NSA-Espionaje

Que la CIA y las agencias clandestinas del gobierno estadounidense hayan espiado a la humanidad no es noticia.
Lo han hecho siempre, desde la Guerra Fría, cuando a Estados Unidos lo acosaba la idea (solo la idea) de que “el comunismo pretendía tomarse el mundo”, cuando en realidad, tras la Segunda Guerra Mundial, quien pretendía tomarse el mundo (y, finalmente, se lo tomó) era y es el gobierno de los Estados Unidos.
Lo han hecho en el Ecuador, como muestra el legendario libro Inside the Company: CIA Diary, del exagente Philip Agee.
Lo ha hecho en Chile, donde las evidencias son inocultables, de que participó en el derrocamiento de Salvador Allende en septiembre de 1973, con conocimiento del “premio Nobel de la Paz” (?), Henry Kissinger, y el presidente Richard Nixon.
Lo ha hecho al espiar las conversaciones telefónicas en Ciudad del Vaticano y también las que se produjeron en la residencia donde se alojó el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, antes del cónclave que lo eligió al papa Francisco, dice el próximo número del semanario italiano “Panorama”.
Según el semanario, entre las 46 millones de conversaciones telefónicas que se dice que la NSA interceptó en Italia, muchas de ellas se localizaban en Ciudad del Vaticano.
Por eso es difícil creer que el presidente Barack Obama no conocía, según dice, que la NSA (la nueva CIA) haya espiado a 36 líderes mundiales (sí, 36 líderes mundiales) y a millones de ciudadanos españoles, sus correos y sus llamadas telefónicas.
Si Obama él no conocía, ¿entonces para qué y para quién hacía la NSA ese espionaje?
El ex espía Edward Snowden ha dicho, además, y lo reitera con pruebas, que la NSA infiltró correos y llamadas celulares desde 2002 y que las escuchas fueron a escala mundial.
Por eso es difícil de creer a Obama, premio Nobel de la Paz injustamente adelantado porlos equivocados visionarios que otorgan los galardones.
Obama es, quizás, la gran decepción política del siglo XXI. Muchos pensamos ingenuamente –me incluyo- que con él cambiaría, al menos en algo, la correlación de fuerzas internas en EE.UU., que este país respetaría el libre albedrío y la soberanía del resto de países, incluso de aquellos gobiernos de distinta ideología a la de la potencia mundial.
Por algo será que el presidente ruso Vladimir Putin (y no Obama) es el hombre más poderoso del mundo, según Forbes.
En su habitual publicación anual, la revista Forbes dio a conocer este miércoles el ranking 2013 de los hombres más poderosos del mundo. Y tal vez -dice- la mayor sorpresa es la inclusión del presidente ruso al tope de la lista de 72, desplazando a su par norteamericano Barack Obama.
La revista -según la nota- castiga a Obama por lo que cataloga de período “lame duck” (pato débil, expresión que en el léxico político anglosajón define al político que está en el cargo, pero que ya no tiene todo el poder) y dice que el mandatario ruso ha consolidado el control sobre su país tras 12 años de dominio en el Kremlin. Forbes justifica su decisión al sostener que el presidente ruso “continúa solidificando su control sobre Rusia y el escenario internacional”.
Mientras tanto, las justificaciones sobre el espionaje de los Estados Unidos son contradictorias.
“El general Alexander no discutió en 2010 con el presidente Obama una supuesta operación de inteligencia en el extranjero respecto a la canciller alemana Merkel, ni nunca ha discutido supuestas operaciones a la canciller Merkel, afirmó Vanee Vines, portavoz de la NSA, en un escueto comunicado. Las informaciones periodísticas que afirman lo contrario no son ciertas”, agregó Vines.
Si fuera así, aunque resulta imposible creerlo, ¿quién manda en EE.UU., Obama o la NSA?
Y la pregunta más inquietante: si la información no es para el presunto inocente Obama, ¿al escritorio de quiénes llega la información de la NSA y qué hacen con ella?