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¿Está en juego el honor de la patria en el partido contra Perú en Lima, esta noche de viernes?

A riesgo de que me tomen como aguafiestas, ¿no les parece desproporcionada la importancia que el periodismo le da a un partido de fútbol, solo un partido de fútbol, cuyo resultado no incidirá en nuestras vidas más allá de un poco de alegría o de un poco de decepción?

¿No existe, en lo profundo, un patrioterismo heredado de los viejos tiempos, cuando nuestros padres y abuelos nos hablaban del “enemigo secular” y del “invasor” luego de la guerra de 1941?

¿No existe el peligro de que nuestro sentido cívico enferme por ese patrioterismo (que no es lo mismo que patriotismo)?

Mi amigo Mauricio Carrera, un ecuatoriano que vive en Europa y que es mi más tenaz crítico por su capacidad de leer con lupa los entrelíneas de lo que intento decir, me comentaba que no cree que el problema -como yo sostenía en un post anterior- sea que haya periodistas deportivos que no toman en serio “lo que para millones de ciudadanos es parte de la vida, de los sueños, de los ideales, de las grandes alegrías colectivas y hasta de la autoestima nacional”.

Según Mauricio, “el problema sencillamente es que esos periodistas casi nunca saben bien de lo que están hablando y por ello rellenan el tiempo con comentarios muchas veces vacíos o disparatados”.

En sus recuerdos de cuando era adolescente y vivía en el Ecuador, permanece todavía el programa de Fórmula 1 de Pascal Michelet, que creo se pasaba por Teleamazonas.

“Era claro que él y luego su hijo sabían sobre dichas competencias y lo expresaban sin apasionamientos, mientras que muchos periodistas que comentan sobre el fútbol no parecen saber casi nada sobre este deporte y, además, lanzan comentarios de exagerada alabanza o de inmenso derrotismo con escasísimo criterio”.

Y todo esto, continúa Mauricio, es aún más grave cuando pretenden comentar sobre atletismo, tenis, natación o cualquier otra disciplina deportiva, donde el absurdo llega a extremos insospechados.

Y aquí viene lo mejor, aunque, insisto, Mauricio y yo quedemos de aguafiestas.

“Para la sociedad ecuatoriana no es bueno darle demasiada importancia a cualquier partido de fútbol. Es necesario que haya buenos periodistas que se ocupen de los temas deportivos, como es importante que haya excelentes periodistas que se ocupen de los temas económicos.

Pero es infinitamente más importante, por ejemplo, que el IESS tenga una solidez presupuestaria que contribuya a crear en el Ecuador un verdadero estado de bienestar, que el hecho de que Ecuador gane tres copas mundiales de fútbol. Parte de la misión del periodista es lograr que brille lo importante, y lo importante no son ni el circo ni sus gladiadores”.

Tras esas reflexiones, me ha puesto una tarea descabellada para esta noche, cuando la selección ecuatoriana juegue contra el equipo (no contra el país) de Perú: apagar la televisión y la radio, desconectar Internet y escribir sobre algo realmente importante.

Y dice Mauricio: Respuesta inmediata a lo que estás pensando: no me digas que es realmente importante el sentimiento de unidad de toda la gente antes, durante y después de cada partido de fútbol, porque esto es algo que siempre ha existido desde los inicios de la humanidad ante cualquier batalla o ante cualquier guerra.

Sí se puede! (hacer lo realmente importante)”.

Prometo a Mauricio y a mis bloglectores que lo voy a hacer.

Como escuché alguna vez en una película búlgara: “Hay que volverse un poco loco para no volverse loco del todo”.

Quizás descubra que el patriotismo no está en un partido de fútbol sino en la manera cómo ocupo el tiempo en las reflexiones que cada día intento hacer en este espacio y que muchos no comparten porque, bueno, de eso se trata.

O quizás descubra que no me diferencio en nada de quienes lloran, padecen, sufren, se comen las uñas, gritan, se llenan el corazón de banderas y de uniformes y de goles.

Y al día siguiente me muera por saber qué pasó en el partido.

Y hasta llegue a creer que ganarle a Perú signifique recuperar el territorio perdido, aunque sea el deportivo.

O, enceguecido por el fanatismo y arrastrado por la masa, llegue a creer en la reivindicación ecuatoriana luego de las guerras del 41, de Paquisha y de Patuca.
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Ilustración tomada de arteargentino.educ.ar

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