FOTO ID EDITADA

¿Dónde está la sede de uno de los partidos más relevantes de los 80 y 90?

¿En qué momento se extravió de la memoria colectiva?

El taxista no recuerda. Tampoco la gente de las esquinas cercanas.

Una señora de caminar rápido se compadece de nosotros. Se atrasa a una cita médica en la clínica Pasteur, expresa, pero, bueno…

“Es en la Polonia, cerca de la avenida Eloy Alfaro. Hasta luego”.

Y ahí está, en el norte comercial/administrativo de Quito, la sede de un partido que fue y casi ya no es: Izquierda Democrática.

Edificio emblemático. Con su fachada de ladrillo visto. Su elegancia y sobriedad. Elegancia y sobriedad que se perdió en el tiempo.

El guardia Hugo Chango cuida la sede. Es un hombre bajito, moreno, con lentes. Está cargado de toda la parafernalia de seguridad (radiotransmisor, juego de llaves, chaleco antibalas). Pertenece a la empresa Master Seg.

Desconfía. Pregunta. No sabe si dejarnos pasar. Con el colega René Fraga observamos la fachada, ahora lúgubre. En la terraza, colgando de algún asta obsoleta, una bandera que algún día debió haber sido naranja. Hoy no tiene color. Casi es transparente. O está a punto de disolverse.

En la parte superior de la fachada, el logotipo. ¿Era ese el logotipo de la ID? ¿Por qué se parece tanto al del PSOE español? ¿Qué significan ese puño, esa flor, esos pétalos?

La ID está a punto de perder el edificio. Una decisión del Cabildo ha ordenado que se devuelvan el terreno y el inmueble.

¿La razón? La Procuraduría local y la Agencia Metropolitana de Gestión inspeccionaron el edificio y advirtieron al Consejo Municipal que la ID “ha incumplido el objeto para el cual debió ser destinado el inmueble”.

El día 2 de este mes, el Concejo resolvió revertir la donación del predio 44612, otorgado por el Municipio el 11 de agosto de 1980.

La Dirección Metropolitana de Gestión de Bienes Inmuebles tiene la autorización para “entrar en posesión del inmueble, cuya donación es revertida” (lo ponen varias veces, quizás con el temor de que alguien no lo entendiera de una).

El incumplimiento lo comprobó  Gloria Jaramillo (prepárese el lector para este cargo burocrático tan largo), “Funcionaria Resolutora/Ejecutora de la Unidad Desconcentrada de Control en Materia de Construcciones y Licenciamiento Zona Eugenio Espejo de la Agencia Metropolitana de Control”.

Y lo comprobamos nosotros: ¿qué hacen –pronunciémoslo así, con respeto- en el histórico edificio de uno de los más grandes partidos nacionales, las empresas Coaching Empresarial, Estelecom S.A. “y otras oficinas privadas de las cuales –según el informe- no se ha podido verificar su destino al encontrarse cerradas”?

Nos acercamos al auditorio, planta baja, a la izquierda. Miramos por las puertas de vidrio. Una visión desordenada, caótica.

En aquel auditorio, donde se tomaron decisiones trascendentes para el país de aquellas décadas, cuando se hablaba del imperio “febresborjista”, hay sillas, una mesa sobre una tarima, un atril…

Pero, también, enormes rótulos de empresas celulares, ubicados allí como al descuido, como si el histórico auditorio fuese una simple bodega.

En el patio hay cinco maceteros, semisecos, cuatro de ellos color naranja y otro verdoso. Las plantas parecen decididas a no crecer, como si protestaran por el entorno al que se las ha sometido.

El gran mural fotógrafico, junto a la puerta principal del edificio, sorprende. Conmueve. Espeluzna.

En letras mayúsculas, por supuesto de color naranja, aún se puede leer: “Recordar, reconocernos, comprometernos es avanzar”.

Y ahí aparecen, siempre, fotografías en blanco y negro, siempre decenas de imágenes clientelares, como si el mural fuera la historia de un partido que no alcanzó a distinguir más colores.

Aparece el expresidente de la República, Rodrigo Borja. Una imagen aérea de la plaza San Francisco, absolutamente copada por miles de simpatizantes en la campaña de 1988, cuando Borja triunfó y sucedió a León Febres Cordero, cuando quien llenaba la plaza podía sentirse un líder popular, cuando la TV aún no reemplazaba a balcones y tribunas.

Más fotos, más personajes, muchos más: Raúl Baca, Andrés Vallejo, Eva García, Jorge Gallardo, Paco Moncayo, Alfredo Vera, Raúl Vallejo, Andrés Páez, Guillermo Landázuri, Nicolás Issa Obando, Efrén Cocíos, Ramiro González, John Argudo… Casi la mitad de ellos ahora en el oficialismo.

En el primer piso, al fondo, adonde se llega luego de ascender una sórdida escalera, está la oficina del presidente del partido, Henry Llánez, un exsindicalista petrolero:

“En 1990 la ID llegó a tener 650.000 afiliados, más de medio millón de ecuatorianos militantes. El 2006, miles se fueron para Alianza PAIS”.

¿Tan simple es explicar qué pasó con el partido “ballena”, llamado así porque en 1988 llegó a ocupar y controlar todos los poderes del Estado?

Ahora quedan 75.000 afiliados, lamenta Llánez, vestido con gorra deportiva, calentador y zapatos tennis. Rodeado de abogados que apuran documentos para evitar que se concrete la pérdida del edificio.

Llánez dice que “todo este aparataje, galimatías y estrategia solo tienen un objetivo: desaparecer física e ideológicamente a Izquierda Democrática”.

Desde el equipo de sonido ubicado frente al amplio escritorio de Llánez se escucha música clásica, triste.

Parece la banda sonora ideal para esta película que un día, quién sabe cuándo, dejó de ser colorida y se quedó en blanco y negro.

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Fotografía de René Fraga, Diario Expreso