TVMICC

Latacunga (Cotopaxi).- Aunque el canal indígena del Cotopaxi se quedara un día sin financiamiento, jamás aceptaría publicidad de Coca Cola, de Pílsener, de cadenas de comida rápida o de transnacionales que venden agroquímicos.
Es la ideología por encima del pragmatismo. Lo que pasa, dice el gerente de TVMICC, Ángel Tibán, es que el mandato del consejo de gobierno del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi (MICC), al que pertenece el canal, ha establecido un Proyecto Político Comunicativo en base a los principios filosóficos del MICC.
Tibán, un hombre robusto de 50 años, un metro setenta de estatura y aspecto mestizo más que indígena, vestido con chompa de pana, camisa, jean y botines, es el primero de una familia de ocho hermanos, entre ellos Lourdes, la asambleísta nacional por Pachakutik. El problema de ese fundamentalismo de la frecuencia 47 en UHF, que lleva el lema de “el canal de la diversidad”, es que sin un financiamiento sólido, el canal tiene pocas posibilidades de crecer.
En 2012 se presupuestó 80 mil dólares. Sin embargo, se recaudaron apenas 52.390 dólares. Con ese dinero se pagó los salarios de siete empleados, los servicios básicos como agua, luz eléctrica y teléfonos, la movilización de los reporteros y la compra de equipos, pero por goteo: el canal adquiere, cada año, a un precio promedio de mil dólares, una computadora para redacción y edición de notas. No alcanza para más.
No reciben subsidio estatal, pero una parte de los ingresos económicos se obtiene gracias a cuñas y avisos de las direcciones provinciales de Salud y Educación y gobiernos seccionales.
Pocas empresas privadas de la localidad contribuyen con publicidad, especialmente las cooperativas de ahorro y crédito y pequeñas ferreterías.
El presupuesto operativo se redondea con el alquiler de espacios, como por ejemplo el programa semanal “Expresiones”.
Por su emisión de media hora cada siete días, la periodista Lorena Pinto, una mestiza del cantón Pujilí, paga 300 dólares mensuales.
Aunque Tibán asegura que no consideran competencia a ningún canal, sin duda es un problema: solo en Latacunga, una pequeña ciudad de 170 mil habitantes, existen dos canales más en UHF, sin contar con las estaciones nacionales y las emisoras de cable.
Ese obstáculo se vence con calidad e identidad, pero, al menos por ahora, no hay un plan estratégico a largo plazo y la capacitación profesional es mínima. Gracias a esta el personal operativo ha ido mejorando sus destrezas y habilidades en la práctica, bajo el lema “aprender haciendo”.
Pero, claro, tampoco es fácil exigir un nivel alto a quienes no alcanzan a mirar el horizonte porque deben afrontar la inmediatez de sobrevivir en el día a día.
Blanca Naula, indígena nacida en Salcedo, el pueblo del pinol y los helados multicolores, tiene 43 años y es uno de los personajes clave de TVMICC: hace seis años empezó como conserje de la sede del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi y ahora maneja el control máster y está a cargo de los archivos en digital y DVD.
De ella –también robusta como Tibán, pero de estatura pequeña- dependen la emisión y la continuidad de los espacios que transmiten las 24 horas.
Blanca trabaja en distintos turnos, pero es la encargada de dejar la programación automatizada y sincronizada para que la estación emita desde las 22:00 hasta las 06:00 del siguiente día sin necesidad de que alguien esté en el mando electrónico.
Donde sí es necesario que exista un responsable permanente es en los transmisores, ubicados en Pilis Urco, un tradicional nombre quichua que en español significa “cerro de pulgas” o “cerro de piojos”.
Blanca y las seis personas más que trabajan en la estación reciben, cada una, un salario mensual básico, dinero que, por supuesto, no les alcanza para nada o casi nada, pero que ella y sus compañeros lo consideran parte del sacrificio que deben hacer por la causa indígena.
El canal, que inició sus transmisiones el 28 de febrero de 2009, representa los intereses, objetivos y discurso político del MICC, aunque Tibán asegura que su línea editorial es abrir las puertas a todos los sectores ideológicos.
Como muestra de su apertura democrática, cuenta que su hermana Lourdes es quien más se queja del poco espacio que suelen darle, pese a su militancia en el MICC y al parentesco con el gerente.
En el set, de 140 metros cuadrados, están tres cámaras con sus respectivos trípodes, dos Canon y una Sony.
“Más resolución tiene la Sony, pero es muy cara”, explica Tibán mientras camina por delante de un escritorio que a sus espaldas tiene un enorme tapiz y desde el que se leen las noticias y se conducen los espacios de opinión.
A cinco metros de ese escritorio hay otro de iguales características, pero acompañado de una gigantografía que expresa el otro lema de TVMICC: “Mirarnos a nosotros mismos” o, en quichua, “Ñukanchikta Rikuchik”.
El set, como el resto de la casa ubicada en la esquina de las calles Quito y Luis Fernando Ruiz, tiene cubierta de zinc. Cuando llueve, el ruido que baja desde el techo es tan fuerte que no deja escuchar nada de lo que se dice allí.
Pero hay que darse modos y seguir porque el canal tiene prioridades, entre ellas lo más importante de la programación diaria: los dos noticiarios, que duran una hora cada uno.
De 19:00 a 20:00 se difunde en quichua y de 20:00 a 21:00 en español. Cada uno puede tener contenidos distintos si el gerente considera que un tema interesa a la audiencia quichua pero no a la hispanohablante. O viceversa.
El sesenta por ciento de los noticiarios contiene informaciones del sector rural (vías, sembríos, cosechas, gestión parroquial, sucesos judiciales) que se cubren, con muchas dificultades por el escaso personal, con equipos interculturales, es decir, un reportero que hable quichua y otro, español.
“La imagen de la diversidad” llega a siete cantones, unos de Cotopaxi y otros de Tungurahua: Latacunga, Salcedo, Ambato, Quero, Cevallos, Pelileo y Tisaleo. El audio logra escucharse hasta Mocha y Machachi.
“Eso es lo que nos llena de orgullo y nos obliga a ser buenos en lo que hacemos”, dice una mujer en cuyo rostro brillan las mejillas enrojecidas. Se llama Norma Mayo, indígena de 40 años y nacida en Pujilí.
En el departamento de edición, Norma revisa lo que saldrá en el programa “Otras miradas”, que conducen ella y Cecilia Velasque (sin “s” ni “z” al final, aclaran). Aladino Morales, un periodista de 45 años que trabaja en la Asamblea, en Quito, da una mano y pone la voz en off.
Cubierta con una chalina celeste de alpaca, un sombrero y zapatos negros de tacones, Norma, que se graduó en la universidad de ingeniera comercial, supervisa que los contenidos estén claros. Su misión es el fortalecimiento de las 32 organizaciones y 800 comunas que integran el MICC.
A ella le enorgullece ser parte de un programa y un canal “distintos, porque en TVMICC aparece la gente que nunca sale en las grandes televisoras del país”.
Tiene experiencia en medios. Fue reportera de Radio Latacunga, una conocida estación de propiedad de la diócesis local.
Cuando se dialoga sobre los obstáculos que tienen los pequeños canales comunitarios para trabajar y, peor, para desarrollarse, Norma, militante convencida, sonríe y dice: “Hay que soñar. Si no soñamos, ¡chuta!, ¿para qué estamos aquí?”.