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No es un juego de palabras. Tampoco una perogrullada ni una retórica barata dicha al revés (“el periodismo tiene futuro”).

A muchos colegas experimentados (ojo, experimentados) les he escuchado hablar de una supuesta “muerte del periodismo”, en especial ahora que, desde su desconcierto y su incapacidad para enfrentar grandes desafíos, pretenden culpar (anticipadamente) a la Ley de Comunicación de todo lo que no sean capaces de hacer, de todo lo que van a callar, de todo lo que no se atreverán a criticar de sí mismos, de todo lo bueno que, por obligación ética, tendrían que hacer.

Ya lo he escrito y lo repito: debemos asumir la necesidad de un cambio profundo en los paradigmas con los que hemos venido trabajando, pero solo a base de una estricta y rigurosa e implacable autocrítica, solo a base de admitir y reconocer los grandes errores y vicios que han contaminado el periodismo ecuatoriano.

Hay que decir basta a la arrogancia, al mal entendido “cuarto poder”, a las visiones parciales de la realidad, a los sesgos conscientes e inconscientes, a la incapacidad de contar historias de la gente.

Basta de producir, como decía alguien, “periodismo pobre” con el pretexto de que hacemos periodismo para pobres.

Porque, en la práctica, es posible decir basta.

El pasado jueves, por ejemplo, vi con nitidez que sí será posible ese cambio profundo. Y que sí será posible hacer un periodismo de calidad gracias a las nuevas generaciones que empiezan a florecer.

Fui a la más bella ciudad ecuatoriana, invitado por dos estudiantes de la Carrera de Ciencias de la Comunicación Social de la Universidad de Cuenca (carrera que, en esta coyuntura, debería convertirse lo más pronto en facultad de periodismo).

Ellas son Daniela León y Jéssica Pesántez, dos talentosas estudiantes de octavo ciclo.

Daniela, morena, con gestos firmes, de cabello negro largo, y Jéssica, de tez blanca, cabello claro y sonrisa amable, ganaron un concurso interno de proyectos para contenidos en la cátedra de Televisión.

Ambas no tienen más de 22 años.

Su idea fue (y es, y espero que será por mucho tiempo) producir un programa semanal llamado “¿Qué pasa con el periodismo?”.

En él se debaten, reflexionan e intercambian ideas, puntos de vista, conceptos y fundamentos sobre los temas más importantes de la comunicación masiva.

En un set construido con amor, entusiasmo y buen gusto, pese a las limitaciones de recursos, Daniela conduce el programa mientras Jéssica, tras las cámaras, realiza un impecable y cuidadoso trabajo como jefa de piso.

Ahí estuvimos Gustavo Cardoso, director de radio Ondas Azuayas, y yo, debatiendo con respeto y altura sobre la Ley de Comunicación.

Como un detalle que habla claramente de la seriedad con la que las dos productoras trabajan su espacio, debo comentar que días atrás, junto con la invitación formal, enviaron a nuestros correos la Ley en formato PDF.

No importaba que los invitados ya lo hubiéramos leído y estudiado. Lo relevante es el detalle para que nada salga improvisado ni mediocre.

Con entera libertad (esa libertad que algunos dicen que “ya no existe en el Ecuador”), Gustavo y yo, en el set, y los profesores Fernando Ortiz y Wilson Gárate en videos pregrabados, expresamos nuestros pensamientos y discrepamos en distintos temas.

En lo que los cuatro coincidimos fue en lo que Gustavo planteó: la urgencia de vincular a los excluidos y “a quienes no tienen voz”.

Aunque esa frase suene tan hueca por haber sido tan dicha, sin duda es ahora el momento clave para volverla realidad.

La Ley de Comunicación, insisto yo, es una oportunidad y un desafío para los periodistas que no bajamos la guardia ni nos descolocamos cuando nos toca salir de nuestra zona de confort, cuando nos equivocamos y cuando nos toca decir en voz alta todo lo que es nuestra obligación decir.

Bajo la guía del colega y catedrático Ricardo Tello, Daniela y Jéssica realizan un programa pensado en la gente, un programa intensamente equilibrado, pedagógico, inteligente, útil.

Junto ellas participan Adrián Benavides, Henry Gutama, Mauricio Morocho, Johnnatan Sánchez, Oscar Webster, David Minchala y Boris Morocho.

Ellos tienen la responsabilidad técnica en cámaras, enfoques, manejo del telepromter, preproducción y voces en off.

Cuando recuerdo la experiencia vivida con Daniela y Jéssica siento la perfecta certeza de que, con jóvenes ecuatorianas tan apasionadas con lo que hacen y tan convencidas de lo que hacen, el futuro tiene periodismo.