aJuan Ruales, nacido en Otavalo, es uno de los ideólogos de izquierda más relevantes de la provincia de Imbabura y del país. Desde ese pensamiento, hace una profunda reflexión crítica sobre el proceso político en el Ecuador.

Rubén Darío Buitrón

Ibarra, Imbabura

Es un soleado domingo y la hora de la cita con Juan Ruales se enreda. Dos días antes habíamos acordado conversar y quedé en llamarlo cuando yo llegara a Ibarra, ciudad donde él reside, aunque es oriundo de Otavalo. Pero se hace tarde y no podemos encontrarnos, aunque hablamos al menos ocho veces por celular. La Policía y el Municipio han cerrado el perímetro del centro colonial de Ibarra por el ciclopaseo semanal.

Juan está adentro. Yo, afuera. Hay que hacer un movimiento ajedrecístico, como el de un alfil, y romper el cerco. Media hora después nos encontramos en el parque Pedro Moncayo, donde existe una cafetería esquinera pensada para gente de cultura (libros, obras de arte, ambiente colonial…).

Pero está cerrada, como lo están todas las cafeterías de Ibarra. En su pequeño Hyundai damos vueltas y vueltas en busca de un lugar cómodo para conversar, pero no lo encontramos. Terminamos alrededor de una pequeña mesa en el centro comercial. Quizás es el lugar adecuado. Un ambiente de contradicciones, con gente pobre que deambula por ahí y gente de clase media y alta que compra en el Supermaxi.

Estamos frente a frente, separados por dos capuchinos y dos quimbolitos que se van extinguiendo despacio en este encuentro de ideas y contra-ideas. Ruales, un ícono del pensamiento marxista nacional, reflexiona sobre el país, sobre el gobierno de Rafael Correa, sobre el futuro del Ecuador. “¿Qué puedo decirte del nuevo periodo de Correa? Que es importante cambiar, pero que es mucho más importante cambiar lo cambiado”. Y se suelta, casi sin dejarme preguntar o repreguntar o puntualizar: “Puedo decirte también que la falta de autocrítica produce anquilosamiento. Puedo decirte también que una cosa es la política y otra la ideología”.

Es blanco. Lleva el cabello cano y largo, convertido en una trenza del color de la cabuya. En su rostro destacan los anteojos y, sobre ellos, su rasgo más particular: las cejas absolutamente negras y rizadas al estilo Dalí. ¿La política es una cosa y la ideología otra? ¿Cómo es eso? Lo explica con los antebrazos, con las manos, con los dedos: “La política es adversa a la ética, y la ética es la ideología. La política solo es lo que dices. La ideología es lo que sientes”.

¿Y el gobierno de Rafael Correa tiene política o ideología? Alza las cejas negras. Se pasa la mano derecha sobre el cabello. Con la otra mano toma el vaso desechable donde aún queda la mitad de capuchino. “Lo que ha sucedido en el Ecuador, históricamente, es que la gente ha votado por sus propios verdugos. Esos verdugos que, mediante la política y no la ideología, lograron llegar al poder. Por eso te digo que la mentira y la demagogia son herramientas de la política, que la palabra sin condumio ideológico puede hipnotizarnos y cegarnos, como ha ocurrido a lo largo de la existencia republicana”.

Desde afuera viene una ráfaga de viento. Juan se apresura con el quimbolito porque dice que es horrible comerlo frío. Presagia que lloverá y lo lamenta porque debe viajar a Otavalo a visitar a sus hermanos, como todos los domingos por la tarde.

Pero aún no responde mi pregunta. ¿El gobierno de Rafael Correa tiene ese condumio? Enfatiza, gesticula: “Debe tener ese condumio. Porque solo con la ideología puedes cambiar la realidad. Hoy se habla del cambio en la matriz productiva, por ejemplo, y está bien. Pero eso no será posible si antes no se produce el cambio en la matriz cultural. Y si no lo haces pronto, ese proceso puede durar 40 años”.

Matriz cultural… Bebo mi capuchino hasta el fondo del vaso. Pido otro, antes de hacer la siguiente pregunta al hombre del cabello color cabuya. ¿Cómo cambiar esa matriz cultural? El diálogo es intenso. Él también pide otro capuchino. “No será posible el cambio de matriz cultural si a la tecnología no le metes emoción y eticidad”.

¿Emoción? ¿Eticidad? “Sí. La eticidad está en que Correa quiere completar el proceso que la oligarquía truncó con el asesinato de Eloy Alfaro. Pero, ojo, Alfaro estaba sentando las bases de la sociedad capitalista y eso quedó trabado. Creo que deberías volver a leer a Gramci (Antonio Gramsci, 1891-1937, filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano). En sus ensayos él deja claro cómo deben ser los procesos revolucionarios. Y los procesos son como la construcción de una casa”. Primero, la planta baja, luego el primer piso, después el segundo.

Llegan los dos capuchinos. Con azúcar blanca, porque ya se acabaron los sobres de Splenda, según nos dice el hombre de la minicafetería. Pago yo. Pregunto. “¿Quieres decir que no estamos en un proceso socialista? “No estamos –replica, tajante-. La falla de la izquierda ultra en el Ecuador es no entender que los modos de producción no se saltan, que primero debes construir la sociedad capitalista y en ese proceso crear un modelo de sociedad contemporánea, tener peso geopolítico en el mundo, abrir mercados”.

Pausa. El capuchino de máquina no es una maravilla, pero sirve para atenuar el frío ya instalado definitivamente alrededor de nosotros. ¿Y luego del capitalismo? “Solo entonces puedes construir una ética revolucionaria. Pero para eso debes construir un método. Muchos procesos fallan por un método equivocado. Y las secuelas son el fracaso y la incertidumbre”. Fin de los capuchinos. Fin de los quimbolitos. La lluvia también se instala sobre la ciudad.

Pregunta de cierre: ¿El gobierno tiene el método adecuado para llegar a ese objetivo? Respuesta de cierre: “El gobierno debe reinventarse permanentemente. Cuidar cada proceso, sobre todo el cultural. El gobierno debe recordar, cada día, que el discurso político se deshace y se diluye. Que la única revolución posible se hace con gente que lleva la ideología en las hormonas”.

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PERFIL Juan Ruales nació en Otavalo, en junio de 1948. Estudió sociología en la Universidad Central de Quito. Ha escrito innumerables libros de cuento, poesía, ensayo. Con el cantautor capitalino Jaime Guevara iniciaron el movimiento de la nueva canción. Ha sido catedrático universitario de sociología, educación, cultura, arte y literatura. Ha sido gestor cultural y militado en numerosos grupos culturales y literarios dentro y fuera del país. Fui el primer director nacional de Educación Rural en 1982 y trabajó como experto en cultura con el director de teatro italiano Fabio Pacchioni. Hoy trabaja como director de cultura de la Universidad Técnica del Norte, en Ibarra, buscando estrategias para articular lo académico con lo cultural.

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