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Ahora que he vuelto a ver el documental La muerte de  Jaime Roldós tengo más clara mi indignación y más firmes mis convicciones sobre quiénes fueron sus asesinos.

Cuando se la estrenó, hace seis meses, leí comentarios de enorme calidad y profundidad y creí que mi aporte solo sería sustancial si investigara algunos vacíos que me dejó la excelente película, como, por ejemplo, por qué quedó en la impunidad, por qué no se investigó a fondo al expresidente Osvaldo Hurtado, por qué no se encarceló al almirante Sorroza, por qué no se averiguó el rol de la CIA, la embajada de EE.UU. en Ecuador y la voracidad de la extrema derecha comandada por León Febres Cordero para tomar el poder tres años después.

Pero como el documental, cuando lo ví me impactó tanto, me pareció tan relevante y trascendente para la historia contemporánea del Ecuador, por la cantidad y calidad de hechos que revela para una sociedad acostumbrada al silencio, al aborregamiento y a la resignación frente a sus grandes preguntas no contestadas, he querido, primero, acercarme al Director con una conversación en que yo también intento responderme algunos cuestionamientos que me dejó la historia.

Para mí, el silencio de algunos medios y la censura de Supercines sobre la película revela no solo sus estrechas relaciones con León Febres Cordero con los intereses de los grandes capitales belicisistas estadounidenses o israelíes (¿por eso es la censura de Supercines, de propiedad de un judío?), sino sus propias complicidades en esos momentos.

Queda, por tanto, un cabo suelto, como sí lograron atar los estudiantes que produjeron el artesanal pero magnífico “Diario de Agustín”, sobre las relaciones incestuosas de Pinochet, la sangrienta dictadura y la complicidad de grandes medios como El Mercurio de Chile, con su propietario Agustín Edwards.

Este es el testimonio de Manolo Sarmiento sobre La muerte de Jaime Roldós y esas son las preguntas que le hice.

“Han pasado siete años desde que grabamos las primeras imágenes en Huayrapungo hasta ahora. Primero hubo una etapa de desarrollo e investigación y las grabaciones y edición nos tomaron los últimos 4 años.

Tuvimos (Manolo Sarmiento y Lisandra Rivera) un equipo de apoyo en lo histórico y periodístico, en Quito y en Buenos Aires.

 La tarea de interpretación y definición de la estructura estuvo en manos de Lisandra, Daniel Andrade, Manoela Ziggiatti –la editora principal- y yo.

 Lisandra es una productora de cine con amplia experiencia, Daniel es fotógrafo y guionista, con un ojo muy agudo y muy riguroso en los detalles de la información, y Manoela aportó una mirada exterior frente a una historia que desconocía.

 Financiamos todos esos años nuestra vida con otros trabajos. Esa es una de las razones para haber tardado tanto. Las ayudas que recibimos cubrían solo una parte de nuestro trabajo, la mayor parte de ellas se fueron en cubrir los gastos de la producción como viajes, equipamiento, adquisición de archivos, honorarios del resto del equipo.

Hablamos con unas treinta personas en Ecuador, Nicaragua, El Salvador, Bolivia y Argentina. Contactamos a algunas personas en EEUU, Francia, Chile, Uruguay, pero sus testimonios solo nos sirvieron de referencia. Recopilamos 80 horas de grabaciones y 80 horas de archivo de video, además miles de páginas de documentos públicos.

Mis preguntas:

-¿Por qué en la película no habla el expresidente Osvaldo Hurtado, un personaje clave? ¿Intentaron contactarlo quizás y él no aceptó?

-El documental analiza y crítica unos hechos históricos puntuales y el presidente Osvaldo Hurtado fue uno de los actores de esos hechos.

No podemos pedir explicaciones a cada uno de esos actores. Sus actos y decisiones son públicos, están a la vista de todos.

Es lo mismo que preguntar a Michael Moore por qué no entrevistó al presidente George Bush para su documental Farenheit 9-11, ganador de la Palma de Oro en Cannes en 2004… Y ese documental es una crítica de unos hechos que protagonizó en gran medida el presidente Bush.

-En relación con la pregunta anterior, me parece que no queda claro el rol jugado por Hurtado en la muerte de Roldós…

-Hurtado designa al Almirante Sorroza como Ministro de Defensa. Algunas personas cuestionan ese nombramiento porque consideran que el Almirante Sorroza representaba a un sector de las FFAA que estaba opuesto a la política exterior de Roldós. Más tarde, frente a los cuestionamientos a la versión oficial del accidente, el presidente Hurtado se solidarizó con la Fuerza Aérea.

