Foto El carrusel y la nostalgia

Leo en la sección Cartas al Director de un diario nacional que un televidente se queja con amargura y frustración de que los canales Ecuavisa y Teleamazonas han reducido a “treinta minutos apenas” la extensión de sus noticiarios matutinos.

El lector lamenta, además, que, por ejemplo, “Los desayunos de Teleamazonas” no solo han bajado el tiempo de emisión sino que se han vuelto “bastante light”.

Luego, en su larga angustia, se siente apenado porque, al parecer (dice), “Contacto Directo” ahora se inicia a las 7:00 y no a las 6:55, y concluye a las 7:45, quince minutos antes del horario anterior.

La primera parte de su misiva concluye con una triste ironía: “Ya solo falta que se dediquen a entrevistas intrascendentes”.

Esta última frase me lleva a pensar, con lástima, que el lector no está entendiendo los nuevos tiempos que vivimos, no solo en lo político sino en lo mediático.

¿Creerá, en verdad, que son “trascendentes” las repetitivas y cansinas entrevistas de los noticiarios matutinos que él cita, donde desfilan los invitados como una suerte de clones que repiten un discurso similar, con poca o ninguna opción de sorprender?

¿No se ha dado cuenta el lector de que los mismos directores, productores y conductores (anchors, los llaman) de esos espacios han construido una suerte de carrousel sobre el cual giran, montados sobre sus festivos pero desportillados caballitos, los personajes de siempre, la mayoría dedicada a elaborar presuntas tesis programáticas para oponerse al Gobierno sin hacer propuestas serias, profundas, reflexivas, que aporten a levantar una mejor nación?

¿No se ha percatado el lector de que los entrevistadores (no todos, pero casi) conducen sus espacios de tal manera que las preguntas y las respuestas son absolutamente previsibles?

Lo “light”, que el lector ve como una maldición, no tiene que ver con el qué se aborda, sino con el cómo. Y ahí está el quid.

¿Puede alguien creer en el equilibrio, la serenidad, el punto de vista y el cuestionario constructivo de quienes todos los días repiten los ejes temáticos, las líneas argumentales y las matrices de opinión impuestas desde quienes controlan sus espacios tras las cámaras?

Como dice el español Manuel Revueltas: Para ello basta y sobra confiar las riendas del poder periodístico a hombres y mujeres cualificados como “excelentes profesionales”, lo que quiere decir concretamente que no han cesado de dar pruebas de su adhesión a una visión del mundo en la que comparten explícita o implícitamente las creencias fundamentales de sus patronos.

Una vez ocupados los puestos superiores con profesionales “ideológicamente fiables”, no hay más que dejar de funcionar los mecanismos de cooptación, asegura Revueltas.

Así, como actores políticos, líderes ideologizantes o simples presentadores de televisión, los entrevistadores que tanta desazón provocan en el lector que escribe la carta van cercándose a sí mismos.

A riesgo de perder su estatus, su carrera o su rebanada de poder, los anchors deben responder a matrices, líneas, argumentos y ejes claros, inamoviblemente preconcebidos desde las alturas del poder mediático.

Por tanto, aunque los noticiarios de TV que nuestro lector extraña se mantuvieran en el aire 45 minutos o dos horas (y lo mismo ocurre en la radio), el problema no va por ahí.

Hay que tener claro que el juego del carrusel los viene mareando con un movimiento que no deja de dar vueltas y vueltas alrededor de un país que los años dorados del poder mediático aún creen posible rearmar con los vacíos de la nostalgia de lo que ya no tienen.

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Ilustración de Saturno Buttò (enkil.org)