Portada Batallas Personales

Por Franklin Cepeda Astudillo

Conocí a Rubén Darío Buitrón, –no podría precisar cuándo–, mediante crónicas, notas periodísticas y artículos de opinión vertebrados por un cuidado estilístico y una pulcritud que se volvieron connaturales a su prestigiado nombre.

Sus textos, aunque no siempre compartiera, no al menos a cabalidad, sus trabajados juicios críticos, no dejaron, en lo personal, de llamarme la atención.

Y en esta suerte de trato a distancia las cuartillas fugaces de la producción periodística me condujeron a los libros, más duraderos acaso que el papel de diario, para llegar a “Esencias del apocalipsis”, cuidada edición de poesía tramada en líneas frugales pero con hondos, lúdicos, y hasta perturbadores valores líricos, quehacer que inmediatamente explica cómo este profesional, con dilatada trayectoria en medios nacionales, trabaja sus textos periodísticos remontando la aridez expresiva que empobrece a quienes, pese a los años, se conforman con creer que hacen bien el oficio.

Vino después “Periodismo por dentro”, y aquí la puerca torció el rabo: el antes exigente estilista, al alimón con Fernando Astudillo, se apartó momentáneamente de los versos y las metáforas, pero no de la responsabilidad y el cuidado para desmitificar una profesión proverbialmente difícil y compleja: el periodismo.

Fue a partir de esta nueva entrega que, como docente, discutí con estudiantes que iniciaban estudios de comunicación social: fueron cayendo los estereotipos, los prejuicios, los alumnos y, cómo no, el glamour que obnubila a divas y caballeretes que creen que el periodismo da derecho a pisar la alfombra roja.

Resueltamente se impuso la reflexión a partir de dos autores que, desde una decantada praxis, dejaron en claro que el periodismo es como cualquier profesión: únicamente digna de quienes estén a la altura de su desempeño.

Cuatro años han pasado ya de esas reyertas, con casi un centenar de aspirantes, y hoy, con los escasos casi profesionales que quedan, permanece vital el compromiso solidario que fraguó tan pertinente propedéutica.

“Batallas personales” (crónicas y perfiles) es, de Rubén Darío Buitrón, el tercer libro que de tan concienzudo escritor leo.

Su trabajo con la palabra deja en evidencia al degustador de buenos libros, al esteta, al observador, al humanista…

La cuestión noticiosa, la coordenada puntual, el autor del milagro…, no siempre vienen del todo precisados: en ocasiones por ser relativamente conocidos (Jorge Enrique Adoum, Gonzalo Benítez, Leonardo Tejada…), en otras porque tal es prescindible: sus personajes son una suerte de representantes no oficiales pero trascendentes del sentir ecuatoriano con sus vicisitudes, lo mismo que con sus trances de gloria.

En “Batallas personales”, Rubén Darío Buitrón llega a una nueva cumbre de su trayectoria periodística nutrida, como ya lo señalé, de una cuidada fortaleza expresiva que diariamente, en su fuero hogareño y laboral, se nutre de libros, humor, diálogos, música y la energía transcendental que María Gabriela, su compañera existencial, le insufla.

“Batallas personales”. Cómo no recomendar este libro a quien demande agregar valor a su humana circunstancia.

Domingo, 4 de agosto de 2013, Diario Los Andes

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