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El presidente de la organización Canales Comunitarios Regionales Ecuatorianos Asociados (CCREA) está de acuerdo con la aprobación del proyecto de ley de Comunicación, pero le preocupa algo: quedar fuera del baile…

En la casa-edificio donde funcionan Radio Sucesos y canal Telesucesos, en la siempre congestionada y conflictiva avenida Eloy Alfaro, Fernando Najas, arquitecto, empresario y comunicador de unos 65 años, acoge con entusiasmo la visita y se muestra amistoso, bromea, filosofa sobre “la verdad y las verdades” que se dicen en los medios y antes de que encendamos la grabadora sondea, de manera sutil, por dónde irá la conversación.

CCREA es un organismo que agrupa al menos a sesenta televisoras locales y regionales que se llamarían, en lenguaje discriminatorio, “canales de provincias”.

¿Por qué le preocupa aquello de “quedar fuera del baile” si entra en vigencia la ley de Comunicación? “Porque está claro que somos comunitarios, que somos pequeños, que luchamos por mantenernos vivos, pero ahora se habla con insistencia de que los canales comunitarios solo serían aquellos que pertenecen a grupos sociales, cooperativas, indígenas, etcétera”.

Explica que lo que se repartiría, en el caso de los comunitarios, son 300 canales, pero que, de lo que conoce, apenas 90 organizaciones estarían en posibilidades de mantener una programación adecuada a sus intereses.

Bromea: “Si es así, tendremos que importar gente de otros países para llenar la cuota”. Pero luego explica que aquel porcentaje de reparto demuestra el desconocimiento de los asambleístas acerca de la realidad de la televisión local y regional.

Supongamos –dice moviendo sus manos con vehemencia- que cada comunidad hace programas de televisión sobre sus actividades diarias. Pero, ¿y el resto del tiempo, con qué se llenará? ¿Conocen los asambleístas que solo para importar programas enlatados se necesitan cinco millones de dólares anuales y que si se quiere producir segmentos de cultura, arte, educación, valores ciudadanos, valores humanos, etcétera, nadie auspicia este tipo de espacios?

CCREA se organizó como alternativa a la Asociación de Canales de Televisión del Ecuador, que hace más de siete años sufrió una fractura a partir de un conflicto entre la familia Isaías (expropietaria de Gamavisión y TC Televisión) y Javier Alvarado, propietario de Ecuavisa.

“Somos canales pequeños que sobrevivimos de milagro –explica Najas-. Nos guía por las instalaciones de su empresa para que conozcamos cómo, a pesar de los pequeños espacios con los que cuenta para los estudios de radio y televisión, como buen arquitecto los distribuye de tal manera que hasta ha logrado abrir una sala exclusiva para las reuniones de CCREA.

“Nosotros tenemos cobertura en todas partes del Ecuador y el objetivo es cohesionar nuestra potencialidad. Estamos de acuerdo con el proyecto de Ley de Comunicación en su ideal de promover la identidad nacional, pero no creemos que se pueda crear talento por decreto”.

Se refiere a la posibilidad de que la ley exija que se difunda música extranjera y música producida en el país a partes iguales, es decir, una canción foránea y una canción nacional.

En su oficina, detrás de su escritorio con cobertura de fórmica, Najas mira la programación de su canal en un pequeño televisor plano y escucha su radio en un minicomponente.

Vestido con tonos clásicos (leva azul, pantalón gris, zapatos negros, camisa blanca, corbata de seda a rayas azules y amarillas), su aparente formalidad contrasta con los objetos que lo rodean.

A su derecha, sobre la pared, hay un enorme afiche taurino, de aquellos que venden en los alrededores de la Plaza de las Ventas, en Madrid, España, con el nombre de la persona que lo compra: el supuesto torero se llama, en este caso, Fernando Najas, “El magnífico”.

A su izquierda, todos enmarcados, reposan sobre la pared decenas de reconocimientos y fotografías de momentos importantes de su vida. Destaca, quizás sin que Najas se lo haya propuesto, el diploma de grado de bachiller en el colegio municipal Sebastián de Benalcázar.

Dos pisos abajo, donde está la sede de CCREA, hay diez sillas ubicadas alrededor de una mesa de madera y vidrio en forma de una “U” alargada. Sobre la pared central, una enorme imagen rectangular de Quito con el volcán Cotopaxi, al fondo. Fernando Najas no está dispuesto a abandonar la lucha por su gremio. Los miembros del CCREA se han metido en esta fiesta, asegura metafóricamente, y no quieren que se les deje sentados sin participar en ella.

¿A qué se refiere? A que, insiste, CCREA está de acuerdo con las propuestas filosóficas del proyecto, es decir, democratizar la comunicación, pero no está de acuerdo en que la dinámica de la realidad tenga que ponerse una camisa de fuerza para calzar en la ley en lugar de que las cosas sean al revés.

Mientras avanzamos rumbo al estudio donde el comunicador Ramiro Diez conduce su conocido programa “Con cierto sentido”, Najas reflexiona en voz alta.

La ley de Comunicación tiene que aprobarse porque tiene que aprobarse, eso manda claramente la Constitución –expresa-, pero eso no quiere decir que todo lo que está en el proyecto actual es correcto ni que está acorde a la realidad.

Cuando pasamos por un estudio de televisión donde se está grabando un programa para el fin de semana, pide que se entienda que los canales pequeños tienen otra dinamia, otras aspiraciones, otros objetivos, otras perspectivas.

“La ley tiene que permitir que las cosas sean equitativas, que se genere desarrollo, que el país entienda que en la comunicación ecuatoriana hay dos mundos distintos: los grandes medios y los pequeños medios”.

¿Esa diferencia no consta en el proyecto de ley actual? No, responde Najas. No está. “El proyecto nos considera iguales a los grandes y a los chicos y eso debe cambiar. Pero debe cambiar antes de que se lo debata en la Asamblea, porque, de lo contrario, las utopías de las que está lleno ese proyecto harán que quiebren las decenas de familias que viven de las microempresas mediáticas”.

CCREA pide que la ley de Comunicación y el Estado den a los canales pequeños la oportunidad de crecer. No espera que se les regale nada, pero tampoco que se cometan inequidades.

¿Cómo se entiende –enfatiza el directivo- que los principales contradictores del Gobierno se lleven la mayor parte de publicidad y a nosotros solamente nos dejen las miguitas, nos manden a la cocina y nos hagan comer las sobras?

En el incesante trajinar que nos propone el directivo por las instalaciones de su empresa, subimos a la oficina de José Fernando Najas, hijo de Fernando y gerente de Radio Sucesos. Él comenta, orgulloso, que la emisora ha crecido pese a todas las dificultades diarias que viven.

Su padre, en cambio, remata sus preocupaciones con humor, ironía y pena: “Los asambleístas tendrían que entender la manera rudimentaria en que se hace radio en el país. Hay radiodifusoras que producen novelas con la contribución de la familia: el papá hace de puerta, la mamá hace de trueno y el hijo hace de gato. Y aunque estén en pijamas, algo les saldrá. En la televisión, aunque seamos pequeños, es mucho más complejo. Los canales comunitarios deben hacer malabares para elevar la calidad de su programación. Pero a veces tengo la impresión de que quienes han hecho el proyecto de ley no quieren o no pueden escucharnos”.

Nos vamos con un olor inconfundible: en la oficina de José Fernando, la máquina de moler granos de café deja caer un líquido negro, humeante, delicioso.

José confiesa que toma unas veinte tazas cada día y que eso lo mantiene “pilas”, lleno de energía. La misma energía que se necesita para que todos, sin discriminación, participen activamente del baile.