¿Por qué ha obsesionado tanto a ciertos sectores que los nuevos mandatarios hayan pronunciado sus discursos leyendo el texto en telepromter?

¿Por qué en su momento esos sectores, si era el caso, no criticaron que los expresidentes y exlíderes políticos leyeran, en tono impostado, decenas de hojas escritas en computadora o en máquina de escribir eléctrica o manual?

¿Por qué en aquellas ocasiones no hicieron un trabajo crítico (?) sobre la enorme cantidad de papel que el mandatario de turno habrá derrochado antes de imprimir la versión final, que en la ceremonia iba leyendo y entregando a su edecán?

¿Por qué escandalizan por el uso de una herramienta que viene manejándose en el mundo desde hace décadas?

¿Por qué, si ese hecho les produce rubor o molestia, no critican los noticieros de televisión, en los cuales todo lo que dicen los “anchors” lo leen en los telepromters cuyos textos los escribe un anónimo equipo de redactores?

¿Por qué no “revelar” que, por ejemplo, las estrellas de CNN lo hacen?

¿Por qué no recuerdan aquella anécdota en la que el expresidente George W. Bush cometió errores de dicción y pronunciación a pesar del telepromter, lo cual quiere decir que cuando un discurso sale impecable, el mérito no es del telepromter sino de quien está al frente del aparato?

¿Por qué no desvalorizan al presidente estadounidense Barack Obama, quien no pronuncia ningún discurso, por breve que sea, si no es con la ayuda del telepromter?

¿Por qué en su presunto análisis técnico, sin duda prejuicioso y superficial, critican la herramienta con la que se comunica y no proponen una reflexión sobre lo que se comunica?

¿Por qué no desglosan los temas y convierten en agenda mediática nacional los principales objetivos planteados?

Aristóteles, el griego, decía que quien emite el discurso se vale del sentido común y la lógica de la opinión pública: contar a la gente lo que cree posible y trabajar por volverlo realidad.

Una filosofía sencilla y profunda que va más allá, muchísimo más allá, de la inútil y gratuita obsesión visceral por criticar el uso de telepromter.