Si la gente ya conoce las noticias la noche anterior.

Si los tuiteros y blogueros difunden la información al momento que se produce.

Si casi todo ya está en las web, ¿cómo hacer para que los lectores busquen los periódicos al día siguiente?

Busquemos una respuesta en esta historia contada por el periodista español Juan Cruz Ruiz en su libro “¿Periodismo? Vale la pena vivir para este oficio”.

Eugenio Scalfari, el mítico fundador del diario italiano La Repubblica, hace (o se hace a él mismo) las preguntas ante un auditorio de 40 periodistas, alumnos de un diplomado en una universidad de Madrid.

Obviamente, los estudiantes no están quietos.

Escuchan con veneración al maestro, lo resumen en 140 caracteres en sus tablets o smartphones y lo envían a sus seguidores en tuiter.

Scalfari se percata y con sonrisa nostálgica se burla de sí mismo y dice que en otros tiempos esa “conferencia magistral” la hubiera leído al día siguiente…

“La fuerza de los impresos ya no reside en dar información a secas”, advierte en tono filosófico.

Alguien alza la mano y pregunta: ¿Tiene futuro el medio impreso?

Él dice sí, pero a cambio de “construir un periodismo de reflexión, de contextos y sorpresas, de historias a fondo sobre gente común y sus intereses cercanos, de grandes revelaciones sobre la corrupción del poder económico, político o militar”.

¿Hay espacio para tener miedo al futuro?

No. Hay espacio para recuperar la fuerza informativa de la prensa escrita.

Pero eso depende de que hagamos periodismo de excelencia.

Es decir, según Scalfari, periodismo sin nostalgia.

No obstante, la reflexión se queda corta. Sobre este tema conversamos informalmente con Mauricio C., un ecuatoriano residente en Europa, con quien solemos hablar a fondo de periodismo.

Comenta Mauricio que Scalfari olvida que todo eso (periodismo reflexivo, historias profundas, grandes investigaciones sobre el poder) se puede hacer también en un medio digital, sin limitaciones de espacio y con una mayor audiencia potencial.

“La prueba de esto son diarios como The New York Times, The Guardian y El País, donde los artículos de fondo en sus versiones electrónicas pueden llegar a tener una calidad muy alta”, expresa Mauricio.

Entonces, precisa, la pregunta correcta es cómo hacer para que los lectores busquen los periódicos en cualquier soporte…

¿Por qué? “Cada vez más gente lee los diarios digitales desde su computadora, tableta o teléfono inteligente y lee menos las ediciones impresas”.

Es más, dice, hay nuevos periódicos como http://www.eldiario.es que solamente se publican en Internet y revistas en papel como Newsweek, que ahora sólo serán digitales.

Mauricio señala que afirmar que “los periódicos impresos sobrevivirán si la calidad de sus artículos se incrementa, es como decir que los cassettes perdurarán si mejora la calidad de las canciones que se pueden oír en ellos”.

Le respondo que es correcta su reflexión. Pero le hago notar que a diferencia de lo que puede estar ocurriendo con los grandes periódicos del mundo, en el Ecuador esas limitaciones de espacio y esa audiencia potencial de las que habla Mauricio acá todavía no tienen un mercado potente de lectores o ciberlectores.

Él refuta. Pero le insisto en que una las grandes causas de la crisis que viven grandes periódicos del mundo es haber apostado todo a lo digital, sin entender que la transición no puede ser brusca, sin hacer un estudio de fondo de cuáles son los soportes en que se sienten más cómodos los públicos.

A las personas puede gustarles leer periódicos en una I-Pad, pero al mismo tiempo aún tienen nostalgia del diario de papel (lo sé porque participé en un estudio sobre aquello el año pasado con grupos focales).

Lo ideal sería este momento producir el periódico digital con contenidos de excelencia, pero sin perder de vista, en ningún momento, las principales fuentes de financiamiento de un diario.

Y aquí está el problema. La rentabilidad de esas páginas web es tan mínima que incluso las agencias de publicidad, los anunciantes y los lectores exigen el periódico del día siguiente y ponen avisos en este periódico del día siguiente.

No obstante, aunque parezca contradictorio, debemos admitir que pese a los esfuerzos en vigencia (noticias al instante o en desarrollo, fotogalerías, productos multimedia, conexiones o links a blogs internos y externos), aún no hay contenidos de excelencia distintos a los del impreso.

Así que aún hay (tiene que haber) vida para los diarios de papel, pero a cambio de que nos esforcemos mucho por mejorar la calidad de los contenidos.

Lo que no significa que debamos descuidar la urgencia de apretar el acelerador para vigorizar las versiones digitales con decisión, con fuerza y, sobre todo, con excelentes valores agregados.

Al menos en el Ecuador de hoy, quien marque el ritmo de lo de papel y de lo digital será quien tenga la capacidad periodística (en velocidad simultánea y paralela) de generar lectoría y fidelidad y permanencia de un lector que ama leer historias.

Eso será futuro de excelente calidad.
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Ilustración de Zhang Linhai

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