Felipao

La palabra “periodismo” puede hacer verso con muchas otras que terminen en “ismo”, pero, en ningún caso, debe convertirse en sinónimo de conformismo.

Ser una persona conformista ya es, de hecho, un problema.

Pero es socialmente más grave transmitir ese conformismo a una numerosa audiencia que todos los días busca con avidez la información deportiva.

Al llegar a tantas personas con la idea de la resignación, a las puertas de dos partidos clave para Ecuador (con Perú en Lima y con Argentina en Quito) por la clasificación al Mundial 2014 en Brasil, lo que proyectan ciertos periodistas deportivos es, precisamente, una potencial actitud conformista en caso de que el equipo nacional no lograra conseguir un resultado positivo frente al astro Lionel Messi y su equipo rioplatense.

Vamos un poco atrás para entender mejor el tema.

El pasado miércoles 29, en Boca Ratón, Estados Unidos, se jugó un partido amistoso entre las selecciones de Alemania y Ecuador.

En apenas 23 minutos del primer tiempo, Alemania, con un equipo formado en su mayoría por suplentes, ya iba ganando cuatro goles a cero. Al final, el marcador fue de cuatro goles a dos.

Alemania, una máquina. ¿A alguien que sepa un poco de fútbol le sorprendió? No.

Lo que sorprendió fue que el entrenador y los jugadores ecuatorianos no fueran capaces de proponer una estrategia que estuviera a la altura de su rival.

Lo que sorprendió fue mirar un equipo nacional desdibujado, que no marcó, que dejó grandes espacios en la defensa, que se mostró confundido e intimidado.

Pero más sorprendió la actitud de los periodistas, en este caso -por poner un patético ejemplo- dos presentadores de noticias deportivas en la televisión local:

PRESENTADOR 1: Amigos, buenas noches. Un poco tristes por la derrota de la tricolor ecuatoriana. Buenas noches, NN. ¿Cómo estás?
PRESENTADOR 2: Hola, XY y amigos televidentes. Yo pienso que hay que tomar en cuenta que el rival fue Alemania.
PRESENTADOR 1: Sí, pero fue una goleada preocupante…
PRESENTADOR 2: Pero, XY, recuerda que Alemania es Alemania…
PRESENTADOR 1: Bueno, hummmm, es cierto, NN.
PRESENTADOR 2: Vamos con las noticias del día…

El problema parece ser que muchos periodistas deportivos no toman en serio lo que para millones de ciudadanos es parte de la vida, de los sueños, de los ideales, de las grandes alegrías colectivas y hasta de la autoestima nacional (¿recuerdan cómo influyó en la actitud de los ecuatorianos aquella consigna de “Sí se puede”?).

“El periodismo deportivo -dice la revista electrónica http://www.razonypalabra.org.mx en su ensayo “Deporte, Cultura y Comunicación”- posee una característica que a veces resulta controversial: la comprensión de la información como entretenimiento. Aunque prevalezca el principio de que el periodismo también tiene por función entretener (…), la tradición decimonónica del periodismo beligerante y político (preocupado por “serios acontecimientos” de interés público) llega hasta nuestros días enarbolando la legítima preocupación por un periodismo que ha dejado la información en segundo término y que apuesta todo contenido a lo atractivo, a lo que divierte, o a lo que signifique más ventas mediante recursos eminentemente publicitarios.
“(…) Si el periodismo deportivo puede ser susceptible de menosprecio entre los profesionales de la información periodística, comúnmente se debe a su nivel de infoentretenimiento.
“(…) Sergio Levinsky (2002: 150) es uno de los que se han mostrado contrariados ante las acusaciones que suelen pesar sobre un ejercicio periodístico desbordado de entretenimiento, apenas concentrado en “aquel mundo mágico y ajeno a las tragedias habituales de la vida” (y) denigrado como el “show” diario de
declaraciones absurdas y de réplicas en muchos casos idiotizantes y a la vez útiles para llenar espacios”.

Pero si fuera así, ¿por qué la información deportiva se incluye dentro de un noticiario de televisión o de radio?

¿Por qué son tan importantes los espacios periodísticos deportivos en la prensa escrita?

¿Por qué un resultado adverso o un marcador favorable influyen tanto en los aficionados e hinchas y, en consecuencia, de toda la sociedad?

Y, finalmente, ¿por qué cuando gana la selección al día siguiente es distinto el ánimo ciudadano y las calles huelen a alegría?

Aquellos periodistas no deberían decir “Alemania es Alemania”.

Porque la próxima semana podrían decir “Argentina es “Argentina”.

Y no se trata de eso. Se trata de decir -sin chauvinismos ni patrioterismos, pero sí con orgullo y autoestima- que Ecuador es Ecuador.

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Fotografía tomada de futbolinmediato.com