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Cevallos, Tungurahua

Si algo excepcional se ha hecho en el cantón Cevallos desde que dejó de ser la tierra de la manzana y se volvió la tierra de los zapatos, es fabricar, contra el tiempo, un par cuya talla nadie en el pueblo imaginaba que existía.

Los artesanos del calzado, que ocupan el 80 por ciento de los almacenes ubicados en la avenida González Suárez, la principal del pueblo, aún recuerdan ese episodio clave para el prestigio del cantón.

Gustavo Martínez (53), de contextura gruesa y 1.65 de estatura, viste jean y camiseta negra con un dibujo blanco en el pecho. Lleva lentes, el cabello y el bigote canos.

No recuerda con precisión cuándo fue la primera vez que le tocó el desafío de hacer un par de zapatos para el presidente Rafael Correa.

Pero sí recuerda el día que recibió la llamada de su amigo Bayardo Constante, alcalde de Cevallos. Esa fue para Gustavo una de las jornadas más extenuantes de su vida como fabricante de calzado.

Constante lo llamó para avisarle que ese fin de semana llegaría Rafael Correa con todo su gabinete y que el Alcalde y el cantón debían sorprender al ilustre visitante.

Y le puso la vara en lo más alto: “Debes hacerme quedar muy bien, así que necesito que le hagas un muy especial par de zapatos”, cuenta Martínez como si tuviera las palabras exactas guardadas en su memoria.

Gustavo aceptó, aunque, confiesa, en ese tiempo no lo conocía ni era partidario de Rafael Correa.

Entonces, puso a trabajar a toda la familia.

En su bien dotada fábrica llamada Gusmar, inaugurada hace 32 años y en la que confecciona un promedio de 120 pares cada mes, pidió a su primer hijo, Cristian (30, casado, con dos niños pequeños y con fábrica propia en la parroquia Montalvo), que se dedicara a buscar el cuero de mejor calidad en las tenerías de Cotopaxi y Tungurahua.

Del proceso de diseño y confección se encargarían los otros dos hijos de Gustavo: Daniel, ingeniero industrial, quien debía hacer las hormas, y Edison, quien estudia diseño industrial y es el responsable de mantenerse actualizado, en las páginas especializadas de Internet, con las tendencias, la moda y los estilos que están en boga en Europa y Estados Unidos.

La esposa de Gustavo y madre de los tres hijos, Margarita Miranda (48), administradora de la empresa, debía controlar que los empleados siguieran todos los pasos, con extremo cuidado, hasta lograr un perfecto par de zapatos que enorgulleciera al cantón, que fueran de excelente calidad y que duraran mucho tiempo.

Cuando terminó la reunión, alguien de la familia se percató de que su padre no contaba con el detalle clave: ¿cuánto calza el Presidente?

La mala noticia recibió Gustavo del alcalde Constante, que pertenece a las filas de PAIS y que ya lleva tres períodos en su cargo: calza 45.

La noticia era mala porque en la fábrica Gusmar nunca se habían hecho zapatos con ese número. Ningún cliente, local o foráneo, había ido a los almacenes de zapatos en Cevallos en busca de un par con esa talla.

Más trabajo y más sudor y más tensión. Gustavo y su familia debían cumplir el pedido del Alcalde y querían satisfacer al Presidente.

Finalmente, llegó el día.

El mandatario y sus ministros arribaron al cantón para el gabinete itinerante y, como parte del ritual de recibimiento, el Alcalde le entregó dos pares número 45, de cuero negro.

“Usted hace zapatos para pelucones”, había bromeado Correa mientras Martínez se ruborizaba.

Cuando rememora aquel episodio, él también ríe: “Dejó a un lado el calzado que traía, se probó un par, se los quedó y aunque dicen que uno de los zapatos estaba un poco flojo (ríe), se pasó bailando toda la noche en el festival que le brindó el Alcalde en el coliseo”.

Hoy, Martínez atiende a los clientes del almacén, negocia los precios, muestra sus mejores productos y se mira a sí mismo como una persona más tranquila y segura.

Sabe lo que tiene que hacer no solo si llegara a presentarse en el pueblo otra vez el primer mandatario, sino en cualquier caso que la competencia no sea capaz de resolver.

Por eso, en la más reciente visita presidencial, Gustavo estuvo sereno y orgulloso.

Tenía una sorpresa que nadie esperaba: un par de botines pantaneros, porque había leído en la prensa que al mandatario le gusta mucho caminar y pasear por el campo. Le entregó y el presidente quedó muy contento.

A partir de esa experiencia, Martínez sabe que al fabricante que piensa en altos estándares de calidad no se le puede escapar nada. Y que, más bien, debe anticiparse al futuro.

Su desafío es innovar y pensar en todo tipo de cliente: el que viene de otras ciudades o países y exige un tipo de calzado muy especial, de excelencia, y el usuario local, que se conforma con precios razonables y zapatos cómodos que luzcan bien.

Y el reto no es solamente para Martínez, sino para las tres asociaciones de fabricantes de calzado que han convertido a Cevallos en el pueblo donde se hacen los mejores zapatos del país.

Los 15 socios de Calzafinse, por ejemplo, viajan permanentemente a las ferias internacionales, en especial a la de Bogotá, Colombia, donde siguen cursos y observan las nuevas corrientes para cubrir los pies con el mejor cuero natural.

Y los hijos de los artesanos, jóvenes universitarios que estudian en Quito o Ambato, seguirán la tradición pero a un nivel más alto.

El hijo mayor de Nelson Aldaz, presidente de Aprocalza, está por graduarse de ingeniero en Mecatrónica e irá a especializarse en Estados Unidos.

Y el hijo de Gustavo Martínez, cuando obtenga el título en Diseño Industrial, se irá a España.

Ellos volverán. Y consolidarán a Cevallos como la meca del zapato de excelencia. Y nunca más les sorprenderá si el Alcalde les pide hacer, casi al susto, zapatos para quien calce 45. O más.
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DETALLES Y PRECIOS

-En Cevallos existen tres fábricas grandes. El resto de artesanos (120) aún lo hace de manera tradicional, en pequeños talleres.

-Gracias al tren, cuya estación está rehabilitada, cada fin de semana llegan cientos de visitantes. En los feriados, se triplica el número de turistas nacionales y extranjeros.

-Nelson Aldaz elabora 300 pares a la semana. Los vende en Quevedo, El Empalme, Santo Domingo y Milagro. Seis personas trabajan con él.

-Calzafinse comercializa su producción en Quito, en especial los martes y sábados en Carcelén, y en Guayaquil, en las bahías.

-El cuero que utilizan lo obtienen en curtiembres y tenerías de Ambato y Latacunga. Esa materia prima es de res o chivo.

-En Cevallos, los precios de los zapatos fluctúan entre 25 y 40 dólares, pero son los mismos que en almacenes de Quito y Guayaquil cuestan el doble y hasta el triple del precio original.