-¿Sorroza está muerto? Si no lo está (quizás faltó aclarar eso en la película), ¿por qué tampoco da su testimonio?

-Entiendo que ya falleció. El documental recoge los testimonios que se dieron en la Comisión Multipartidista de 1982. Eso está grabado y esos testimonios son hechos históricos.

-¿Cuál fue el rol de Israel en la trama que lleva a concluir que Roldós era incómodo para el gran poder mundial (representado en Reagan y los dictadores argentinos)?

La película no aborda ese tema.

-¿Evitaste, como director, profundizar en el rol de los medios ecuatorianos en todo el proceso que concluyó con la muerte de Roldós y el posterior apresuramiento de autoridades y medios para echar tierra sobre las verdaderas causas del percance?

-Ese tema tampoco fue abordado. No lo he analizado, realmente. Los medios dieron mucha cobertura al hecho, por supuesto. El informe de Zurich, por ejemplo, fue publicado íntegro por diario El Universo.

-¿Por qué no aparecen los argumentos concretos de Jaime Galarza Zavala, a pesar de que en el filme se hace mención a su libro?

-Con Jaime Galarza hablamos, por supuesto, lo entrevistamos, él tiene mucha información. Es una fuente secundaria, como muchos otros testimonios que lamentablemente no pudieron estar en el corte final. Nuestra película no tiene los mismos objetivos que su libro. Va por otro lado, aunque respetamos sus criterios y reconocemos su importante papel como cuestionador de la verdad oficial.

– (Esta pregunta puedes o no responderla para el público, pero es una inquietud que a mí me queda): ¿Crees que la actitud de Supercines de no pasar el documental tiene que ver no solo con la alusión al “insolente recadero de la oligarquía” (León Febres Cordero) sino también con los intereses de Israel (la venta de los K-fir, por ejemplo, cuyo cónsul adhonorem en Guayaquil es el propietario de los Supercines)?

 -No lo sé.

-Más allá de la cuestión del “insolente recadero”, ¿conoces algún otro nexo entre Czarninski y LFC?

Tampoco lo sé. Supongo que era muy cercano al Ing. Febres Cordero.

-¿Cómo hacer para que el público de las ciudades donde solo hay Supercines (Cuenca, Riobamba, Manta, Portoviejo, etc.) pueda ver la película?

-Son diez ciudades. Una opción es que las personas o instituciones interesadas nos contacten, alquilen salas de cine –al mismo Supercines, ¿por qué no?– y organicen presentaciones privadas. Otra opción es reclamar a la empresa, hacer oír la demanda de los clientes, y pedirles que la pasen.

La entrevista queda ahí. Sacamos un dato importante pora quienes deseen exhibirla en las ciudades donde Supercines la censuró: hay que llamar a Christian Hidalgo, en el 0986875922.

Lamentablemente no fue posible ahondar ni repreguntar porque Manolo estaba en un festival en Bolivia y yo me hallaba en Quito, aún impactado por el documental y solo con la posibilidad de preguntarle vía correo.

Pero Manolo, aunque parco y cuidadoso en sus respuestas, deja mucha tela que contar, así como mis preguntas.

Tela que nos corresponde cortar a los ciudadanos pero, sobre todo, a los periodistas y a los medios.

¿Fue una  simple coincidencia o una nefasta mano geopolítica, dirigida por el fascismo del cono sur, la que en menos de seis meses lograra la muerte, en casi idénticos y nunca investigados accidentes de aviación, de líderes pacifistas y progresistas latinoamericanos como el presidente panameño Omar Torrijos, el general del Ejército peruano Miguel Hoyos y dos de nuestros ministros de Defensa?

No es, para nada, la hora de quedarse en silencio cuando las grandes conspiraciones transnacionales acechan de nuevo, treinta y cinco años después, justo cuando hay una nueva oleada, como la que quiso frenar Roldós, de recomposición del poder de los guerreristas estadounidenses, del pensamiento hegemónico mundial y de la estructura que intentan armar los tenebrosos aliados locales?

Repito: ¿por qué el crimen quedó en la impunidad, por qué no se investigó a fondo al expresidente Osvaldo Hurtado, por qué no se encarceló al almirante Sorroza, por qué no se averiguó el rol de la CIA, la embajada de EE.UU. en Ecuador, los periódicos locales afiliados a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y la voracidad de la extrema derecha comandada por León Febres Cordero para tomar el poder tres años después?

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Imagen de Cinerama.com