Pablo Santibanez Servat
La escasez de certámenes de periodismo en Ecuador tiene una consecuencia en la falta de superación de los estándares de calidad de los profesionales del oficio y, finalmente, en la producción diaria de contenidos.

Cierto que lo que le corresponde a un periodista es trabajar por la gente con todo su esfuerzo y talento y sin esperar recompensas ni premios, pero no deja de ser un vacío nacional el poco interés institucional –público o privado- para que se estimule y motive el trabajo de reporteros, fotógrafos, camarógrafos, productores de radio, caricaturistas, infógrafos, estudiantes, pasantes, ilustradores, diseñadores, blogueros y ciberperiodistas.

Porque, además, mientras se mantenga en el país un solo certamen donde se controle la postulación de los trabajos, se elija qué géneros participen y qué géneros no e, incluso, se pongan sutiles y casi invisibles obstáculos a ciertos temas que resultan incómodos para la “línea editorial” del diario que convoca, los participantes tendrán poca idea de su verdadero nivel frente a sus colegas y de cuáles son sus fortalezas y debilidades.

¿Por qué no organizar, a partir del 2014, por ejemplo, el concurso nacional de periodismo Monseñor Leonidas Proaño, en homenaje al obispo de los indios de Imbabura y Chimborazo y al sacerdote que fundó en Ibarra, hace 67 años, el hoy desaparecido Diario La Verdad que canalizaba mensajes espirituales y sociales?

¿Por qué no convocar un certamen donde puedan participar todos los periodistas y profesionales de la palabra, la pluma y la imagen audiovisual, enfrentando la opinión y el criterio de jurados internacionales de renombre que califiquen los trabajos con la mayor exigencia posible y sin subjetividades locales?

Un certamen que exprese la diversidad creativa de los trabajadores de los medios, su capacidad para contar, sus visiones de la vida, su habilidad para escribir, editar, dibujar, narrar, su desafío frente al futuro con el uso de las sorprendentes herramientas de la web 2.0, los blogs o los storify?

Hace rato que una organización o institución -pública o privada- de enorme prestigio académico, de altísima credibilidad y de equilibrada e intachable reputación nos debe un gran concurso nacional de periodismo.
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Fotografía de Pablo Santibañez Servat, “Niñas Yamanas”