cronica roja

Agotados y repetitivos, la crónica roja, el sensacionalismo y el amarillismo deben irse extinguiendo porque contribuyen a la insensibilidad y la apatía sociales.

Quienes dirigen y manejan ese tipo de espacios en televisión, radio y prensa escrita tienen la obligación de pensar más allá de su propio interés (rating, audiencias, ventas de ejemplares o clientelismo populista) y reflexionar en el presente y futuro del país.

Cuando hacemos ese periodismo nos corresponde asumir la responsabilidad por los graves riesgos que vivimos los ecuatorianos frente a las cada vez más sofisticadas bandas criminales que, como contraparte, provocan la configuración de una sociedad armada y paranoica.

La crónica roja, escrita con respeto, principios y valores humanos, tiene valor periodístico y estético. “A sangre fría”, de Truman Capote, es un caso ejemplar.

Para eso se requiere no solo renunciar a la temeridad y la fantasía, sino complementar la crónica con elementos que eduquen y provoquen reflexión en los lectores y la sociedad.

Un relato de violencia y muerte, por sí mismo, es un hecho aislado.

Pero esa misma historia sería distinta si en lugar de quedarse en el detalle descarnado o en el titular exagerado, fuera parte de una cobertura responsable y una puesta en escena digna.

¿Cómo se hace una cobertura responsable sobre inseguridad y violencia urbana?

Rodeándola de contextos, referentes, cifras, estadísticas y exploración de sus razones de fondo, la relación de los hechos violentos pasaría a ser un asunto de pedagogía social y no de morbo o mal periodismo disfrazado con lenguaje seudometafórico.

Al urgente compromiso que debemos hacer los periodistas frente a un tema que en este momento es imposible (e irresponsable) ignorar, hay que añadir nuestra obligación de exigir, en nombre de la sociedad, rendición de cuentas a la Policía, a los fiscales, a los jueces, a las autoridades gubernamentales pero, sobre todo, a nosotros mismos.

Al Ecuador le cabe mirarse, si aún hay tiempo, en el espejo de la Colombia de hace dos décadas o el México del presente.

El escritor y periodista mexicano Juan Villoro dice que los criminales han ganado batallas culturales e informativas cuando la sociedad se ha protegido del problema con el recurso de la negación.

“Más que una indiferente banalización del mal, las noticias del hampa han producido un efecto de distanciamiento”, afirma.

Para una sociedad armada e insensible, “los muertos son desconocidos o gente o rara” que nada tiene que ver con nosotros.

“La crónica roja desaparece la singularidad de los asesinatos y de los asesinos”, dice otro autor mexicano, Carlos Monsiváis, en su libro “Los mil y un velorios”, un tratado sobre el periodismo y la violencia en su país.

Con Villoro podemos concluir que cuando el crimen ya tiene que ver directo con nosotros, casi siempre es demasiado tarde.

Y con Monsiváis podemos reafirmar que “la masificación del delito es una deshumanización vacía”.

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Fotografía: http://www.vive.in

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