década lo vivimos. Extensas zonas de arroz, cacao, banano, plátano, azúcar y camarón bajo el agua. Carreteras destrozadas. Decenas de pueblos serranos incomunicados. Ciudades costeras semidestruidas. Decenas de barrios inundados. Una Defensa Civil incapaz de prestar atención digna a los damnificados. Miles de ecuatorianos enfermos. Mucho dinero de emergencia para obras urgentes que nunca se hicieron. Promesas de reconstrucción del sistema vial que nunca se cumplieron.
Una década más tarde termina la larga noche neoliberal que, según quienes hoy manejan el poder político, fue la culpable de esos males.
Pero el amanecer del socialismo del siglo XXI ya ha cumplido un año. Y si suponemos  que están al mando de la nación políticos jóvenes con visión integral de lo que debe ser el futuro, la realidad choca con la retórica.
Casi un mes después de iniciada la tragedia, el Presidente firma decretos de emergencia nacional y cede a las Fuerzas Armadas la iniciativa operacional y logística para el auxilio a los damnificados.
Los ministros se movilizan de Quito a Guayaquil en aviones para ofrecer ruedas de prensa en oficinas con aire acondicionado y botellitas de agua para refrescarse.
Suben a un helicóptero para mirar la tragedia desde la altura y tener algo que decir a los reporteros que los esperan abajo, pero no se enlodan los zapatos en las zonas anegadas, no sienten frío ni hambre, no sufren las carencias y enfermedades que atraviesan cientos de miles de angustiados compatriotas.
Alguien dirá que este análisis es injusto y ligero, que no se puede comparar un régimen de apenas 12 meses con la negligencia y corrupción de 30 años, pero, entonces, ¿cuánto habrá que esperar para comprobar la capacidad de previsión del Gobierno?
Las escenas de hace diez años y las de ahora muestran la misma imprevisión, insensibilidad e incapacidad de atender a quienes no suman en encuestas electorales o no tienen mecanismos de presión para exigir sus derechos.
Mi abuelo, que no creía en los políticos, solía repetir que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Yo pensaba que eso era un pretexto de quienes no hicieron nada para cambiar el país y se escudaban en el escepticismo.
Pero tenía razón. Las tragedias ecuatorianas muestran que ni el neoliberal(ismo) ni el social(ismo) han asumido y asumen con sensibilidad de futuro los problemas nacionales que realmente son estos, no los concursos de improperios y jugadas de ajedrez entre “pelucones” y “revolucionarios”.                                                                                                  Son las jugadas que a los periodistas y medios nos encanta poner en escena mientras relegamos a segundo plano nuestro deber ético: ser el escenario de rendición de cuentas de una década robada al desarrollo y a la equidad social.

lo que realmente importa

Posted Febrero 16, 2008 by Rubén Darío Buitrón Aguirre
Categories: Medios y politica

 Por Rubén Darío Buitrón
Mucha gente me llamó para contarme que en un programa de televisión del domingo pasado el Presidente ha dicho que me considera “un buen periodista”.
Yo también lo vi. Por ética y responsabilidad profesional me obligo a escuchar a quienes nos gobiernan. Lo hago también por deber ciudadano, porque creo que una de nuestras obligaciones como miembros de una sociedad en conflicto es aprender a leer lo que el poder nos dice y, sobre todo, lo que calla, lo que no nos dice.
En aquel programa el Presidente desenfundó su lanzallamas y arrojó todo el poder de fuego contra Carlos Vera, Emilio Palacio, Alfonso Espinosa y Jorge Ortiz, entre otros. Yo me salvé…
Fue curiosa la reacción de quienes me conocen y se tomaron la molestia de llamarme. Unos me felicitaron porque el Mandatario “respeta al menos a un periodista”. Otros, compasivos, me dijeron que no sabían si eso “era bueno o malo” para mí. Y otros estaban sorprendidos, pues mi último encuentro con el Presidente en una entrevista fue bastante conflictivo.
¿Me suma o resta la opinión presidencial? No. Yo rechazo que el poder califique o descalifique a sus opositores y a sus críticos por una opinión con la cual él no está de acuerdo, por su aspecto físico o por sus relaciones familiares.
Por extensión también rechazo que a los periodistas se les desacredite por su condición humana y que este sea el mecanismo por el cual el poder, en este caso la máxima autoridad de la nación, evita el debate sereno de los contenidos del ejercicio mediático basado en los hechos.
Más allá de eso, lo que me preocupa, con respeto a quienes lo hicieron, es la reacción de la mayoría de esas personas que se comunicaron conmigo. 
De ellas me quedó la creciente sensación de que no nos damos cuenta de la superficialidad del discurso del mandatario. De que un año después de asumir el mando siga diciendo que “tenemos la Presidencia y la Asamblea pero no el poder”, de que no hable de logros específicos aparte de bonos y subsidios, de que no se refiera a la economía concreta, a la producción, al empleo, al combate contra los grandes corruptos (no al burdo show del “hombre del maletín”), a la responsabilidad histórica de Acuerdo País para diseñar una constitución a la altura de las demandas ciudadanas y del entorno mundial.
Estamos ahogándonos en un agitado mar de diatribas, insultos, cegueras ideológicas y regionalismos enfermizos.
¿Por qué no deliberamos sobre la falta de prevención para evitar el impacto del invierno, la negligencia anual para no anticipar lo previsible de los fenómenos naturales, el pésimo estado de las carreteras “en emergencia militar”, las otras visiones del país que no son las dos que quieren imponernos, la demanda social de transparentar la gestión pública?
Nada cambiará mientras seamos piezas de un ajedrez donde la vieja partidocracia y los nuevos políticos tienden cortinas de humo para evitar rendir cuentas sobre lo que realmente importa.

Ha llegado la hora de entender que somos parte de un juego perverso. Ha llegado la hora de asumir una ciudadanía responsable, decidida a tomar acciones por fuera de la retórica hueca, el montaje y la escenografía.